Ella no necesita que la rescaten.
Él no cree en el amor.
Luciana Ríos es una mujer que manda. Jefa en su oficina, independiente y acostumbrada a tomar decisiones que otros solo se atreven a sugerir. No depende de apellidos ni de fortunas ajenas… y jamás pensó convertirse en la esposa de nadie.
Alexander Montclair es el hombre más poderoso del continente. Exmilitar, magnate y heredero de un imperio que no admite errores. Frío, reservado y meticuloso, su vida se rige por contratos, reglas y control absoluto.
Un encuentro inesperado los enfrenta.
Un acuerdo los une.
Un matrimonio por contrato lo cambia todo.
Mientras una influencer caída en desgracia intenta recuperar el estatus que perdió, y un exnovio poderoso se consume entre celos, secretos y traiciones, Luciana descubre que ceder el control no siempre significa perder el poder… especialmente cuando el hombre que intenta dominarla es el único capaz de mirarla como un igual.
En un mundo donde el dinero compra silencios y los contratos
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Capitulo 18
Luciana
No era el sexo en sí lo que me tenía despierta.
Era todo lo que vino después.
La forma en que Alexander me había sostenido cuando terminó, como si soltarme fuera impensable. Su respiración todavía agitada, su mano firme en mi espalda, no posesiva, no demandante… protectora. Demasiado. Incómodamente. Como si algo se hubiera reordenado dentro de él sin pedir permiso.
Yo había tenido relaciones antes. Buenas. Malas. Olvidables. Intensamente físicas. Pero esto había sido distinto. No romántico en el sentido tradicional. Había sido… consciente. Presente. Como si ambos supiéramos que no estábamos cruzando solo un cuerpo, sino una línea.
Y eso me inquietaba.
La mañana en la luna de miel llegó con una calma engañosa. El lugar era impecable: mar turquesa, arquitectura sobria, lujo silencioso. Todo pensado para aislarte del mundo. Todo pensado para olvidar.
Yo no olvidé.
Alexander ya estaba despierto cuando salí a la terraza. Tenía el teléfono en la mano, el rostro inexpresivo. Cuando me vio, dejó el aparato a un lado.
—Buenos días —dijo.
—¿Dormiste? —pregunté.
—Lo suficiente.
No insistí. Todavía no.
Más tarde, mientras él hablaba con su jefe de seguridad en otra habitación, tomé mi tablet para revisar algo trivial: correos, agenda, mensajes acumulados. No buscaba nada. Hasta que lo vi.
Un enlace.
No venía de un medio grande. Eso fue lo primero que me alertó. Era un portal secundario, de esos que parecen inofensivos… hasta que no lo son.
El titular me atravesó el estómago.
No mencionaba a Alexander.
Me mencionaba a mí.
No era falso. Eso fue lo peor.
Hablaba de una etapa de mi vida que había enterrado con cuidado quirúrgico. Una asesoría legal temprana, años atrás, para una empresa que después fue investigada. Yo no había sido acusada. Nunca. Pero mi nombre había estado allí. En documentos. En borradores. En conversaciones privadas que jamás debieron salir a la luz.
Un pasado gris. No ilegal. Pero suficientemente ambiguo como para ensuciar una narrativa.
Y alguien lo había sacado ahora. Justo ahora.
Cerré la pantalla con calma. Demasiada calma.
Rodrigo había cometido un error.
No por atacar a Alexander.
Por creer que yo no iba a responder.
Cuando Alexander volvió, me encontró sentada, cruzada de piernas, serena.
—¿Qué viste? —preguntó sin rodeos.
—Algo que no sabías —respondí—. Y que no cambia quién soy.
No se acercó de inmediato. Eso me gustó. Me respetó el espacio.
—Cuéntame.
Lo hice. Sin dramatismo. Sin victimizarme. Le expliqué el contexto, los hechos, las decisiones que tomé entonces y por qué. No me justifiqué. No me defendí.
Cuando terminé, el silencio fue pesado.
—Rodrigo cree que te va a desestabilizar —dijo al fin.
Sonreí. No fue amable.
—Rodrigo cree que sigo siendo la mujer que necesitaba protegerse detrás de otros hombres.
Me levanté. Caminé hasta él. No lo toqué.
—Esto no es una filtración para destruirte a ti, Alexander. Es una provocación para medirme a mí.
Me observó como si me viera por primera vez.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó.
—Responder —dije—. Pero a mi manera.
Rodrigo había subestimado algo esencial: yo no necesitaba que Alexander peleara esta batalla por mí. Y cuando él entendiera cómo iba a hacerlo, ya sería demasiado tarde para arrepentirse.
Porque esta vez, el pasado no iba a hundirme.
Iba a convertirse en mi arma.
Y cuando Alexander lo comprendiera del todo, sabría que no se había casado con una pieza vulnerable.
Sino con alguien tan peligrosa como él.
déjense de tanto juego 🤦🏼♀️
a cuidarse las espaldas /Shy//Slight/