—¡Qué fastidio de historia! ¿Por qué dejarían morir al villano de esa forma? —fueron mis últimas palabras antes de tragar un puñado de palomitas… y atragantarme con una de ellas.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sala, sino en el cuerpo del antagonista de esa misma historia. Un personaje destinado a morir antes incluso que el villano.
Ahora tengo una sola misión: sobrevivir.
Y si para lograrlo debo cambiar el destino, enamorar al villano no suena tan mala idea…
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LA VERDAD
El día siguiente inició con una rutina familiar, pero Nicolás caminaba con un brillo distinto en los ojos. El simple pensamiento de que por la tarde retomaría sus clases de ballet hacía que su pecho se llenara de emoción, y aún más porque no estaría solo: Rafael estaría con él.
Sentir eso, sentir esa compañía, lo hacía sentir… seguro. Completo.
Como si pensar en él fuera suficiente para invocarlo, el auto negro de Rafael se detuvo frente a la entrada.
La ventana bajó y apareció su sonrisa suave, esa que hacía que el estómago de Nicolás hiciera piruetas.
—Hola, pequeño cisne —saludó Rafael, con esa voz suave que usaba solo para él.
Nicolás sintió cómo se le calentaban las orejas, pero sonrió igual.
—Hola… —respondió con cierta timidez—. Hoy por la tarde vendrá mi maestro de ballet. ¿Estás seguro de que quieres intentarlo?
Rafael no dudó ni un segundo.
—Lo que sea por ti. —Y levantó una mano para acariciarle la mejilla, con tanta delicadeza que Nicolás suspiró enamorado.
Lo iba a besar.
Iba a hacerlo. Tenía el rostro inclinado, las manos temblorosas, el corazón acelerado…
Hasta que un carraspeo masivo explotó detrás de ellos.
—Cuñado, ¿nos llevas a la escuela? —dijeron Evan, Daniela, Ramiro y Jazmín al unísono.
Nicolás dio un brinco.
—Ustedes tienen auto, no necesitan que Rafael los lleve —respondió, entre molesto y avergonzado.
—Vamos, Nico, queremos pasar tiempo con mi cuñado —dijo Evan con descaro.
—Solo serán unas cuantas vueltas para que nos deje —añadió Daniella, como si fuera lo más lógico del mundo.
—Será solo un rato —apoyó Ramiro, completamente serio.
Jazmín, que siempre sabía cómo rematar la escena, lo abrazó por la cintura y lo miró con ojos de cachorro.
—Por favorcito, Nico…
Nicolás abrió la boca para decir no, pero Rafael se adelantó.
—Está bien. Suban al auto.
Y ahí fue cuando todos olvidaron lo más importante: Nicolás era el único omega entre ellos.
El único.
Apenas subieron, los tres hermanos mayores liberaron feromonas de forma inmediata, un muro invisible de advertencia para que Rafael no se acercara demasiado.
—Chicos, me están ahogando —se quejó Nicolás, llevándose las manos a la nariz.
—Lo sentimos —dijeron los tres al mismo tiempo, muy poco sincronizados para su tamaño y edad.
Se les había olvidado que Nicolás apenas llevaba un tiempo como omega. Era una sorpresa para todos, algo que los había preocupado tanto que en su momento revisaban hasta durante sus rutinas de ejercicio para asegurarse de que nada malo le sucediera.
{El que saliera omega no significa que necesite todas sus feromonas para protegerme}, pensó Nicolás, mirando el retrovisor con desaprobación.
Los tres hermanos captaron el mensaje de su intensa mirada de inmediato. Bajaron un poco la intensidad, pero no la eliminaron.
—Está bien, podemos dejar primero a Jazmín en la primaria —propuso Evan, rascándose la cabeza.
—En marcha a la primaria, entonces —respondió Rafael, bastante divertido.
Mientras avanzaban por las calles, Nicolás observó a sus hermanos y no pudo evitar recordar la explicación médica detrás de su despertar tardío como omega.
A los diez años todos creían que sería omega, pero los análisis dijeron “beta” y lo cuidaron como tal.
Pero eso solo había sido un retraso hormonal…
Luego fue más el retraso provocado por el veneno que le administraron los sirvientes durante años.
Un veneno que alteró su cuerpo, bloqueando su naturaleza.
Hasta que, finalmente, al cumplir los diecinueve, durante el año ausente su lado omega se abrió paso entre todo el daño.
Y lo peor fue que sufrió mucho durante su primer celo, el lo llamaba tortura. Pero con el paso de los meses se fue acostumbrando, incluso a controlar su lado omega, claro que cuando conoció a Rafael no lo había logrado al 100%.
Aún estaba aprendiendo.
A las feromonas.
A los lazos familiares.
A los cambios en su cuerpo.
Y al lazo… que lo unía a Rafael.
Cuando llegaron a la escuela primaria, Jazmín bajó feliz, saludando a sus amigas como si el mundo fuera un buen lugar.
Luego dejaron a Evan y Daniella en el edificio de posgrados y doctorados.
Después a Ramiro en Economía.
Cada despedida reducía el ambiente pesado del auto.
Finalmente, cuando solo quedaron él y Rafael, Nicolás suspiró profundamente.
—Tus hermanos realmente te quieren —comentó Rafael, sonriendo de lado.
—Lo sé… solo… exageran un poco.
—Solo un poco —rió Rafael.
Al llegar a la universidad y bajar del auto, fueron recibidos por una muy pálida y temblorosa Diana.
Tenía los ojos abiertos como platos y respiraba como si hubiera corrido un maratón.
—¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? —preguntó Nicolás, preocupándose al instante.
—Lo siento… lo siento muchísimo —balbuceó Diana, con voz rota.
Rafael se acercó, frunciendo el ceño.
—¿De qué hablas? Diana, cálmate.
Ella negó con la cabeza, desesperada.
—Se me escapó… —soltó de golpe—. Es que cuando llegué escuché a los amigos de Alan hablando sobre ustedes y… no me gustó nada lo que decían. Me molesté y… creo que no pensé que lo estaba diciendo en voz alta.
—Diana —intentó Nicolás, intentando seguirle el ritmo.
—¡Que les dije a todos quiénes somos en realidad! —gritó al fin, llevándose las manos a la cabeza—. ¡Y ahora nuestras caras andan por todo internet!
Hubo un silencio.
Un silencio largo.
Incómodo.
Pesado.
Rafael cerró los ojos.
Nicolás apretó el puente de la nariz.
—Primero tranquilízate —dijo Nicolás, aunque su voz sonaba tensa—. Eso lo arreglaremos después. Ven, vamos a tomar aire.
—Nico… yo… en serio… no quería…pero lo que estaban hablando me hizo enfurecer como no te imaginas—Diana tenía lágrimas en los ojos, de pura vergüenza.
—Lo sé, Diana. Lo sé —respondió él, más suave—. Solo respira conmigo, ¿sí?
Ella asintió, aunque seguía temblando.
¿Estaba molesto?
Sí.
Tal vez un poco más que “un poco”.
Pero… también sabía que algún día todo se sabría. Tarde o temprano.
El problema era el momento.
Las caras en internet significaban comentarios, chismes, investigación forzada.
Y lo peor…
Ahora creerían que, si ganaba la competencia, sería por “otros medios”.
Medios desagradables.
Nicolás apretó los dientes.
El día recién comenzaba, y ya podía sentir cómo la verdad… había decidido salir a la luz antes de tiempo.