Aurora lo perdió todo en una sola noche. Cinco años después, vuelve con cinco razones para no volver a rendirse.
La víspera de su compromiso, Aurora encuentra a su prometido en la cama con su propia hermana. Y sus padres, en vez de consolarla, eligen quedarse del lado de la hija «perfecta». Sin casa, sin familia y con el corazón hecho pedazos, acaba en un bar… y en los brazos de un desconocido: João Pedro de Andrade, uno de los hombres más ricos del país, frío, reservado y drogado sin saberlo.
Por la mañana, ella se marcha. Él despierta sin poder recordar su rostro.
Cinco años después, Aurora ya no es la joven que salió llorando de aquella casa. Es la dueña de una marca de joyas que se abre paso en el mercado y la madre de cinco pequeños genios: uno hackea computadoras, otro descubre malas inversiones en minutos, dos diseñan joyas y todos tienen más iniciativa que muchos adultos.
Hasta que el destino los pone frente a frente. João Pedro no deja de preguntarse por qué esa mujer le resulta tan familiar… y por qué esos cinco niños lo miran como si ya lo conocieran.
Entre secretos que creía enterrados, una hermana que no se resigna a perder y un pasado que vuelve a tocar su puerta, Aurora tendrá que decidir en quién confiar. Porque hay verdades que no se pueden esconder para siempre.
Traición, maternidad, lujo y un amor que empezó de la forma menos esperada.
Porque Aurora no volvió para pedir perdón. Volvió para demostrar quién es.
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Capítulo 21 — La elección de un nuevo hogar
La idea de vivir juntos parecía sencilla cuando João Pedro la mencionó por primera vez. Pero, a la mañana siguiente, Aurora se dio cuenta de que esa decisión cambiaría muchas cosas. No sería solo escoger una casa. Sería escoger un nuevo comienzo.
—¿De verdad quieres hacerlo? —preguntó Aurora mientras tomaban café.
João Pedro sonrió.
—Quiero.
—¿Aun sabiendo que cinco niños significan cinco veces más desorden?
—Creo que eso ya lo descubrí.
Como si hubiera escuchado la conversación, Theo apareció corriendo.
—¡Papá! ¡Miguel agarró mi control!
Miguel llegó detrás.
—¡Porque él lo agarró primero!
João Pedro miró a Aurora.
—¿Ves?
Ella empezó a reír.
—Te lo advertí.
Poco después, los cinco estaban sentados alrededor de la mesa. João Pedro les explicó que estaban pensando en buscar una casa más grande. Valentina sonrió.
—¿Va a haber un cuarto para cada uno?
—Si ustedes quieren.
Livia levantó la mano.
—Yo quiero un cuarto cerca de mamá.
Davi lo pensó unos segundos.
—Y tiene que tener una sala grande para estudiar.
Theo agregó:
—Y un lugar para armar mis cosas.
Miguel se quedó callado. Aurora lo notó.
—¿Y tú, Miguel? ¿Qué te gustaría?
Él miró a João Pedro.
—Yo quiero una casa donde todos estemos juntos.
A João Pedro se le encogió el pecho.
—Es exactamente lo que yo también quiero.
En los días siguientes empezaron a visitar casas. La primera era enorme, pero se sentía fría. La segunda tenía una piscina maravillosa, pero quedaba muy lejos de la empresa de Aurora. La tercera era bonita, pero no tenía suficiente espacio para los niños.
Hasta que llegaron a una casa diferente. Era amplia, luminosa y tenía un jardín enorme. Los niños corrieron por todo el espacio. Valentina imaginó dónde pondría sus dibujos. Livia encontró un rincón junto a la ventana y dijo que sería su lugar para crear joyas. Theo empezó de inmediato a planear dónde colocaría sus equipos. Davi calculó mentalmente cuánto espacio sobraría para una pequeña biblioteca. Miguel solo se quedó observando.
Aurora caminó hasta él.
—¿Te gustó?
Él asintió.
—Me gustó.
—¿Por qué?
Miguel señaló a João Pedro, que jugaba con los otros cuatro.
—Porque él se ve feliz aquí.
Aurora sonrió. Esa respuesta le tocó el corazón.
Más tarde, mientras los niños jugaban, João Pedro se acercó.
—¿Te gustó la casa?
—Sí.
—Entonces podemos elegir esta.
Aurora lo miró.
—No quiero que compres una casa solo porque crees que es lo mejor para nosotros.
—No lo hago por obligación.
Le tomó la mano.
—Lo hago porque quiero una vida con ustedes.
Aurora sonrió.
—Entonces vamos a hacerlo juntos.
João Pedro se acercó y le besó la frente.
—Juntos.
Esa noche, los siete salieron a cenar para celebrar. Los niños estaban emocionados.
—¿Cuándo nos mudamos? —preguntó Theo.
—Todavía tenemos que organizar algunas cosas —respondió Aurora.
Davi levantó la mano.
—¿Podemos hacer una lista?
—Claro.
Tomó una servilleta y empezó a escribir.
Mudanza.
Cuartos.
Escuela.
Juguetes.
Libros.
El taller de mamá.
Aurora miró el último punto.
—¿El taller de mamá?
Livia respondió:
—Necesitas un lugar para crear tus joyas.
João Pedro sonrió.
—Estoy de acuerdo.
A Aurora se le humedecieron los ojos. Durante años lo había construido todo sola. Ahora, por primera vez, estaba planeando su futuro con personas que de verdad se preocupaban por ella.
Cuando llegaron a casa, João Pedro la acompañó hasta la terraza.
—¿Estás feliz?
Aurora respiró hondo.
—Muy feliz.
—¿Segura?
Ella lo miró.
—Pasé años creyendo que la felicidad era tener una vida perfecta.
—¿Y ahora?
Aurora sonrió.
—Ahora sé que la felicidad es tener gente con quien compartir una vida imperfecta.
João Pedro la abrazó.
—Te amo.
Aurora cerró los ojos.
—Yo también te amo.
El beso ocurrió con naturalidad. Sin prisa. Sin miedo. Cuando se separaron, oyeron una voz desde la sala.
—¡Papá!
João Pedro rio.
—Creo que se acabó nuestro momento romántico.
Aurora también rio.
—Bienvenido a nuestra realidad.
Los dos entraron a la casa. Los cinco los estaban esperando. Miguel sostenía un papel.
—Papá, hicimos una lista de las cosas que queremos en la casa nueva.
João Pedro tomó el papel. Arriba, con letras grandes, había una frase:
«UNA CASA PARA NUESTRA FAMILIA.»
Miró a Aurora. Ella sonrió. Y en ese instante los dos comprendieron que estaban mucho más cerca de convertir ese sueño en realidad.