NovelToon NovelToon
HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 21. EL REGRESO A LA MESA COMUN.

Parte 1: La perspectiva de José

El motor de mi coche se apagó en la entrada de la casa de mis padres, pero mi pulso seguía revolucionado. Agarré el volante con fuerza, estirando los dedos para relajar la tensión acumulada en los brazos durante el trayecto desde mi piso de la capital. Llevaba puesto un jersey oscuro, informal pero de buena calidad, intentando desprenderme del traje de CEO de TechCore Solutions, pero la armadura que me preocupaba no era la ropa. Era el orgullo. Hacía años que no pisaba esta entrada un domingo por la noche. Había construido un muro de excusas laborales y una fachada de mujeriego picaflor para mantenerme a salvo de mis propios sentimientos, pero el ultimátum de mi madre no admitía réplicas legales ni técnicas.

Aspiré el aire fresco del jardín antes de empujar la puerta de madera. En cuanto crucé el recibidor y entré en el salón, me topé de frente con la realidad.

Estela ya estaba allí. Estaba sentada en el sofá lateral, compartiendo una tableta con Laura mientras revisaban unos balances de Compradona. Al escuchar mis pasos, levantó la vista. Se me congeló el aire en la garganta. El impacto visual me dio un golpe seco en el estómago. Estaba hermosa, imponente, con una madurez que la hacía lucir completamente inalcanzable. Llevaba el cabello castaño suelto y un vestido sencillo que realzaba su figura sin necesidad de adornos. No quedaba ni el más mínimo rastro de la niña que corría por este mismo salón. Sus ojos, oscuros y analíticos, me recorrieron de arriba abajo con una frialdad y una distancia profesional que me mellaron los nervios en una milésima de segundo.

—Vaya, mirad quién ha decidido honrarnos con su presencia —soltó mi madre desde la cocina, aliviando un poco la tensión del ambiente—. Pensé que tendríamos que mandar a la policía a buscarte a tus oficinas, José.

—Hola, mamá. He tenido una semana complicada —respondí, forzando una sonrisa mientras le daba un beso en la mejilla.

Caminé hacia el comedor y tomé asiento en mi lugar de siempre, justo enfrente de Estela. La distancia de la mesa se sentía como un abismo insalvable. Ella dejó la tableta sobre el mueble auxiliar, me dedicó una inclinación de cabeza perfectamente educada y carente de cualquier emoción, y volvió a concentrarse en la conversación con mi hermana. No hubo pullas de "Josecito", no hubo miradas de desafío infantil. Nada. Su cortesía gélida me dolió más que cualquiera de sus antiguos sabotajes. Sentí una frustración ardiente subiéndome por el cuello; el gran empresario tecnológico del país estaba completamente desarmado en su propia casa, atrapado bajo la mirada de la única mujer a la que no podía controlar con ninguna línea de código.

Parte 2: La perspectiva de Estela

Apreté los dedos alrededor de la copa de agua, manteniendo los hombros hacia atrás y la cabeza alta mientras escuchaba los pasos de José avanzar por el pasillo del recibidor. Me había pasado toda la tarde ensayando mi postura frente al espejo del piso compartido, repitiéndome a mí misma que ya no era la adolescente inmadura que buscaba su atención a base de travesuras. Ahora era la vicepresidenta de Compradona, una mujer segura que había superado los engaños del pasado y que no necesitaba el amparo de nadie para pisar firme en el mundo corporativo. Pero cuando José cruzó el umbral del salón, mi corazón dio un vuelco salvaje que me golpeó las costillas con una fuerza que creía haber olvidado.

Estaba imponente. El paso de los años le había sentado de maravilla; sus hombros se veían más anchos, su rostro tenía una firmeza ejecutiva que derrochaba seguridad y esa mirada oscura seguía teniendo el mismo poder de desestabilizarme con un solo parpadeo. Sentí el peso de sus ojos clavados en mí en cuanto se percató de mi presencia, buscando desesperadamente la habitual provocación para iniciar nuestra clásica guerra de palabras. Pero me mantuve firme en mi trinchera. Le sostuve la mirada una fracción de segundo, le dediqué un vago saludo de cortesía con la cabeza y aparté los ojos con una parsimonia ensayada, actuando como si su llegada me importara un bando de gorriones.

—Estela, estábamos comentando con el padre de Laura el crecimiento tan espectacular que está teniendo vuestra cadena —intervino la madre de Laura, sirviendo la ensalada en el centro de la mesa—. Salís en todos los informes comerciales. Tres superficies en un año es una auténtica barbaridad.

—Muchas gracias, Mercedes. Ha sido un trabajo muy duro, pero las bases legales y logísticas de Compradona están funcionando a la perfección —respondí con una voz clara y profesional, asegurándome de que cada palabra llegara nítida al otro lado de la mesa.

Noté de reojo cómo la mandíbula de José se tensaba tanto que la vena de su cuello amenazó con saltar. Mi táctica de la indiferencia absoluta estaba dándole de lleno en su orgullo de gran empresario informático. José se acomodó en la silla, cruzándose de brazos con ese aire de suficiencia que tanto me irritaba, e intentó meter baza en la conversación buscando mi reacción. Pero no le di el gusto. Me dediqué a cenar con total tranquilidad, respondiendo a las preguntas de sus padres con una sonrisa radiante y hablando de mi soltería y de mi enfoque absoluto en el negocio como si él fuera simplemente un mueble viejo y molesto que estorbaba en el comedor. Me dolía actuar con tanta frialdad, por dentro me moría de ganas de gritarle por todos estos años de aislamiento y de falsas historias de mujeriego que publicaba, pero sabía que el juego por fin había cambiado. Las cartas estaban de mi lado, y si José quería volver a entrar en mi mapa, iba a tener que sudar tinta para romper la muralla que él mismo nos había construido.

1
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play