Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.
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¿Y si sigue igual?
La música seguía sonando suavemente mientras Vittoria permanecía de pie junto a la ventana. Alexandre estaba a unos pasos de ella. Durante varios segundos ninguno dijo nada. La atmósfera que habían construido durante toda la noche seguía allí, pero algo había cambiado. No era incómodo, era más profundo que eso.
Alexandre: ¿Estás segura?
Vittoria tragó saliva antes de responder.
Vittoria: Sí, lo estoy.
Él asintió lentamente, no intentó acercarse, soltó una respiración lenta.
Alexandre: Entonces está bien.
Ella lo miró, casi sorprendida.
Vittoria: ¿Qué, eso es todo?
Alexandre: ¿Que más puede ser, qué esperabas?
Vittoria: La verdad es que, no lo sé.
Alexandre: Vittoria, si me dices que no quieres hacerlo, no hay nada más que discutir.
Vittoria: Alexandre, no es porque no quiera estar contigo.
Alexandre: Lo sé...
Vittoria: No, no lo sabes.
Alexandre: Bien. Entonces explícame.
Vittoria permaneció en silencio. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Su expresión cambió ligeramente.
Vittoria: Esta noche ha sido perfecta. Y precisamente por eso tengo miedo.
Alexandre: ¿Miedo de mí?
Vittoria: No. Miedo de mí misma.
Alexandre se acercó un paso. No más.
Alexandre: ¿Por qué?
Vittoria: Porque contigo todo parece demasiado fácil.
Alexandre: ¿Fácil?
Vittoria: Sí. Puedo pasar horas diciéndome que eres un hombre imposible. Que eres arrogante, mujeriego, demasiado seguro de ti mismo... y entonces haces algo como esto. Me escuchas. Recuerdas cosas que dije hace meses. Me haces sentir especial. Me miras de una manera que...
Se detuvo. Alexandre esperó unos segundos.
Alexandre: ¿De qué manera?
Vittoria negó con la cabeza.
Vittoria: No importa.
Alexandre: No, claro que sí importa.
Vittoria: Ese es precisamente el problema contigo. Siempre quieres saberlo todo.
Alexandre: Es una mala costumbre.
El silencio regresó. Vittoria respiró profundamente.
Vittoria: No quiero que mañana despertar y pensar que cometí un error.
Alexandre: ¿Y qué quieres pensar?
Vittoria: Yo, yo quiero saber qué significa esto.
Alexandre: ¿Qué significa para ti?
Vittoria: No lo sé.
Alexandre: Entonces estamos en el mismo lugar.
Vittoria: ¿Tú tampoco lo sabes?
Alexandre tardó en responder. Por primera vez en aquella noche parecía no tener una respuesta completamente clara.
Alexandre: Sé que no quería que esta noche terminara. Es la única respuesta que puedo darte ahora.
Vittoria: Tú no eres precisamente un hombre que se quede sin respuestas.
Alexandre: Contigo parece que ocurre con más frecuencia de la que me gustaría.
Vittoria levantó la mirada, y sus ojos se encontraron. Durante unos segundos ninguno se movió.
Vittoria: Alexandre, no quiero ser una más.
Alexandre: Señorita Rossi. Nunca te he visto como una más.
Vittoria: Pero tienes fama de hacerlo y eso me preocupa.
Alexandre se acercó un poco más. Esta vez se detuvo antes de tocarla.
Alexandre: Entonces no voy a pedirte que confíes en mí esta noche.
Vittoria: ¿No? ¿Qué vas a hacer?
La miró con una serenidad que consiguió desarmarla.
Alexandre: Darte el tiempo para descubrir si puedes hacerlo.
Vittoria permaneció inmóvil. Había esperado arrogancia, una insistencia, incluso una provocación. Pero no aquello.
Vittoria: ¿Y si no puedo?
Alexandre: Entonces aceptaré que no puedo tenerte y esto solo será un bonito recuerdo.
La respuesta le dolió más de lo que esperaba.
Porque por primera vez entendió algo: Alexandre podía quererla, podía desearla, podía tener el poder suficiente para conseguir prácticamente cualquier cosa, pero no podía obligarla a elegirlo y quizá eso era precisamente lo que empezaba a hacer que Vittoria tuviera más miedo. Porque ahora la decisión era completamente suya...
Rumbo al hotel...
El automóvil avanzaba silenciosamente. Vittoria permanecía junto a la ventana, con la mirada perdida en las luces que pasaban frente a ella. Había dicho que estaba cansada y no fue una excusa para huir de la conversación, era cierto. Pero no era el cansancio lo que necesitaba, necesitaba distancia. Unos minutos a solas para ordenar todo lo que acababa de suceder. Con sus ojos cerrados la agotaron sus pensamientos.
Vittoria en sus pensamientos: ¿Qué estoy haciendo?
La pregunta apareció de inmediato y no encontró respuesta. Aquella noche había sido perfecta, demasiado perfecta. Alexandre había sido diferente. No el hombre de las revistas, el empresario arrogante, no el hombre del que había escuchado tantas historias. Había sido simplemente Alexandre.
El hombre que la escuchaba, el que recordaba sus pequeñas cosas, el que había preparado una noche entera pensando en ella, el que, cuando ella dijo que no, no insistió.
Vittoria en sus pensamientos: ¡Ese hombre me gusta! Me gusta mucho.
Pero entonces apareció la otra parte de ella.
La que no se dejaba llevar tan fácilmente.
Vittoria en sus pensamientos: Pero ¿Y cuánto durará?
Abrió los ojos. Las luces de la ciudad se reflejaban sobre el cristal.
Vittoria en sus pensamientos: Una noche no puede borrar todo lo demás, no podía borrar las mujeres, las historias, su reputación.
La facilidad con la que Alexandre parecía moverse de una mujer a otra. ¿Y si esta noche solamente fue eso? ¿Una noche, una excepción, un momento? Algo que había querido compartir conmigo y que mañana quedaría atrás. ¿Y si mañana vuelve a ser el Alexandre de siempre?
Vittoria apretó ligeramente los labios.
No quería pensar en eso. Pero no podía evitarlo. Porque había una diferencia enorme entre confiar en un hombre durante unas horas y confiar en él cuando las luces se apagaban y la vida volvía a ser normal.
Vittoria en sus pensamientos: ¿Podría creerle si me dijera que soy diferente? ¿Podría verlo con otra mujer y fingir que no me importa?
Definitivamente no.
Y ahí estaba el verdadero problema. Ya no le era indiferente. Eso era lo que más miedo le daba. Porque si Alexandre continuaba siendo el hombre que siempre había sido, ella no sabía si sería capaz de soportarlo... Vittoria apoyó la frente contra el cristal y se pregunta
¿Cuál de los dos es el verdadero Alexandre?
¿El hombre que había pasado la noche mirándola como si no existiera nadie más?
¿O el hombre que durante años había hecho de las mujeres una parte más de su vida?
El automóvil redujo la velocidad frente al hotel. Vittoria respiró profundamente.
Antes de bajar, volvió a mirar por la ventana.
Vittoria en sus pensamientos: No estoy enamorada de él. Pero definitivamente estoy empezando a sentir algo que puede convertirse en un problema.
Abrió la puerta y salió del automóvil sin saber que, mientras intentaba descubrir qué quería de Alexandre, había comenzado a querer algo mucho más peligroso: Que él eligiera quedarse a su lado.