Alessia Castelli nació para obedecer. Hija de una de las familias mafiosas más poderosas de Italia, jamás ha podido decidir sobre su propia vida. Ni a quién amar. Ni con quién casarse. Ni siquiera qué sueños perseguir.
El día de su boda arreglada, todo cambia cuando es secuestrada por Fabiano Conti, el temido líder de la organización rival. Para él, Alessia no es más que la única pieza capaz de devolverle a la persona que más ama.
Mientras una guerra entre familias amenaza con desatarse, ambos descubren que existen prisiones mucho peores que una habitación cerrada. Ella jamás ha conocido la libertad. Él hace mucho tiempo que olvidó cómo se siente vivir sin culpa.
Entre amaneceres frente al Mediterráneo, pequeños actos de rebeldía y decisiones que nunca antes les permitieron tomar, Alessia y Fabiano comenzarán a cuestionar todo aquello para lo que fueron criados.
Porque, a veces, el enemigo no es quien te roba la libertad... Sino quien te enseña, por primera vez, cómo se siente tenerla.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un lugar al que pertenecer
Alessia
Todo ocurre tan rápido que mi cerebro es incapaz de seguirle el ritmo.
En un segundo estoy huyendo y al siguiente... Fabiano me gira por la cintura, y me besa.
Mi corazón simplemente... Explota.
No es un beso como los de las películas.
No veo fuegos artificiales.
No escucho violines.
Lo único que escucho es el estruendo de mi propio corazón golpeando contra mi pecho.
Abro mucho los ojos. No porque quiera apartarme sino porque jamás imaginé que un beso pudiera sentirse así.
Cálido.
Seguro.
Como si, por primera vez desde que llegué a esta casa, hubiera encontrado un lugar al que pertenecer.
Mis párpados terminan cerrándose solos.
No sé cuándo.
No sé cómo.
Solo sé que dejo de pensar por completo.
Toda mi preocupación por besar mal, por hacer el ridículo, por decepcionar a un futuro esposo al que ni siquiera conozco... Desaparece.
Porque Fabiano no se aparta.
No parece incómodo.
No parece arrepentido.
Y entonces una idea completamente absurda cruza mi cabeza.
Quizá... no beso tan mal.
Una sonrisa amenaza con aparecer justo en medio del beso.
Qué vergüenza.
Él me acerca todavía más.
Mi respiración se pierde por completo.
Nunca me había sentido tan pequeña.
Y, extrañamente... Nunca me había sentido tan protegida.
Mis pies dejan de tocar el suelo. Un pequeño jadeo escapa de mis labios por la sorpresa.
Sin pensarlo, rodeo su cuello con ambos brazos para no caerme.
Todo sigue sucediendo demasiado rápido.
Mi espalda encuentra una pared.
Ni siquiera recuerdo haber caminado hasta allí.
Solo recuerdo a Fabiano.
El olor limpio y amaderado de su perfume.
El calor de sus manos.
La fuerza con la que me sostiene, como si tuviera miedo de dejarme caer.
No quiero que nunca termine.
La idea me golpea con tanta fuerza que vuelvo a abrir los ojos.
Estoy besando a Fabiano Conti.
Al hombre que me secuestró el día de mi boda.
Al hombre que hace apenas unos minutos me dijo que jamás podría besarme.
Y, sin embargo... Es el único beso que quiero volver a sentir.
Enredo mis piernas en su cadera cuando necesito sentirlo más cerca.
Fabiano gruñe y me empuja más contra la pared.
Enredo mis dedos en su espeso cabello y muerdo su labio inferior antes de meter mi lengua en su boca, curiosa por su sabor y por todo lo que me hace sentir.
El corazón en mi pecho corre a una velocidad alarmante.
A una velocidad aterradora.
Todo comienza a girar… y un calor asfixiante se instala en todo en mi vientre.
—Fabiano…—susurro.
—Solo bésame… y no te detengas jamás.
—Espera…—le pido.
Se aleja con un suspiro apenas unos centímetros.
—¿Qué pasa?
—Creo que estoy teniendo un ataque al corazón —digo con temor cuando recuerdo cómo murió mi padre.
—¿Qué? —pregunta confundido.
Tomo su mano y la pongo sobre mi pecho.
—Siente cómo late… parece que va a explotar… Tienes que llamar a una ambulancia.
Sus labios rozan mi frente.
—Estás bien, Less.
—No lo creo.
—Sí lo estás —dice y una pequeña risa escapa de sus labios.
—Estoy teniendo un ataque al corazón y tú te estás riendo —digo sin poder creer lo que mis ojos están viendo.
Toma mi mano y la presiona contra su pecho, que late incluso más rápido que el mío.
Mis ojos se abren dolorosamente.
—¡Tenemos que ir al hospital ahora mismo!
Aprieta mi mano contra la suya antes de llevarla a su boca y besar mis nudillos.
Todo mi cuerpo se calienta al ver tanto calor en su mirada.
Es como mirar un incendio descontrolado.
—Estamos bien.
—No lo creo.
—Lo estamos. Es completamente normal.
—¿Me vas a decir que cada vez que besas a una mujer tu corazón late de esta forma?
—Sí… bueno, no… Sí… No. No así.
—¿Lo hace o no?
—Sí, quizá no como ahora, pero lo hace.
Muerdo mi labio.
—Eso no parece saludable.
Sus ojos se clavan en mi boca.
—Dios… Quiero morder ese labio —susurra.
Mi boca se abre, soltando mi labio, solo para volver a ser atrapado por sus dientes que tiran dulcemente de él.
Suspiro.
El aire a mi alrededor se hace más delgado al mismo tiempo que un calor extraño inunda mi vientre bajo.
Sus labios vuelven a besarme y simplemente me derrito cuando su lengua se enreda con la mía.
¿Por qué sabe tan bien?
Sabe a libertad… a risas… a un día de verano frente al mar… con un toque de café y menta.
Es perfecto.
Cuando vuelve alejarse mi corazón está literalmente aleteando en mi pecho.
—Wow… que pasada —es lo único que puedo decir cuando enrojezco bajo su intensa mirada—. Gracias. Supongo que ahora sé qué esperar —digo.
Fabiano sonríe, pero la sonrisa no alcanza sus preciosos ojos.
Me deja en el suelo.
—Me alegra poder haberte ayudado.
—Oh, ayudaste… mucho, muchooo. Nos vemos, secuestrador.
—Nos vemos, pequeña Castelli.
Pongo los ojos en blanco.
—¡No soy pequeña! —le grito antes de doblar por el pasillo.
—Lo que tú digas, pequeñita.
Lucho contra el impulso de volver y golpearlo.
Supongo que hoy puedo dejar pasar esa provocación.
Su boca le hizo merecedor de un pase libre hoy… pero solo hoy.
Me abrazo y doy un gran salto con los brazos al aire, celebrando este momento.
Al fin encontré algo en lo que soy buena… Muy buena.
los niños iguales a Fabiano 🥰
construyeron una familia antes de casarse
Yesenia te felicito por otra historia excelente
Gracias 🌷