Despertó sin recuerdos, pero con un nombre guardado en el corazón
En el año 2149, las personas pueden vender sus recuerdos para pagar deudas o cambiar su pasado. Kael, un joven de 22 años, despierta sin recordar los últimos tres años de su vida, salvo un nombre que no logra sacar de su cabeza: "Eiden".
Cuando descubre que él mismo vendió esos recuerdos, inicia una búsqueda para saber qué ocurrió. En el camino conoce a Eiden, el jefe de una organización clandestina que trafica recuerdos humanos.
Lo extraño es que Eiden parece odiarlo... pero al mismo tiempo es incapaz de dejarlo ir.
Mientras ambos descubren la verdad, salen a la luz secretos sobre un proyecto ilegal capaz de modificar emociones y crear recuerdos falsos. Lo que ninguno esperaba era descubrir que, antes de perder la memoria, habían hecho una promesa imposible de romper.
"Aunque olvides mi rostro... volverás a elegirme."
NovelToon tiene autorización de jaritzy mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1: El hombre que olvidó amar
La lluvia golpeaba el cristal con fuerza, como si quisiera atravesarlo.
Un pitido constante rompía el silencio de la habitación.
Bip... Bip... Bip...
Kael abrió lentamente los ojos. Una intensa luz blanca lo obligó a entrecerrarlos. Le costó varios segundos enfocar la vista. Todo a su alrededor era completamente desconocido.
El techo.
Las paredes.
Las sábanas.
El olor a desinfectante.
Intentó incorporarse, pero un fuerte dolor atravesó su cabeza.
—¿Dónde... estoy...? —murmuró con la garganta seca.
Llevó una mano hasta su frente y sintió un ligero vendaje.
Su cuerpo pesaba como si hubiera permanecido dormido durante semanas.
Miró a su alrededor.
A su lado había varias máquinas conectadas a su cuerpo. Una de ellas emitía aquel molesto pitido que llenaba la habitación.
Bajó la mirada hacia sus manos.
Tenían pequeños rasguños y un vendaje cubría parte de su muñeca izquierda.
Frunció el ceño.
—¿Qué me ocurrió...?
Cerró los ojos con fuerza intentando recordar.
Una calle.
Una casa.
Un rostro.
Un nombre.
Nada.
Solo un enorme vacío.
Era como intentar leer un libro cuyas páginas habían sido arrancadas.
El miedo comenzó a apoderarse de él.
Con esfuerzo se levantó de la cama y caminó lentamente hasta el pequeño baño de la habitación.
Frente al espejo había un joven de cabello negro, ligeramente despeinado, con unos llamativos ojos plateados.
Kael observó su reflejo durante varios segundos.
No sintió absolutamente nada.
Era como mirar a un completo desconocido.
—¿Ese... soy yo?
Su voz apenas era un susurro.
¿Cómo podía olvidar incluso su propio rostro?
Volvió lentamente hacia la cama.
Sobre una pequeña mesa descansaba un reloj digital.
Marcaba exactamente las 03:17.
Por alguna razón, ese número hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo.
Entonces ocurrió.
Una imagen apareció en su mente.
Una mano sujetando la suya.
Una voz cálida y tranquila.
"Prométeme que, pase lo que pase... volverás a las 03:17."
Kael abrió los ojos de golpe.
—¿Quién dijo eso?
La imagen desapareció al instante, dejando únicamente un fuerte dolor de cabeza.
En ese momento la puerta se abrió.
Una enfermera entró apresuradamente.
Al verlo de pie, abrió los ojos con sorpresa.
—¡Despertó!
Corrió hasta él para ayudarlo.
—Debe volver a la cama. Aún está muy débil.
Kael obedeció sin oponer resistencia.
La observó durante unos segundos antes de hacer la pregunta que más miedo le daba.
—¿Quién... soy?
La sonrisa de la enfermera desapareció.
Lo miró en silencio.
—¿No lo recuerda?
Kael negó lentamente.
No recordaba su nombre.
No recordaba a su familia.
No recordaba dónde vivía.
Ni siquiera sabía por qué estaba allí.
La mujer respiró hondo antes de salir rápidamente de la habitación.
—Llamaré al doctor.
Minutos después, un hombre de mediana edad entró acompañado por dos asistentes.
Llevaba una carpeta electrónica entre las manos.
Después de hacerle varias preguntas y comprobar sus reflejos, tomó asiento frente a él.
—Tu nombre es Kael Orion.
Kael repitió el nombre en silencio.
No significaba nada.
—Tienes veintidós años. Hace tres días apareciste inconsciente en un callejón del Distrito Trece.
—¿Qué me pasó?
El médico guardó silencio unos segundos.
—Eso es precisamente lo que estamos intentando descubrir.
Abrió la carpeta y sacó un pequeño objeto metálico del tamaño de una moneda.
Lo dejó sobre la mesa.
—Encontramos esto conectado en la base de tu nuca.
Kael tomó el dispositivo entre sus dedos.
Era frío.
En el centro brillaba un extraño símbolo azul.
—¿Qué es?
El médico respiró profundamente.
—Un extractor de recuerdos.
El corazón de Kael dio un vuelco.
—¿Qué significa eso?
—Significa que alguien eliminó parte de tu memoria.
Kael tragó saliva.
—¿Alguien... o fui yo?
El doctor bajó la mirada.
—Aún no podemos responder esa pregunta.
Cuando todos abandonaron la habitación, Kael volvió a observar el extraño dispositivo.
No parecía peligroso.
Pero algo dentro de él le decía que ese pequeño objeto había cambiado su vida para siempre.
Sin pensarlo, pasó el pulgar sobre el símbolo azul.
El dispositivo emitió un leve destello.
En ese instante un dolor insoportable atravesó su cabeza.
Una lluvia nocturna.
Un abrazo.
Un hombre de cabello blanco acercándose lentamente.
Sus labios rozando los suyos.
Y una voz llena de tristeza.
—Aunque me olvides...
...volverás a encontrarme.
—¡¿Quién eres?! —gritó Kael.
Todo desapareció.
El dispositivo volvió a apagarse.
Una lágrima cayó por su mejilla sin que él entendiera por qué.
En otro lugar de la ciudad...
Un hombre de cabello blanco observaba decenas de pantallas holográficas desde una sala completamente oscura.
Sus ojos azules permanecían fijos en una imagen.
Kael.
Un subordinado entró apresuradamente.
—Señor Voss... Kael Orion ha despertado.
El hombre permaneció inmóvil.
Después de un largo silencio, cerró lentamente los ojos.
—Entonces... el destino ha comenzado de nuevo.
Al abrirlos, una mezcla de dolor y esperanza cruzó su mirada.
Después de tres largos años...
Había vuelto.
Pero ya no lo recordaba.
Continuará...