Es una historia sobre el poder más supremo del universo: la capacidad de ELEGIR tu propio destino, incluso cuando te enfrentas a ciclos kármicos milenarios.
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CAPÍTULO 10: EL TRIÁNGULO TÓXICO
Aria se permitió creer que había terminado.
Durante tres semanas, fue cierto. Marcus no contactó. Ella cambió su número, pero él no intentó conseguir el nuevo. Parecía como si finalmente, después de seis vidas, hubiera aceptado.
Esas tres semanas fueron las más pacíficas de la vida de Aria.
Ella y Ethan se permitieron profundizar. No de forma precipitada. Simplemente... naturalmente. Pasaban noches en su apartamento, leyendo en el sofá. Cocinaban cenas juntos, descubriendo que Aria tenía un instinto natural para la cocina cuando no estaba cocinando bajo presión para complacer a alguien más. Tomaban duchas juntas. Dormían desnudos. Simplemente existían en el espacio compartido sin la necesidad de llenar cada silencio con palabras o acciones.
Ethan comenzó a revelar más sobre su pasado. No solo sobre sus vidas con ella. También sobre quién era él en el presente. Sobre sus sueños de escribir un libro sobre los ciclos de trauma transgeneracional. Sobre su deseo de ayudar a víctimas de abuso a encontrar su voz. Sobre la razón por la cual su práctica terapéutica se enfocaba tan específicamente en narcisismo—era porque había pasado siglos viéndolo destruir vidas, y quería finalmente hacer algo sobre eso.
Aria, por su parte, comenzó a soñar nuevamente. No pesadillas. Sueños reales. En uno, estaba volando. En otro, estaba escribiendo. En otro más, simplemente existía en una habitación llena de luz dorada, sin miedo de lo que pudiera suceder después.
La vida parecía posible nuevamente.
Entonces, una noche de miércoles, mientras Aria y Ethan estaban en un restaurante italiano, vio a Victoria.
No era una coincidencia. Lo supo inmediatamente. Victoria estaba en la mesa al lado de ellos, con una mujer mayor que parecía ser su madre, y sus ojos se encontraron con los de Aria antes de que ella pudiera apartar la mirada.
El reconocimiento fue instantáneo.
Victoria era hermosa de una manera que era casi ofensiva. Cabello rubio, piel pálida, ojos azules brillantes. Era exactamente el tipo de mujer que Marcus probablemente creía que lo hacía parecer mejor. El tipo de mujer que servía como accesorio en lugar de compañera.
Pero lo que fue más impactante fue ver la forma en que Victoria la miró.
No fue con triumfo. No fue con sorpresa. Fue con una especie de... reconocimiento mutuo. Como si ambas mujeres entendieran de repente, en ese instante, exactamente lo que había pasado entre ellas.
"¿Estás bien?" preguntó Ethan, notando el cambio en Aria.
"Esa es Victoria," respondió Aria suavemente. "La otra mujer. Del restaurante."
Ethan miró discretamente.
"¿Quieres irte?" preguntó.
"No," respondió Aria. "Quiero estar aquí. Quiero que ella vea que estoy bien. Quiero que ella vea que me amaron de una forma que ella claramente no fue."
Terminaron su cena lentamente. Aria deliberadamente comió cada bocado, sonrió en los momentos apropiados, tocó la mano de Ethan sobre la mesa de manera casual pero clara. Estaban juntos. Estaban felices.
Cuando se levantaron para irse, Victoria también se levantó.
Se encontraron en la entrada del restaurante.
"Aria," dijo Victoria, su voz conteniendo una extraña mezcla de disculpa y complicidad.
"Victoria," respondió Aria, asintiendo levemente.
"Quería..." comenzó Victoria, luego se detuvo. "No sé qué quería decir. Excepto que lo siento. Siento lo que pasó. Y siento lo que él es."
Ethan puso su mano en la espalda de Aria, pero no la presionó hacia la puerta. Simplemente estaba allí.
"¿Estás con él?" preguntó Aria, aunque ya sabía la respuesta.
"No," respondió Victoria rápidamente. "No, después de que sucedió todo, me di cuenta de que... él no estaba bien. Y yo tampoco lo estaba por aceptar estar en ese triángulo. Termino hace dos meses."
Aria sintió una ola de compasión por esta mujer que había sido, por un breve momento, parte de la razón de su dolor.
"Bien," dijo Aria simplemente. "Espero que encuentres alguien que te ame de verdad."
Se fue.
Pero lo que Aria no sabía era que esa conversación había sido reportada.
Marcus, quien había estado siguiendo a Aria (sí, literalmente siguiendo—estacionado afuera de su edificio, siguiendo su coche, encontrando dónde comía), vio todo. Vio a Victoria hablando con ella. Vio a Ethan con su mano en la espalda de Aria. Vio la coexistencia aparentemente pacífica de todas las personas que habían estado en su órbita.
Y algo en él rompió.
No fue un quiebre gradual. Fue explosivo. Fue el punto donde la obsesión se convirtió en algo más oscuro. Donde el amor narcisista se convirtió en odio narcisista.
Porque Marcus había tenido una revelación mientras estaba sentado en su coche, esperando a Aria: si él no podía tenerla, entonces ¿quién diablos se creía que era Ethan pensando que podía?
Al día siguiente, Aria recibió un paquete en su trabajo.
No era de flores. Era una caja negra. Cuando la abrió, encontró fotos. Fotos de ella y Ethan. Fotos de ella y Victoria en el restaurante. Fotos de ella entrando a su edificio. Fotos de ella durmiendo en su apartamento, tomadas a través de la ventana.
Y una nota.
La letra era diferente ahora. No era la letra cuidadosa y triste de antes. Era errada. Cortante. Peligrosa.
"Ahora entiendo. No estabas lista para mí. Aún no lo eres. Pero lo serás. Cuando comprenda exactamente lo que te ha hecho ese tipo, comprenderás que necesitabas estar conmigo todo el tiempo. Te amo. Pero también te odio. Pero también te amo. No puedo vivir en un mundo donde eres de alguien más. No puedo. No lo permitiré."
Aria sintió helarse su sangre.
Esto era diferente. Esto era un nivel nuevo de perturbación. Esto era acoso. Esto era vigilancia. Esto era la amenaza implícita de que si ella no regresaba, su mundo sería destruido.
Llamó a Ethan inmediatamente.
"Necesito que vengas a mi trabajo ahora," dijo, su voz temblando.
Cuando Ethan llegó, y vio las fotos, vio la nota, su expresión cambió de una manera que Aria nunca había visto. Porque durante trescientos años, él había estado observando a Marcus destruir esta mujer. Y ahora, finalmente, su paciencia se había agotado.
"Vamos a la policía," dijo Ethan. "Esto es acoso criminal. Esto es vigilancia. Esto es amenaza implícita de violencia."
"¿Crees que la policía hará algo?" preguntó Aria.
"Sí," respondió Ethan, su mandíbula apretada. "Porque esta vez, no es solo sobre ti. Es sobre mí. Y yo tengo recursos. Y he pasado trescientos años observando a personas como él lastimar a personas como tú. Se acabó."
Aria se dio cuenta de que había despertado algo en Ethan que había estado dormido durante siglos. No era violencia. Era justicia. Era la determinación de alguien quien finalmente había tenido suficiente.
Esa noche, después de ir a la estación de policía y radicar una demanda formal, Aria se sentó en el sofá de Ethan y lloró.
Pero no de miedo. De furia. De la rabia limpia de alguien quien ha sido empujada al límite de su paciencia.
"¿Qué va a pasar ahora?" preguntó.
"Ahora," respondió Ethan, "vamos a terminar esto de una vez por todas. Y si Marcus no entiende de forma voluntaria, entonces el sistema legal lo ayudará a entender.