Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
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Capitulo 21
Rosalind
Aquella noche volvió.
Como si jamás se hubiera marchado.
Como si hubiera estado esperándome detrás de cada sueño.
La oscuridad era absoluta.
No veía nada.
Solo escuchaba el viento silbar entre árboles que parecían no tener fin.
Mis pies estaban descalzos.
La tierra estaba húmeda y fría.
Podía sentir el barro hundirse entre mis dedos mientras caminaba sin saber hacia dónde.
—Rosalind...
Aquella voz.
Grave.
Suave.
Tan cercana que hizo que cada vello de mi cuerpo se erizara.
Me detuve.
El silencio desapareció.
Escuché pasos detrás de mí.
Lentos.
Tranquilos.
Como si aquella persona supiera perfectamente que yo no tenía escapatoria.
—Mi amor...
No...
Mi respiración comenzó a acelerarse.
Quise correr, pero mis piernas no respondían.
Entonces lo vi.
A unos cuantos metros de distancia.
La niebla cubría casi todo su cuerpo.
Solo podía distinguir el contorno de un traje oscuro.
Y aquellos ojos.
Malva.
Tan brillantes como dos piedras preciosas bajo la luz de la luna.
El hombre sonreía.
Una sonrisa llena de calma.
Demasiada calma.
—Estoy cerca...
Retrocedí un paso.
Él avanzó otro.
—Muy cerca...
Levantó una mano.
Intenté apartarme.
No pude.
Sus dedos rozaron lentamente mi mejilla.
Sentí un frío insoportable.
Después descendieron por mi cuello.
Mi espalda.
Mis brazos.
Era una caricia que me provocaba náuseas.
Quise gritar.
No salió ningún sonido.
—Has tardado mucho en volver conmigo...
Negué desesperadamente.
—No...
No sé quién eres...
Él soltó una risa baja.
Una risa que hizo temblar el mundo entero.
—Lo recordarás...
Muy pronto...
Detrás de él comenzaron a aparecer cientos de rosas negras.
Una a una.
Como si nacieran directamente de la tierra.
Entre ellas distinguí una pequeña figura.
Era un niño.
No tendría más de tres años.
Estaba de espaldas.
Llevaba un pequeño traje negro.
Cuando giró lentamente el rostro hacia mí...
Vi sus ojos.
Negros.
Exactamente iguales a los de Damien.
El niño extendió una mano.
—Mamá...
Antes de que pudiera acercarme, el hombre de ojos malva lo tomó del hombro.
Lo apartó de mí.
—Todavía no.
El niño comenzó a desaparecer entre la niebla.
Quise correr hacia él.
Entonces sentí un dolor insoportable en el vientre.
Bajé la mirada.
Una mancha roja comenzaba a extenderse sobre mi vestido blanco.
Y, justo antes de despertar, escuché nuevamente aquella voz.
—Esta vez...
No podrás escapar.
---
Abrí los ojos de golpe.
Respiraba con dificultad.
Todo mi cuerpo estaba cubierto de sudor.
Los relámpagos iluminaban la habitación durante apenas unos segundos.
Después todo volvía a quedar en penumbra.
Una tormenta había comenzado.
Los truenos hacían vibrar los ventanales de la villa.
Solo entonces noté algo.
Mi mano seguía entrelazada con la de Damien.
Desde hacía varios días dormíamos en la misma cama.
Sin planearlo.
Simplemente había ocurrido.
Y, aunque las pesadillas seguían apareciendo, ya no despertaba completamente sola.
Me acerqué un poco más a él.
Sentí su calor.
Su respiración tranquila.
Entonces habló con la voz aún adormilada.
—¿Estás bien?
Asentí.
—Solo fue otro mal sueño.
Él abrió lentamente los ojos.
Sin decir una palabra pasó uno de sus brazos alrededor de mi espalda.
Me acomodó sobre su pecho.
Después me cubrió mejor con la manta.
Afuera un trueno hizo temblar toda la habitación.
Permanecí abrazada a él.
No quería volver a dormir.
Tenía miedo.
Mucho miedo.
Damien acarició distraídamente mi cabello.
—¿Qué soñaste esta vez?
Guardé silencio unos segundos.
—El hombre volvió.
Sentí cómo su cuerpo se tensaba.
—¿Qué hizo?
—Me dijo que estaba cerca...
Que muy pronto recordaría quién era.
Y...
Cerré los ojos.
—Había un niño.
Damien permaneció completamente inmóvil.
—¿Un niño?
Asentí lentamente.
—Tenía los ojos negros.
Como los tuyos.
No sé quién era.
Pero... me llamó mamá.
El silencio se hizo pesado.
Demasiado pesado.
Finalmente Damien habló.
—Qué curioso...
Lo miré.
—¿Por qué lo dices?
En lugar de responderme, tomó aire lentamente.
—Mandé quitar el laberinto.
Me incorporé de inmediato.
—¿Qué?
Él sonrió apenas.
—Ya no existe.
Pedí que lo demolieran esta mañana.
Sabía cuánto te angustiaba.
No tenía sentido conservar algo que solo te hacía sufrir.
Durante unos segundos fui incapaz de decir una sola palabra.
Nadie había hecho jamás algo semejante por mí.
Me acerqué lentamente.
Tomé su rostro entre mis manos.
Y lo besé.
Un beso suave.
Lleno de gratitud.
Él respondió con la misma delicadeza.
El beso se volvió más profundo Damien se hizo sobre mi, los rayos me permitieron ver su rostro nuevamente me besó, descendió por mi cuello llenándolo de besos su mano recorrió mis curvas.
Mis manos empezaron a acariciar su cuerpo con calma.
— No vayas a parar —
Sonrió
—Está bien—
Me siguió besando y acariciando con quitó.
Se quitó la camisa y acaricio mis pechos. No había tenido jamás esa sensación en mi cuerpo.
Subió mi camisón y continuo con las caricias y su mano descendió entre mis piernas.
Pude sentir lo duro que estaba me sorprendió, jamás pensé que fuera así, que se pusieran así, nunca había visto o sentido uno.
—¿Estás lista o quieres que pare?
—Sigue— respondí entre jadeos.
Se introdujo en mí con calma con suavidad para no lastimarme y empezó a moverse al principio me dolió, pero el vaivén junto con los besos y caricias concentraron mi mente en sentir y explotar en un frenesí de pasión.
El tiempo pareció detenerse mientras la tormenta continuaba golpeando los ventanales de la habitación.
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Cuando desperté nuevamente, la lluvia había cesado.
Una tenue luz entraba por las cortinas.
Sentía el cuerpo ligeramente adolorido.
Damien ya estaba despierto.
Leía algunos documentos apoyado sobre el cabecero de la cama.
Al notar que abría los ojos dejó los papeles a un lado.
—¿Cómo te sientes?
Sonreí levemente.
—Bien.
Mucho mejor.
Se inclinó para besarme con suavidad en los labios.
—Mañana debemos regresar a la ciudad.
Hice una pequeña mueca.
—No quiero.
Él soltó una risa baja.
—Lo sé.
Pero es necesario.
Me acomodé nuevamente sobre su pecho.
Escuché el tranquilo latido de su corazón.
Era extrañamente reconfortante.
Le di un pequeño beso sobre el pecho.
—¿Cuándo podremos irnos tú y yo solos?
Damien arqueó una ceja.
—¿Quieres una luna de miel?
Lo golpeé suavemente con la mano.
—No te burles, Blackwood.
—No me burlo.
Solo me sorprendes.
Hace unas semanas odiabas todo lo relacionado con el matrimonio.
Le sonreí.
—Pues ahora quiero viajar contigo.
Él acarició lentamente mi cabello.
—Dentro de un mes.
Organizaré mi agenda.
Lo miré sorprendida.
—¿Tan pronto?
—Sí.
Esta vez quiero hacer las cosas bien.
Mi sonrisa apareció sin que pudiera evitarlo.
—No vayas a enfermarte de tanto trabajar.
Él rió.
—Prometo sobrevivir.
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A la mañana siguiente emprendimos el regreso.
Durante buena parte del camino permanecimos en silencio, contemplando el paisaje que desfilaba al otro lado de la ventanilla.
Al acercarnos nuevamente a la ciudad, Damien rompió el silencio.
—¿Entonces?
Lo miré.
—¿Entonces qué?
—La casa.
¿La quieres?
Sonreí.
—Sí.
La quiero.
Él asintió.
—Perfecto.
Miró hacia el asiento delantero.
—Marcelo.
Cuando lleguemos, comuníquese con el propietario.
Confirme la compra.
—Sí, señor Blackwood.
Mientras apoyaba nuevamente la cabeza sobre el hombro de Damien, observé por la ventana un grupo de cuervos levantando vuelo desde un viejo árbol seco.
No sabía por qué...
Pero una sensación helada recorrió mi espalda.
En el sueño, el hombre de ojos malva había dicho que estaba cerca.
Y, por primera vez desde que aquellas pesadillas comenzaron años atrás...
Yo también sentía que alguien se acercaba.
No era una simple intuición.
Era la aterradora certeza de que los sueños estaban dejando de ser recuerdos...
Para convertirse, poco a poco, en mi realidad.
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱