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La Chica Del Cabello Infinito

La Chica Del Cabello Infinito

Status: Terminada
Genre:Magia / Familia mágica / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pequeño pueblo de Valleoscuro, donde las montañas se alzaban como gigantes dormidos y la niebla solía quedarse abrazada a los tejados hasta bien entrada la mañana, todos conocían a Mariana. No por su nombre, ni por su familia, ni por nada que hubiera dicho o hecho, sino por una sola cosa: su cabello. Era rojo, del tono intenso de las brasas que arden despacio en la chimenea, rizado como las olas de un mar que nunca se calma, y tan largo, tan increíblemente largo, que nadie había logrado ver dónde terminaba.
Mariana tenía la piel morena, suave y cálida como la tierra fértil de los valles cercanos, y sus ojos eran del color del ámbar, brillantes y profundos, como si guardara en ellos todos los atardeceres que se habían visto caer sobre aquel rincón del mundo. Vivía en una casa pequeña, de paredes de adobe y techo de tejas rojas, situada al final del camino principal

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Capitulo 5: La verdad es lo único que te dará fuerza.

Esa noche, Mariana no pudo dormir. Se sentó en el borde de su cama, rodeada de sus propios rizos rojos, y acarició uno de los mechones con la mano. Sentía una conexión profunda con cada hebra, como si cada una fuera una parte de su alma, como si supiera todo lo que había pasado, todo lo que pasaba y todo lo que pasaría. Cerró los ojos y se concentró, y poco a poco, empezó a sentir algo extraño: como si su cabello le estuviera hablando, como si le transmitiera sensaciones, imágenes y pensamientos que no venían de su mente, sino de algo más grande, más antiguo.

Imágenes le llegaron entonces: vio lugares que nunca había visitado, ciudades construidas entre las nubes, caminos que cruzaban mares y desiertos, personas que vestían ropas extrañas y que miraban hacia el cielo con esperanza. Vio también figuras oscuras, que se movían entre las sombras, que robaban y destruían, que querían apoderarse de algo que no les pertenecía. Y en medio de todo, vio a su familia, a sus padres, pero no como los recordaba, sino como realmente eran: divididos, con miedo, luchando por proteger algo que era más grande que ellos mismos.

De repente, una imagen se quedó grabada con más fuerza que las demás: un edificio enorme, de piedra blanca y techos dorados, situado en lo alto de una montaña, rodeado de muros altos y protegido por guardias. Eso debía ser la Ciudad Alta de la que hablaban. Y vio también una figura, alguien que parecía ser el líder de quienes buscaban su poder: un hombre alto, con ojos fríos como el hielo y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir lo que quería, sin importarle el daño que causara.

Mariana abrió los ojos de golpe, con el corazón latiéndole con fuerza. Se dio cuenta de que no podía quedarse escondida para siempre. Sus padres tenían razón en una cosa: su lugar no estaba solo en Valleoscuro, ni en su pequeña casa, ni entre las montañas que conocía. Tenía que saber la verdad completa, tenía que entender qué era lo que estaba en juego, y tenía que aprender a controlar y a usar su poder de forma correcta. Pero tampoco podía ir con ellos sin saber todo lo que pasaba. No quería ser una herramienta en manos de nadie; quería ser dueña de su propia vida, de su propio destino.

A la mañana siguiente, se levantó antes que el sol. Desayunó con calma, y luego salió al exterior. El pueblo estaba tranquilo, pero se notaba que todos estaban esperando algo. Mariana caminó por las calles, saludando a todos los que se encontraba, y cuando llegó a la plaza principal, se detuvo en medio de ella y habló en voz alta, para que todos pudieran oírla.

—He pensado mucho en lo que me han dicho mis padres —dijo, con una voz clara y firme, que resonó por todo el lugar—. Sé que tengo un papel que cumplir, sé que hay cosas que debo aprender y lugares que debo conocer. Pero no iré con ellos hasta que me digan toda la verdad, sin ocultarme nada, sin mentiras ni medias palabras. Quiero saber por qué nos tuvimos que esconder, quiénes son realmente los que nos buscan, y cuál es el verdadero propósito de todo esto.

La gente la escuchó con atención, asintiendo con la cabeza. Don Tomás se acercó a ella y le dijo:

—Es lo correcto, hija. No puedes ir a ciegas. La verdad es lo único que te dará fuerza para enfrentar lo que venga.

Ese día, pasó mucho tiempo mirando hacia el camino por donde se habían ido sus padres. Sabía que volverían, que no se rendirían tan fácilmente, y que cuando lo hicieran, las cosas serían diferentes. Tenía que prepararse. Tenía que aprender a usar su conexión con su cabello, a entender lo que le quería decir, a ver lo que estaba oculto a los ojos de los demás.

Por la tarde, mientras estaba sentada en el suelo tejiendo pequeños objetos con hilos que parecían salir de su propio cabello —hilos rojos, dorados y cobrizos que brillaban con luz propia—, notó que algo se movía en la distancia. Al principio pensó que eran animales, o que era el viento, pero poco a poco se dio cuenta de que eran personas que se acercaban. No eran los carruajes lujosos de sus padres, ni los hombres armados que habían visto antes. Eran personas vestidas con ropas sencillas, de todos los tamaños y edades, que caminaban despacio, con expresiones de respeto y de esperanza.

Cuando llegaron más cerca, Mariana vio que entre ellos había ancianos, mujeres, hombres y niños. Algunos llevaban cestas con frutas o pan, otros traían objetos hechos a mano. Se detuvieron a cierta distancia y uno de ellos, un hombre mayor con barba blanca y ropas de lino, dio un paso al frente.

—Venimos de lugares lejanos —dijo él, con voz suave pero clara—. Hemos escuchado lo que pasó aquí ayer. Hemos escuchado que la guardiana ha regresado, que el hilo del destino ha vuelto a estar presente en el mundo. Nosotros somos los que cuidamos las leyendas, los que transmitimos las historias de generación en generación. Hemos venido para ofrecerte nuestra ayuda, nuestro consejo y nuestra amistad. Sabemos que hay peligros, y sabemos que necesitas aprender muchas cosas. Estamos dispuestos a enseñarte todo lo que sabemos, para que estés preparada cuando llegue el momento.

Mariana se levantó y se acercó a ellos, sintiendo una calma que no había sentido antes. Estos no venían por su poder, ni para obligarla a hacer nada. Venían porque creían en lo que ella era, porque querían ayudar. Extendió una mano y le tomó la del hombre mayor, y al hacerlo, sintió una corriente de energía que viajó desde su mano hasta su cabello, que se movió suavemente alrededor de todos ellos, como si los saludara a su vez.

—Gracias —dijo Mariana, con una sonrisa—. No sé lo que pasará en el futuro, pero sé que no estaré sola. Eso es lo más importante.

Durante los días siguientes, esos visitantes se quedaron en el pueblo. Le enseñaron cosas que nadie más le había podido explicar: le hablaron de cómo funcionaba la conexión entre su cabello y el mundo, de cómo podía usarla para ver lo que estaba oculto, para comunicarse con personas que estaban muy lejos, para protegerse de los peligros. Le contaron historias de otros tiempos, de otras personas que habían tenido el mismo don que ella, y le dieron consejos sobre cómo actuar cuando llegara el momento de irse.

Mariana aprendió que su cabello no era solo una característica física ni solo una herramienta de poder. Era un vínculo. Cada mechón era un hilo que conectaba su corazón con el corazón de todas las personas, con la naturaleza, con el pasado y con el futuro. Podía sentir cuando alguien estaba triste, cuando alguien necesitaba ayuda, cuando algo malo estaba a punto de suceder. Y podía usar esa conexión para ayudar, para unir, para traer calma y esperanza a donde fuera que fuera.

Un día, mientras estaba aprendiendo a escuchar mejor lo que su cabello le decía, sintió una vibración fuerte. Al principio no supo qué era, pero poco a poco comprendió: era una señal. Sus padres volvían.

Esa tarde, se reunió con los habitantes del pueblo y con los visitantes que habían llegado, y les dijo:

—Han vuelto. Ya sé que es hora de hablar de nuevo, de escuchar lo que tienen que decir, pero esta vez seré yo quien pregunte, quien decida cuándo hablar y cuándo escuchar. No iré con ellos hasta que me hayan dicho toda la verdad, pero estoy dispuesta a escuchar, a conocer, a entender. Porque sé que mi vida va a cambiar, y tengo que estar preparada para lo que venga.

Al atardecer, los carruajes aparecieron de nuevo por el camino. Esta vez, no iban tan rápido ni con tanta fuerza como la primera vez. Se detuvieron frente a la casa, y esta vez, cuando bajaron Elías y Beatriz, su expresión era diferente. No traían la misma autoridad ni la misma confianza de antes. Parecían más serios, más preocupados, como si también ellos supieran que las cosas ya no eran como antes, que Mariana había crecido y se había vuelto más fuerte de lo que eran capaces de imaginar.

Elías dio un paso hacia adelante, con la cabeza un poco baja, y habló con una voz que ahora era suave, sin amenazas ni órdenes:

—Hija, hemos vuelto. Sabemos que te hemos hecho daño, que te hemos ocultado cosas y que te hemos tratado como si fueras algo que podíamos controlar. Lo sentimos. Lo hemos hecho por miedo, por culpa de los peligros que nos rodean, pero eso no es excusa. Ahora estamos dispuestos a decirte toda la verdad, a responder a todas tus preguntas, y a dejar que tú decidas qué quieres hacer.

Mariana se mantuvo en el umbral, rodeada de su cabello que se movía con calma, como si supiera que la situación había cambiado. Miró a sus padres, y vio en sus ojos el cansancio, el miedo y también el amor que habían intentado ocultar durante tanto tiempo. Sabía que todavía había cosas que no le habían dicho, pero sabía también que el camino había empezado, y que poco a poco, todo se iría aclarando.

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Fátima Noelia Gauto
acaso sos una retrazada?? no te contaron ya la verdad??
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