Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 22
Nuevamente pasaron varios días sin demasiadas novedades.
La investigación avanzaba, pero lentamente.
Mientras tanto, padre tenía todo listo para la visita que recibiríamos dentro de unas semanas.
Los preparativos en la mansión eran evidentes. Habitaciones arregladas, personal adicional y una cantidad absurda de discusiones sobre protocolos que, sinceramente, me parecían aburridísimos.
Por mi parte, había comenzado a salir ocasionalmente acompañado de Elena y algunos guardias.
Padre seguía negándose rotundamente a que fuera a cualquier lugar solo.
No importaba cuánto insistiera.
—Ya te secuestraron una vez —era su respuesta habitual.
Y considerando las circunstancias, tampoco podía discutir demasiado con él.
Aquella tarde habíamos salido al mercado.
Nada fuera de lo normal.
Compramos algunos ingredientes para madam Hattie, Elena se entretuvo observando telas y yo terminé adquiriendo un libro que llamó mi atención.
Sin embargo, al regresar a casa, Elena cerró la puerta de mi habitación y bajó la voz.
—Amo Andrei.
Su expresión era extrañamente seria.
—¿Qué ocurre?
—Creo que alguien nos estuvo siguiendo.
Inmediatamente levanté la vista.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
—No lo noté al principio, pero después de la tercera vez que apareció en distintos lugares comencé a prestar atención.
Mi corazón dio un pequeño vuelco.
—¿Pudiste verlo bien?
—No.
Negó con la cabeza.
—Siempre mantenía la distancia.
—Y cada vez que intentaba observarlo mejor desaparecía.
Guardé silencio unos segundos.
Luego respondí:
—Vamos a decírselo a padre.
Elena pareció aliviada por mi respuesta.
No perdimos tiempo.
Fuimos directamente al despacho.
Cuando terminamos de explicarle lo sucedido, el rostro de Gael perdió todo rastro de tranquilidad.
Fue una reacción tan inmediata que incluso me sorprendió.
—¿Los siguieron?
Su voz sonó más dura de lo habitual.
—Eso cree Elena —respondí.
Padre se puso de pie.
—¿Y me lo dicen recién ahora?
—Nos acabamos de enterar.
Gael comenzó a caminar de un lado a otro.
Por primera vez en varios días parecía genuinamente preocupado.
—¿Lo reconocieron?
—No.
—¿Llevaba algún símbolo?
—No.
—¿Se acercó?
—Tampoco.
El silencio se instaló en la habitación.
Finalmente padre se dirigió hacia la puerta.
—Víctor.
No tuvo que alzar la voz.
Un instante después, mi hermano apareció.
Y apenas escuchó la situación, su expresión se volvió tan oscura como la de padre.
—Voy a duplicar los guardias.
—Eso es exagerado —protesté.
Los dos me miraron al mismo tiempo.
Decidí callarme.
—Quiero hombres vigilando la mansión día y noche —continuó padre.
—Y también cuando Andrei salga.
Víctor asintió.
—Lo haré.
Observé a ambos sin saber si sentirme protegido o vigilado.
Probablemente ambas cosas.
Sin embargo, mientras ellos organizaban las medidas de seguridad, una idea comenzó a formarse en mi cabeza.
Si alguien realmente nos estaba siguiendo...
La pregunta no era quién.
La pregunta era por qué.
Y por alguna razón...
Sentía que la respuesta no iba a gustarnos.
---
Nuevamente salí junto a Elena para realizar las compras de la casa y las provisiones que madam Hattie necesitaba.
La mujer era extremadamente exigente con los ingredientes de su cocina.
Según ella, una zanahoria mediocre era el inicio del fin de una buena comida.
Mientras recorríamos el mercado, acompañados por los nuevos guardias que padre había contratado, volví a notar algo que ya comenzaba a ser habitual.
Nos seguían.
Y esta vez ya no era una sola persona.
Conté al menos tres.
Maldita sea.
Esto iba a terminar mal.
---
Perspectiva de Matew Kieran Dragomir
Hacía apenas unos días que habíamos llegado al reino.
La carta del llamado Gran Maestro del Gremio de Comerciantes de Occidente había despertado mi interés.
En ella hablaba de desapariciones.
De tráfico de personas.
De rutas marítimas sospechosas.
Información que coincidía demasiado bien con mi propia investigación.
Lo extraño era otra cosa.
¿Cómo un comerciante de un reino tan lejano había descubierto todo aquello?
Por eso decidí adelantar mi llegada.
Y por eso había dedicado los últimos días a investigar discretamente a Gael Ashford y a su familia.
Todo apuntaba a la misma conclusión.
Alguien había atacado a su hijo.
Y ahora buscaban venganza.
Sobre el joven Ashford los informes eran poco útiles.
Educado.
Reservado.
Delicado.
Omega.
Atractivo.
Fruncí el ceño.
La mitad de aquella información era irrelevante.
Las personas eran mucho más interesantes cuando se observaban directamente.
Por eso, cuando uno de mis hombres me informó que el joven había salido al mercado, decidí verlo con mis propios ojos.
Quería saber cómo era realmente.
No cómo lo describían otros.
Al llegar al lugar lo encontré con facilidad.
Cabello oscuro.
Ropas elegantes.
Acompañado por varios guardias y una empleada.
Nada fuera de lo común.
Hasta que noté algo más.
Los seguían.
Y no eran precisamente discretos.
Mi expresión se endureció.
Los hombres comenzaron a cerrar lentamente la distancia.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Demasiados para ser una coincidencia.
Mis hombres también lo notaron.
—¿Intervenimos, comandante?
Observé la situación.
Los guardias de Ashford aún no parecían haberse dado cuenta.
—Esperen.
Los atacantes aceleraron el paso.
Una mano se deslizó hacia la empuñadura de un cuchillo.
Y entonces ocurrió.
El joven Ashford fue el primero en reaccionar.
No mostró pánico.
No gritó.
No intentó esconderse detrás de sus guardias.
Su mano fue directamente hacia la espada de práctica que llevaba consigo.
Mis ojos se entrecerraron.
¿Una espada?
El primer atacante avanzó.
Y el muchacho respondió.
El golpe fue rápido.
Imperfecto.
Pero ejecutado con decisión.
La espada de madera impactó con fuerza contra la muñeca del hombre.
El cuchillo salió despedido.
El atacante soltó un grito de dolor.
Yo me quedé inmóvil.
Sorprendido.
Aquello no encajaba con ninguno de los informes.
El joven se movió nuevamente.
Protegiendo a la sirvienta.
Retrocediendo hacia una posición más segura.
Coordinándose con sus guardias.
No parecía un experto.
Pero tampoco parecía una víctima indefensa.
—Interesante... —murmuré.
Uno de mis hombres me observó confundido.
Porque en ese momento yo tampoco entendía lo que estaba viendo.
Los informes hablaban de un joven noble delicado.
Lo que tenía delante era alguien dispuesto a pelear.
Y por primera vez desde que llegué a este reino...
El nombre de Andrei Ashford despertó mi curiosidad.
El joven, junto a sus guardias, resolvió la situación sin demasiados inconvenientes.
Algo que no esperaba.
Observé cómo reducían a los atacantes uno tras otro.
Algunos escaparon.
Otros terminaron tirados en el suelo quejándose.
Y uno de ellos fue capturado.
No tuve necesidad de intervenir.
Ni yo.
Ni mis hombres.
Por unos segundos observé al joven Ashford.
Su respiración estaba algo acelerada.
Su ropa se había desordenado durante la pelea.
Pero permanecía de pie.
Tranquilo.
Analizando la situación.
No parecía un noble que acabara de sufrir un ataque.
Parecía alguien acostumbrado a pensar incluso bajo presión.
—¿Nos retiramos, comandante? —preguntó uno de mis hombres.
Seguí observándolo unos segundos más.
—Sí.
No tenía sentido acercarme ahora.
Tarde o temprano nos encontraríamos.
Y prefería que fuera en el momento adecuado.
Mientras abandonaba el lugar, una idea cruzó mi mente.
Los informes habían sido equivocados.
Muy equivocados.
Y comenzaba a sospechar que el joven Andrei Ashford era bastante más interesante de lo que aparentaba.
---
Perspectiva de Andrei
Luché con todas mis fuerzas junto a los guardias.
Los hombres intentaban capturar a Elena y a mí.
No cabía duda de ello.
Varias veces trataron de romper nuestra formación para alcanzarnos.
Y cada vez los guardias lograron impedirlo.
Cuando todo terminó, me apoyé ligeramente en mi espada de práctica mientras recuperaba el aliento.
Demonios.
Víctor tenía razón.
Pelear de verdad era muy diferente a entrenar.
Miré a los hombres que habían logrado escapar.
—¿Creen que volverán?
Uno de los guardias negó con la cabeza.
—No hoy, joven amo.
Eso no me tranquilizó demasiado.
Mi mirada descendió hacia el único capturado.
Los hombres ya lo habían atado de pies y manos.
El sujeto forcejeaba inútilmente.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
—Esto le encantará a Víctor.
Los guardias intercambiaron miradas.
—¿Eh?
—Lleva varios días sin acción.
El pobre desgraciado levantó la cabeza al escucharme.
No parecía entender por qué acababa de sentir más miedo.
Yo sí lo entendía.
Y casi sentí lástima por él.
Casi.
Mientras observaba al hombre atado, una pregunta comenzó a rondar nuevamente mi cabeza.
¿Solo nos habían atacado porque parecíamos presas fáciles?
¿O alguien sabía exactamente quién era yo?
Porque si aquello había sido planeado...
Entonces significaba que nuestra investigación estaba empezando a incomodar a las personas equivocadas.
Y eso podía ser una muy buena noticia.
O una muy mala.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo