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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que trae Dracon PARTE 2

Dracon se quedó más tiempo de lo habitual esa tarde.

No porque la información lo requiriera — la información había sido entregada con la eficiencia de siempre. Se quedó con el té de la tarde que Sophia sirvió sin que nadie lo pidiera, con la calidad de presencia de alguien que ha decidido que el espacio es cómodo y que irse inmediatamente sería artificial.

Kael se retiró después de la primera hora — tenía documentos que requerían firma antes del cierre del día administrativo — y Ren se quedó con Dracon y Sophia en el salón de trabajo con la luz de la tarde entrando por la ventana y los pasteles casi terminados.

—¿Cómo estás? —dijo Dracon.

No era la pregunta táctica de siempre — ¿cómo está la situación, ¿cómo está el Ducado. Era la pregunta directa.

Ren lo miró.

—Bien —dijo—. Veintitrés semanas. La espalda empieza a quejarse por las tardes.

—¿Y lo demás?

Ren lo miró durante un momento.

«Lo demás», pensó. «Dracon pregunta por lo demás.»

—También bien —dijo Ren—. Más de lo que esperaba estar a estas alturas.

Dracon la miró con esa atención de siempre — los ojos celestes que procesaban más de lo que miraban.

—¿Y Kael? —dijo Dracon, con la misma naturalidad con que hubiera preguntado por el clima.

Era la primera vez que preguntaba directamente por Kael en ese tono.

No evaluación táctica. No ¿cómo está la posición del Duque respecto al Emperador. Solo ¿y Kael?

Ren reconoció lo que eso costaba.

—Bien —dijo Ren, con la misma naturalidad—. Hizo una lista de dieciséis nombres para el bebé con notas al margen sobre origen etimológico.

Dracon procesó eso.

Algo cruzó su expresión — brevísimamente, con la velocidad de las cosas que se sienten antes de poder revisarlas.

No era exactamente dolor. Era algo más parecido a lo que siente alguien que ve exactamente lo que esperaba ver y que de todas formas, verlo, tiene un peso.

—¿Dieciséis? —dijo Dracon.

—Con anotaciones de descarte —dijo Ren.

—¿Cuántos descartó?

—Tres esa mañana. Más los que descartó durante la semana.

Dracon tomó el último pastel de la bandeja.

—El Duque Prevail —dijo, en voz baja, con algo que era reconocimiento sin ser completamente rendición — es diferente de lo que esperaba cuando empecé a monitorearlo.

—¿Lo monitoreabas? —dijo Ren.

—A todos los Duques con influencia en la región —dijo Dracon—. Es parte del trabajo. —Una pausa—. El Duque Prevail era conocido como el más eficiente y el más difícil de leer. —Otra pausa—. Sigo pensando que es difícil de leer.

—Lo es —confirmó Ren.

—Pero ya no de la misma forma.

—No —dijo Ren—. Ya no de la misma forma.

Dracon la miró.

Y en ese intercambio — sin palabras adicionales, con Sophia en el lateral mirando el libro de cuentas con una concentración que esta vez sí podría haber sido real — había una conversación que los dos sostenían sin tener que tenerla completamente en voz alta.

«Sé lo que sientes por mí», decía la mirada de Ren. «Y sé lo que elegiste hacer con eso. Y ese respeto es tan real como cualquier otra cosa.»

«Lo sé», respondía la de Dracon. «Por eso sigo aquí. No como lo que podría haber sido. Como lo que elegí ser.»

—La semana que viene —dijo Dracon, recogiendo la carpeta con sus movimientos de siempre — tendré la respuesta de Caelan sobre Lord Pellier. Y probablemente algo más sobre lo que Julius encontró en los archivos.

—Bien —dijo Ren.

Dracon se levantó.

Miró a Sophia.

—Los pasteles de cocina —dijo— son mejores que los de la pastelería Elenne.

Sophia levantó los ojos del libro de cuentas.

—Se lo diré al cocinero —dijo Sophia.

—¿Le importará lo que piense alguien del Gremio de la Mano Gris?

—Le importa la opinión de cualquiera que se coma tres pasteles en una sola visita —dijo Sophia.

Dracon la miró.

—¿Conté?

—Yo cuento —dijo Sophia.

Dracon miró la bandeja vacía.

Luego miró a Sophia con algo que era reconocimiento genuino.

—Bien empleada —dijo, en el tono que Ren reconocía como su versión del mayor elogio disponible.

Y se fue.

......................

Esa noche, con Kael terminando los documentos en el estudio y el Ducado asentándose en el silencio de las horas tardías, Ren se sentó en el jardín interior con la mano sobre el vientre y la quietud de siempre.

El bebé estaba quieto.

Dormía, o lo que fuera que los bebés de veintitrés semanas hacían en la ausencia de movimiento activo.

«Dracon preguntó por Kael», pensó Ren. «Y lo dijo sin que le costara más de lo que ya le cuesta. Eso es algo.»

Lo era.

Las personas que elegían bien eran las que hacían ese tipo de elección en silencio, sin declaración, sin que nadie tuviera que aplaudirla. Simplemente eligiendo y luego viviendo con lo que habían elegido con la misma dignidad con que habrían vivido con cualquier otra cosa.

«Cuando el bebé crezca», pensó Ren, mirando el cerezo, «y le cuente sobre las personas que construyeron este mundo para que él pudiera existir en él, Dracon Vel va a estar en esa historia. No de la forma que él quizás habría preferido. De una mejor.»

El bebé se movió.

Solo una vez. Suave.

Como si confirmara.

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