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1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

No dormí.

Ni siquiera lo intenté.

Porque cada vez que cerraba los ojos—

lo sentía.

No como dolor.

No exactamente.

Era peor.

Era… presencia.

Constante.

Silenciosa.

Como si algo estuviera ahí…

esperando a que bajara la guardia.

Abrí los ojos otra vez.

Oscuro.

Tranquilo.

Normal.

Mentira.

Nada era normal.

Mi mano se movió sola hacia mi pecho.

Ahí.

Justo ahí.

Donde no había marca visible…

pero sí algo más.

Un pulso.

Leve.

Rítmico.

Que no era mío.

—Esto no es normal…

Susurré.

Como si decirlo en voz alta…

fuera a hacerlo menos real.

No funcionó.

—Lo sé.

La voz de Aziel llegó inmediata.

Más despierto que nunca.

Más atento.

—No desapareció.

—No iba a hacerlo.

Me incorporé lentamente.

El cuerpo aún pesado.

Pero no como antes.

Esto era distinto.

Más interno.

Más… instalado.

—Se siente más fuerte.

—Porque ahora no está reaccionando.

Pausa.

—Está activo.

Eso me heló.

—¿Activo cómo?

Silencio.

No largo.

Pero sí suficiente.

—Como un vínculo.

Perfecto.

Justo lo que necesitaba.

—¿Con ellos?

—Con quien lo hizo.

Mi respiración se tensó.

—Genial.

Murmuré.

—Entonces ahora tengo una especie de conexión directa con alguien que quiere matarme.

—No es tan simple.

—Nunca lo es.

Me levanté.

Despacio.

El piso frío bajo mis pies.

Real.

Ancla.

Pero ni eso era suficiente para ignorar lo otro.

Ese pulso.

Esa sensación constante.

—¿Lo sientes ahora?

Pregunté.

—Sí.

Respondió Aziel.

Sin dudar.

—Y no me gusta.

Eso sí era nuevo.

—¿Por qué?

Pausa.

Más larga.

Más incómoda.

—Porque no está intentando esconderse.

El aire se volvió más pesado.

—¿Entonces qué está haciendo?

—Está… esperando.

Eso…

no era mejor.

Para nada.

—Perfecto.

Repetí.

Sin humor.

—Eso es incluso más tranquilizador.

—Estrella.

Su tono cambió.

Más serio.

Más enfocado.

—Tienes que decírselo.

—Ya lo sabe.

—No todo.

Silencio.

Porque tenía razón.

Había cosas que ni yo entendía todavía.

Y eso—

era lo más peligroso.

Salí de la habitación.

El pasillo estaba en silencio.

Demasiado.

Como si la casa misma…

también estuviera esperando.

—No me gusta esto.

Murmuré.

—No deberías.

Claro.

Gracias por eso.

Avancé.

Paso a paso.

Hasta llegar al área principal.

Y ahí—

ya estaban.

Gabriel.

De pie.

Inmóvil.

Pero no relajado.

Tenso.

Más de lo normal.

Y Adrik.

Más atrás.

Observando.

Como siempre.

Pero esta vez…

más atento.

Más presente.

—Ya estás despierta.

Dijo Gabriel.

Sin sorpresa.

Como si lo hubiera esperado.

—No dormí.

—Lo sé.

Eso me hizo fruncir el ceño.

—¿Cómo?

—Se siente.

Directo.

Claro.

—¿Qué tanto?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Más de lo que debería.

Perfecto.

—Entonces supongo que también sabes esto.

Mi mano volvió a mi pecho.

Instintivo.

—La marca.

Los dos reaccionaron.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Tensión.

—Explícalo.

Dijo Gabriel.

Más firme ahora.

—No es solo un rastro.

Tragué saliva.

—Se siente como…

Busqué la palabra.

Pero ninguna encajaba del todo.

—Como si algo estuviera conectado.

—Lo está.

Adrik habló esta vez.

Su voz más baja.

Más directa.

—No solo te encontraron.

Pausa.

—Te fijaron.

Ese término…

no me gustó.

Para nada.

—¿Y eso qué significa exactamente?

—Que ahora—

Continuó él.

Mirándome directo.

—pueden seguirte sin buscarte.

Mi pulso se disparó.

—¿Qué?

—No todo el tiempo.

Intervino Gabriel.

—Pero lo suficiente.

Claro.

Siempre lo suficiente.

—Entonces quítenlo.

Otra vez.

Misma respuesta esperada.

—No es tan simple.

—Ya sé.

Mi voz salió más cortante.

Más cansada.

—Pero tiene que haber algo.

Silencio.

Pesado.

Real.

—Hay una forma.

Dijo Gabriel finalmente.

Y eso no me gustó nada.

Porque cuando él dudaba—

nunca era bueno.

—¿Cuál?

—Fortalecerte.

Claro.

Por supuesto.

—Eso no la elimina.

Adrik no lo dejó terminar.

—Solo la vuelve menos útil para ellos.

Giré hacia él.

—¿Y qué pasa si no es suficiente?

Silencio.

Y esta vez—

nadie respondió.

Porque todos sabían la respuesta.

—Entonces vienen por mí.

Lo dije yo.

No como pregunta.

Como hecho.

—Sí.

Gabriel no lo negó.

—Pero esta vez—

Pausa.

—no vamos a esperarlos.

Eso cambió algo.

—¿Qué significa eso?

Sus ojos se afilaron apenas.

Decisión.

Estrategia.

Peligro.

—Que vamos a adelantarnos.

El aire se tensó.

—¿A ellos?

—A quien está detrás.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—Eso no suena como defensa.

—Porque no lo es.

Directo.

Frío.

Real.

—Es ataque.

Silencio.

Total.

Y ahí…

lo entendí.

Esto ya no era entrenamiento.

Ni reacción.

Ni supervivencia.

Ahora—

estábamos entrando en algo más grande.

Más peligroso.

Y peor—

algo que ya estaba en movimiento…

desde antes que yo siquiera supiera quién era.

El silencio no duró mucho.

Nunca lo hacía cuando Gabriel tomaba una decisión.

Porque cuando lo hacía—

todo empezaba a moverse.

—No vamos a esperar aquí.

Dijo finalmente.

Y esta vez…

no fue sugerencia.

Fue dirección.

—¿A dónde vamos?

Pregunté.

Directo.

Sin rodeos.

Si esto iba a escalar—

necesitaba saber en qué me estaba metiendo.

Gabriel no respondió de inmediato.

Eso ya era mala señal.

—A un punto donde puedan volver a encontrarte.

El aire se tensó.

—¿Qué?

—Si la marca sigue activa—

Continuó.

—van a intentar reforzarla.

Mi pulso se disparó.

—¿Y quieres que eso pase?

—Quiero ver cómo lo hacen.

Frío.

Calculado.

Peligroso.

—Eso suena a trampa.

—Lo es.

—¿Para ellos… o para nosotros?

Silencio.

Uno corto.

Pero suficiente.

—Para ambos.

Perfecto.

Exactamente lo que quería escuchar.

—No.

Negué.

Instintivo.

—Eso es demasiado arriesgado.

—Todo lo que estamos haciendo lo es.

—Esto es diferente.

Mi voz subió apenas.

Más firme.

—Esto es exponernos a propósito.

—Esto es adelantarnos.

Corrigió.

Sin cambiar el tono.

—No es lo mismo.

—Para mí sí lo es.

Silencio.

Pero esta vez…

no fue vacío.

Fue choque.

—Estrella.

La voz de Aziel entró más tensa.

—Escúchalo.

—No.

Respondí en mi mente.

—No me gusta.

—No tiene que gustarte.

—Tiene que funcionar.

Claro.

Siempre eso.

Funcionar.

Sobrevivir.

Controlar.

Pero algo dentro de mí—

no estaba reaccionando como antes.

No era solo miedo.

Era…

resistencia.

—No soy un anzuelo.

Dije.

En voz alta ahora.

Directo.

Gabriel no reaccionó de inmediato.

Pero sus ojos—

sí cambiaron.

—No.

Respondió.

—Eres la variable.

Eso…

no fue mejor.

—Eso es peor.

—Eso es lo que eres.

Sin suavizar.

Sin disculpas.

—Y mientras antes lo aceptes—

Pausa.

—antes dejas de ser predecible.

Silencio.

Pesado.

Real.

Y eso…

me golpeó más de lo que esperaba.

Porque tenía sentido.

Y odiaba que lo tuviera.

—No voy a dejar que se acerquen otra vez.

Murmuré.

Más para mí que para él.

—No lo vas a evitar.

Otra voz.

Adrik.

Más cerca ahora.

Más presente.

—Pero puedes decidir qué pasa cuando lo hagan.

Giré hacia él.

—¿Y tú estás de acuerdo con esto?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—No.

Directo.

Claro.

—Pero entiendo por qué es necesario.

Eso…

no ayudó.

—¿Entonces qué?

—Entonces no te voy a dejar sola.

Mi pulso cambió.

—No necesito—

—No es sobre lo que necesitas.

Me cortó.

Pero no agresivo.

Firme.

—Es sobre lo que va a pasar.

Silencio.

Y eso…

pesó más.

Porque él no hablaba desde teoría.

Hablaba como si ya lo hubiera visto antes.

—Se está activando.

La voz de Aziel cambió.

Más urgente.

Más enfocada.

—¿Qué?

—La marca.

Mi respiración se tensó.

—No ahora—

Pero ya era tarde.

El pulso en mi pecho volvió.

Más fuerte.

Más rápido.

Más… invasivo.

—Lo siento.

Murmuré.

Mi mano fue directo ahí.

—Ya empezó.

—¿Qué está pasando?

Gabriel dio un paso.

Más alerta ahora.

—No lo sé—

Mentira.

Lo sabía.

Lo estaba sintiendo.

Como si algo…

estuviera respondiendo.

A algo más.

—Estrella.

Aziel.

—No luches contra esto.

—¿Qué?

—Obsérvalo.

Claro.

Como si fuera fácil.

El pulso aumentó.

El aire cambió.

Otra vez.

Más pesado.

Más denso.

—Nos están encontrando.

Susurré.

Y esta vez…

no fue suposición.

Fue certeza.

Adrik se tensó.

Gabriel también.

—Entonces que lo hagan.

Dijo él.

Más firme.

Más preparado.

—Aquí.

—Ahora.

—En nuestros términos.

El mundo pareció cerrarse un poco más.

Como si todo estuviera alineándose.

Encajando.

Como si…

esto ya hubiera pasado antes.

—No me gusta esto.

Murmuré.

—No tiene que gustarte.

Gabriel.

Otra vez.

—Solo tienes que estar lista.

El pulso explotó.

No físico.

No visible.

Pero real.

Como una señal.

Como un llamado.

Como una puerta abriéndose…

desde el otro lado.

—Ya vienen.

Dije.

Bajo.

Casi sin aire.

Y esta vez—

nadie dudó.

Nadie cuestionó.

Porque todos lo sintieron.

El cambio.

El momento.

El punto exacto…

donde todo dejaba de ser preparación.

Y se convertía en algo más.

El aire se partió.

No fue sonido.

No fue luz.

Fue sensación.

Como si el espacio mismo…

hubiera cedido.

—Ya están aquí.

Mi voz apenas salió.

Pero no hizo falta más.

Gabriel ya estaba en movimiento.

Adrik también.

Y esta vez…

no hubo duda.

No hubo sorpresa.

Solo preparación.

Dos presencias.

Primero.

Luego cuatro.

Esta vez no se ocultaron.

No se distorsionaron.

Aparecieron.

Directos.

Firmes.

Esperándonos.

—Sabíamos que vendrían.

Dijo Gabriel.

Frío.

Controlado.

—Entonces esto fue una invitación.

Respondió uno de ellos.

Su voz…

más clara que antes.

Más consciente.

—Una prueba.

—No para ustedes.

El segundo habló.

Y su mirada—

se clavó en mí.

—Para ella.

Mi pulso se disparó.

Pero no retrocedí.

No esta vez.

El pulso en mi pecho respondió.

Más fuerte.

Pero diferente.

No me arrastraba.

No me dominaba.

Se alineaba.

—No los mires.

La voz de Aziel llegó firme.

—Si los dejas entrar otra vez—

—No lo voy a hacer.

Esta vez…

no dudé.

Respiré.

Lento.

Profundo.

Sintiendo.

Dirigiendo.

No empujando.

No rechazando.

Control.

—Bien.

Gabriel murmuró.

Sin mirarme.

Pero lo sintió.

—Ahora sostén eso.

—No por mucho.

Adrik se adelantó un poco.

—No van a esperar.

Tenía razón.

Porque esta vez—

no lo hicieron.

Se movieron primero.

Rápido.

Más coordinados.

Más directos.

No hacia Gabriel.

No hacia Adrik.

Hacia mí.

—¡Ahora!

El grito no fue necesario.

Ya estaba lista.

El aire respondió antes que yo.

Pero esta vez—

no explotó.

Se comprimió.

Se tensó.

Y cuando lo solté—

fue preciso.

Un impacto limpio.

Directo.

Que los frenó en seco.

No los lanzó.

Pero los detuvo.

—Ahí está.

Uno de ellos murmuró.

Pero no sorprendido.

Interesado.

—Está aprendiendo.

—No lo suficiente.

El segundo avanzó.

Y esta vez—

no se detuvo tan fácil.

El aire tembló.

Mi control también.

—Estrella.

Aziel.

—No luches contra él.

—Adáptate.

Claro.

Otra vez eso.

Pero esta vez—

lo entendí.

No empujé.

No resistí.

Cambié.

El aire se movió conmigo.

No contra él.

Alrededor.

Desviando.

Absorbiendo.

Redirigiendo.

Y cuando intentó tocarme—

no pudo.

No directamente.

—Interesante.

Más cerca ahora.

Demasiado.

—Más de lo que pensábamos.

—No se acerquen.

Adrik ya estaba ahí.

Entre nosotros.

Rápido.

Preciso.

Su movimiento limpio.

Directo.

Golpeó primero.

Sin dudar.

Y esta vez—

sí los hizo retroceder.

—No la tocan.

Su voz fue baja.

Pero firme.

Peligrosa.

—No es tu decisión.

Respondió uno.

Y entonces—

todo se movió otra vez.

Más rápido.

Más caótico.

Gabriel intervino.

Directo.

Sin contenerse.

El aire cambió.

Más pesado.

Más dominante.

Su presencia llenó el espacio.

Control total.

Pero aun así—

ellos no retrocedieron como antes.

—Se están adaptando.

Dijo.

Sin dejar de moverse.

—Porque no son los mismos.

Respondió Adrik.

Eso…

no me gustó.

Para nada.

—Estrella.

Aziel.

Más urgente ahora.

—No están aquí para pelear.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—¿Qué?

—Están midiendo.

Miré.

Realmente miré.

No el ataque.

No el movimiento.

La intención.

Y entonces lo vi.

No estaban intentando ganar.

No completamente.

Estaban observando.

Probando.

Aprendiendo.

—No están aquí por nosotros.

Susurré.

—Ya lo sabíamos.

Gabriel.

—No.

Negué.

—No es eso.

Mi pulso cambió.

Más claro.

Más preciso.

—Están aquí por lo que hago.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces—

ellos sonrieron.

—Exacto.

Dijo uno.

—Ya lo entendió.

El aire se volvió más frío.

Más pesado.

Más real.

—¿Quién los envía?

Exigí.

Directo.

Sin miedo.

Esta vez no.

Silencio.

Pero no vacío.

Lleno de intención.

—Aún no.

Respondió.

—Pero pronto.

Pausa.

—Muy pronto.

Y entonces—

desaparecieron.

No como antes.

No distorsionándose.

Simplemente…

dejando de estar.

El silencio volvió.

Pero no la calma.

Nunca la calma.

—Se fueron.

Murmuré.

—No.

Gabriel.

Más serio que nunca.

—Solo terminaron.

Eso…

fue peor.

—¿Qué significa eso?

Adrik no respondió de inmediato.

Pero cuando lo hizo—

su voz fue más baja.

Más oscura.

—Que ya vieron lo que necesitaban.

Mi pulso se tensó.

—¿Y ahora qué?

Silencio.

Pesado.

Inevitable.

—Ahora…

Gabriel habló.

Lento.

Preciso.

—nos van a mostrar qué sigue.

El viento se movió otra vez.

Suave.

Normal.

Mentira.

Porque esta vez—

ya no estábamos esperando el peligro.

Ahora…

ya sabíamos que venía.

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Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
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