Lois y Cristopher se conocieron a los catorce años, sin imaginar que ese primer encuentro cambiaría sus vidas para siempre. Años después, cuando por fin están juntos, personas muy cercanas harán todo lo posible por separarlos. Entre el amor, las traiciones y las decisiones más difíciles, descubrirán que algunos corazones jamás dejan de elegirse.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12: Dieciocho años
19 de septiembre.
Hoy cumplo 18 años.
Y nunca imaginé que este día se sentiría así de importante.
Desperté con esa sensación extraña en el pecho, como si algo grande fuera a pasar, pero no sabía qué. El día parecía normal… pero mi corazón no lo sentía normal.
Cristopher me escribió temprano.
—Feliz cumpleaños, princesa —me dijo.
Y como siempre, él estaba tranquilo. Sin exagerar. Sin palabras grandes. Pero había algo distinto en él… algo que no supe explicar.
Pasó la mañana con normalidad, o al menos eso parecía.
Pero todo empezó a cambiar cuando salí en la tarde.
Cristopher me dijo que me vistiera bonito, que quería llevarme a un lugar especial.
No entendí nada.
Pero fui.
Cuando llegamos, todo estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Y de pronto… lo vi.
Había luces suaves.
Personas importantes.
Y ahí estaban todos.
Mis papás, Kiara y Nicolás, mirándome con lágrimas en los ojos.
La familia de Cristopher.
Sus hermanos.
Sus amigos.
Y gente que había sido parte de nuestra historia desde que éramos más pequeños.
Me quedé congelada.
No entendía nada.
Miré a Cristopher, y él estaba ahí… como siempre, tranquilo. Pero esta vez su calma era distinta. Era nervio. Era emoción. Era algo más grande.
Él dio un paso hacia mí.
Y el mundo se detuvo.
—princesa … —dijo mi nombre despacio.
Yo ya no podía ni respirar bien.
Cristopher respiró hondo.
Y entonces lo vi
Se arrodilló.
Todo quedó en silencio.
Mi corazón se desordenó por completo.
—Te conozco desde que teníamos catorce años —dijo—. Y desde ese día, sin planearlo, te fuiste volviendo lo más importante de mi vida.
Mis ojos se llenaron de lágrimas sin darme cuenta.
—No soy bueno con palabras grandes… pero sí sé lo que siento por ti.
Silencio.
Todo el mundo nos miraba.
—Y lo que siento es que no quiero una vida donde no estés tú —continuó.
Sacó una caja pequeña.
Mis manos empezaron a temblar.
Cristopher me miró directo.
—Lois… ¿Quieres casarte conmigo?
En ese segundo no escuché nada más.
Solo el latido de mi corazón.
Miré a mi alrededor.
Mis papás llorando.
Su familia emocionada.
Sus amigos sonriendo.
Todo el mundo ahí… viéndonos.
Y él.
Esperando mi respuesta.
Yo lo miré.
Y sin poder evitarlo, lloré.
No de tristeza.
Si no de todo lo que habíamos vivido para llegar hasta aquí.
Los catorce años.
Los silencios.
Los días difíciles.
Los días felices.
Todo.
Y ahí estaba él.
Todavía conmigo.
—Sí… —dije entre lágrimas— sí, Cristopher.
El mundo explotó en aplausos.
Cristopher sonrió como nunca lo había visto.
Se levantó y me abrazó fuerte.
Y yo entendí algo en ese momento.
Que no era solo una propuesta.
Era la confirmación de todo lo que habíamos construido desde niños.
Y que, de alguna forma…
nuestro “nosotros” recién estaba empezando su parte más importante.
El abrazo de Cristopher se sintió distinto.
Más fuerte.
Más seguro.
Como si en ese momento no existiera nada más en el mundo que nosotros dos.
Yo seguía llorando, pero esta vez con una sonrisa que no podía controlar. Sentía el corazón lleno, como si todo lo que había vivido finalmente tuviera sentido en ese instante.
Cuando nos separamos un poco, él me miró de nuevo, aun con esa calma suya, pero con los ojos brillando.
—No estaba nervioso por hacerlo… —dijo bajito— estaba nervioso por tu respuesta.
Yo reí entre lágrimas.
Porque incluso en un momento así, él seguía siendo él.
Mis papás se acercaron primero. Kiara me abrazó fuerte, llorando conmigo, y Nicolás me miraba con orgullo, sin poder decir mucho.
—Te lo mereces, hija —me dijo mi mamá.
Detrás de ellos, la familia de Cristopher también se acercó. Su mamá me abrazó con cariño, sus hermanos sonriendo, felices, como si todos hubieran estado esperando este momento desde hace tiempo.
Y sus amigos gritaban, bromeaban, celebraban, llenando el ambiente de vida.
Pero entre todo eso…
yo solo lo miraba a él.
Cristopher no se apartaba de mí.
Seguía cerca.
Como siempre.
Y eso era lo único que me importaba en ese momento.
Nos quedamos un rato así, rodeados de todos, pero sintiendo como si el mundo se hubiera reducido solo a nosotros dos.
En algún momento, Cristopher tomó mi mano otra vez.
Y la apretó suave.
Como una promesa silenciosa.
Yo lo miré.
Y él no necesitó decir nada más.
Porque ya lo había dicho todo.
Y yo también.