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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: Un mes sin olvidarte

Ya en la noche en mi casa contemplaba el regalo Era demasiado.

Muchísimo más de lo que esperaba.

Por un momento pensé en dejar todo así.

Después de todo, habíamos acordado no buscarnos más.

Cada uno seguiría con su vida.

Cada uno tomaría caminos diferentes.

Pero también me parecía una grosería recibir semejante detalle y no agradecerlo.

Permanecí varios minutos observando la pantalla de mi celular.

Debatiéndome entre llamarlo o no.

Hasta que finalmente suspiré.

—Bueno, Darly... solo será para darle las gracias.

Busqué su número.

Mi corazón parecía querer salirse del pecho.

Y marqué.

Mientras tanto, en Medellín.

Santiago estaba viendo una película junto a Isa en la sala del apartamento.

Intentaba distraerse.

Intentaba actuar con normalidad.

Intentaba convencerse de que estaba haciendo lo correcto.

Pero en el fondo sabía que nada era igual.

De repente su celular comenzó a sonar.

Lo tomó sin prestar mucha atención.

Al ver el nombre en la pantalla sintió que el corazón le daba un vuelco.

"Asistente contratación Bucaramanga."

Así estaba guardado el contacto de Darly.

Isa alcanzó a mirar la pantalla.

—¿Trabajo?

—Sí, amor. Déjame contestar un momento.

Se levantó rápidamente y salió al balcón.

Necesitaba respirar.

Necesitaba escuchar su voz sin sentirse observado.

Contestó.

—Hola.

Su corazón latía tan fuerte que parecía el de un adolescente enamorado.

Del otro lado escuchó aquella voz que tanto había extrañado durante semanas.

—Hola, Santiago. Qué pena molestarte. ¿Estás ocupado?

Una sonrisa apareció automáticamente en su rostro.

—No, tranquila. Cuéntame.

Sabía perfectamente por qué llamaba.

Pero quería escucharla.

—Mira... sé que habíamos quedado en que ya no nos íbamos a buscar más, pero me llegó un regalo y estoy segura de que viene de tu parte.

Santiago apoyó una mano en la baranda del balcón.

—Sí. Lo envié yo.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Por qué te pusiste en eso, Santiago?

Él sonrió.

—Porque te lo mereces.

Porque fuiste muy especial para mí.

Porque esos días que vivimos juntos fueron hermosos.

Y porque quería que tuvieras algo que te recordara cuánto te admiro.

Darly guardó silencio.

Sentía un nudo en la garganta.

—Es demasiado.

De verdad es demasiado.

No estoy acostumbrada a que me den regalos así.

—No digas eso.

Nada es demasiado para ti.

Y además lo hice de corazón.

No acepto un no por respuesta.

Ya es tuyo.

Disfrútalo.

La sonrisa de Darly apareció automáticamente.

—Gracias.

De verdad muchas gracias.

—Cuídate mucho, princesa.

El corazón de ambos se encogió al escuchar aquellas palabras.

—Tú también.

Adiós.

—Adiós.

La llamada terminó.

Pero ninguno de los dos se movió inmediatamente.

Darly permaneció observando el celular.

Y Santiago continuó de pie en el balcón mirando la ciudad.

Como si ambos esperaran que el otro volviera a llamar.

Pero ninguno lo hizo.

Porque los dos conocían las reglas que habían establecido.

Y sabían que romperlas solo haría más difícil olvidarse.

Aunque ninguno estuviera logrando hacerlo.

Esa noche tomé una fotografía del regalo.

La publiqué en mis historias.

"Gracias hermoso por semejante regalo ❤️😍"

No mencioné nombres.

No di explicaciones.

Pero sabía perfectamente quién entendería el mensaje.

Y efectivamente no tardó mucho.

Horas después apareció un corazón en la publicación.

Sonreí al verlo.

Sin quererlo.

Sin planearlo.

Simplemente sonreí.

Los días comenzaron a pasar.

Y luego las semanas.

Mi vida volvió a la rutina.

Trabajo.

Casa.

Gimnasio.

Reuniones.

Proyectos.

Trabajo nuevamente.

Intentaba mantenerme ocupada para no pensar en él.

Pero era inútil.

Porque siempre encontraba alguna razón para recordarlo.

Una canción.

Un lugar.

Una fotografía.

Un mensaje antiguo.

Cualquier cosa bastaba.

Ya había pasado un mes desde la última vez que nos vimos.

Un mes desde aquella despedida.

Y no había un solo día en el que no pensara en Santiago.

Más de una vez tuve deseos de llamarlo.

De escribirle.

De preguntarle cómo estaba.

Si era feliz.

Si también me extrañaba.

Pero siempre terminaba deteniéndome.

Porque las cosas habían quedado claras.

Y porque sabía que acercarme nuevamente solo complicaría más todo.

Aun así seguíamos presentes en nuestras redes sociales.

Veía sus historias.

Él veía las mías.

Era como una conversación silenciosa.

Una forma de seguir conectados sin romper las promesas.

Ese fin de semana publiqué varias fotografías que había tomado durante el viaje.

Paisajes.

Momentos del concierto.

Lugares que había visitado.

Por supuesto, en ninguna aparecía Santiago.

Pero ambos sabíamos perfectamente dónde habían sido tomadas.

Mientras tanto.

En Medellín.

Santiago llevaba exactamente un mes sin verla.

Treinta días.

Cuatro semanas.

Y sentía que habían pasado años.

Estaba en el estudio grabando nuevas canciones.

Intentaba concentrarse.

Pero cada vez le costaba más.

Terminó una grabación y decidió tomar un descanso.

Carlos, su manager y mejor amigo, se acercó con una botella de agua.

—Hola, Santiago.

¿Qué pasa?

Te noto raro.

Como bajoneado.

Santiago soltó una pequeña risa.

—Problemas que no faltan.

—¿Con Isa?

—Sí.

Carlos suspiró.

—Ya me imaginaba.

Santiago se sentó en una silla.

—La verdad llevamos semanas peleando.

Y sé que la culpa es mía.

—¿Por qué?

—Porque ella no es boba.

Me ha notado distante.

Me ha preguntado muchas veces qué me pasa.

Incluso llegó a decirme que estaba segura de que había otra persona.

Carlos lo observó atentamente.

—¿Y la hay?

Santiago bajó la mirada.

—Sí.

Aunque nunca haya pasado nada después de ese viaje.

Sí.

La hay.

Porque no logro sacar a Darly de mi cabeza.

Carlos guardó silencio.

—La extraño demasiado.

Más de lo que imaginé.

No pasa un solo día sin pensar en ella.

A veces veo algo y lo primero que pienso es en llamarla para contárselo.

Y luego recuerdo que ya no puedo hacerlo.

—¿Y qué piensas hacer?

—No lo sé.

Porque tampoco es justo con Isa.

Ella merece a alguien que la ame completamente.

Y últimamente siento que no puedo darle eso.

Carlos asintió lentamente.

—Entonces tienes que tomar una decisión.

—¿Cuál?

—La que te permita ser feliz.

Santiago soltó una sonrisa amarga.

—Ojalá fuera tan fácil.

Son demasiados años con Isa.

Demasiadas historias.

Demasiados recuerdos.

No puedo tirar todo eso a la basura por algo que ni siquiera sé si funcionaría.

Carlos permaneció pensativo.

—Tal vez.

Pero tampoco puedes seguir viviendo pensando en alguien más.

Santiago cerró los ojos unos segundos.

Sabía que tenía razón.

Y eso era precisamente lo que más le dolía.

Porque por primera vez en muchos años se encontraba dividido entre la razón y el corazón.

Entre la seguridad y lo desconocido.

Entre una historia construida durante años.

Y una mujer que había llegado inesperadamente para cambiarlo todo.

—Lo peor de todo —dijo finalmente— es no saber si ella me extraña igual que yo la extraño.

Carlos sonrió.

—Hermano...

Si después de un mes sigues viendo todas sus historias y ella sigue viendo las tuyas, creo que ya tienes una parte de la respuesta.

Santiago soltó una pequeña carcajada.

—Tal vez.

—Y la única forma de saber el resto es hablando con ella.

Santiago se quedó pensativo.

Porque en el fondo sabía que Carlos tenía razón.

Pero también sabía que cualquier paso que diera podría cambiar su vida para siempre.

Y por primera vez en mucho tiempo, Santiago sintió miedo.

Miedo de perder lo que tenía.

Pero también miedo de dejar escapar lo que realmente quería.

Sin imaginar que el destino estaba preparando un nuevo encuentro.

Uno que podría cambiar para siempre la historia de ambos.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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