Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la
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Capítulo 21: La Resaca de la Felicidad
El lunes por la mañana, la Escuela Normal de Riohacha no olía a tiza ni a libros viejos; olía a ese rastro invisible de perfume y flores secas que solo deja una gran fiesta de gala. Valeria cruzó el portón principal sintiendo que el suelo que pisaba era diferente. Ya no era la "genio solitaria" que se escondía tras sus apuntes de geología; ahora, aunque ya no llevaba el ramillete de flores blancas que Julián le regaló en la muñeca, sentía una calidez que ninguna ecuación de termodinámica podría explicar.
—¡Atención! ¡Abran paso a la reina del baile y dueña del corazón del artista! —el grito de El Chino retumbó en todo el pasillo, haciendo que varios estudiantes de décimo grado se giraran con curiosidad.
El Chino venía saltando, literalmente, con una energía que desafiaba la pesadez de un lunes. A su lado, Daniel caminaba con su habitual paso medido, pero esta vez traía una sonrisa de oreja a oreja y un par de fotos impresas en la mano, como si fueran trofeos de guerra.
—Valeria, según mis registros, la duración de tu último baile con Julián fue de exactamente cuatro minutos y doce segundos —dijo Daniel, ajustándose los lentes con orgullo—. Un tiempo récord de exposición romántica que ha elevado tu estatus social en un 200%. No hay precedente de una anomalía tan positiva en este año escolar.
—¡Qué 200 ni qué nada! —interrumpió El Chino, rodeando a Valeria con un brazo—. ¡Eres la comidilla de la escuela, Val! Hasta la profesora de Química me preguntó si era cierto que Julián te había dibujado en vivo bajo las luces LED.
Valeria se rió, tratando de ocultar su sonrojo mientras guardaba sus libros en el casillero. Las manos le temblaban un poco de la emoción.
—No fue para tanto, chicos. Solo fue un baile. Un baile muy especial, sí, pero solo eso.
—"Un baile", dice ella —susurró Sofía, que llegaba de la mano con Mateo. Sofía se veía radiante, con un brillo en los ojos que decía más que mil palabras, y Mateo traía esa expresión de calma de quien ha ganado el partido más importante de su vida—. Val, estuvimos ahí. La forma en que se miraban... ni en las novelas más románticas de la biblioteca se ve una conexión así.
Mateo asintió, dándole un apretón amistoso en el hombro a Valeria.
—Hicieron que hasta Lucas y Camila se vieran aburridos y sin gracia. Por cierto, Julián está en el patio trasero, cerca de los laureles. Dice que el sol de hoy tiene la luz perfecta para terminar algo que empezó en la fiesta.
Valeria no necesitó que se lo dijeran dos veces. Caminó hacia el patio, escoltada por sus amigos que no paraban de lanzarle bromas y silbidos amistosos. Al llegar al banco de piedra, vio a Julián. Tenía el cuaderno de bocetos abierto y el lápiz se movía con una velocidad frenética, capturando algo que solo él podía ver. Al sentir la presencia de Valeria, levantó la vista y el mundo volvió a detenerse, tal como ocurrió en el gimnasio el viernes por la noche.
—Pensé que después de la medianoche te convertirías en calabaza y volverías a ser solo la chica de los informes de laboratorio —dijo Julián con esa sonrisa perezosa que a Valeria tanto le gustaba.
—Los informes siguen aquí —respondió ella, sentándose a su lado—, pero creo que les añadí un capítulo nuevo que no viene en el índice del libro.
Julián le mostró el dibujo. No era un retrato serio; era una escena del grupo. Estaba Valeria riendo, Sofía y Mateo de fondo, y El Chino intentando un paso de baile imposible mientras Daniel lo miraba con cara de susto. Era una captura de la felicidad pura de su "familia" escolar.
—Es el inicio de nuestra cuenta regresiva, Val —dijo Julián, bajando un poco el tono de voz—. Faltan pocos capítulos para que nos pongamos la toga y el birrete. Este dibujo es para que no olvides que, antes de graduarnos, fuimos estos locos en un pasillo de la Normal.
De repente, una sombra conocida se proyectó sobre ellos. Valkra estaba apoyado contra la pared de ladrillos, observando la escena con los brazos cruzados. No traía su chaqueta de cuero puesta, lo que le daba un aire menos intimidante, casi paternal.
—Disfruten el sol mientras puedan —dijo Valkra con su voz de trueno—. El director ya puso el cronograma de los exámenes finales en la cartelera principal. La fiesta se acabó; ahora viene el último tramo si quieren salir de aquí graduados y por la puerta grande.
El Chino, que venía llegando con el resto del grupo, hizo un saludo militar exagerado.
—¡No se preocupe, jefe! Con la inteligencia de Valeria, los dibujos de Julián y mis ganas de no repetir año por décima vez, esa graduación está más asegurada que una empanada caliente en mi recreo.
Valkra soltó una carcajada seca y les hizo una seña para que entraran al salón. El grupo caminó unido por el pasillo central, sintiendo que el eco de sus pasos ya no era de incertidumbre, sino de una amistad blindada que estaba lista para enfrentar el tramo final. El Volumen 1 de su historia entraba en su fase definitiva: los últimos 15 capítulos hacia el grado.
El Capítulo 21 terminaba con Valeria y Julián entrando al salón de la mano, bajo la mirada de una escuela que finalmente entendía que, más allá de las notas y las competencias, el amor y la lealtad eran las únicas materias que realmente importaban para graduarse de la vida.