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Aunque Me Odies, Te Amo

Aunque Me Odies, Te Amo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Amor-odio
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Sherin VR

Un árbol fue testigo de su promesa.
El destino fue testigo de su ruptura.
Emma juró que nunca lo abandonaría.
Gael juró que jamás la dejaría sola.
Pero la muerte llegó primero.
Y el silencio hizo el resto.
Ella se fue obligada.
Él se quedó creyendo que lo eligió dejar.
Entre raíces quedó escondida una carta.
Entre el orgullo quedó enterrado el amor.
Años después, el destino los volverá a cruzar.
Ya no como niños.
Ya no inocentes.
Y cuando sus miradas se encuentren…
descubrirán que lo que más duele no es perder a alguien.
Es pensar que eligió perderte.

NovelToon tiene autorización de Sherin VR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — Lo que el pasado no olvida

La ciudad,

que parecía tan grande,

estaba a punto de volverse demasiado pequeña.

Gael no se detuvo al sentir las miradas.

Subió los escalones con la misma seguridad calculada con la que uno entra en un territorio que sabe que terminará dominando.

No sonreía.

No saludaba.

No necesitaba hacerlo.

Un hombre de traje oscuro caminaba unos pasos detrás de él, pero manteniendo distancia suficiente para no invadir su espacio. Gael no miró atrás.

Las puertas de vidrio del edificio administrativo se abrieron.

El murmullo quedó afuera.

Adentro, el aire era más frío.

Más formal.

Más controlado.

Se acercó al mostrador sin dudar.

—Vengo por la asignación de habitación —dijo con voz firme.

La señorita de administración levantó la vista. Sus ojos lo recorrieron apenas un segundo más de lo profesionalmente correcto.

—Claro… su nombre.

—Gael Valverde.

El sonido del teclado rompió el silencio breve.

Antes de que ella respondiera, el eco de tacones resonó desde la entrada.

—Gael.

Él no giró de inmediato.

La voz era conocida.

Medida.

Ensayada.

Cuando finalmente ladeó apenas el rostro, vio a tres chicas acercándose.

Catherin iba al frente.

Cabello impecable. Postura elegante. Seguridad heredada.

—Primo —saludó con una sonrisa perfectamente colocada.

Gael sostuvo su mirada apenas un segundo.

Asintió.

—Catherin.

Nada más.

Sin abrazo.

Sin calidez.

Solo reconocimiento.

Ella no perdió compostura.

—Pensé que llegarías mañana.

—Cambió el plan.

Su tono era plano.

Sin explicación adicional.

Catherin respiró suave, manteniendo la sonrisa.

—Te presento —dijo girándose ligeramente—. Ella es Doris… y ella es Celeste.

Doris levantó la mano con entusiasmo estudiado.

Celeste dio un paso más sutil.

Más estratégico.

—Encantada —dijo, modulando la voz.

Gael las observó.

Sin prisa.

Sin interés evidente.

Una mirada breve que evaluó lo necesario.

Y luego…

Se dio la vuelta.

Como si la presentación hubiera sido un dato irrelevante.

Celeste se quedó congelada un segundo.

No estaba acostumbrada a eso.

Se acercó dos pasos.

—Hola… Gael, ¿verdad? Bienvenido.

Silencio.

Él no la miró.

No respondió.

Ni siquiera cambió la postura.

Fue la indiferencia más absoluta.

Más fría que cualquier desprecio.

Celeste sintió un pequeño ardor en el pecho.

—¿Me escuchaste? —insistió con sonrisa forzada.

En ese instante, la señorita de administración intervino.

—¿Gael Valverde, verdad?

Él asintió.

—Habitación 406, ala sur. Aquí tiene su llave y su credencial provisional.

—Gracias.

Tomó la llave.

Sin mirar a Celeste.

Sin despedirse.

Se dio la vuelta y caminó hacia el pasillo lateral.

Celeste apretó ligeramente los dedos.

Catherin se acercó con naturalidad.

—No te frustres —murmuró en tono bajo—. A mi primo no le gusta ese tipo de chica.

Celeste la miró, conteniendo irritación.

—¿Qué tipo?

Catherin inclinó apenas la cabeza.

—El que persigue demasiado evidente.

Doris intervino rápido.

—Seguro está cansado del viaje.

Pero Celeste no era de las que aceptaban derrotas iniciales.

Miró la espalda de Gael alejándose.

—Tendremos otra oportunidad —dijo en voz baja, más para sí misma que para las otras.

Catherin sonrió.

—Exacto. El momento lo es todo.

Mientras tanto…

En otro extremo del campus, Emma caminaba junto a Tiago rumbo a la biblioteca.

Y entonces se detuvo.

De repente.

—¿Qué pasa? —preguntó Tiago.

Emma llevó una mano a su pecho.

No era dolor.

Era sensación.

—No sé… siento que algo cambió.

Tiago sonrió leve.

—¿Como intuición?

Ella miró hacia el edificio principal sin saber por qué.

—Sí. Como si algo estuviera por pasar.

El viento movió suavemente su cabello.

Y sin buscarlo…

Un nombre cruzó su mente.

Gael.

El recuerdo fue automático.

Su risa antigua.

Las discusiones tontas.

La forma en que solía mirarla cuando pensaba que ella no se daba cuenta.

Emma bajó la mirada.

—Lo extraño —murmuró.

Tiago la observó en silencio antes de responder.

—Tal vez esté bien.

Emma asintió.

—Espero que sí.

No sabía por qué lo había dicho justo hoy.

No sabía por qué la sensación era más intensa.

Pero algo en el aire estaba diferente.

Y su corazón lo sabía antes que su mente.

Mientras tanto, Gael recorría el ala sur del edificio masculino.

Pasillos largos.

Paredes claras.

Silencio ordenado.

Se detuvo frente a la puerta 406.

Insertó la llave.

La puerta se abrió.

Entró.

La habitación era individual, amplia. Una ventana grande daba vista al campus. Desde allí podía verse parte del jardín central y la fuente.

Cerró la puerta detrás de sí.

El sonido del clic fue definitivo.

Por primera vez desde que llegó… se permitió exhalar.

Dejó la maleta junto a la cama y se sentó.

La superficie firme apenas cedió bajo su peso.

Y entonces…

Las palabras regresaron.

—Hijo mío —la voz de su padre era firme, pero cargada de algo que nunca antes había escuchado—, sabes que no podré vivir mucho tiempo.

Gael estaba de pie frente al escritorio enorme.

No habló.

—Este negocio lo construí con años de esfuerzo. No puedo permitir que sea olvidado cuando me vaya.

Silencio.

—Cuando salgas de la universidad, ocuparás mi lugar. Serás el nuevo CEO de Valverick Corporation.

El nombre resonó pesado.

—Por eso escogí tu carrera. Administración. Es lo que necesitas.

Su padre lo miró directo.

—Quiero que lleves las riendas de esta empresa.

Fin del recuerdo.

Gael volvió al presente.

Habitación 406.

Silencio.

Orden.

Comenzó a desempacar.

Camisas dobladas con precisión.

Un reloj.

Documentos.

Todo perfectamente organizado.

Hasta que, en el fondo de la maleta, encontró un sobre viejo.

Se detuvo.

No recordaba haberlo guardado ahí.

Lo abrió.

Y la fotografía cayó sobre la cama.

Dos niños.

Sonriendo.

Abrazados como dos amigos que no conocen el peso de las decisiones.

Emma.

Y él.

La imagen estaba un poco desgastada.

Pero la sonrisa de ella era clara.

Brillante.

Sincera.

Gael sintió algo extraño.

No era exactamente dolor.

Era… memoria.

Una versión de sí mismo que parecía más ligera.

Más humana.

Sus dedos recorrieron el borde de la fotografía.

Por un segundo, la frialdad en su mirada se debilitó.

Apenas.

Un parpadeo más lento.

Un suspiro casi imperceptible.

Pero enseguida se recompuso.

Enderezó la espalda.

La emoción quedó sellada.

Cerró la expresión.

Tomó la foto.

La observó una última vez.

Y la guardó en el fondo del cajón del escritorio.

Lejos.

Fuera de vista.

Cerró el cajón con firmeza.

Se levantó.

Caminó hasta la ventana.

Desde allí podía ver el campus.

Pequeñas figuras moviéndose.

Vidas cruzándose sin saberlo.

Sus ojos volvieron a ser fríos.

Calculadores.

Distantes.

El viento movía los árboles abajo.

En algún punto de ese mismo campus, Emma respiraba hondo sin entender por qué su corazón latía distinto.

Y en el cuarto 406, Gael observaba el mismo cielo gris.

Sin saber que el pasado que había guardado en un cajón…

estaba a solo unos pasos de distancia.

La universidad aún no lo sabía.

Ellos tampoco.

Pero el tablero ya estaba completo.

Y la partida…

acababa de empezar.

1
Milagros Guadalupe Selvan
muy buen libro espero con ansias lo demás
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