Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPÍTULO 14 INVASORES
Un estallido de cristales en la arena fue el detonante para que el griterío aumentara en excitación. Los ninjas que Joan acechaba habían decidido no esperar más. La emboscada acababa de explosionar. El estallido de los focos superiores sumió la arena en una penumbra rojiza y asfixiante. Los dos ninjas Dracon se lanzaron desde las vigas, con sus tantos brillando hacia el cuello de un Ralph que apenas acababa de noquear a su tercer oponente.
Pero antes de que los ejecutores tocaran el suelo, una sombra más rápida cayó sobre ellos. Joan, aferrado a un cable de acero, se columpió desde la pasarela y embistió a uno de los ninjas en el aire, derribándolo contra las mesas de los apostadores VIP. Joan aterrizó con la gracia de un depredador.
- ¡Ralph, a tu derecha! —rugió Joan, mientras bloqueaba con sus manos un tajo descendente. Le soltó una patada en la entrepierna que lo empujó a caer bajo del ring.
Ralph, con la herida de la espalda abierta de nuevo y la sangre corriendo por su piel, no esperó. Agarró el brazo del segundo ninja, sintiendo el crujido del hueso al aplicar una llave de torsión brutal, y lo usó como escudo humano contra los proyectiles que empezaban a llover desde las sombras.
El ruido en la oficina de la trastienda y el estallido de la arena fue la señal de alarma. Dos guardias del antro, alertados por el ruido, corrieron hacia el despacho del jefe. Annie, que guardaba el mapa dentro de su z, reaccionó antes de que pudieran entrar.
Cuando el primer guardia asomó la cabeza, cuando vio a su jefe muerto en la silla, entró tan rápido que tropezó con un cable colocado a propósito con dicho fin. El segundo guardia entró tras el primero y también cayó de bruces al toparse con el cuerpo en el suelo del primer matón.
Sin tiempo a reaccionar un ninja se les echó encima y con un tanto les degolló. Para salir junto con el grupo y las rehenes con el fin de perderse en los estrechos pasillos. Joan y Ralph lograron escabullirse entre el caos provocado por la intromisión de los ninjas y la liberación de los Wytches, reencontrándose en la boca del pasillo a la trastienda.
- ¿Y las chicas? – le preguntó Ralph.
- No lo sé, les advertí que no se movieran. – miró con preocupación hacia la marabunta del gentío peleándose en la lona.
- Hay que encontrarlas, no podemos irnos sin ellas. – fue tajante Ralph mirando hacia el fondo del pasillo.
Se adentraron por el pasillo. Llegaron a la oficina y vieron los cadáveres de los tres hombres. Joan que vio a los guardas sospechó de los ninjas, su confirmación fue cuando Ralph alertó de que el jefe había sido envenenado.
- Está claro que han sido ninjas Dracon — observó Joan.
- Joan las chicas han estado aquí - exclamó Ralph al ver su camiseta en el suelo. Se la colocó.
- Esto no me gusta nada … - fue la opinión experta de Joan. – hay que encontrarlas ya.
Salieron, pero dirigiéndose a la parte más silenciosa y oscura del lugar. Ambos se adentraron hacia un sótano. Tras bajar los estrechos escalones se vieron con asombro y terror que en realidad no habían entrado en un sótano, sino que se habían introducido por un portal. El paisaje era aterrador, árboles con unas ramas amenazantes sin hojas, elevaciones rojizas volcánicas, pequeños lagos cuyas burbujas emergentes, al explosionar en la superficie emitían un fuerte hedor.
Ambos se separaron adentrándose al corazón de un tenebroso bosque por diferentes lugares.
Entreabrió los ojos, se vio sola ante la oscuridad y el silencio aterrador. Quiso gritar, pero un pañuelo bien colocado en su boca se lo impedía, también notó que sus manos estaban atadas a una cuerda. Trato de zafarse, pero fue en vano. De pronto escuchó un extraño gruñido, alzó la vista. Le costó acostumbrarse a enfocarse en la sombra que la acechaba.
Se asustó al descubrir se trataba de un alíen monstruoso con un solo ojo de mosca, unos afilados colmillos eran una barrera perfecta para proteger su vulnerable boca de tamaño medio y un cuerpo de cucaracha. Annie rompió a llorar gimiendo tan fuerte como podía, pero el pañuelo en su boca lo impedía.
El alíen fue atacarla, pero otra sombra se le abalanzó por el lado derecho Tirándolo al suelo, ambos rularon forcejeando, uno para causarle con la mordedura una muerte letal mientras que el otro luchaba para bloquearle sus ataques. Annie veía aterrorizada que se trataba de Ralph. Con gran rapidez buscó algo para desatarse las manos encontrando una piedra desdentada y acabada en punta. La cogió para cortar la cuerda por la punta.
Un grito de dolor resonó por todo el lugar, el alíen había logrado morderle en el hombro. Annie le clavó con firmeza la piedra en el ojo, el alíen se echó para atrás. Momento que aprovechó Ralph para ponerle el pie en el centro de su cuerpo y empujarle lo más lejos posible. El alíen cayó de espaldas quedando más indefenso, emitió uno gemidos terribles.
- ¿Estás bien Ralph? - se preocupó al verle la mordedura.
- Tienes que irte de aquí, está llamando a otros Wytches, esto puede convertirse en una carnicería cuando huelan a carne humana. – le advirtió Ralph con voz apagada por el dolor.
- No me iré sin ti …
- Annie, por favor hazme caso vete. Huye lo más lejos, posible mientras me devoran – Annie le miraba aterrada, dentro de ella sintió un coraje inusual que la impulsó a cargar con Ralph y salir de ese oscuro lugar.
La mujer pelirroja estaba sentada en una de las mesas más discretas del Pozo del Diablo, observando como algunos Wytches devoraban a los humanos que allí había. El espectáculo era terrible, pero ella no se inmutaba tomando sorbos de ginebra en un vaso con hielo.
- Jasleen, hemos logrado coger a la chica y la hemos llevado para sacrificarla ante Al Sythan.
- Estoy deseando ver la cara del inútil de Martínez cuando sepa que su deseo ha sido sacrificado por el bien de los Dracon. ¿Y Degoh?
- Le hemos perdido de vista. Pero lo están rastreando por todo el lugar. Su coche todavía está ahí fuera.
- Bien, seguid buscándolo y traédmelo.
- Sí, Jasleen cumpliré con tu deseo. – se retiró perdiéndose en la penumbra de la oscuridad.
Ella se quedó mirando el espeluznante espectáculo, pero con la mirada perdida. No se quitaba de la cabeza la confianza que Joan había mostrado a la joven y como ella le respondía con la misma complicidad. Su idea era tan clara que no iba a consentir que esa niñata por muy importante que fuera para ese dichoso ritual, le quitara lo que le pertenecía por derecho.
- ¿Disfrutas del espectáculo? – una voz masculina la devolvió de sus ensimismados pensamientos y se volteó. Ante su sorpresa vio a un hombre con gabardina y cara triangular grisácea.
- Señor – se levantó de un salto y formalizó un saludo honorífico hacia él – simplemente contemplaba que se cumplieran tus órdenes.
- Bien hecho, Jasleen. En cuanto puedas quiero que elimines a Bruno, no necesito que haga ese ritual para lograr mi propósito. Asegúrate que de verdad. – se esfumó como el humo.