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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Jimena lo miró. En la penumbra, su perfil se recortaba contra el cielo estrellado, y por un momento parecía más joven, menos cansado.

—¿Nunca has pensado en irte? —preguntó—. Dejar el mercado, empezar de nuevo en otro sitio.

—Muchas veces. Sobre todo al principio, cuando todo era caos y la gente se moría cada día. Pensaba en coger lo que pudiera y caminar hacia el sur, hacia la costa, hacia cualquier lugar donde no hubiera visto morir a nadie.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Porque si me iba, los que se quedaban se morían. Y yo ya había dejado que se muriera suficiente gente.

—No dejaste que se murieran. No pudiste evitarlo.

—Eso me digo. Pero no siempre me lo creo.

—Yo tampoco me lo creo cuando me lo dicen a mí.

Se quedaron en silencio otra vez, y esta vez el silencio era diferente. No era incómodo, sino lleno de algo que Jimena no sabía nombrar. Como si las palabras que no decían estuvieran flotando entre ellos, esperando.

—Mateo —dijo al fin.

—Dime.

—¿Por qué te preocupas tanto por mí? No me conoces.

—Te conozco lo suficiente. Eres la única que ha venido a ayudar sin pedir nada. Eso ya es más de lo que la mayoría haría.

—Ya me lo has dicho antes.

—Y sigo pensándolo.

Jimena levantó la cabeza y lo miró. En la penumbra, sus ojos brillaban con una luz propia, y su rostro estaba más cerca de lo que ella recordaba. Podía ver las pequeñas cicatrices en su mandíbula, la línea de su barba descuidada, la forma en que sus labios se apretaban cuando pensaba.

—Yo también he pensado en ti —dijo, y la verdad de sus palabras la sorprendió—. En cómo has conseguido mantener esto, en las decisiones que has tenido que tomar. Y en que, a pesar de todo, sigues aquí.

—¿Y qué has concluido?

—Que eres más complejo de lo que pareces.

Él sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina.

—Tú también. Mucho más.

La distancia entre ellos se había reducido sin que Jimena se diera cuenta. Podía sentir el calor de su cuerpo, el olor a humo y a jabón de su ropa, el ritmo de su respiración.

—Jimena —dijo Mateo, y su voz era más grave, más íntima—. No sé lo que está pasando entre nosotros. Pero quiero descubrirlo.

—Yo también —susurró ella—. Pero tengo miedo.

—Yo también. Pero no podemos dejar que el miedo decida por nosotros.

—¿Y si sale mal?

—Entonces habrá sido hermoso mientras duró.

Y entonces, sin saber muy bien cómo, sus manos se encontraron. Fue un roce leve, apenas un contacto, pero Jimena sintió que la electricidad recorría todo su cuerpo. Las manos de Mateo eran ásperas, llenas de callos, pero su tacto era suave, como si temiera romper algo frágil.

—¿Cuánto tiempo hace que no tocas a nadie? —preguntó él.

—Tres años. Desde que Carlos murió.

—Yo también. Tres años.

—¿Y no te has sentido solo?

—Solo no es la palabra. Vacío, quizás. Como si faltara algo que no sabía que necesitaba hasta ahora.

Jimena sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos. No las contuvo.

—Yo también —dijo.

Se besaron. Fue un beso suave, casi tímido, como si ambos tuvieran miedo de romper algo que acababa de nacer. Pero también fue intenso, profundo, cargado de todo lo que no habían dicho. Cuando se separaron, Jimena tenía las mejillas húmedas.

—No sé si puedo hacer esto —susurró.

—Yo tampoco. Pero podemos intentarlo. Juntos.

Ella apoyó la cabeza en su hombro, y él la rodeó con el brazo, apretándola contra su costado. Por un momento, el miedo se disolvió. Solo quedaron ellos dos, las estrellas, el viento que soplaba desde las ruinas de la ciudad.

—Cuéntame algo —dijo él—. Algo que no sea de esto. Algo de antes.

Jimena pensó. Había tantas cosas de antes que había enterrado…

—Carlos y yo teníamos una tradición. Los domingos por la mañana, hacíamos tortitas. Él las hacía mal, siempre se le pegaban, pero yo le decía que estaban buenas. Luego nos sentábamos en el balcón con las plantas, y él me leía en voz alta. Le gustaba leer en voz alta. Novelas de ciencia ficción, sobre todo. Yo me reía porque las leía con acento de otro planeta.

—¿Y tú qué leías?

—Yo leía poesía. Pero él se dormía. Decía que la poesía le relajaba demasiado.

Mateo rio suavemente, y el sonido le llenó el pecho.

—Suena bien. Esos domingos.

—Lo eran. No lo sabía entonces. No sabía que se acabarían.

—Nunca sabemos que las cosas buenas se acaban hasta que se acaban.

—Pero a veces empiezan otras —dijo ella.

—¿Como cuáles?

—Como esto. Como nosotros. Como todo lo que estamos construyendo.

Él apretó su mano.

—Yo también quiero construirlo. Contigo.

Se quedaron en la azotea hasta que las estrellas comenzaron a palidecer con la llegada del alba. Hablaron de cosas sin importancia, de las plantas que Carlos cultivaba en el balcón, de las que Mateo había intentado cultivar en el mercado sin mucho éxito, de los libros que ya nadie leería, de las canciones que ya nadie cantaría.

Cuando el cielo empezó a teñirse de rosa, Jimena se incorporó.

—Tengo que bajar. Los niños.

—Ya lo sé. Yo también tengo que ver las barricadas.

Se pusieron en pie, y por un momento se quedaron frente a frente, sin saber cómo despedirse. Luego Mateo se inclinó y la besó en la frente, un gesto tan suave que Jimena sintió que el corazón se le derretía.

—Hasta luego —dijo él.

—Hasta luego.

Bajaron juntos las escaleras, y en el rellano se separaron: él hacia la barricada sur, ella hacia la enfermería. Pero antes de irse, Mateo se volvió.

—Jimena.

—¿Qué?

—Gracias. Por quedarte.

Ella sonrió, y por primera vez en tres años, la sonrisa no le dolió.

—Gracias a ti. Por hacerme sentir que merecía la pena.

Él asintió y se perdió entre las sombras del pasillo. Jimena se quedó un momento más, con el pecho lleno de algo que no sentía desde hacía tanto tiempo que casi no lo reconocía.

Esperanza, se dijo. Eso era. Esperanza.

Y por una vez, no le tuvo miedo.

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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