Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Rachel Mason 3
Apenas la puerta se cerró tras los duques, el silencio no duró mucho.
Volvieron los pasos.
Pero esta vez eran más suaves. Más numerosos.
La puerta se abrió con cuidado y varias empleadas entraron en fila, inclinando ligeramente la cabeza.
—Con su permiso, Lady Rachel..
Y antes de que Rachel pudiera responder… todo comenzó.
Al principio fue abrumador.
Dos doncellas se acercaron para ayudarla a levantarse, otra preparó agua en una jofaina de porcelana, una más organizaba vestidos sobre la cama. Cada movimiento estaba perfectamente coordinado, como si ensayaran esa escena todos los días.
Rachel apenas alcanzaba a reaccionar.
—Puedo hacerlo yo— intentó decir, levantando una mano.
Pero una de las doncellas sonrió con nerviosismo.
—Por favor, mi lady… es nuestro deber.
Y no hubo forma de discutirlo.
Rachel se dejó guiar, aunque no sin cierta incomodidad.
La ayudaron a lavarse las manos, a acomodarse la ropa interior, a colocarse un corsé que la hizo contener la respiración por unos segundos.
—¿Siempre es tan apretado? —murmuró, medio en broma, medio en queja.
Nadie respondió… pero varias doncellas intercambiaron miradas discretas, sorprendidas.
La antigua Rachel, claramente, no hacía ese tipo de comentarios.
Luego vinieron los vestidos.
Los colocaron frente a ella, uno por uno, como si fueran tesoros.
Rachel abrió ligeramente la boca.
—…Wow.
Había vestidos de tonos suaves y elegantes: azul cielo, verde esmeralda, rosa pálido, crema con bordados dorados. Cada uno con telas delicadas, capas ligeras, detalles que brillaban apenas con la luz.
Y junto a cada vestido… un conjunto de joyas.
Collares, pendientes, pulseras.
Todo perfectamente combinado.
—Cada uno fue preparado para usted, Lady Rachel —explicó una doncella con cuidado.
Rachel pasó la mano por una de las telas, sintiendo la suavidad entre sus dedos.
—Esto es… otro nivel.
Finalmente eligieron un vestido.
El proceso de vestirla fue lento, meticuloso. Ajustes aquí, cintas allá, manos que acomodaban cada pliegue con precisión.
Luego vino el cabello.
Se lo cepillaron con suavidad, separando los mechones largos, formando ondas más definidas, recogiendo parte de él con delicadeza mientras dejaban caer el resto sobre su espalda.
Rachel observaba todo a través del espejo.
Todavía le parecía irreal.
Cuando terminaron, una de las doncellas colocó el último accesorio.
—Está lista, mi lady.
Y entonces… se retiraron.
La habitación volvió a quedar en silencio.
Rachel se quedó frente al espejo.
Se observó.
La joven que la miraba desde el reflejo parecía salida de un cuadro.
Elegante.
Hermosa.
Impecable.
Pero sus ojos… seguían siendo los suyos.
Exhaló lentamente.
Y entonces, su expresión cambió.
Más seria.
Más reflexiva.
—Bien… —murmuró.
Se sentó despacio, cuidando el vestido.
La historia volvió a su mente.
Valery. Su tristeza. Su amor silencioso.
Eric. Su indiferencia… o peor, su control disfrazado de cuidado.
Y la otra Rachel… la villana.
Rachel negó levemente con la cabeza.
—No… esto se puede arreglar.
Sus ojos brillaron con una idea clara.
—Cuando conozca a Lady Valery…
Sonrió, decidida.
—Le voy a decir que luche por su amor.
Porque en el fondo, eso era lo correcto.
No esconderse. No resignarse. No vivir atrapada.
—Si ella lo ama… y él llega a corresponderle… entonces deberían estar juntos.
La idea le pareció simple. Lógica. Casi perfecta.
Se levantó nuevamente, caminando despacio por la habitación.
—Y yo… me alejo.
Lo dijo con naturalidad.
Sin dolor.
Porque, en realidad, ese compromiso nunca fue suyo.
Solo había heredado el problema.
Sus recuerdos de la antigua Rachel eran pocos, difusos… pero algo sí tenía claro.
Su padre no obligaría a Eric.
Eso lo recordaba.
Con claridad.
Se detuvo.
—Entonces… si él decide cancelar el compromiso…
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—yo no tendría ningún problema.
Al contrario. Sería la solución perfecta.
Sin conflictos. Sin convertirse en villana.
Sin hacer daño a nadie.
Rachel cruzó los brazos, satisfecha con su plan.
—Listo.
Pero justo cuando esa seguridad comenzaba a asentarse… una pequeña duda cruzó su mente.
Breve. Sutil.
[¿Y si las cosas… no son tan simples?]
Rachel frunció levemente el ceño.
Pero luego negó.
—No, no… tranquila.
Respiró hondo.
—Primero conozcámoslos.
Su reflejo le devolvió la mirada. Y aunque su sonrisa seguía ahí… en el fondo, muy en el fondo… el destino ya comenzaba a moverse en direcciones que ella aún no podía ver.