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Bajo El Ala Del Demonio

Bajo El Ala Del Demonio

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Romance paranormal / Fantasía LGBT
Popularitas:657
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”

Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.

Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El Cielo Quebrantado

​El primer indicio de que el mundo se estaba acabando no fue un estruendo, sino un cambio en la luz. A mediodía, el sol de San Jude se volvió de un color violeta pálido, y las sombras de los edificios no apuntaban hacia el norte, sino que convergían en un solo punto: la florería "El Lirio de Francois".

​Clara Miller estaba en el mostrador cuando el primer pétalo de cristal cayó del cielo. No era nieve, ni hielo; era un fragmento de la propia bóveda celeste que se había solidificado y roto. Al tocar el suelo, el fragmento no se derritió, sino que borró el color del asfalto, dejando un agujero de nada absoluta.

​—Mamá, no salgas —advirtió Clara, sintiendo que el anillo de obsidiana, que creía destruido, comenzaba a arder como un fantasma en su dedo anular.

​Varg entró en la tienda, su rostro pálido y sus instintos de lobo aullando en silencio.

​—La manada está huyendo, Clara. Los pájaros caen muertos del cielo porque el aire ha dejado de tener peso. Fenris dice que esto es el "Gran Invierno de las Almas". El Abismo está reclamando su deuda.

​El Mensajero del Vacío

​En medio de la calle desierta, una figura apareció caminando con una elegancia que desafiaba el pánico creciente de la ciudad. Era Julianis. Pero ya no era el anciano debilitado del volumen anterior. Vestía túnicas de un material que parecía hecho de estrellas muertas y su mirada contenía la frialdad del vacío intergaláctico.

​—La cosecha ha terminado, Clara —dijo Julianis, su voz resonando no en el aire, sino directamente en sus mentes—. Tu padre fue el sembrador, tú fuiste la jardinera, y ahora el Dueño del Jardín ha venido a reclamar la tierra.

​—¿De qué estás hablando, Julianis? —Clara salió a su encuentro, su mano marcada por la raíz de fuego brillando con una intensidad desesperada.

​—Demon no fue un accidente, niña. Fue una sonda. Una raíz enviada desde el Abismo para ver si este mundo era lo suficientemente fértil para ser consumido. Tu "paz" solo ha hecho que la fruta esté más dulce. El cielo que ves romperse es la mandíbula del Origen abriéndose para tragarnos a todos.

​La Última Instrucción de Francois

​Margaret bajó del piso de arriba, sosteniendo el diario de ébano. El libro estaba vibrando tanto que las páginas se pasaban solas, emitiendo un sonido de mil susurros.

​—Hay una página nueva —dijo Margaret, con voz temblorosa—. Una que no estaba ahí esta mañana.

​Clara tomó el diario. En la última página, escrita con una tinta que parecía sangre fresca, había un mapa estelar que se superponía al plano de la ciudad.

​"Para cerrar la herida, la Llave debe volver a la Cerradura. El Origen no es un lugar en el espacio, sino el punto donde la primera gota de sangre tocó la primera semilla. Ve al sótano. El jardín que podaste no murió; se convirtió en un ancla. Úsala para descender."

​El Descenso al Abismo

​Clara comprendió que no podían luchar contra lo que venía desde fuera. Debían atacar la raíz del problema. Miró a Varg, quien asintió con una ferocidad leal.

​—Si bajamos ahí, puede que no haya un camino de regreso —dijo Varg—. Mis lobos protegerán a Margaret y la tienda mientras el cielo cae.

​—Yo voy con vosotros —dijo Margaret con una firmeza que no admitía discusión—. Yo conocí el corazón de Francois mejor que nadie. Si él está allí, yo soy la única que puede despertarlo.

​Entraron en el sótano. El lugar donde Clara había realizado la poda blanca estaba ahora ocupado por una columna de luz negra que perforaba el suelo, extendiéndose hacia abajo, hacia una profundidad infinita. Ya no había tierra, solo un vacío lleno de raíces de luz amatista.

​—Sujetaos —ordenó Clara.

​Se lanzaron al vacío.

​La caída no fue rápida. Se sintió como si estuvieran siendo desintegrados y reconstruidos átomo por átomo. San Jude desapareció, reemplazada por un paisaje de una belleza pavorosa: bosques de cristal negro, ríos de mercurio y un cielo donde millones de ojos-estrella los observaban con una curiosidad milenaria.

​El Guardián del Umbral

​Al final del descenso, llegaron a una estructura que recordaba a un invernadero victoriano, pero de proporciones astronómicas. Dentro, billones de frascos de cristal contenían las esencias de mundos que ya habían sido consumidos por el Abismo.

​En el centro del invernadero, sentado frente a un tablero de ajedrez hecho de huesos de luz, estaba una figura envuelta en una túnica de jardinero.

​—Habéis tardado cinco volúmenes en llegar —dijo la figura sin darse la vuelta.

​—¿Papá? —preguntó Clara, con el corazón en un puño.

​La figura se levantó y se reveló. No era Francois, pero tenía su rostro. Era una entidad compuesta por todas las memorias que el jardín había recolectado de él, pero imbuida con la sabiduría fría del Abismo. Era el Arquitecto de la Sangre.

​—Soy lo que queda de la voluntad de Francois Miller después de ser filtrada por la eternidad —dijo el Arquitecto—. Estoy aquí para decidir si vuestro mundo merece seguir existiendo o si debe ser archivado en uno de estos frascos.

​Varg gruñó, preparándose para saltar, pero el Arquitecto simplemente levantó una mano y el licántropo quedó congelado en el tiempo.

​—No se trata de fuerza, cachorro de Fenris —dijo el Arquitecto—. Se trata de propósito. Clara, Julianis está usando tu luz para abrir la puerta desde el otro lado. Si no me convences de que el "experimento humano" tiene valor, dejaré que la puerta se abra y San Jude será solo un recuerdo en una estantería.

​El Juicio de la Jardinera

​Clara se adelantó. Miró a su alrededor, viendo las esencias de civilizaciones perdidas. Comprendió que el Abismo no era malvado; era simplemente un coleccionista de formas de vida que habían fallado en encontrar el equilibrio.

​—El valor no está en la perfección, Arquitecto —dijo Clara—. Mi padre no era perfecto. Era un hombre que cometió errores, que amó con miedo y que se sacrificó por una hija que apenas conocía. San Jude no es perfecta. Es una ciudad que se odia y se cura a la vez. Pero es nuestra.

​—El caos que habéis desatado con los lobos y las plantas mutantes sugiere que vuestro mundo es inestable —replicó el Arquitecto, señalando un frasco que contenía una réplica perfecta de San Jude ardiendo—. ¿Por qué debería permitir que esa inestabilidad continúe?

​Margaret se acercó al Arquitecto. No tuvo miedo de su apariencia divina. Le puso la mano en la mejilla, una mano humana, cálida y temblorosa.

​—Porque la inestabilidad es lo que llamamos esperanza, Fran —susurró Margaret—. Si todo fuera perfecto, no habría necesidad de cultivar nada. El jardín existe porque creemos que mañana será más hermoso que hoy. Eso es lo único que importa.

​El Arquitecto cerró los ojos. Por un momento, la máscara de divinidad se agrietó, y el alma del verdadero Francois Miller brilló a través de ella.

​—Tenéis razón —susurró el Arquitecto—. El jardín... debe seguir creciendo.

​El Sacrificio de la Llave

​Pero la grieta en el cielo de San Jude ya era demasiado grande. Julianis había cruzado el umbral y estaba empezando a succionar la realidad hacia el Abismo.

​—Para cerrar la puerta —dijo el Arquitecto, volviendo a su tono grave—, la Llave debe ser destruida. Clara, tienes que renunciar a la raíz de fuego. Tienes que renunciar a todo rastro de Demon en ti. Si lo haces, el Abismo perderá su ancla en tu mundo. Pero te volverás... ordinaria. No habrá más Ciudad Esmeralda. No habrá más comunicación con las plantas. Serás solo Clara.

​Clara miró a Varg, que seguía congelado, y luego a su madre. Pensó en todo lo que había pasado: los vampiros, las flores venenosas, la guerra con Aegis-Lux, la alianza con los lobos.

​—Hazlo —dijo Clara.

​El Arquitecto extendió su mano y tocó la quemadura en la mano de Clara.

​El dolor fue un grito cósmico. Toda la esencia de obsidiana, toda la sangre de sombra y toda la magia de la raíz fue arrancada de su cuerpo. La luz amatista del invernadero estalló, devolviendo a los tres viajeros a la realidad.

​El Fin de la Era Mágica

​San Jude, año 2026.

​El cielo se cerró con un sonido metálico. Los fragmentos de cristal se desvanecieron. El color regresó al asfalto. En el centro de la ciudad, las plantas de fuego se marchitaron instantáneamente, convirtiéndose en hiedra común y corriente. Los hombres lobo de la Manada de Fenris sintieron cómo su conexión con el bosque se enfriaba; seguían siendo lobos, pero ya no eran hijos del mito, sino criaturas de la naturaleza, destinadas a vivir lejos de los hombres.

​Julianis desapareció. No murió, simplemente dejó de existir en esta dimensión, succionado de vuelta al Abismo por el cierre de la puerta.

​Clara Miller despertó en el sótano de la florería. Su mano derecha estaba lisa, sin rastro de la quemadura. Sus ojos eran cafés, sin destellos dorados. El diario de ébano estaba en el suelo, sus páginas ahora completamente blancas.

​Salió a la calle. Varg estaba allí, de pie bajo la luz de un sol amarillo y normal. Se miraron, y aunque ya no podían comunicarse telepáticamente ni sentir el pulso del otro, el vínculo humano seguía allí.

​—Se acabó —dijo Varg, con una voz que ya no tenía rastro de gruñido—. El bosque ha vuelto a las montañas.

​—Y nosotros hemos vuelto a la tierra —respondió Clara.

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"katu azul"
y tiene el descaro de decir gracias por la comida estaba insípida a🤭🤭🤭🤭/Scare//Scare//Scare//Scare/
"katu azul"
holissssss comenzando a leerla autoro tengo una duda como francois vio todo eso que el vampiro le mostró si el es un simple humano
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!
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