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LEGADO DE SANGRE

LEGADO DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Traiciones y engaños / Amor-odio / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza

El desierto no guarda secretos… los entierra vivos.
Bajo la arena de Namhara duermen traiciones, guerras, juramentos rotos… y amores que jamás debieron existir. Aquí, el sol quema la piel, pero es el pasado el que destruye el alma.
Ninoska, princesa del desierto, lo aprendió demasiado tarde.
Descubrió que el peor enemigo no siempre sostiene una espada. A veces… te toma de la mano, te sonríe y te promete amor eterno.
Su compromiso con Dissano no fue una unión real. Fue una prisión. Una jaula construida con control, amenazas silenciosas y sombras que nadie veía… excepto ella. Pero incluso del dolor nació algo imposible de odiar: Coraline.
Una niña de ojos vivos y sonrisa brillante… la única luz capaz de mantener a Ninoska de pie. Y también su mayor condena. Porque en los palacios los niños no son inocentes. Son armas, son llaves, son rehenes disfrazados de ternura.
Y Coraline no es una niña cualquiera.
Coraline es la hija de dos coronas. Su sangre une dos mundos: Namhara y Holaguare.

NovelToon tiene autorización de Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #18 – Adiós Silente

La sala de guerra estaba en silencio absoluto. El mapa aún extendido sobre la mesa muestra las marcas de piedras y piezas metálicas que habían usado en el consejo de esa mañana. La vela más cercana parpadeaba con violencia, proyectando sombras que parecían moverse como enemigos invisibles sobre los muros. Jhon permanecía solo, con los brazos cruzados, la mirada fija en el mapa. Sus dedos tamborileaban sobre la madera con un ritmo lento, constante, como si acompañaran el compás de sus pensamientos.

— Un traidor en casa… — murmuró entre dientes, dejando que las palabras se quedaran flotando en el aire pesado.

Había repasado cada rostro una y otra vez. Los guardias, los sirvientes, los consejeros. Todos tenían en común algo: demasiado silencio, demasiadas miradas furtivas, demasiado miedo.

— Podría ser alguno de los guardias más jóvenes… — reflexionó, cerrando los ojos un instante — Los vi inquietos, demasiado ansiosos por agradar, demasiado dispuestos a salir de las murallas cada vez que se les ordena. Un infiltrado usaría la rutina para disfrazar sus movimientos.

Pero la idea no lo convence del todo. Caminó alrededor de la mesa, como un lobo enjaulado.

— Los cocineros… — murmuró, recordando cómo a veces el humo de la cocina llegaba demasiado pronto, demasiado tarde, como si las órdenes se hubieran alterado — El palacio se mueve al ritmo de la comida. Si alguien controla ese flujo… sabría cuándo atacar.

Frunció el ceño. Había visto a algunos criados deslizarse entre pasillos con más prisa de la normal, como si llevaban algo más que platos en las manos. Se inclinó sobre el mapa, golpeando suavemente con el puño cerrado.

— No… tampoco. Un infiltrado debe tener acceso a más que ollas y cucharas. Dissano conoce demasiado sobre las defensas, demasiado sobre nosotros. Eso no lo consigue un sirviente común.

Su mente viajó hacia las reuniones recientes. Recordó cómo algunos generales habían dudado en momentos críticos, cómo otros se excusaban de manera demasiado conveniente cuando se requería su presencia. La duda se le clavó en el pecho como un puñal.

—Y si es alguien de más arriba? — Pensó con amargura — Un hombre con rango… alguien que nadie se atrevería a cuestionar. Eso explicaría la precisión de Dissano, la facilidad con que sus ataques siempre llegan a nuestros puntos más débiles.

Jhon cerró los ojos y respiró hondo. Había ido descartando uno a uno, como piezas de ajedrez fuera del tablero. Hasta que la imagen de un rostro, una voz, un gesto, emergió de entre las sombras de su memoria. Su mandíbula se tensó. Abró los ojos y clavó la mirada en el vacío.

— Tú… — Susurró, con un tono que mezclaba furia contenida y certeza — siempre estuviste ahí… y nunca lo vi.

El silencio de la sala lo envolvió de nuevo. Solo el crujido de la vela acompañaba aquella revelación. Y justo ahí, antes de pronunciar el nombre, Jhon apretó los dientes, como si el solo hecho de decirlo en voz alta pudiera invocar la desgracia. La llama parpadeó más fuerte. Esa palabra, ese nombre que no quería mencionar en voz alta…

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El sol del medio día se filtraba por los ventanales del corredor, tiñendo las columnas de tonos dorados. Ninoska aguardaba junto a la puerta cerrada, las manos entrelazadas con fuerza para ocultar el temblor. Cuando Arthur llegó, su sombra se proyectó sobre ella antes de que él pronunciara palabra.

— ¿Qué sucede? — Preguntó él, con voz grave, ya intuyendo que no eran buenas noticias.

Ninoska levantó el rostro, firme, aunque sus ojos delataban la tormenta que llevaba dentro.

— Se irán hoy mismo. Tú y Coraline. Esta tarde dejarán Namhara.

Arthur frunció el ceño, sorprendido, casi indignado.

—¿Qué? No. No voy a dejarte aquí, sabiendo lo que se avecina. Dissano no descansará hasta…

—¡Hasta encontrarme! — lo interrumpió con dureza, dando un paso hacia él — ¡Ese es el punto, Arthur! Él me quiere a mí. No ella. Coraline no es más que un medio para herirme.

Arthur negó con la cabeza, la mandíbula apretada.

—¿Y pretende que te quedes sola, que lo enfrentes sin mi protección? No lo permitiré. Mi lugar está aquí, a tu lado.

El corazón de Ninoska dio un vuelco ante esas palabras, pero lo ocultó tras un gesto altivo.

—No, Arturo. Tu lugar está con tu hija. — La voz le salió más temblorosa de lo que pretendía — Ella te necesita más que yo.

Arthur apretó los puños, la respiración agitada.

—Y ¿qué me dices de lo que pasó entre nosotros? — La pregunta se escapó de sus labios antes de que pudiera detenerla, cargada de reproche y deseo reprimido — ¿También debo olvidarlo, como si no significara nada?

Los ojos de Ninoska se abrieron un instante, sorprendieron y luego se endurecieron.

— No uses esa noche contra mí — respondió en un susurro áspero, casi quebrado — Fue un error… un momento de debilidad… Solo deseo…

—¿Un error? ¿Solo deseo? — Arthur la miró como si las palabras fueran un látigo. Dio un paso más cerca, bajando la voz, casi con furia contenida — Entonces dime, Ninoska… ¿fue un error sentir lo que sentiste? ¿O lo fue porque temes admitirlo?

Ella apartó la mirada, pero la respiración acelerada la delataba.

— No lo entiendes… Coraline no puede cargar con nuestras pasiones, con nuestros errores. Ella necesita estabilidad, necesita seguridad. ¡Y eso significa que tú debes llevarla lejos, ahora!

El nombre de su hija cayó entre ellos como una muralla. Arthur retrocedió apenas, como si esas palabras lo hubieran golpeado más fuerte que cualquier arma.

— Siempre la usas como escudo… — murmuró con amargura — Para no admitir lo que todavía arde entre nosotros.

Los ojos de Ninoska brillaron de rabia y dolor.

—Crees que no lo sé? — Su voz se quebró apenas — ¿Crees que no me quema por dentro recordarlo? Pero yo soy la que proteger debela, aunque eso signifique sacrificarme. Tú eres su padre. Y si de verdad quieres enmendar tus errores, empieza por darle lo que nunca tuvo: un padre vivo, presente, dispuesto a todo por ella.

El silencio se espesó en el aire. Arthur respiró hondo, luchando contra su propio orgullo, contra el fuego que aún lo consumía al mirarla. Finalmente, bajó la mirada.

— No es tan simple dejarte aquí, sabiendo que Dissano te quiere muerta…

Ninoska alzó el mentón, obligándose a mantener la compostura.

— No es sencillo. Pero es lo que debe hacerse. Coraline primero. Ella debe de ser la prioridad. Siempre.

Arthur la miró un largo instante. Y aunque en sus ojos había rabia, amor y deseo entrelazados, también había algo más: una rendición amarga.

— Está bien — murmuró al fin, con la voz grave, casi un rugido apagado — Pero si algo te pasa, Ninoska… juro que arrasaré con todo Namhara hasta traerla de vuelta contigo.

Ella lo sostuvo con la mirada, sin responder. Porque en el fondo, en medio de aquella batalla de orgullo y dolor, había una verdad que ninguno se atrevía a pronunciar: lo que ardía entre ellos aún era demasiado fuerte para apagarse. El aire del corredor se volvió más denso, cargado no solo de palabras, sino de todo lo que no podía decirse sin desgarrarse. Arthur dio un paso más hacia Ninoska, con la mirada fija en sus ojos.

— No me mientas, Ninoska… — Su voz era grave, un filo a punto de romperse — Lo que pasó entre nosotros no fue un error. Tú lo sabes. Tus labios, tu cuerpo, tus manos… nada de eso mintió.

Ninoska presionó la mandíbula, sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos. Sentía que, si no se defendía con el filo del orgullo, se desmoronaría ahí mismo.

—¿Y qué quieres que te diga? — Replicó con frialdad, aunque la voz le temblaba apenas — Que esa noche lo hice porque aún te amo, porque aún te deseo como el primer día… ¿eso quieres oír?

Arthur tragó saliva, un brillo de esperanza luchó en su mirada.

— Eso quiero la verdad… que seas honesta contigo misma…

La princesa alzó el mentón con altivez, como si blandiera una espada invisible.

— La verdad, Arthur, es que necesitaba recordar que soy mujer. Que debajo de este título, de esta corazón, también late alguien de carne y hueso. Y tú estabas ahí. Nada más…

Las palabras lo golpearon en el pecho como un martillo. Retrocedió un paso, los ojos ardiendo de incredulidad.

—¿Eso dice? ¿Qué me usaste… como crees que yo te usé tantos años atrás?

El silencio entre ellos fue como una bofetada. Ninoska sostuvo su mirada, dura, aunque por dentro el corazón le sangraba.

— Sí — Respondió con un susurro cortante, aunque cada sílaba le desgarrara por dentro — Eso fue…

Arthur cerró los ojos un segundo, como si esa confesión le arrancara el aire. Cuando los abrieron, no había rastro de ternura en ellos, solo una resignación amarga.

— Entonces… fue tu venganza… — Su voz salió ronca, apenas contenida — Y yo, idiota, creí que aún quedaba algo entre nosotros.

Ninoska tragó saliva con dificultad, obligándose a no derrumbarse frente a él.

— Lo único que queda entre nosotros… es Coraline. No te equivoques.

Arthur respir hondo, como quien intenta sofocar un grito. Dio un paso atrás, la tensión en sus hombros lo regresó casi una estatua.

— Está bien… — avanzando con frialdad — Arreglaré todo para partir con mi hija esta misma tarde. Si ese es tu deseo, princesa, así será.

Y sin darle tiempo a replicar, se giró con paso firme, dejando tras de sí el eco de una decisión que le pesaba como hierro. Ninoska se quedó sola, clavada en el sitio, con el orgullo aún en alto… pero con el alma desgarrándose en silencio, cayéndose a pedazos al saber que con esa confesión había cerrado la puerta para siempre. Seguramente ahora la odiaría… pero no más de lo que se odiaba ella a si misma, por negarse a ceder…

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La habitación estaba bañada por una luz suave, filtrada por las cortinas que se mecían con la brisa del mediodía. Coraline se encontraba junto a su pequeña maleta, abrazando con fuerza su muñeca favorita, esa que había decidido llevar consigo como compañía en su viaje. Arthur, firme, pero con la mirada humedecida, esperaba en el marco de la puerta, dándole espacio a los que aún necesitaban despedirse de la niña. Pamela fue la primera en quebrarse. Apenas se inclinó frente a Coraline, sus lágrimas comenzaron a deslizarse sin permiso.

— Mi niña… — Susurró, acariciando su cabello — Tienes que ser fuerte, ¿sí? Y prometerme que vas a sonreír siempre… porque esa sonrisa ilumina todo este palacio.

Coraline la miró confundida al verla llorar, pero le pasó una de sus pequeñas manos por la mejilla.

— No llores, tía… voy a volver. Mami me lo prometió.

La voz inocente fue un bálsamo y una daga a la vez. Pamela la abrazó con fuerza, sosteniendo un sollozo ahogado, y se apartó apenas cuando Said puso una mano en su hombro para sostenerla. El joven rey se inclinó, mirándola a los ojos con esa solemnidad que rara vez mostraba fuera de su trono.

— Coraline… eres la sangre de mi hermana, y eso te convierte también en mi sangre. No olvides nunca quién eres ni de dónde vienes. Si en algún momento sientes miedo, recuerda que tu familia estará contigo, aunque no nos veas.

La niña alarmantemente y, sin dudar, se colgó de su cuello en un abrazo fuerte. Said la sostuvo, cerrando los ojos un instante, dejando escapar una respiración temblorosa que decía más que mil palabras. Jhon, en silencio, se acercó después. No era hombre de lágrimas fáciles, pero su voz cargaba un peso áspero que lo traicionaba.

— Pequeña… Princesa… — dijo mientras se agachaba frente a ella — No sabes lo orgulloso que estoy de ti. Más valiente que muchos soldados que he conocido.

Coraline lo miró con esos ojos verdes que tanto decían, y al ver la seriedad en su rostro, lo envolvió también en un abrazo repentino.

— Yo te voy a extrañar mucho, tío Jhon…

El hombre parpadeó con fuerza, apretando los labios. Le dio una palmada suave en la espalda y se incorporó, girando el rostro apenas para disimular la humedad en sus ojos. El silencio que siguió fue roto por el sonido de la puerta al abrirse de nuevo.

Ninoska entró con paso firme, el rostro perfectamente controlado, la barbilla erguida como siempre… pero sus ojos brillaban con un resplandor traicionero que ni su orgullo podía ocultar. Se detuvo un instante en el umbral, observando la escena: su hija rodeada de amor, de despedidas, de lágrimas. Y al otro lado, Arthur, esperando. Sintió que el suelo se le desmoronaba bajo los pies. No solo porque iba a dejar ir a su hija, sino porque cada palabra, cada gesto de hacía unos minutos con Arthur, le ardía aún en la piel como una herida abierta. Respir hondo, intentando que su voz no temblara cuando al fin habló.

—YaYa ¿estás lista, hija mía?

Coraline corrió hacia ella con una sonrisa luminosa, como si no entendiera del todo lo que aquella partida significaba. Ninoska la sostuvo fuerte, demasiado fuerte, intentando grabarse en el alma ese último abrazo.

— Mami… — susurró la niña, ajena al nudo que apretaba el corazón de su madre — Voy a portarme bien.

Ninoska acarició sus cabellos, cerrando los ojos un instante.

— Lo sé, mi amor… lo sé.

Y aunque se obligó a sonreír, sus labios apenas lograron un gesto quebrado. Arthur, desde el marco de la puerta, no apartaba la mirada de esa escena, leyendo en los gestos de Ninoska todo lo que ella intentaba ocultar. La princesa se incorporó, alisando el vestido de Coraline con manos temblorosas.

— Ve con tu padre… — Su voz salió firme, como una orden que le dolía dar — Y recuerda siempre lo que te dije: cuando sea el momento, yo misma iré a buscarte.

Coraline asintió, confiada, y volvió a tomar la mano de Arthur. El silencio se adueñó de la habitación, cargado de sentimientos reprimidos. Ninoska, inmóvil, miraba cómo su hija se alejaba paso a paso, llevándose consigo no solo su corazón, sino la parte más vulnerable de sí misma. Coraline dio un par de pasos, aferrada a la mano de Arthur, sin volver la cabeza. El eco suave de sus pequeños zapatos sobre el mármol se clavaba en el pecho de Ninoska como martillazos. Cuando la niña estuvo a punto de cruzar el umbral, se detuvo. Se giró de improviso, con esa inocencia que aún no comprendía lo definitivo de una partida. Sus ojos verdes buscaron a su madre, y su voz clara rompió el silencio:

— Mami… ¿y si te extraño en las noches?

El mundo entero parecía contener la respiración. La princesa dio un paso adelante, pero se obligó a detenerse, clavando las uñas en sus palmas para no correr hacia ella. La sonrisa que dibujó fue tan frágil como un cristal a punto de romperse.

— Entonces, cierras los ojos, mi vida… — dijo con un hilo de voz — Ciérralos fuerte… y me vas a sentir aquí, en tu corazón.

Coraline asintió con una gravedad que no correspondía a su edad. Y antes de girarse de nuevo, levantó la mano para dibujar en el aire un corazón torpe con sus deditos pequeños. Arthur la guía hacia la salida. Ninoska no se movió. Su hija se alejaba, y con cada paso sintió que algo dentro de ella se desgarraba sin remedio. Cuando la puerta se cerró con un leve chasquido, el silencio se volvió insoportable. La princesa, que tantas veces había enfrentado al desierto ya la guerra, se llevó una mano al pecho y, por primera vez en años, dejó que las lágrimas corrieran sin máscara alguna. Porque esa puerta no solo había cerrado tras Coraline… también había sellado la parte más pura de su alma.

El silencio que quedó en la habitación era insoportable. Ni el viento que movía las cortinas, ni el lejano murmullo del palacio se atrevían a irrumpir en ese instante. El llanto de Ninoska resonaba en aquel vacío como un eco roto, como si hasta las paredes entendieran la magnitud de su dolor.

Pamela, con las mejillas aún húmedas, dio un paso tembloroso hacia ella. No dijo nada, porque ninguna palabra podía aliviar una herida así. Solo extendió los brazos y la envolvió con una ternura desesperada, como queriendo sostenerla en pie.

Said se acercó después, solemne, bajando por una vez la corazón de rey para ser simplemente hermano. Rodeó a Ninoska por los hombros, atrayéndola hacia su pecho con una fuerza contenida, como si intentara anclarla al mundo que ella sentía desmoronarse bajo los pies.

Jhon, inmóvil en un rincón, apretaba los puños. No sabía cómo consolarla, él que siempre había preferido la dureza antes que la vulnerabilidad. Pero al verla tan frágil, al verla derrumbarse frente a ellos, sus pasos lo llevaron hasta ella casi sin pensarlo. Posó una mano firme en su espalda y, sin mirarla a los ojos, la mantuvo en silencio, como si con ese gesto quisiera decirle que no dejaría que se desplomara.

Los cuatro quedaron así, fundidos en un abrazo sin palabras. El dolor llenaba la habitación como un manto denso, y, sin embargo, en medio de ese vacío, Ninoska sintió algo que no esperaba: calor. Sus hermanos y su cuñada estaban allí, no para prometer que todo estaría bien; porque los tres sabían que nada volvería a serlo, sino para recordarle que aún tenía un lugar donde sostenerse.

Entre sollozos, comprendió que, aunque su corazón se había marchado con Coraline, ese abrazo era lo único que la mantenía en pie. Y en ese instante de fragilidad absoluta, por fin se dejó sostener. Solamente se dejó arrastrar por ese sentimiento… y por una vez en su vida dejo que otros pudieran ayudarla a cargar con su dolor, no tenía que poder con todo sola…. Por esa única vez podía mostrarse débil, vulnerable… sintió como sus piernas perdían su fuerza y se dejaba caer, mientras su hermano menor bajaba con ella, aun sosteniéndola contra su pecho… dejando sus lágrimas mojaran sus ropas…

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La sala estaba apenas iluminada por una lámpara de aceite, cuyo fuego vacilante dibujaba figuras inquietas en las paredes de piedra. Dissano permanecía sentado, relajado como un rey en su trono improvisado, con una copa entre los dedos. El silencio era tan denso que cada chisporroteo de la llama parecía un susurro prohibido.

De pronto, una sombra se deslizó en el umbral, tan discreta que parecía más parte de la oscuridad que de la carne. No habló al entrar. Simplemente aguardó, con la cabeza gacha, hasta que Dissano alzó la vista con una sonrisa torcida.

— Habla… — ordenó con esa calma que helaba más que un grito.

La voz del espía llegó en un murmullo apenas audible, como si temiera que las paredes pudieran delatarlo.

— Mi señor… la pequeña princesa se encuentra en el ala oeste del palacio. Su madre rara vez se separa de ella y tiene puestos los ojos sobre cada movimiento.

Dissano entrecerró los ojos, saboreando la información como si fuera un manjar.

—¿Y la guardia?

La sombra dio un paso adelante, lo justo para dejar que su voz llegara clara.

— Hay un cambio a las dos de la madrugada. Un lapso breve… apenas unos minutos en que el relevo se cruza y el pasillo queda vulnerable. Será el momento perfecto para actuar.

Un silencio pesado siguió a la confesión. Dissano inclinó la cabeza hacia un lado, como un cazador que ya huele la sangre. Apoyó la copa sobre la mesa y dejó escapar una carcajada baja, seca, que retumbó en la penumbra.

— A las dos de la madrugada… — Repitió, saboreando cada sílaba — Qué irónico. A esa hora hasta que los fantasmas del desierto duermen.

Se levantó despacio, caminando hasta quedar frente a la sombra. No necesitaba ver su rostro: el miedo se percibía en la rigidez de su postura. Dissano alargó la mano y, sin tocarlo, acarició el aire cerca de su mejilla como si jugara con un hilo invisible.

— Haz correr la voz a nuestros hombres — dijo finalmente, con una sonrisa afilada — La flor del desierto cree que puede esconder a su retoño entre muros y soldados… pero pronto aprenderá que ni las piedras del palacio pueden proteger lo que más ama.

La sombra ascendiendo sin levantar la cabeza, y se desvaneció entre las tinieblas tan silenciosamente como había llegado.

Dissano quedó solo otra vez, observando el fuego de la lámpara. Sus ojos brillaban con la promesa de un depredador que ya había olvidado el miedo de su presa.

— Dos de la madrugada… — Susurró para sí, dejando que la llama se refleje en sus pupilas — El desierto tendrá un nuevo grito que recordar.

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Silvia Morales
si fue tan poco hombre que explicación quiere ahora
Ninoska Ponce Espinoza
Esta Novela es increíble! 🤩🥰🤩🥰
Esta incluso mejor que la anterior!!!
Me tienes atrapada y con ganas de leer más y saber lo que va a pasar ahora 🤩 con mi tocaya Ninoska 🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩
LoU: Mil gracias!! eres muy amable y especial..!! 💕🥰
total 5 replies
Rolin Ponce
Está muy interesante
Ya quiero leer más capitulos
Cuando subes más capitulos?
LoU: 😁Muchas gracias!!!
Espero que sigas disfrutando de esta novela!!!

se actualiza todos los días en horas de la mañana (hora de Centroamérica)💕
total 2 replies
Yraida Elizabeth Torres Seminario
muy buena 👌
LoU: 🥰💕 Muchas Gracias!!!
De verdad espero que puedas seguirla leyendo y disfrutando..!!

Te aseguro que se pondrá muchísimo mejor! 🥰💕🥰

También se actualiza todos los días... Un capítulo por día! 🥰💕😁☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Bien... me gusta vamos a ver como continúa! 🤩
LoU: 🥰 Gracias!!
Espero la disfrutes mucho! 🥰
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Me gusta como inicia.... la seguiré leyendo... me parece interesante... muy interesante.... 🥰🥰
LoU: Muchas gracias! Espero te guste mi nuevo proyecto..!!
Esta es una Novela mucho más sustanciosa y larga ... con una trama mucho más complicada con amor, familia, política y traiciones🥰🥰🥰

Que la puedas disfrutar!!👏☺️👏☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Es una Nueva Novela... espero sea tan buena como la anterior! /Grin//Grin//Grin//Grin/
Espero mucho!
Ninoska Ponce Espinoza: 🤩🥰 🥰🤩 🥰🤩
total 2 replies
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