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JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Confusiones y Malentendidos

La semana siguiente al incidente del balcón fue un infierno y un paraíso a partes iguales para Valentina. El ambiente en la oficina se había vuelto denso, cargado de una electricidad innegable cada vez que ella y Alejandro estaban en la misma habitación. Las miradas eran más largas, los silencios más incómodos, y los comentarios sarcásticos de él tenían un doble sentido que solo ellos dos entendían.

La tensión sexual era tan palpable que los demás empleados la notaban, aunque no pudieran identificar su origen. Se rumoreaba que el señor Montero y la nueva abogada tenían una relación laboral particularmente “intensa”. Algunos pensaban que se odiaban a muerte, otros que había algo más. La verdad era que ambas teorías eran correctas.

Una mañana, el caos se desató en Montero Tower. Un reportero sensacionalista había publicado un artículo difamatorio sobre Alejandro Montero, insinuando que el CEO estaba involucrado en un turbio asunto con una modelo de poca monta, y que su imagen de hombre de negocios intachable era una farsa. La prensa estaba acampando a las puertas del edificio, y los accionistas empezaban a inquietarse.

Alejandro estaba furioso. No por la insinuación en sí (estaba acostumbrado a los chismorreos), sino por el impacto negativo en la reputación de su empresa.

— ¡Quiero que resuelvas esto, Cruz! — le espetó, golpeando el escritorio con el puño. — ¡Haz que esa rata de periodista se trague sus palabras y que la prensa se largue de aquí! ¡Ya!

Valentina, con su calma habitual, le lanzó una mirada que decía "cálmate o no hago nada".

— Señor Montero, con un poco de estrategia y sin perder los nervios, podemos manejar esto. Demandarlo por difamación es una opción, pero larga y ruidosa. Lo que usted necesita ahora es acallar el rumor y proyectar una imagen de estabilidad.

— ¿Y cómo sugieres que haga eso? ¿Me pongo a darles besos a los reporteros en la boca? — preguntó él con sarcasmo.

— No exactamente — respondió ella, sonriendo con malicia —. Pero sí una distracción efectiva. Una noticia que sea más interesante que el chisme de una modelo.

— ¿Y qué noticia podría ser esa? — Alejandro, aunque reacio, empezó a escucharla.

— Una noticia que proyecte estabilidad, compromiso y... que desmienta implícitamente cualquier tontería con modelos. Como un compromiso.

Alejandro la miró con incredulidad.

— ¿Estás sugiriendo que me comprometa con alguien? ¿Ahora mismo? ¿Con quién? ¿Con la secretaria?

— No, señor Montero. Conmigo — Valentina lo miró directamente a los ojos, con una determinación férrea. — Es la única forma rápida y efectiva de controlar la narrativa. Soy su abogada, su mano derecha en estos momentos. Una relación "seria" con alguien de su equipo, y además una mujer profesional y respetada, disiparía cualquier rumor.

Alejandro abrió la boca y la cerró. La idea era descabellada, absurda, pero a la vez... brillante. Y extrañamente, le atraía la idea de que Valentina fuera "suya" públicamente, aunque fuera una farsa.

— ¿Estás loca? ¿Un compromiso falso? ¡Eso es una locura!

— Es una jugada estratégica, señor Montero. Y muy efectiva. Una cena de gala esta noche, unas cuantas fotos "robadas", un anillo que misteriosamente aparezca... y mañana el titular será: "El CEO Alejandro Montero comprometido con su brillante abogada, poniendo fin a los rumores".

Él se quedó pensativo, sopesando los pros y los contras. No le gustaba la idea de fingir una relación, pero necesitaba parar la hemorragia de mala prensa. Además, la idea de "domar" a Valentina en un escenario público, aunque fuera un simulacro, le resultaba irresistible.

— ¿Y qué gano yo con esto? — preguntó él, intentando sonar desinteresado.

— Gana la calma de sus accionistas, la desaparición de los chismorreos y la revalorización de sus acciones. Y yo gano... — ella sonrió, pensando en ello —... la oportunidad de probar mi teoría sobre las relaciones públicas. Y quizás... un ascenso.

Alejandro no pudo evitar reír.

— Eres increíble, Cruz. ¡Está bien! Pero si vamos a hacer esto, lo haremos a lo grande. Esta noche hay una gala benéfica. Iremos como la pareja más poderosa y glamurosa de la ciudad.

— Perfecto — Valentina sonrió con malicia —. Pero hay una condición: en público, usted va a actuar como un hombre enamorado. Y enamorado... significa que yo también tengo algo que decir.

— ¿Qué? ¿Crees que puedes dictarme cómo actuar? — gruñó él.

— Si quiere que parezca real, sí. Usted es un hombre que está acostumbrado a dominar. Yo soy una mujer que no se deja dominar. La clave de esta "pareja" es la igualdad de poder, no la sumisión.

Alejandro la miró con esos ojos grises que le hacían temblar.

— El plan es tuyo, pero la actuación la dirijo yo — dijo con voz grave. — Y nadie me va a decir cómo actuar de enamorado.

— Ah, ¿no? — Valentina se acercó a su escritorio, apoyando las manos en la superficie fría. — Pues inténtelo. Un hombre enamorado mira a su pareja con adoración, no con esa mirada de depredador. Un hombre enamorado le abre la puerta del coche, le retira la silla, y no se olvida de los pequeños detalles. Y un hombre enamorado... baila con su pareja.

Alejandro la miró, sorprendido por su audacia. La imagen de él bailando, algo que consideraba una pérdida de tiempo, le resultaba ridícula.

— Yo no bailo, Cruz.

— Pues esta noche, va a bailar. Y lo va a hacer conmigo. Y va a sonreír. Mucho.

La gala benéfica era un evento de alta sociedad, lleno de cámaras, flashes y las miradas curiosas de la élite. Alejandro y Valentina hicieron su entrada de la mano. Él, impecable en su esmoquin, y ella, deslumbrante en un vestido de seda rojo pasión que dejaba al descubierto sus hombros y marcaba su figura.

Los flashes se dispararon al verlos juntos. Las cámaras buscaban el anillo. Y Valentina se aseguró de que lo encontraran. Discretamente, un brillante solitario de diamantes apareció en su dedo anular, prestado de la caja fuerte de Alejandro, por supuesto.

Los primeros minutos fueron un desastre cómico. Alejandro intentaba actuar de enamorado, pero parecía un robot programado para ser cortés. Sonreía con los labios apretados, abría la puerta con excesiva formalidad y sus gestos eran rígidos.

— ¡Más natural, señor Montero! — le susurraba ella al oído cada vez que pasaban junto a una cámara. — Parece que me va a demandar, no que me ama.

— ¡Es que no te amo, Cruz! — le respondió él entre dientes, mientras la llevaba de la mano hacia la pista de baile.

— ¡Pero lo parezco, y eso es lo que cuenta! Ahora, ponga esa mano en mi cintura y sonríame como si fuera la mujer de sus sueños.

La música era suave, un vals lento y romántico. Alejandro la atrajo hacia él con una mano en su cintura y la otra tomando su mano con firmeza. Ella apoyó la mano libre en su hombro, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la tela fina de su vestido.

— No sé bailar, Cruz — murmuró él, con un tono de voz inusualmente inseguro.

— No se preocupe, yo lo guío — respondió ella, y con una delicadeza inesperada, empezó a moverlo, a marcarle el paso.

Al principio, Alejandro estaba tenso, rígido, como un tabla. Pero Valentina, con su gracia natural y su liderazgo silencioso, fue guiándolo. Lo miró a los ojos, sonriendo con dulzura, una sonrisa que era parte del "papel", pero que también tenía algo de genuino.

— Relájese, Alejandro — susurró ella, acercando su cabeza a la suya. — Déjese llevar. Por una noche, olvídese del CEO, del poder, de todo. Solo baile.

Y algo en su voz, en su mirada, hizo que él cediera. Lentamente, los músculos de Alejandro se relajaron. Sus movimientos se hicieron más fluidos, más naturales. Su mirada, al principio cautelosa, se suavizó mientras bailaba con ella. Ya no era solo una farsa. La cercanía, el contacto de sus cuerpos, la música, crearon una burbuja a su alrededor.

Por primera vez, Alejandro Montero no estaba controlando, no estaba dominando. Estaba siguiendo. Y la mujer que lo guiaba, la que tenía el control en ese momento, era Valentina.

La gente los observaba. Parecían la pareja perfecta. Él, guapo, poderoso, con una mirada de adoración (o eso parecía) hacia ella. Y ella, radiante, elegante, correspondiendo a esa mirada con una mezcla de amor y descaro.

— ¿Lo ve? No es tan difícil fingir amor — le susurró ella, alzando la vista hacia él.

— Tal vez... — murmuró él, y por primera vez, sus ojos grises brillaron con una emoción que iba más allá del control o el poder. — O tal vez... no estamos fingiendo tanto como creemos.

La música terminó. Alejandro la mantuvo un segundo más pegada a su cuerpo antes de soltarla suavemente. El contacto se rompió, pero la burbuja seguía ahí.

Salieron de la gala rodeados de flashes, con los titulares ya escritos en las mentes de los reporteros. En el coche de vuelta, el silencio era diferente. Ya no era incómodo, sino pesado, cargado de significados tácitos.

— Lo hiciste bien — dijo Alejandro, rompiendo el silencio.

— Usted también — respondió Valentina, mirando el anillo en su dedo, que ahora le parecía extrañamente familiar. — Por un momento, casi me lo creo.

Él sonrió en la oscuridad.

— ¿Y eso es bueno o malo?

— Eso, señor Montero, es peligroso — susurró ella, volviendo la vista hacia él.

La guerra de poder no había terminado. De hecho, acababa de entrar en una fase mucho más compleja. Porque cuando la farsa se mezcla con la realidad, y el juego con las emociones, las reglas se vuelven borrosas y los corazones corren un riesgo muy alto. Y ambos, sin saberlo, acababan de dar un paso en esa dirección.

1
Maribel Euan
m gusta sin tanto drama soluciones rápidas 🤭❤️
Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
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