NovelToon NovelToon
Soñe Con El Antes De Nacer

Soñe Con El Antes De Nacer

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elior siempre se sintió fuera de lugar.
En su vida pasada fue profesora de ciencias, alguien que creía en la lógica… hasta que murió y despertó en un mundo regido por jerarquías, vínculos y destinos imposibles de ignorar.
Ahora es un omega masculino de belleza andrógina, hijo de los duques del Ducado de Lirien, rodeado de protección… y de miradas peligrosas.
Desde antes de renacer, soñaba con un hombre que nunca vio, pero que su cuerpo siempre reconoció.
Cuando el mundo intenta reclamarlo como una oportunidad política, Elior descubre que el vínculo que lo llama no exige posesión, sino espera.
🌙 Omegaverse · Reencarnación · Romance BL · Deseo contenido · Consentimiento

Advertencias:
Presión política sobre omegas · Intentos de reclamo forzado (no consumados) · Tensión emocional intensa
✔️ Sin violación
✔️ Sin romance forzado

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Lo que compartimos sin tocar

No acordamos volver a vernos.

Y aun así, ocurrió.

No fue un encuentro planeado ni una cita encubierta. Fue algo mucho más simple: coincidencias suaves que dejaron de sentirse casuales. Espacios compartidos que, sin decirlo, empezaron a esperarnos.

Lo noté la primera vez que lo vi en el pasillo del ala norte.

No venía hacia mí. Caminaba con paso tranquilo, concentrado en algo que sostenía entre las manos. Yo me detuve primero, no por sobresalto, sino por reconocimiento. El vínculo se afirmó apenas, como un saludo silencioso.

Él alzó la mirada.

No hubo sorpresa.

Solo ese gesto mínimo de saber.

Asentimos casi al mismo tiempo y seguimos cada uno su camino. No cruzamos palabras. No fue necesario. El aire quedó distinto después, más liviano, como si el encuentro hubiera cumplido exactamente su función.

Más tarde coincidimos en el jardín cubierto.

Yo estaba sentado en uno de los bancos de piedra, leyendo sin prestar demasiada atención al texto. Él se detuvo a una distancia respetuosa, lo suficiente para no invadir, lo bastante cerca como para que el vínculo se mantuviera estable.

—¿Te molesta? —preguntó, señalando el espacio libre.

Negué con la cabeza.

—No.

Se sentó.

No rozó mi brazo. No buscó contacto. Y aun así, la proximidad fue suficiente para que algo se acomodara en mi pecho. No un salto. No un sobresalto.

Una presencia compartida.

Leímos en silencio durante un rato. O fingimos hacerlo. El sonido del agua marcaba el tiempo. El sol se filtraba con suavidad entre los cristales, calentando la piedra bajo mis manos.

Me di cuenta entonces de algo que me sorprendió.

No estaba pendiente de cada movimiento suyo.

No estaba en guardia.

Estaba… cómodo.

—Sueles venir aquí —dijo al fin, rompiendo el silencio con cuidado—. Cuando necesitas pensar.

Lo miré, intrigado.

—¿Cómo lo sabes?

Se encogió de hombros.

—Te he visto —respondió—. No desde cerca. Solo… suficiente.

No sonó invasivo. Sonó atento.

—Sí —admití—. Me ayuda a ordenar.

Asintió, como si eso confirmara algo que ya sabía.

—Se nota —dijo—. Cuando estás aquí, no te encoges.

La observación me tomó desprevenido. No porque fuera incorrecta, sino porque era precisa.

—Nunca lo había pensado así —murmuré.

—No tienes que hacerlo ahora —respondió—. Solo… notarlo.

Volvimos al silencio. No incómodo. No tenso. Un silencio que se sentía habitado.

En los días siguientes, esos encuentros se repitieron. No siempre en el mismo lugar. No siempre con palabras. A veces era un cruce breve en un corredor. Otras, compartir una mesa larga durante una comida sin sentarnos juntos, pero sabiendo exactamente dónde estaba el otro.

Nunca tocamos el tema de nosotros.

Y, sin embargo, algo crecía.

No era deseo impaciente.

Era familiaridad.

La forma en que mi cuerpo dejaba de tensarse cuando él aparecía. Cómo la respiración encontraba un ritmo natural sin esfuerzo. Cómo el vínculo se mantenía estable, sin tironeos, como si entendiera que esto —justamente esto— era lo que necesitábamos.

Una tarde, mientras caminábamos por el sendero interior, él se detuvo de repente.

—Si en algún momento esto se vuelve demasiado —dijo—, dime.

No había inseguridad en su voz. Había cuidado.

—Lo haré —respondí sin dudar—.

—Y tú… haz lo mismo.

Asintió.

—Siempre.

Seguimos caminando.

El sol comenzaba a caer, tiñendo las paredes de tonos cálidos. Me di cuenta entonces de que no estaba contando los pasos, ni midiendo la distancia, ni preguntándome cuándo sería el siguiente avance.

No había urgencia.

Porque algo importante ya estaba ocurriendo:

Estábamos aprendiendo a estar.

Y esa forma de intimidad —sin contacto, sin promesas— se sentía sorprendentemente suficiente.

Por ahora.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play