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Enamorada De Un Zorro

Enamorada De Un Zorro

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Demonios / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marceth S.S

Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.

Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.

Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.

NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7: Maldita mi suerte

La llama azul, que hasta hace un momento era solo una mota de luz en la oscuridad, empezó a vibrar con una intensidad cegadora. Ante mis ojos incrédulos, el fuego se expandió y comenzó a solidificarse, tomando la forma de una persona.

—Venga ya, deja de gritar o me vas a dejar sorda —dijo una voz femenina y melodiosa.

Frente a mí apareció una chica de estatura media, piel con un tono rosado saludable y una melena de un azul oscuro profundo que parecía brillar con luz propia.

Pero lo que me dejó sin habla fueron sus orejas puntiagudas asomando entre el cabello y las siete colas esponjosas que se mecían tras ella. Sus ojos eran de un violeta eléctrico, llenos de una picardía infinita.

—Todo este tiempo... ¿podías entenderme? —balbuceé, procesando que mi guía espiritual era, de hecho, otra Kitsune.

—Así es —respondió ella con una sonrisa risueña, dándole un vistazo divertido a mi cara de asombro.

—¡¿En qué diablos estabas pensando, Jean?! —estalló el chico, cuya furia parecía haber aumentado tres niveles—. ¡¿Tú la trajiste aquí?!

—Evan, llevas más de nueve mil años encerrado en esta cueva como un ermitaño —respondió Jean, sin dejarse intimidar por el tono amenazante de su compañero—. Pocas veces sales de aquí. Pensé que si te traía a alguien con quien charlar, finalmente te dignarías a ver la luz del sol.

"Entonces se llama Evan...", anoté mentalmente. Un nombre extrañamente humano para alguien que parecía haber salido de una pintura antigua.

—¡Jean, eso no importa! —rugió Evan, señalándome con el dedo libre mientras su otra mano seguía apretando mi muñeca. Sabía que, cuando me soltara, tendría marcas rojas durante días—. ¡La trajiste a un bosque plagado de criaturas peligrosas! ¡Pudo haber muerto antes de llegar a la cascada!

—Oye, pues desde que llegué no he visto nada que sea realmente peligroso —intervine, tratando de recuperar algo de dignidad. En mi mente, el único peligro real era mi abuelo persiguiendo gatos con una escoba—. Este bosque es bastante tranquilo.

Evan me miró como si me hubiera salido una segunda cabeza.

—¿No te has topado con las bestias? —preguntó, bajando el volumen de su voz a un tono de incredulidad absoluta.

De repente, las palabras de mi abuelo resonaron en mi mente, "¡Ese gatito puede convertirse en una bestia feroz que mata a sus enemigos cortándole la garganta!". Tragué saliva, pero decidí no darle la razón todavía.

Evan se quedó en silencio durante un largo momento, con sus nueve colas ondeando perezosamente detrás de él como cortinas de seda plateada. Su sonrisa de orgullo se desvaneció lentamente, siendo reemplazada por una expresión de concentración tan intensa que me hizo dar un paso atrás.

—Es imposible —murmuró, más para sí mismo que para mí.

—¿Qué es imposible? ¿Que tenga una personalidad encantadora? —intenté bromear, pero mi voz flaqueó ante la frialdad de su mirada.

Él no se rió. En lugar de eso, comenzó a caminar a mi alrededor, cerrando el círculo cada vez más. Sus ojos dorados brillaban en la penumbra de la cueva con una luz analítica, recorriéndome desde la punta de mis tenis blancos hasta el último mechón de mi cabello.

Se detuvo justo frente a mí, tan cerca que pude notar que no respiraba como una persona normal, su pecho apenas se movía, y el aire a su alrededor se sentía cargado de electricidad estática.

—Este bosque es un hervidero de rencor —dijo con una voz que vibraba con una advertencia sombría—. Hay onibi que roban el aliento, sombras que devoran la voluntad y bestias que llevan siglos esperando probar sangre fresca. Ninguna humana, por muy "escurridiza" que pretenda ser, podría cruzar el linde del templo y llegar hasta mi cascada sin ser despedazada en los primeros diez metros.

Me tensé. Recordé la extraña sensación al cruzar la frontera del bosque, aquel escalofrío que me indicó que estaba entrando en terreno prohibido.

—Pues aquí me tienes. Entera y sin un rasguño —respondí, tratando de sonar más valiente de lo que me sentía—. Tal vez solo tengo buena suerte.

Evan entrecerró los ojos y se inclinó hacia mí. Su mirada sospechosa se clavó en la mía, y por un segundo sentí una presión en el pecho, como si su voluntad estuviera tratando de derribar las paredes de mi mente.

—La suerte no existe en este lugar niña—dijo con una lentitud que me erizó la piel—. O eres lo suficientemente insignificante como para que los depredadores ni siquiera te noten… o hay algo en ti, algo oculto bajo esa fachada de niña perdida, que los mantiene a raya por puro terror.

Me escaneó una vez más, deteniéndose especialmente en la zona de mi cuello y mis costillas, justo donde en mi pesadilla el demonio me había arrancado el medallón. Su sospecha era casi tangible, una barrera invisible que nos separaba. Me miraba como si fuera un acertijo que no lograba resolver, y esa desconfianza me hizo sentir un vacío en el estómago.

—Bueno, pues sigue viva, así que es un "no" seguro —interrumpió Jean, acercándose a nosotros. Con un movimiento grácil, apartó la mano de Evan de mi muñeca, liberándome finalmente—. Y ya que estás aquí, ¿por qué no hablamos y nos conocemos mejor?

Jean me tomó del brazo y me llevó hacia la orilla del lago subterráneo. Nos sentamos sobre la piedra lisa mientras ella me sonreía con confianza. A mis espaldas, escuché un gruñido bajo, Evan estaba echando chispas. El frío que emanaba de él me dio un escalofrío, pero la curiosidad era más fuerte que el miedo.

Poco después, y de la forma más extraña posible, Jean se quedó dormida de la nada, como si hubiera gastado toda su energía en la transformación. Me quedé a solas con el "gruñón".

Decidida a romper el hielo, me acerqué a él.

—Entonces te llamas Evan... es un lindo nombre —dije, regalándole una sonrisa tímida. Él solo me miró de reojo, manteniendo su postura altiva sobre una roca—. Yo me llamo Loraine, aunque todo el mundo me dice Lolo.

—¿Lolo? —Bufó, con un rastro de burla en su voz—. Es un nombre un poco infantil, ¿no crees?

—A mí no me lo parece —respondí, volteando los ojos con fastidio—. Así que eres un Kitsune.

—Un Kyubi no Kitsune, para ser exactos —corrigió él, bajando de la roca con una elegancia que me cortó el aliento. Su forma de caminar no era humana, era fluida, casi predatoria, pero con una belleza que recordaba a un ángel caído.

—¿Qué es eso? —pregunté, confundida por el término.

—Un Kyubi no Kitsune es como se nos llama a los zorros de nueve colas, como yo.

En ese momento, como si quisiera demostrar su rango, Evan permitió que sus nueve colas aparecieran. Eran majestuosas, largas y de un blanco platinado que iluminó la cueva entera. Me quedé boquiabierta, no pensé que en su forma humana pudiera mostrar tal despliegue de poder.

—O sea que, si tienes nueve colas... tienes nueve mil o más años —dije, volviendo a sonreír. La idea de estar frente a alguien tan antiguo me fascinaba.

—Así es —respondió él, y por primera vez vi un atisbo de orgullo —y quizás un poco de arrogancia— en su sonrisa.

Me quedé observándolo mientras él mantenía esa pose de estatua perfecta. Sabía que estaba jugando con fuego, pero la curiosidad siempre había sido mi mayor defecto.

—¿Eres un kitsune Zenko o un Yako? —me atreví a preguntar, usando los términos que había leído en Google. Los Zenko eran los celestiales, los buenos, los Yako, los zorros de campo, traviesos y a veces oscuros.

—Zenko —respondió seco, sin una pizca de amabilidad—. ¿Cómo es que una humana sabe tanto sobre nuestra jerarquía?

—Hay algo que no entiendo —dije, ignorando su pregunta porque mi cerebro iba a mil por hora—. Según las leyendas, los kitsune son metamorfos, pero solo pueden convertirse en mujeres jóvenes o ancianos sabios para engañar a los hombres. Y tú… bueno, eres un hombre joven. ¿Qué sucedió con las reglas?

Evan evitó mi mirada de inmediato, tensando la mandíbula. Hubo un destello de algo parecido a la amargura en sus ojos dorados, lo que me confirmó que tras esa apariencia había una historia mucho más compleja y probablemente dolorosa de lo que él estaba dispuesto a admitir.

—Se supone que es así —masculló—   pero yo soy una especie de anomalía. Puedo convertirme en hombre, esa es mi verdadera naturaleza, te guste o no.

—Es increíble —susurré, recorriendo cada detalle de su rostro con la mirada.

Él pareció incomodarse ante mi escrutinio. Me dedicó una mueca de puro desagrado, como si mi admiración le resultara un insulto, y se dio la vuelta. En un abrir y cerrar de ojos, tomó su esfera y se desvaneció entre las sombras de los túneles más profundos, dejándome a solas con Jean, que acababa de desperezarse con un bostezo ruidoso.

—¿Cómo te sientes, Lolo? —preguntó ella, todavía soñolienta, mientras se frotaba sus ojos violetas.

—Me siento… abrumada —confesé, sentándome en el suelo de piedra—. Saber que he vivido rodeada de seres sobrenaturales todo este tiempo es genial, pero me da un poco de miedo. Siento que mi realidad se está desmoronando.

Jean se detuvo en seco y me miró con una sorpresa genuina, como si acabara de decir que la tierra era plana.

—¿Espera? ¿Me estás diciendo que nunca antes habías visto a un ser sobrenatural?

—No. Siempre he vivido rodeada de gente normal —respondí. Bueno, "normal" era un término relativo en mi familia, teniendo en cuenta sus excentricidades, pero definitivamente eran humanos. O eso creía.

—Qué extraño… ¿Entonces cómo es que puedes vernos? —Jean se acercó y empezó a pasar su mano de lado a lado frente a mis ojos, como si estuviera tratando de confirmar si yo era un holograma o si realmente estaba allí.

—¿A qué te refieres con eso? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

—Los seres humanos comunes no pueden vernos, Lolo. Sus mentes filtran nuestra presencia como si fuéramos sombras o viento. A menos… —hizo una pausa dramática— a menos que tengan sangre sobrenatural corriendo por sus venas.

Me quedé helada.

—La sangre sobrenatural actúa como un faro, un guía hacia lo desconocido —continuó Jean, sentándose frente a mí con las piernas cruzadas—. Nos llama y nos permite reconocernos entre especies. A ver, no creo que seas un ser sobrenatural pura, te ves… muy común. —"Auch", pensé—. Lo más probable es que en tu familia haya algún ancestro o pariente que no sea humano.

—¿Me estás diciendo que en mi familia puede haber un kitsune? —Mis ojos se abrieron como platos y sentí un cosquilleo de emoción mezclado con terror.

—No precisamente un kitsune. Hay miles de especies en el mundo, cada año aparecen nuevas o se descubren antiguas. Pero si hubiera un kitsune en tu linaje, lo más probable es que fuera una mujer. Tal vez tu madre o alguna bisabuela…

La imagen de mi mamá, con su carácter fuerte, sus sartenazos y su prohibición absoluta de entrar al bosque, cruzó mi mente como un relámpago. Todo empezaba a encajar de una forma aterradora.

—Espera —dije, recordando algo fundamental—. ¿Entonces tú no fuiste la llama azul que apareció en el patio de mi casa en mi país?

Jean frunció el ceño y negó con la cabeza, volviendo a mirar las aguas del lago.

—Hmm, no. No sé de qué hablas. Pero si se te apareció una llama en tu propia casa, es porque hay alguien como yo viviendo bajo tu mismo techo —sentenció.

Me quedé en silencio, escuchando el eco de la cascada.

Alguien como ella viviendo conmigo

Mi madre me había mentido. El abuelo me había mentido. Toda mi vida era un teatro diseñado para ocultarme que la magia no estaba solo en Japón, sino que desayunaba conmigo todas las mañanas. Esto era cada vez más extraño… y mucho más peligroso de lo que Evan quería admitir.

Esta escena marca el cierre de una noche que lo cambió todo. Loraine ya no es la misma chica que bajó del avión, ahora lleva consigo secretos que queman. He expandido la atmósfera del regreso al templo para resaltar ese contraste entre el mundo mágico de la cueva y la realidad cotidiana del abuelo, añadiendo un toque de tensión al final.

Kitsunes, llamas azules, demonios de ojos rojos, bestias feroces y sangre sobrenatural. Mi mente era un hervidero, una licuadora funcionando a máxima potencia. Había ido a esa cueva buscando respuestas para cerrar una puerta, pero en su lugar, Jean había abierto mil ventanas nuevas, cada una más inquietante que la anterior.

Jean y yo pasamos el resto de la noche sumergidas en una conversación infinita. Me contó fragmentos de un mundo que siempre estuvo frente a mis ojos, pero que mi cerebro se había negado a ver. Me sentía extrañamente cómoda con ella, había una ligereza en su forma de ser que me hacía olvidar, por momentos, que estaba a metros de profundidad bajo una montaña sagrada.

Con Evan, sin embargo, la sensación era distinta. Su desprecio por los humanos era casi tangible, una barrera de hielo que ni siquiera su belleza sobrenatural lograba suavizar.

Cuando miré el reloj, el pánico me dio un pequeño vuelco al corazón, eran las cuatro de la mañana. En una hora, el abuelo Juanjo se despertaría para sus rituales matutinos y su eterna guerra contra el polvo.

Tenía que irme, y rápido.

Me despedí de Jean con la promesa silenciosa de volver y desanduve el camino a través del bosque. Curiosamente, esta vez los árboles no me parecieron tan aterradores, era como si el bosque supiera que ya conocía su secreto.

Llegué al templo con los pulmones ardiéndome por la caminata rápida. Intenté abrir la ventana de mi habitación, pero estaba cerrada por dentro.

 —Maldita mi suerte —susurro.

Con el corazón martilleando contra mis costillas, rodeé la estructura de madera y probé con la ventana de la cocina. Cedió con un crujido que, en el silencio de la madrugada, me sonó como el disparo de un cañón.

Entré con la agilidad de un ladrón novato y me quedé de piedra. Allí, en medio de la penumbra de la cocina, estaba el abuelo.

Me quedé congelada, con un pie aún en el aire, mientras preparaba mentalmente una lista de mil excusas ridículas (desde sonambulismo extremo hasta una búsqueda desesperada de snacks nocturnos).

Pero algo no cuadraba. El abuelo estaba de pie, pero sus ojos estaban cerrados y su respiración era rítmica, pesada.

—¿Abuelo? —susurré apenas en un hilo de voz.

No respondió. Se quedó allí, estático, como una estatua de cera en medio de la cocina. Supuse que estaba sonámbulo, atrapado en algún sueño donde seguramente seguía persiguiendo al gato. Suspiré aliviada, sintiendo que la suerte —o lo que sea que me protegía— estaba de mi lado una vez más.

Me deslicé por su lado con cuidado de no rozar su ropa y subí las escaleras hacia mi cuarto. Al cerrar la puerta tras de mí, me desplomé sobre la cama sin siquiera quitarme los tenis.

Repasé los sucesos de la noche, el oro de los ojos de Evan, la risa violeta de Jean y la revelación de que mi sangre no era tan "común" como pensaba.

Me dormí con una sonrisa dibujada en el rostro, sin saber que, mientras yo cerraba los ojos, el abuelo en la cocina abría los suyos, mirando fijamente hacia la escalera con una expresión que no tenía nada de sueño y mucho de preocupación.

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EYAM
ya quiero más capítulos porfavor está súper buena la novela ☺️
Lisandra Alvarez
exelente,me gusta mucho esta novela
Yooung
que lindo 😩
~Mio^Mio~
Que maravilla de historia... Me encanta 🤗
~Mio^Mio~
🤣🤣 ¡Diablos senorita!
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
tamaky
Que montón de cosas están pasando 😩
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭
tamaky
Ay yo JAHSJAJAJA
Yooung
Que atrevido 🤭
~Mio^Mio~
Que emoción!
~Mio^Mio~
Me gusta 🤗. Esta interesante
~Mio^Mio~
🤣
MONICA GODOY RIOS
🤯🤯🤯🤯😱😱😱😤
MONICA GODOY RIOS
Ella no estudia, no trabaja ,🤔
MONICA GODOY RIOS
Interesante 🤔y original
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