Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 13- Descubriendo la mentira
#NICOLÁS
Laura me hizo venir de manera precipitosa, alegando que Clara tenía fiebre, sabia de la torpesa de Laura para atender a su propia hija, por lo que deje de hacer lo que estaba haciendo y le pedi a mi amigo,Mario, que cuide a Eva, me preocupaba dejarla mucho tiempo sola, por mas que tenga todo vigilado con camaras de seguridad.
Cuando llegue a la casa de Laura, descubrí que me mintió, mintió que Clara estaba muy enferma.
-Quedate papi hasta que duerma. Me suplico mi niña.
Asenti enfocandome solo en ella.
-Clara… ¿está durmiendo tranquila?.
Pregunte, con la voz apenas un susurro mientras la miraba dormir apaciblemente. Mi alivio fue casi físico.
Luego, me giró hacia Laura, la tranquilidad de mi rostro endureciéndose en una expresión de fría decepción.
-No vuelvas a usar a Clara de esa manera, Laura.
Le dije, mi voz baja pero cargada de una autoridad inquebrantable.
-Nunca. ¿Me oyes? Nunca más.
Laura se mordió el labio, la máscara de dulzura cayéndose a pedazos. Sus ojos brillaron con una mezcla de desesperación y astucia. Lentamente, empezó a desabrocharse la blusa, su mirada fija en mi.
-Sé que siempre te ha gustado lo que ves, Nico. Murmuró, dejando caer la prenda al suelo, exponiendo su cuerpo a la penumbra de la habitación.
-Podríamos volver a tenerlo todo… Solo tú y yo.
Ni parpadee. La mire a los ojos, ignorando su intento de provocación.
-No, Laura.
Respondi, con la voz gélida, cortando el aire como un cuchillo.
-Eso no va a pasar. Jamás. Cada vez que te miro, solo puedo recordar el día en que te encontré con él. Y lo que me hiciste después.
Mis dedos rozaron, casi inconscientemente, la cicatriz visible en mi mejilla.
-No podrías ni empezar a entender lo asqueroso que me resulta eso.
Laura se encogió, el brillo en sus ojos tornándose en rabia.
-¡He cambiado, Nicolás! ¡Lo juro! ¡Solo quiero estar contigo, de verdad! ¡Dame otra oportunidad, por favor!"
Pero ya me di la vuelta.
-No hay nada que hablar.
Le dije, y sali de la habitación sin mirar atrás.
Pasaron dos años desde que me divorcie de Laura, dos largos años, y aún la herida esta a flor de piel, aun esa fatidica noche atormenta mis sueños, mas que cualquier escena de crimen.
Llegue a mi departamento, el silencio era pesado a mi alrededor. Me detuve en la puerta calmando mis emociones, cuando de repente escuche voces desde la sala de estar.
Mario, mi amigo, estaba hablando, su voz se colaba por la puerta entornada.
"No tengo nada que me ate a este mundo, Eva," decía Mario. "Mi trabajo es lo único que me importa."
La respuesta de Eva, clara y contundente, hizo que me detuviera en seco.
"Claro que sí, Mario. Tienes a Clara, tu ahijada. Y a Nicolás… Que te ve como a un hermano."
Cerre los ojos, el peso de sus palabras anclándose en mi pecho. Eva, ella podía interpretar mejor que nadie las emociones, los sentimientos, Eva tenia mas humanidad que cualquier humano. Laura jamás supo lo que en verdad me importaba, ni valoro lo que me importaba, solo se interesaba en lo que ella quería, en lo que ella deseaba, yo solo era un escalón para llegar a su meta.
De repente escuche a Mario consultar a Eva.
"¿Qué tienes ahi?... No dejo de sonar ni un momento".
"Laura me lo dio" Dijo Eva.
Por lo que decidi ingresar preocupado, como adivinando de que se trataba.
Mario, con una mezcla de sorpresa y reproche en los ojos, le arrebató el celular de las manos a Eva. Se puso a revisar los mensajes, sus cejas fruncidas con cada nueva línea.
-Eva, no hagas caso a estas tonterías.
Le dijo, mostrándole una foto que insinuaba algo entre Laura y yo.
-Conozco a mi amigo, y sé que no se metería de nuevo con su ex esposa, aunque esta foto intente decir lo contrario.
Justo en ese momento, entre, mi rostro contraído en una mueca de furia contenida.
Masculle una serie de groserías ininteligibles, mientras mis ojos se movían rápidamente de Mario al teléfono en su mano.
Me acercó a Eva, mi voz más suave pero aún cargada de frustración.
-Eva, no pasó nada. Ella te lo dio para...
Mi mirada se clavó en Mario.
-Para joder. Y te lo digo, no te doy esos aparatos para que no te rastreen los que te quieren hacer daño, no por egoísmo.
Eva me tomó la mano con dulzura, su mirada serena.
-Lo sé, Nico. Yo sé eso.
El ambiente estaba tenso, pesado. Ahora encuadraba todo, el porque Laura se me insinuó de manera repentina. No era que cambio, no era que quería volver conmigo, solo intentaba demostrar que ella aun podía tenerme, para refregarle en la cara a Eva.
Mario, sintiendo la necesidad de aligerar el momento, sonrió con su característica picardía.
-¡Bueno, bueno, suficiente drama por hoy! Esto se arregla con una bebida espumante, bien fría, que se sume a la picada. Y esta vez, nada de ajedrez. ¡Que sean las cartas para que Nicolás también pueda participar!.
Solte una carcajada ruidosa, el sonido liberador en la habitación.
-¡Ten cuidado, Oso!.
Le advirti, señalando a Eva con un dedo.
-Esta mujer tiene un IQ que calcula las probabilidades más rápido que cualquier máquina. No te confíes.
Eva se ruborizó ligeramente, una sonrisa genuina asomando en sus labios.
-Me descubriste, Nico.
Dijo, con un brillo divertido en sus ojos.
-No harás que retroceda... Basta de pura charla... Repartan las cartas. Palmeo sus manos Mario.
Me despoje de mi saco y doble las mangas demostrando mi destreza con las cartas.
Entre risas y comentarios sobre el trabajo del dia, se me paso el mal estar, senti esa calma, esa paz en mi hogar, que desde que esta Eva es constante. Ella no me juzga, no me reclama, no contradice lo que digo, al contrario, siento que cada frase que pronuncio ella lo toma como si fuera la ley misma y respeta mis decisiones.