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La Mujer Que Fingió Morir Y Regresó Irreconocible

La Mujer Que Fingió Morir Y Regresó Irreconocible

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:225.9k
Nilai: 4.4
nombre de autor: Eva Belmont

Isadora Valença creía vivir un matrimonio perfecto… hasta descubrir que su marido la engañaba con su mejor amiga.

Poco tiempo después, un accidente la hace desaparecer.
Para todos, Isadora murió.

Años más tarde, regresa como Lívia Montenegro, una mujer fría, poderosa e irreconocible. Con una nueva identidad y un imperio en sus manos, su único objetivo es ajustar cuentas con el pasado.

El destino la pone nuevamente frente a frente con Adriano Bastos, el hombre que la destruyó. Arrepentido y marcado por la culpa, se enamora de Lívia… sin saber que ella es la esposa que cree haber perdido para siempre.

Entre venganza, deseo y sentimientos sin resolver, Isadora debe decidir:
¿revelar la verdad… o hacerlo pagar hasta el final?

Una historia de renacimiento, poder femenino y venganza emocional.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Cinco años.

Ese fue el tiempo necesario para que Isadora Valença dejara de existir incluso dentro de sí misma.

Lívia Montenegro observaba la ciudad desde lo alto del edificio acristalado, una copa de vino intacta en la mano. Las luces nocturnas se extendían abajo como un tablero vivo, cada punto iluminado representando decisiones, negocios, vidas en movimiento. Había aprendido a disfrutar de esa vista, no por la belleza, sino por el control que simbolizaba.

Allí, todo parecía más pequeño.

Incluso el pasado.

—La reunión fue un éxito —dijo una voz masculina detrás de ella—. El consejo aprobó su entrada sin objeciones.

Lívia se giró lentamente, una sonrisa discreta surgiendo en sus labios.

—Siempre aprueban cuando los números hablan por mí —respondió.

El hombre asintió, admirado. Todavía se sorprendía de la forma en que dominaba cualquier ambiente sin elevar la voz. Lívia no necesitaba imposición. Su presencia hacía el trabajo.

—Mañana estará oficialmente en el país —continuó él—. Su nombre ya circula en los medios adecuados.

Ella caminó hasta la mesa, dejó la copa y cogió la tableta. Deslizó los dedos por la pantalla con precisión.

—Óptimo —dijo—. Es exactamente donde quiero estar.

Cuando se quedó sola de nuevo, Lívia se permitió unos segundos de silencio absoluto. Se acercó al espejo en la pared lateral y analizó su propio reflejo.

Cabellos más oscuros, cortados con intención. La mirada firme, calculada. El rostro marcado por una seguridad que no existía antes. Todavía había cicatrices —discretas, casi invisibles—, pero había aprendido a verlas como firmas del renacimiento.

Isadora habría pedido disculpas por ocupar tanto espacio.

Lívia jamás pediría.

Se recordaba perfectamente de la mujer que había sido. De la ingenuidad. De la fe depositada en promesas vacías. Del amor ofrecido sin reservas. No sentía vergüenza de aquella versión de sí misma, solo distancia.

Fue necesario morir para aprender a esperar.

Esperar el momento adecuado. La oportunidad adecuada. La versión correcta de sí misma.

El celular vibró sobre la mesa.

Una notificación de agenda.

Evento empresarial — Fundación Bastos & Asociados.

Lívia leyó el nombre con calma.

Adriano Bastos.

El corazón no se aceleró. Las manos no temblaron. Ninguna reacción física la traicionó. Solo un reconocimiento silencioso de que el destino, finalmente, se estaba moviendo en la dirección correcta.

Tocó la pantalla y abrió el archivo adjunto. Fotos recientes. Reportajes. Adriano aparecía más viejo, más serio. Había algo roto en su expresión que no existía antes. Un hombre respetado, sí, pero no entero.

Viudo.

El término todavía surgía ocasionalmente en los artículos, incluso después de tantos años.

Lívia cerró la tableta.

—Todavía usa mi nombre como penitencia —murmuró para sí misma.

A la mañana siguiente, el avión aterrizó bajo un cielo demasiado claro para su memoria. El país que había dejado en ruinas ahora la recibía con alfombras discretas, reuniones marcadas, invitaciones estratégicas. Lívia Montenegro no necesitaba anunciarse. Su historial lo hacía por ella.

En el hotel, mientras organizaba los últimos detalles de la agenda, encaró de nuevo el espejo.

—Estás lista —dijo en voz baja.

Y lo estaba.

El evento ocurrió dos días después.

El salón era amplio, elegante, lleno de nombres importantes. Lívia entró sin prisa, usando un vestido oscuro de corte impecable. Las conversaciones disminuyeron levemente a medida que avanzaba. No por reconocimiento inmediato, sino por curiosidad instintiva.

Ella sabía el efecto que causaba.

Saludó a algunos conocidos, intercambió palabras calculadas, risas mínimas. Todo estaba bajo control. Hasta oír la voz que conocía mejor de lo que le gustaría.

—¿Lívia Montenegro?

Ella se giró lentamente.

Adriano Bastos estaba delante de ella.

Más delgado. Más serio. Los ojos llevaban un cansancio antiguo, un dolor que el tiempo no había borrado. Todavía era guapo —ella reconoció con frialdad clínica—, pero la seguridad arrogante había sido sustituida por algo más contenido.

—Sí —respondió, extendiendo la mano—. ¿Y usted es?

Él pareció confundido por un instante, como si aquella respuesta no fuera posible.

—Adriano Bastos —dijo—. Encantado.

Ella apretó la mano de él con firmeza, sosteniendo la mirada por un segundo más de lo necesario.

—El placer es mío —respondió, con una sonrisa elegante—. Ya he oído hablar mucho de usted.

Era verdad.

Solo que no de la forma que él imaginaba.

Mientras conversaban sobre negocios, Lívia observaba cada detalle. El modo en que él gesticulaba, la pausa antes de sonreír, la mirada que parecía siempre buscar algo que no estaba allí.

Culpa.

Ella conocía bien ese peso.

—Espero que podamos trabajar juntos —Adriano dijo, sincero—. Su reputación es impresionante.

—Tal vez —respondió Lívia—. El tiempo dirá.

Cuando se alejó, sintió algo afirmarse dentro de sí.

El juego había comenzado.

Y esta vez, ella no sería la mujer que creía.

Sería la mujer que conducía.

Isadora Valença murió sin defenderse.

Lívia Montenegro volvió sabiendo exactamente lo que quería.

Y el pasado…

el pasado todavía aprendería a reconocerla.

1
Yacqueline Pineda
me gustaría no se a ustedes que Isadora no quede con Adriano la engaño y eso para mí no se perdona
Luz Gonzalez Lambaren
enredo tras enredo , que huevita
Blanca Chepote
YO TAMBIÉN ,NO ENTIENDO NI MERDI🤣
Gladys Dona
Realmente se está haciendo monótona la novela no salen de los dos que si que no y nunca se supo quien la salvo
Ma Guadalupe Moreno Gonzalez
muy aburrida y sosa🤣
Gladys Dona
Realmente la actitud de ella no la entiendo Venganza juntadas almuerzo cena que quiere sacar de personas que la TRAICIONARON
Gladys Dona
Empieza los conflictos entre Adriano y Clara ella no confía en Livia y tienes toda la razón el pasado vuelve pero no para conquistar a Ariano si no para hacerle pagar su Traición
Gladys Dona
Porque la persona que la salvo del.incendio no da nombre porque la quiso salvar
Gladys Dona
Pueden cambiar el rostro pero la voz no la cambia eso tendría que haberle llamado la atención al Infeliz de Adriano
Gladys Dona
Quien la habrá sacado y que la dieran por muerta agárrense Adriano y la putizorra de Clara qué el.pasado vuelve y el Karma también
Gladys Dona
Es novela pero por eso mi marido me decía no hay que comentar por más que sea tú mejor amiga porque después la que creo amiga quiere lo que es tuyo y te busca hasta que caes y ella misma después te muestra las pruebas así te separas y es muy cierto no en todos los casos pasa una amiga traidora pero hay muchísimo que ni idea que su marido anda con la que cree su mejor amiga otras le dicen como mi hermana
Ma Guadalupe Moreno Gonzalez
ya esta muy aburrido
Maria Dolly Arenas Arenas
hay. no me gustó pensé en otro trama más disyinto
Silvia Chena
muy entretenida, me ayudó mucho pasar una parte de mí soledad
Silvia Chena
puede ponerse ese apellido sincasarse
Silvia Chena
NO CRITIQUEN,, porque no escriben ustedes
Silvia Chena
NO CRITIQUEN
yennifer rodriguez
Me gustó mucho éste trabajo porque no fue la protagonista sufrida, por todos los acontecimientos, supo cómo canalizar, supo diferenciar, crecer... A la autora te lo agradezco y te felicito por mostrar una novela con firmeza, Resiliencia, perspectiva del cómo las personas en un mundo tan vanal se puede crecer, caer y levantarse, dar continuidad sin romperse y sin miedo, sobretodo sin miedo...!!
yennifer rodriguez
Ahora si tienen miedo, 😠😠 los dos deben pagar por traidores 😠😠..
Rubby Muñoz
Isadora necesita terapias psicológicas está muy golpeada y con el trauma no lo supera para seguir adelante
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