Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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UN VERDADERO CONTRAATAQUE
Un nuevo día llegó junto a los rayos del sol. Aunque había sido una primera noche en la que ocurrieron roces significativos para ambos omegas, no fue notorio, pues despertaron rato después, cuando ambos alfas ya se encontraban en la ducha.
Por inercia, ambos se levantaron como de costumbre; sus cuerpos actuaban conforme a la memoria muscular y los hábitos que ya tenían impuestos por los originales.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Quian a Jinxiao al verlo ya levantado.
—Lo creas o no, siento que dormí bien anoche —dijo Jinxiao con una sonrisa leve, casi sorprendida de sí mismo.
Quian lo observó unos segundos más de lo necesario, como si quisiera memorizar ese momento.
—Eso me alegra. ¿Te gustaría desayunar algo en particular hoy o prefieres desayunar en el restaurante donde siempre? —preguntó con un tono más suave de lo habitual.
—Quiero comer aquí. Me iré a duchar primero y bajo enseguida —respondió Jinxiao entrando al baño.
—Le diré a nana He que ponga platos extras entonces —añadió Quian, quedándose un instante frente a la puerta cerrada antes de salir.
El alfa abandonó la habitación. Aunque debía ir a trabajar, quería asegurarse de que el omega comiera bien. No era una obligación… era una decisión.
—Es muy extraño despertar con alguien en la misma habitación… —murmuró Jinxiao para sí mismo mientras observaba su reflejo.
Al entrar al baño, se quedó extrañado por todo lo que había dentro: shampoo, acondicionador, mascarillas, aceites esenciales… en cantidades ridículas.
—Este chico en verdad quería impresionar a Quian… lástima que este nuevo Jinxiao solo quiere vivir para él mismo —dijo, tomando algunos frascos para tirarlos—. No… no es bueno desperdiciar.
Suspiró y, en lugar de tirarlos, los acomodó en un rincón.
Comenzó a revisar el mueble del lavamanos, encontrando aún más productos. Esta vez separó lo que realmente usaría.
—Nueva vida… nueva rutina —murmuró, dejando atrás todo exceso innecesario.
El agua comenzó a correr, llevándose consigo más que solo el cansancio.
Mientras tanto, en otra habitación, Lin también se había levantado.
A diferencia del día anterior, el susto que había pasado con Jinxiao parecía haber sido reemplazado por una energía inesperada. Para sorpresa de Liang… había tendido la cama.
—Mi papá y yo aún no iremos a trabajar. ¿Bajarás a desayunar? —preguntó Liang apoyado en el marco de la puerta.
Lin ni siquiera volteó de inmediato. Observaba su reflejo con curiosidad.
—Por supuesto. Sabes que en algunas culturas la comida con la familia es lo más sagrado. Bajo en un momento —respondió, entrando al baño.
Liang arqueó una ceja.
—Definitivamente algo está mal contigo… —murmuró antes de irse.
Dentro del baño, Lin revisó los pocos productos disponibles.
—Vaya… ni para fingir que te cuidas servías —dijo con una sonrisa irónica.
Se miró al espejo con más atención.
—No había visto que tenía esos destellos en el cabello…
Se inclinó un poco más, tocando su propio reflejo.
—No está mal… podemos trabajar con esto.
En el comedor, la mesa comenzaba a llenarse de vida.
—Apresúrense, los jóvenes ya van a bajar —ordenó nana He mientras supervisaba cada detalle.
Había algo distinto en el ambiente, algo que no podía explicar… pero le agradaba.
—¿Qué les habrá pasado a los jóvenes señores para que ambos decidieran bajar a desayunar con los señores? —susurró un sirviente.
—¿Quién sabe? Escuché que ayer durmieron en la misma cama —respondió otro, bajando la voz aún más.
—Dejen el chisme para después —intervino nana He sin mirarlos siquiera.
—Lo sentimos, jefa —respondieron ambos, acelerando el paso.
La mesa quedó lista: abundante, elegante, perfecta.
—Nana, ve por Jinxiao y Lin —indicó Quian tomando asiento.
—Parece que no será necesario, mi señor… su esposo ya está aquí —respondió ella con una leve sonrisa.
Ambos omegas descendían por las escaleras.
—¡Wow! —exclamó Liang sin disimulo.
Lin no llevaba las ropas ostentosas de siempre. Vestía un pantalón color café claro ajustado a su cintura y una camisa rosada, holgada, con dos botones abiertos.
Natural. Seguro. Distinto.
Por su parte, Jinxiao vestía una camisa azul pastel y un short que dejaba ver la palidez de sus piernas.
Quian sintió su corazón acelerarse.
Un impulso posesivo cruzó su mente… pero lo reprimió de inmediato.
Recordó su promesa.
—Nana, se ve delicioso —dijo Lin sentándose junto a Liang.
—Gracias, mi niño. Si desean algo más, no duden en decírmelo —respondió ella.
—Se ve todo muy rico, no creo que necesitemos más —añadió Jinxiao sentándose junto a Quian.
El alfa desvió la mirada, ligeramente sonrojado.
—Bien… comamos.
Por unos momentos… todo fue normal.
Hasta que los golpes en la puerta rompieron la calma.
—¡Abran la puerta! ¿Qué no saben quiénes somos? —gritó una voz desde afuera—. ¡Lin, más te vale dejarnos entrar!
El sonido retumbó en toda la casa.
Lin se tensó de inmediato.
Los recuerdos golpearon su mente con cada impacto.
—Lin, respira despacio y profundo —dijo Jinxiao con firmeza.
Pero ya era tarde.
La ansiedad lo envolvía.
Liang se levantó rápidamente, rodeándolo con sus brazos.
—Respira… estoy aquí —susurró cerca de su oído.
—Quian… que se vayan —pidió Jinxiao con urgencia.
—Espera… —interrumpió Lin, intentando estabilizarse—. Si no salgo, no me dejarán en paz.
—¿Acaso estás loco? —replicó Jinxiao.
—No saldrás solo —intervino Liang levantándose.
Lin lo miró un instante… y asintió.
—Saldre yo primero. Solo sal cuando sea necesario —dijo Lin.
Abrió la puerta.
Afuera estaban Ángel, Baishen y la madrastra del omega.
—¡Tú, asqueroso omega! ¿Con qué derecho te crees para prohibirnos entrar? —gritó Baishen.
"¿Asqueroso?"
Liang apretó los puños desde atrás.
—¿A mí me llamas así? —respondió Lin con voz firme—. No tiene nada de malo para mí… después de todo, mi esposo es en parte dueño de todo esto.
La risa de Heiyan sonó con desprecio.
—¿Quién no sabe que Liang no te tiene estima? Duermes en su casa mientras él está con otros omegas.
Lin sonrió con frialdad.
—Tal vez… pero yo no hablaría de hogares ajenos. Después de todo, si mi padre engañó al omega que le dio todo… ¿qué te hace creer que no hará lo mismo contigo?
El golpe fue inmediato.
Baishen lo abofeteó con fuerza.
Pero Lin no retrocedió.
—¡Esta será la última vez que vienes a mi casa a golpearme! —dijo, y sin dudarlo, lanzó una patada directa a la entrepierna de su padre.
El hombre cayó con un grito ahogado.
—¡¿Cómo te atreves?!
—¡Ya verás cuando tu esposo se entere! —gritó Heiyan.
—No será necesario… ¿verdad, Liang? —dijo Lin sin mirar atrás.
El alfa apareció.
Silencio.
Miedo.
—Para nada… mi omega —respondió Liang con una calma peligrosa.
—¿Qué mano fue? —preguntó, acercándose a Lin.
—No recuerdo cuál.
—Entonces serán las dos.
El ambiente se volvió frío.
—Su Wei —llamó—, encárgate de que no vuelva a levantarle la mano a nadie aquí.
—Sí, señor.
—Y desde hoy… nadie entra sin invitación.
Liang levantó a Lin en brazos.
—¡Ya oyeron! —ordenó el guardia.
Los gritos comenzaron.
Desesperados.
Rotos.
Pero Lin no los escuchó.
Liang le cubrió los oídos… y lo sostuvo con firmeza.
Por primera vez… alguien lo protegía sin pedir nada a cambio.
Y en medio del caos… algo dentro de él comenzó a sanar, una herida que no le pertenecía.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲