NovelToon NovelToon
EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:770
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16_Sin Puertas Ni Evasiones

Karma miró el sobre en su mano, luego a Nagisa, quien seguía aferrado a él. La sonrisa satisfecha regresó a su rostro.

—Sí, la mismísima Kayano. Y parece que tienes algo de explicación que dar, cariño —respondió Karma, usando el término con una ironía deliciosa, pero con una calidez subyacente que no le pasó desapercibida a Nagisa. El agarre de Karma en su cintura se relajó un poco, pero no lo soltó.

Nagisa se separó un poco del agarre de Karma, la vergüenza tiñendo sus mejillas de un rojo intenso. La mención de "Kayano" y el tono burlón de "cariño" le habían recordado la irreflexiva exhibición que acababa de protagonizar. Se sintió como un niño pillado en una travesura, y el profesionalismo y la calma de Kayano en contraste con su propio arrebato lo hacían sentir aún peor.

—¿Kayano? ¿Era... era Kayano? —preguntó Nagisa, su voz casi un chillido. La incredulidad se mezclaba con la mortificación—. ¡¿La actriz?! ¡¿La productora?! ¿Qué hacía... qué hacía ella aquí? ¿Y por qué te besó? ¿Y por qué me... por qué me dijiste "cariño"? ¡Y por qué me agarraste así!

Nagisa empezó a bombardear a Karma con preguntas, sus manos pequeñas gesticulando en el aire. Era una mezcla de indignación, pánico y el resurgimiento de una inseguridad que creía haber superado. Su mente, que usualmente era tan analítica y tranquila, estaba en un torbellino. ¿Acababa de hacer el ridículo frente a Kayano? ¿Y Karma le había seguido el juego de esa manera tan... posesiva?

Karma observó el vendaval de emociones de Nagisa con una mezcla de diversión y una profunda satisfacción. Las bolsas de la compra se sentían más ligeras. Esta era una reacción real, visceral, mucho más elocuente que cualquier palabra que Nagisa pudiera haber dicho sobre sus sentimientos.

—Una pregunta a la vez, Nagisa —dijo Karma, su tono de voz ahora era suave, casi tranquilizador, pero con una sonrisa astuta danzando en sus labios—. Sí, era Kayano Kaede. La actriz y productora que mencionas. La misma Kayano de la secundaria. Trabaja... o más bien, tenemos algunos intereses profesionales que se cruzan. Ella es mi madrina en ciertos círculos, me ha echado una mano en varias ocasiones en el ámbito de las relaciones públicas y la influencia mediática. Es una mujer de contactos, muy influyente. Y el beso, como ella misma insinuó, es una forma de saludo que usa con gente de confianza. Una especie de... sello de su peculiar afecto.

Karma hizo una pausa, sus ojos dorados no se apartaban de los de Nagisa. La mención de "madrina" y "confianza" pareció calmar un poco la tormenta en los ojos de Nagisa, pero la vergüenza seguía allí.

—Y en cuanto a tu... espectacular entrada —Karma no pudo evitar que su sonrisa se ensanchara—, y a mi respuesta... ¿no crees que la pregunta debería ser al revés? ¿Por qué tú me llamaste "cariño" y te abalanzaste como si llevaras diez años esperándome en el altar?

La última parte fue dicha con un tono juguetón, pero la mirada de Karma era seria, buscando una respuesta, una confirmación. El brazo de Nagisa todavía estaba entrelazado con el suyo, y Karma no hizo ningún esfuerzo por soltarlo, al contrario, ajustó sutilmente su agarre, acercándolos un poco más.

Nagisa sintió que el calor subía de nuevo a su rostro. Las palabras de Karma eran un espejo que reflejaba su propio comportamiento impulsivo.

—Yo... yo no... —balbuceó, buscando una excusa, una razón lógica que pudiera explicar su irracional estallido de celos. Pero ninguna le parecía lo suficientemente convincente. Solo la cruda verdad: el miedo a perderlo de nuevo, el terror a que la confesión de "el único" fuera puesta a prueba por una mujer tan atractiva y segura de sí misma.

Karma, viendo la lucha interna de Nagisa, suavizó aún más su expresión.

—¿Estabas celoso, Nagisa? —preguntó, su voz un susurro que se mezcló con el suave murmullo de la ciudad que despertaba. No era una acusación, sino una pregunta cargada de esperanza.

Nagisa levantó la vista, sus ojos azules se encontraron con los dorados de Karma. No pudo negarlo. La emoción era tan cruda, tan palpable, que mentir habría sido inútil.

—Sí —confesó Nagisa, la palabra escapando de sus labios como un suspiro—. Sí, estaba celoso. Después de... después de lo que me dijiste ayer. Y de verla a ella... tan... tan elegante y segura de sí misma. Y el beso...

Las palabras de Nagisa se quedaron en el aire, pero la verdad de lo que no dijo era aún más elocuente. El miedo al abandono, la cicatriz de los siete años de ausencia, la fragilidad de la esperanza recién nacida.

Karma sonrió, esta vez una sonrisa genuina, sin una pizca de burla. Llevó su mano libre al rostro de Nagisa, acariciando suavemente su mejilla, sintiendo el calor de su piel.

—Lo sé —dijo Karma, sus ojos brillando con una intensidad que Nagisa había olvidado. La satisfacción era evidente, pero también una profunda ternura—. Lo supe desde el momento en que me llamaste "cariño". Pero me gustó. Mucho.

Y con eso, Karma se inclinó, su mirada fija en los ojos sorprendidos de Nagisa, sus labios a solo milímetros de los suyos. El aire vibró con una expectativa eléctrica. Pero justo en el último instante, Nagisa reaccionó.

Fue un movimiento instintivo, rápido como un rayo, una herencia de sus años en la Clase E. Escapó del agarre de Karma con una fluidez sorprendente, un paso atrás que lo sacó de la órbita de su antiguo compañero. La calidez de la mano de Karma en su mejilla se desvaneció, dejando una sensación de vacío. La confusión, la vergüenza y el pánico por la intensidad del momento se apoderaron de él. No estaba listo. No todavía. El beso, el "cariño", los celos... era demasiado. Todo se había movido demasiado rápido.

Sin decir una palabra, sin atreverse a mirar a Karma a los ojos, Nagisa giró sobre sus talones. Corrió. Dejó atrás las bolsas de la compra, a un sorprendido Karma y la promesa tácita de un momento de reconciliación. Corrió por la acera, directo a su apartamento, su corazón latiendo con una fuerza ensordecedora, el torbellino de emociones consumiéndolo.

Llegó a la puerta de su apartamento, la abrió de un empujón y, una vez dentro, la cerró con llave, doble y triple llave, como si la madera y el metal pudieran contener el caos que sentía. Se dirigió directamente a su habitación y se encerró allí también, apoyando la espalda contra la puerta, respirando con dificultad. El apartamento se sentía de repente demasiado pequeño, su propia mente demasiado ruidosa. Necesitaba espacio, silencio, tiempo para procesar el impacto de Kayano, sus propios celos y la reacción de Karma.

Afuera, en la acera, Karma se quedó inmóvil. Las bolsas de la compra cayeron con un suave thud a sus pies, el sobre de Kayano aún apretado en su otra mano. Sus ojos dorados seguían la figura de Nagisa hasta que desapareció tras la puerta del apartamento. La sorpresa se convirtió en una pizca de frustración, pero rápidamente fue reemplazada por una sonrisa astuta.

"Cobarde", pensó Karma con una mezcla de afecto y exasperación. "Pero te entiendo".

Recogió las bolsas con una mano, el sobre con la otra. Se dirigió al apartamento de Nagisa, que ahora estaba silencioso y cerrado con doble llave. Karma observó la cerradura por un momento, evaluándola. Una de las bolsas de la compra contenía una pequeña caja de herramientas que había comprado "por si acaso". Con la destreza de quien ha pasado años lidiando con sistemas de seguridad mucho más complejos, sacó un gancho metálico de su bolsillo interior. Era una herramienta discreta y versátil que solía usar para abrir puertas, desbloquear mecanismos o manipular circuitos.

Se arrodilló frente a la puerta, su rostro concentrado, el silencio solo roto por el suave tintineo metálico mientras manipulaba la cerradura. No había prisa en sus movimientos, solo una eficiencia letal. Pasaron apenas unos segundos, que parecieron una eternidad en la quietud de la escalera, antes de que un suave clic anunciara la rendición de la primera cerradura. Luego otro clic. Y finalmente, el último pestillo cedió.

Karma sonrió. No iba a dejar que Nagisa se escondiera por mucho tiempo. No después de esa demostración pública.

Con un empujón suave, la puerta se abrió. Karma entró, dejando las bolsas cuidadosamente a un lado, y se dirigió directamente a la habitación de Nagisa. Estaba cerrada por dentro, pero eso no sería un obstáculo.

—Nagisa —dijo Karma, su voz tranquila y segura, al otro lado de la puerta cerrada de la habitación—. No puedes esconderte de mí para siempre.

Con un empujón suave, la puerta se abrió. Karma entró, dejando las bolsas cuidadosamente a un lado, y se dirigió directamente a la habitación de Nagisa. Estaba cerrada por dentro, pero eso no sería un obstáculo.

—Nagisa —dijo Karma, su voz tranquila y segura, al otro lado de la puerta cerrada de la habitación—. No puedes esconderte de mí para siempre.

Nagisa, acurrucado junto a la puerta, había escuchado los suaves clics de la cerradura principal. Sabía que esconderse de Karma, especialmente de un Karma con sus nuevas habilidades y su determinación implacable, sería inútil.

Una parte de él, la parte racional y estratégica forjada en los pasillos de la Clase E, ya había empezado a procesar lo sucedido y a prepararse para la inevitable confrontación. Lo que más le aterrorizaba no era la reprimenda de Karma, sino la intensidad de sus propias emociones y la forma en que se habían desbordado. Se estaba preparando mentalmente para abrir la puerta él mismo y enfrentar la situación con la mayor dignidad posible.

Pero justo en ese momento, escuchó un suave y familiar clic proveniente de la cerradura de la puerta de su habitación. Era el sonido inconfundible de alguien manipulando el mecanismo desde afuera. Nagisa reaccionó rápidamente, sus instintos de combate poniéndolo en alerta. Se separó de la puerta con un movimiento ágil y silencioso, justo a tiempo.

Un instante después, la puerta se abrió con un leve empujón desde el exterior.

Karma entró en la habitación de Nagisa, con su habitual sonrisa relajada y astuta en el rostro, pero sus ojos dorados escaneaban el espacio con una agudeza letal. Llevaba en una mano el gancho metálico que había usado para abrir la puerta del apartamento, y en la otra el sobre de Kayano.

Su mirada se posó en Nagisa, quien no estaba donde esperaba encontrarlo, pegado a la puerta. En cambio, Nagisa estaba de pie en el centro de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho, una expresión compleja en su rostro que mezclaba desafío, vergüenza y una pizca de la confusión de siempre.

—Así que no te escondes —observó Karma, con una ceja arqueada, la sonrisa en sus labios ampliándose—. Interesante. Pensé que necesitarías un poco más de convencimiento. Aunque, debo admitir, que te separaras tan rápido de la puerta fue un buen movimiento. Reflejos intactos, ¿eh?

Nagisa no respondió de inmediato. Había recuperado parte de su compostura, pero el corazón aún le latía con fuerza. La presencia de Karma en su santuario, ese lugar donde se había refugiado, era una invasión que, extrañamente, ya no le parecía tan intrusiva. Solo inevitable.

—¿Qué quieres, Karma? —preguntó Nagisa, su voz más firme de lo que esperaba, aunque con un matiz de cansancio.

Karma dejó el gancho metálico sobre la mesita de noche de Nagisa y cerró la puerta de la habitación suavemente detrás de él. El sonido amortiguó el mundo exterior, dejando solo a los dos en el espacio íntimo.

—Quiero explicaciones —dijo Karma, dando un paso lento hacia Nagisa—. Quiero saber qué fue ese arrebato de celos tan... poco característico de ti. Quiero saber por qué saliste corriendo. Y quiero que hablemos, de verdad, sobre todo. Sin puertas de por medio. Sin distracciones. Solo tú y yo.

Los ojos de Karma se fijaron en los de Nagisa, con una seriedad que disipaba cualquier rastro de la burla de hace unos minutos. La calidez subyacente que Nagisa había notado en la calle ahora era evidente, envolvente.

—El problema es que yo también quiero explicaciones, Karma —replicó Nagisa, su mirada ahora fija en el sobre que Karma todavía sostenía—. ¿Qué hay en ese sobre que te entregó Kayano? ¿Y por qué me llamaste "cariño" en la calle? ¿Y por qué... por qué me besaste?

La última pregunta salió con un volumen mucho más bajo, casi inaudible, pero el peso de la misma llenó la habitación. Era la pregunta que realmente importaba, la que había provocado la huida y el encierro.

Karma dejó el sobre en la mesita de noche, junto al gancho. Luego, sin romper el contacto visual, se acercó a Nagisa, acortando la distancia entre ellos. La tensión en la habitación era palpable, una mezcla de expectativa y una vulnerabilidad compartida.

—Quiero que me mires a los ojos y me digas la verdad, Nagisa —dijo Karma, su voz suave y grave, pero con una intensidad que le erizó los vellos a Nagisa—. ¿Qué quieres tú?

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play