¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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Capítulo 1: De Adonis a Alfombra con Pulgas
La vida es una ironía de proporciones cósmicas, y Devil lo estaba aprendiendo de la manera más humillante posible: lamiéndose una pata trasera mientras intentaba mantener el equilibrio sobre un muro de piedra cubierto de musgo.
Hacía apenas una semana, Devil era el epítome de la perfección masculina. Con su metro ochenta y siete de estatura, una melena negra que parecía esculpida por los mismos ángeles del caos y unos ojos violetas tan hipnóticos que habían causado más de un desmayo en las fiestas de la alta sociedad, su única preocupación era decidir qué corazón romper el fin de semana. Pero el exceso de confianza es un veneno lento. Tropezar con el jardín privado de una anciana que resultó ser una hechicera con muy poco sentido del humor por "cortar una rosa prohibida" no fue su mejor movimiento.
—¿Un gato? ¡¿En serio?! Podrías haberme convertido en un lobo solitario, o en un halcón majestuoso... ¡pero un gato de cinco kilos con las orejas tiesas! —intentó gritar Devil.
Lo que salió de su boca fue un maullido agudo y lastimero que solo atrajo a una mosca persistente. La maldición era clara: solo el "amor verdadero" le devolvería su cuerpo. Y en el diccionario de Devil, el amor verdadero era algo que solo existía en las novelas baratas que sus conquistas olvidaban en su mesita de noche.
El Encuentro con la Viuda de Hierro
El destino, que seguía riéndose de él, lo llevó hasta las puertas de una mansión que parecía sacada de una película de terror gótico, pero con mejor presupuesto. La mansión de los Blackwood.
Allí estaba ella. Suseth.
Devil la vio aparecer en el balcón principal. Tenía veinticinco años, una cascada de cabello negro que le llegaba a la cintura y unos ojos rojos que brillaban con la calidez de un iceberg a medianoche. Era viuda, inmensamente rica y, según los rumores del pueblo, tenía el corazón hecho de obsidiana.
—¿Qué es esa cosa negra y sucia que está en mi jardín? —preguntó Suseth con una voz de seda fría, señalando con un dedo perfectamente manicurado hacia el arbusto donde Devil intentaba ocultar su orgullo herido.
—¡Oh, señora! ¡Es un gatito! —exclamó una voz chillona y alegre.
De detrás de Suseth apareció una mucama de cabello peli rojo vibrante, cuya sonrisa era tan amplia que Devil temió que se le partiera la cara. Era Rose, la criada principal, el sol que intentaba iluminar una mansión sumida en sombras.
—Parece un demonio pequeño, Rose —sentenció Suseth, bajando las escaleras de mármol con una elegancia que hizo que Devil, incluso en su forma felina, recordara por qué le gustaban las mujeres difíciles—. Mira esos ojos violetas. Son antinaturales.
Devil infló el pecho. Incluso como gato, sigo siendo una obra de arte, humana, pensó, intentando poner una pose de modelo de pasarela. Desafortunadamente, en cuerpo de gato, eso solo pareció que tenía un calambre estomacal.
La Bienvenida (O algo así)
Rose corrió hacia él y lo levantó en vilo, apretujándolo contra su uniforme. Devil sintió que sus pulmones colapsaban.
—¡Es precioso! Podemos llamarlo... ¡Cuchurrumin! —chilló Rose.
¿Cuchurrumin? ¡Me llamo Devil! ¡Soy el terror de las solteras de la capital! Devil lanzó un arañazo al aire, pero Rose solo soltó una carcajada y le rascó detrás de las orejas. Para su horror absoluto, su cuerpo traidor empezó a ronronear.
—Se llamará "Esa cosa" —intervino Suseth, acercándose. Miró al gato con profundo desprecio—. Y si ensucia una sola de mis alfombras persas, lo convertiré en un cuello de piel para mi abrigo de invierno.
Suseth extendió su mano, no para acariciarlo, sino para empujarle la nariz con desdén. Devil, indignado, intentó morderle el dedo, pero la mujer fue más rápida y le dio un pequeño toque en la frente que lo hizo retroceder.
—Es feo, está flaco y tiene cara de arrogante —añadió ella—. Se queda, pero dormirá en la cocina. Y Rose, si lo veo en mi sofá, te descuento el sueldo.
Vida de Lujo y Humillación
La mansión Blackwood contaba con tres sirvientes: Rose, la peli roja hiperactiva; un mayordomo anciano llamado Arthur que era tan sordo que saludaba a los cuadros; y un cocinero malhumorado que creía que los gatos eran ingredientes potenciales.
Esa noche, Devil se encontró en una cesta de mimbre vieja en un rincón de la cocina. Él, que solía dormir en sábanas de seda de mil hilos, ahora compartía espacio con una ristra de ajos y una escoba.
—Mañana será otro día, Cuchurrumin —le susurró Rose antes de apagar la luz, dándole un beso en la frente que Devil se limpió concienzudamente con la pata.
A medianoche, Devil decidió que no iba a aceptar su destino tan fácilmente. Si Suseth era la dueña de la casa, él sería el dueño de Suseth. Después de todo, ¿quién podría resistirse a su encanto? Incluso con bigotes, seguía siendo Devil.
Se escabulló por los pasillos sombríos, subiendo las escaleras con agilidad felina hasta llegar a la habitación principal. La puerta estaba entornada. Dentro, la habitación olía a rosas blancas y a algo metálico, como el aroma del poder. Suseth estaba sentada frente a su tocador, cepillando su largo cabello negro. Se veía hermosa, pero su expresión en el espejo era de una soledad tan absoluta que Devil se detuvo un momento.
Tal vez solo necesita un poco de afecto... de mi parte, pensó con su ego humano aún intacto.
Saltó con elegancia sobre el tocador, tirando sin querer un frasco de perfume caro. El estrépito fue magnífico.
Suseth no gritó. Simplemente dejó el cepillo, miró el frasco roto y luego fijó sus ojos rojos en el gato negro que la miraba con lo que él creía que era una expresión seductora.
—¿Tú otra vez? —dijo ella en un susurro peligroso.
Devil se acercó y frotó su cabeza contra el brazo de Suseth, lanzando su ronroneo más "premium". Esperaba una caricia, una palabra dulce, tal vez un poco de leche en un plato de plata.
Suseth lo tomó por el pescuezo, lo levantó a la altura de sus ojos y frunció el ceño.
—Tienes suerte de que no crea en la mala suerte de los gatos negros, "Cosa" —dijo ella—. Pero tienes exactamente tres segundos para salir de aquí antes de que pruebe si es cierto que los gatos siempre caen de pie... desde el balcón.
Devil abrió los ojos de par en par. ¡Esta mujer es un monstruo!
Antes de que pudiera reaccionar, Suseth lo abrió la puerta del balcón y, con un movimiento fluido y nada cariñoso, lo dejó caer sobre el seto de arbustos del jardín.
—Y no vuelvas a entrar. Hueles a calle —sentenció ella antes de cerrar el ventanal.
Devil se sacudió las hojas del pelaje, mirando hacia el balcón iluminado. Estaba indignado. Estaba ofendido. Y, extrañamente, estaba intrigado. Nadie le había dicho "no" en toda su vida humana, y ahora, una viuda con ojos de rubí lo había lanzado a la basura como si fuera un calcetín viejo.
—Esto no se quedará así, Suseth Blackwood —maulló Devil hacia la luna, jurando venganza—. Vas a amarme, aunque me cueste mis siete vidas. Y cuando vuelva a ser humano... te vas a enterar de quién es Devil.
Mientras tanto, en la cocina, Rose ya estaba preparando un lazo rosa gigante para ponérselo al día siguiente. La comedia de la vida de Devil acababa de empezar, y el camino hacia el amor verdadero parecía estar lleno de arbustos espinosos y humillantes lazos de colores.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍