Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
ENFRENTA EL PASADO
La noche de la gala llegó más rápido de lo que Gabriela hubiera querido.
Desde la mañana sintió una presión constante en el pecho, como si algo invisible apretara su respiración. Intentó concentrarse en el trabajo, revisar documentos y responder correos, pero cada minuto que pasaba la acercaba más a ese evento que ahora parecía inevitable.
El reencuentro que jamás imaginó enfrentar.
—¿Lista para esta noche? —preguntó Claudia emocionada mientras acomodaba unos papeles sobre el escritorio.
Gabriela forzó una sonrisa.
—Lo estaré.
Pero sabía que mentía.
Durante años evitó lugares concurridos, fiestas elegantes y cualquier situación que le recordara quién había sido antes. Antes de aprender que el amor podía desaparecer sin explicación.
Antes de León.
Al salir del trabajo regresó rápidamente a su departamento. Abrió el armario y observó los vestidos colgados, dudando. No quería destacar, pero tampoco podía presentarse descuidada.
Finalmente eligió un vestido negro sencillo, elegante, que resaltaba su figura sin llamar demasiado la atención. Mientras se arreglaba frente al espejo, sus manos temblaron ligeramente.
—Solo es una gala —se dijo—. Nada más.
Pero su reflejo parecía saber la verdad.
Aquella noche no sería normal.
El salón del evento brillaba bajo enormes lámparas de cristal. Música suave llenaba el ambiente mientras empresarios y ejecutivos conversaban entre risas y copas de vino. Todo era lujo, elegancia y apariencias perfectamente cuidadas.
Gabriela entró junto a sus compañeros intentando pasar desapercibida. El lugar era imponente, demasiado distinto a la tranquilidad que había construido en los últimos años.
—Relájate —susurró Claudia—. Solo sonríe.
Gabriela asintió, aunque su mirada recorría el salón con inquietud.
Algo dentro de ella lo buscaba.
Y al mismo tiempo temía encontrarlo.
Matías se acercó poco después.
—El director de la otra empresa llegará en unos minutos. Quiero que todos mantengan una actitud profesional. Esta alianza es crucial.
Gabriela sintió que el corazón se aceleraba.
Unos minutos.
Solo unos minutos más.
El murmullo del salón cambió repentinamente cuando las puertas principales se abrieron. Varias personas giraron al mismo tiempo, curiosas.
Gabriela no quería mirar.
Pero lo hizo.
Y el mundo dejó de existir.
León entró acompañado por varios empresarios. Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado, su postura segura reflejaba el hombre en el que se había convertido. Más maduro, más serio… pero inconfundible.
El mismo hombre que había amado.
El mismo que la había destruido.
El aire abandonó sus pulmones.
Dos años desaparecieron en un instante.
León avanzó saludando a todos con cortesía profesional, hasta que sus ojos recorrieron el salón… y se detuvieron en ella.
El impacto fue inmediato.
Como si el tiempo se quebrara entre ambos.
Gabriela sintió un nudo en la garganta. Sus piernas parecían incapaces de moverse mientras miles de recuerdos golpeaban su mente al mismo tiempo.
Él también se quedó inmóvil por un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente para confirmar que ninguno había olvidado.
Matías se acercó a León para saludarlo formalmente.
—Bienvenido. Es un honor finalmente conocerlo en persona.
—El honor es mío —respondió León, aunque su mirada regresaba inevitablemente hacia Gabriela.
Matías comenzó a presentar al equipo uno por uno.
Cada paso que León daba hacia ella hacía que su corazón latiera con más fuerza.
Hasta que llegó el momento inevitable.
—Ella es Gabriela Ríos, parte del área administrativa —anunció Matías.
El silencio entre ellos fue ensordecedor.
Gabriela levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se encontraron.
Y todo volvió.
Las promesas.
Las despedidas.
El dolor.
León extendió la mano con aparente calma profesional, aunque sus dedos temblaban apenas perceptibles.
—Mucho gusto —dijo con voz baja.
Gabriela dudó un segundo antes de aceptar el saludo.
El contacto fue breve.
Pero suficiente para encender recuerdos que nunca murieron.
—Igualmente —respondió ella, esforzándose por sonar distante.
Para los demás era solo una presentación más.
Para ellos, era un terremoto silencioso.
Durante la primera hora del evento, Gabriela intentó mantenerse ocupada conversando con colegas y revisando detalles de la organización. Sin embargo, sentía constantemente la presencia de León cerca, como una corriente eléctrica imposible de ignorar.
Cada vez que sus miradas se cruzaban, ambos apartaban los ojos rápidamente.
Hasta que ya no pudo soportarlo más.
Salió al balcón del salón buscando aire fresco. La noche estaba despejada y las luces de la ciudad brillaban debajo como un océano infinito.
Respiró profundamente.
—Sabía que te esconderías aquí.
La voz detrás de ella hizo que su cuerpo se tensara.
No necesitó girarse para saber quién era.
León se acercó lentamente, manteniendo cierta distancia.
El silencio entre ambos estaba cargado de todo lo que nunca dijeron.
—No vine a hablar contigo —dijo Gabriela sin mirarlo.
—Pero necesitamos hacerlo.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—¿Necesitamos? Qué curioso… porque hace dos años no pensaste lo mismo.
Las palabras golpearon con fuerza.
León bajó la mirada un instante.
—Lo sé.
Gabriela finalmente se giró hacia él, y la mezcla de emociones en su rostro era imposible de ocultar.
—¿Sabes lo que fue para mí? Desapareciste sin explicación. Sin una razón. Me hiciste creer que todo había sido mentira.
—Nunca fue mentira —respondió él con firmeza.
—Entonces dime por qué te fuiste.
El silencio volvió.
León apretó los puños, luchando contra algo interno.
—No puedo explicarlo todavía.
La expresión de Gabriela cambió inmediatamente.
—Claro. Siempre el mismo misterio. Siempre el mismo silencio.
Intentó marcharse, pero él habló nuevamente.
—Lo hice para protegerte.
Ella se detuvo.
—¿Protegerme de qué? ¿De ti?
—De algo mucho peor.
Gabriela negó con la cabeza, frustrada.
—No vuelvas a inventar excusas. Si ya no me amabas, bastaba con decirlo.
León dio un paso hacia ella, desesperado.
—Nunca dejé de amarte.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Gabriela sintió que el corazón se rompía otra vez.
—No tienes derecho a decir eso ahora —susurró—. Aprendí a vivir sin ti. Aprendí a reconstruirme mientras tú… simplemente desaparecías.
Sus ojos brillaban por las lágrimas que se negaba a dejar caer.
León la observaba con culpa profunda.
—Cada día lejos de ti fue un castigo.
—Entonces debiste quedarte.
El silencio se volvió insoportable.
La música del interior apenas llegaba hasta el balcón, como si perteneciera a otro mundo.
—Hay cosas que aún no puedo contarte —dijo León finalmente—. Pero algún día entenderás que alejarme fue la única forma de mantenerte a salvo.
Gabriela lo miró fijamente.
—No necesito que me salves. Solo necesitaba que no me abandonaras.
Esa frase lo destruyó.
Por primera vez, León no encontró palabras.
Ella respiró profundamente, recuperando la compostura.
—Esto fue un error —dijo con voz más firme—. Trabajaremos juntos y nada más. El pasado quedó atrás.
Intentó convencerse mientras hablaba.
Pero ambos sabían que era mentira.
Porque la forma en que sus miradas seguían buscándose decía lo contrario.
Gabriela regresó al salón sin mirar atrás.
León permaneció en el balcón, observando la ciudad, consciente de una verdad inevitable:
El destino les había dado una segunda oportunidad… y esta vez las heridas del corazón exigirían respuestas.
Dentro del salón, Gabriela intentó sonreír nuevamente, aunque todo dentro de ella estaba en caos. Cada emoción que había enterrado regresaba con fuerza abrumadora.
Y por más que intentara negarlo, algo seguía intacto.
El amor.
La noche apenas comenzaba.
Y ninguno de los dos estaba preparado para lo que vendría después.
Porque algunas historias no renacen suavemente…
Renacen como tormentas.