El día en que pidió el divorcio, fue el día en que el hombre que juró amarla la humilló de la manera más vil. Con hilos de sangre recorriendo cada centímetro de su cuerpo, llegó al acantilado donde estaban quemando la puerta del infierno, con el objetivo de poner fin a su sufrimiento.
Lo anterior le daría una nueva oportunidad de vivir, ahora como miembro del ejército real. No obstante, Jamás pensó que su primera misión de búsqueda y rescate, la terminaría llevando al lado del ancestro de quien le salvó la vida.
Ahora como guardiana del príncipe Kenshi, primer duque de London, deberá protegerlo de las garras del infierno e incluso de una esposa que con tal de divorciarse de él será capaz hasta de ir en contra de la propia corona.
¿Podrá salvar a alguien que está en el mismo lugar que una vez ella estuvo?
¿Su frío corazón será suficiente para la tarea?
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CAPÍTULO 21
El castillo de la eterna primavera, ubicado en la ciudad de London, la cual era aledaña a la capital real, se encontraba rodeada de un hermoso lago cuya entrada solo era posible a través de un puente plegadizo. Su peculiar nombre se debía a que el valle donde se ubicaba estaba rodeado de un campo de flores, que mágicamente podía sobrevivir aun en el invierno más cruel.
Siendo parte de la herencia del rey, cuando su madre falleció, este solo la usaba para vacacionar; no obstante, tras lo sucedido con el palacio original del duque y en vista que este necesitaba volver a radicarse en London, decidió decirle su preciado lugar.
"Quién diría que en unos siglos este palacio sería abandonado"
Habló mentalmente Diana, mientras recordaba la situación actual de aquel hermoso castillo en su tiempo. Luego de la hambruna que sucedería medio milenio después. Muchos lugares tuvieron que dejar de ser mantenidos por la corona para desviar recursos y ayudar a la gente.
Mientras tanto, una procesión de más de treinta sirvientes, incluyendo el ama de llaves y el mayordomo principal los estaba esperando. Fueron avisados con anticipación de la llegada de su alteza, así como de su prometida, por lo que ya tenían todo preparado para recibirlos.
No obstante, una joven mujer de cabello rosa ondulado, y mejillas como manzana, era la más ansiosa por la llegada del duque. Se trataba de Ana, la hija del ama de llaves. Siendo criada a la par que la sirvienta trabajaba al lado del duque, siendo este tan solo un niño, ella había crecido muy cercana a este.
Cuando se enteró de que se había casado con la santa, no tuvo de otra más que resignarse. No podía hacer nada ante una mujer tan linda, elegante y sobre todo importante como la antigua duquesa. Sin embargo, al saber que el duque fue divorciado y que solo estaba, "supuestamente", comprometido con su guardiana, una mujer que describieron como vulgar, tuvo la esperanza de esa vez resaltar y lucirse encima de aquella extraña.
—¡Ana!—gritó su madre al verla correr.
La joven se alegró tanto cuando al fin el carruaje llegó a la entrada principal del palacio, que salió corriendo a la par que la brisa dejaba volar un poco la falda de su blanco vestido. Todos estaban inquietos, sabían muy bien el amor que ella le tenía al duque, solo esperaban que la pobre no cometiera algún error que le costara su lugar en el palacio.
Pero la vida o era cruel con ella, o quería demostrarle una lección, ya que no dejó que el duque, herido, diera una sola palabra, cuando se abalanzó sobre él, quitando de un golpe a la desconocida mujer que estaba a su lado.
Kenshi, sorprendido por el movimiento, terminó lastimándose un poco las heridas en sus dos cuencas, provocando que estas sangraran un poco y que su vendaje se manchara rápidamente.
—¡Suéltame!—gritó Ana al sentir como la mujer la separaba.
Su madre, asustada, corrió hasta donde ella, quien fue tirada al suelo, mientras Diana se acercaba al duque para intentar detenerle el sangrado. No podía entender cómo había gente tan idiota en esa época, sobre todo porque siendo ella regañada por su falta de uso protocolar, se tenía que enfrentar a una persona que sí pertenecía a ese tiempo que ni siquiera daba sus respetos.
—Ana...¡Ana lo siente!—dijo la mujer al darse cuenta del error que hizo—Ana estaba feliz que el duque volviera, ¡Ana merece la muerte!
—En efecto, lo mereces—escuchó con frialdad por parte de Diana.
De inmediato la hija del ama de llaves frunció el ceño con miedo, era la primera vez que alguien le hablaba así. Ni siquiera lady Sara, ella tan solo la ignoraba. En cambio, esa intrusa que había llegado, tomada del brazo del duque, estaba intentando pisotearla.