Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 11
Dos meses después, "Sansón" recibió una condena benigna de comparecencia restringida. Lo encontré en al comandancia recogiendo sus efectos personales. -Espero estés ahora en la acera del bien y dejes de frecuentar el mundo del delito-, le dije, acercándome él para verle sus brazos gigantes de cerca. Uffff qué músculos, parecían esculpidos en una roca. Mordí un labio extasiada.
-Por supuesto, capitana, ha sido una mala experiencia, es suficiente para mí-, reconoció y su vozarrón me despeinó por completo. Su voz era igual a un ciclón arrasando conmigo.
-Llámame-, pequé de angustiada por él, incluso le escribí el número de mi móvil en un papelito y a él le dio mucha risa mi atrevimiento. -¿Acaso le gusto, capitana?-, adivinó los deseos y las ansias que se dibujaban en mis ojos. No le fue nada difícil leer mis intenciones, tampoco, porque estaban impresos en mi mirada como una impronta indeleble.
Adivina bien. Hicimos el amor en su casa. Yo estaba desesperada que ni siquiera medí las consecuencias ni nada. Me aventé a sus brazos, y me lo comí a besos gimiendo y sollozando desesperada, atenazada a su musculatura igual a una araña, incluso encadenándome a él con mis tobillos
"Sansón" se entusiasmó demasiado con mis jeans pegados. Sus ojos destellaron fuego cuando me tuvo a su merced y se deleitó acariciando mis curvas y estrujando mis pechos que se habían emancipado por los deseos de una velada íntima, vehemente y sin control. Era evidente que la sangre de "Sansón" chisporroteaba en sus venas, con los deseos de poseerme y descubrir mis encantos y eso me hacía despertar aún más mis ansias de que me haga suya.
"Sansón" me besó como loco, mordiendo mis labios y sujetando mis manos para que no me resista. En realidad yo no me iba a resistir. Tenía ganas de pasión, era la verdad. "Sansón" metió las narices a mi escote, buscando mis pechos con afán e ímpetu. Yo me sentí estremecida y empecé a sollozar como loca, envuelta en fuego.
"Sansón" me cargó luego de las sentaderas y me tiró a la cama igual a una muñeca. ¡Pum!, me desparramé en las sábanas completamente obnubilada por los besos y las caricias de "Sansón" y el fuego que brotaba en mis poros y que me calcinaba hasta hacerme cenizas. Mis senos los tenía tan duros que parecían cumbres empinadas esculpidas en piedra.
Ardí en fuego. Me incineré en un santiamén. Sentí las manos de "Sansón" viajar por mis curvas, por mis caderas y por toda mi piel que empecé a incendiarme de manera incontrolable, tanto que hasta perdí la noción del tiempo. No sé en qué momento ni cómo pudo sacar mi jean que estaba bien pegado hasta dejarme desnuda y a su merced. Me hizo suya igual que un náufrago recién rescatado del océano, sumergiéndose en mis profundidades, alcanzando los límites más lejanos de mi ser e invadió mis fronteras lejanas y se adueñó, completamente de mis entrañas.
En ese instante que él se volvió un caudaloso río entando en mis profundidades, me volví loca de placer. Me jalé los pelos y le hundí mis uñas en la espalda, con desesperación, muy febril y vehemente, extasiada de tanto gozo y placer. Mis colmillos se afilaron de pronto y sin darme cuenta ¡pum! lo mordí en el cuello desesperada por beberme su sangre.
Yo pensé que "Sansón" se molestaría porque la mordida que le di en el cuello fue colosal, tanto que incluso empezó a chorrear largos y copiosos hilos de sangre, pero ese tipo era tan rústico, tan fornido, tan áspero, tan hecho en piedra que no sintió nada y siguió deleitándose con mis encantos con absoluta normalidad.
Al final de la velada, quedé exánime, tumbada sobre las almohadas, exhalando fuego en todos mis poros, por mis narices, en mi aliento, regada como una piltrafa sobre los edredones, completamente maltratada por la furia de mi amante y mi boca encharcada en sangre.
Lo hicimos sin protección alguna. ¡¡¡Yo quería quedar embarazada de "Sansón"!!! Él era enorme, guapo, fornido, ideal para procrear vampiros macizos, resistentes a todo, pero no pasó nada. Repetimos las veladas una y otra vez y sin embargo no quedé encinta.
Pensé que "Sansón" era impotente. Lo obligué a hacerse un examen con un urólogo y salir de dudas. Como "Sansón" se había enamorado perdidamente de mí y le convenía además estar contigo, no puso pero alguno. ¡¡¡Él era el novio de una policía y más aún de la mismísima capitana del cuartel!!! y por ende no le puso reparo alguno a someterse a las pruebas. Los exámenes confirmaron, además, que él estaba súper saludable, capaz de embarazar a cien mujeres a la vez.
Rayos, caí en la cuenta. ¡¡¡Yo no podía engendrar porque era una mujer vampiro!!! En mala hora descubrí que los humanos habían quedado incólumes a nosotros los vampiros después de la pandemia que provocaron las drogas sintéticas y químicas que asolaron al mundo entero.