Georgina Rizzo es una joven de 23 años con un entusiasmo por la literatura y un futuro prometedor, todo marcha bien en su vida, hasta que sus hermosos ojos color hazel ven a Nicolas Caruso.
Ella se enamora a primera vista de él y hace todo lo posible para que su amor sea correspondido, sin saber que Nicolas nunca podrá amarla porque ya tiene a alguien más en su corazón.
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Capítulo 21
Cuando decidí darle una oportunidad a Nicolás, no lo dije en serio, porque si él podía mentir, yo también podía hacerlo.
Así durante algún tiempo fingí bajar la guardia y retomar mi papel de chica enamorada, aunque esta última parte era mitad mentira y mitad verdad porque realmente aún Nicolás ocupaba un lugar en mi corazón, un lugar que no podía ser remplazado fácilmente así como olvidado porque eso toma tiempo y mis heridas así como mi amor ciego aún no habían sido curados.
Así que todos los días me miraba al espejo y me recordaba a mi misma aquella imagen que me perseguía hasta en pesadillas.
Su confesión hacia mi hermana Emilia.
— Hoy iremos al parque — comentó Nicolás con una sonrisa demasiado brillante, parecía que mis palabras acerca del bebé que mantenía en mi vientre no le habían importado para nada si este bebé era de él o de alguien más.
Al escuchar su comentario una suave emoción emergió en mi mente, después de todo, estaba demasiado aburrida de estar encerrada, aunque no estaba siendo maltratada o humillada y aunque tampoco me gustaba salir demasiado, en este momento en donde no sabía cuando se me iba a presentar una oportunidad así, decidí aceptar la oferta de mi "esposo" y salir.
Cuando llegamos al parque debido a la hora había pocas personas, no intente escapar porque con todo eso de la esquizofrenia sabia muy bien que no tenía oportunidad, pero, eso no significaba que no tenía un plan.
— ¡Oh! ¡Nicolás! — enunció una vez detrás de nosotros — ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Quién es esta belleza? ¿Tu novia?
Al ver el aspecto de aquel sujeto no pude evitar sorprenderme debido a que tenía una barba un tanto peculiar que debido a su rostro juvenil lo hacía ver como alguna especie de niño imitando un adulto.
— ¿Qué tal, Francis? — cuestionó Nicolás a modo de saludo mientras tomaba mi mano — Estoy paseando con mi esposa, Georgina.
— ¿Estás casado? ¿Por qué no me invitaste a la boda? ¿Por qué no invitaste a Deán? Seguro estará enojado — le preguntó a Nicolás mientras me extendía la mano la cual acepte con una sonrisa.
— ¡Encantada de conocerte! — exclamé antes de responder — Todo sucedió muy rápido que casi ni yo me entero de que estaba casada.
Aquel hombre se río a carcajadas ante mi explicación mientras Nicolás miraba al cielo al escuchar mi casi realista respuesta.
— Él lo entenderá, como dijo Georgina, todo aso tan rápido que casi pensé que estaba siendo amenazado.
Aquel hombre llamado Francis solo suspiro antes de ofrecerse para tomarnos algunas fotos, la cual Nicolás aceptó a regañadientes debido a que su amigo estaba siendo una tercera rueda en nuestra ¿cita?
Bueno...
En este punto ni yo lo sabía.
Cuando termino de tomarnos un montón de fotos con su móvil, el cual tenía una aplicación que hacía que las imágenes se vean irreales debido a lo demasiadas perfectas que eran, me ofrecí a tomarles una fotografía para que la guarden como recuerdo.
Aunque Nicolás solo levantó una ceja de manera fugaz no hizo nada para detenerme.
Mientras le tomaba varias fotos utilice el celular de este desconocido para llamar a la única persona en la que podía confiar.
— Demasiada tecnología para mí — me excusé — Deberías decirme el nombre de esta aplicación, es demasiado fabulosa, las imágenes salen sin imperfecciones y demasiados realistas, es como si la densidad de la luz y la opacidad de la noche se hubieran reunido para hacer...
Seguí parloteando por un largo tiempo lo genial que era aquella aplicación porque solamente quería ganar tiempo.
— Es una APP en desarrollo, aún estamos en su periodo de prueba así que no la podrás encontrar en cualquier tienda móvil — respondió de manera cortes antes de mirar a Nicolás — Fue un gusto encontrarme contigo, pero, debo seguir mi camino, no perdamos en el contacto.
Luego de decir aquellas palabras se despidió antes de desaparecer como llegó, en la nada.
— ¿Cómo conociste a alguien como él? — cuestioné intrigada.
— Solo sucedió — comentó — Recorramos un poco el lugar antes de irnos.
— Está bien — acepté sonriente mientras me dejaba guiar por él.
— Me gusta esto — susurró Nicolás de la nada haciendo que lo miré con curiosidad ante sus palabras — Me hace sentir como si perteneciera, siento como si fuéramos una familia.
Guardé silencio mientras esperaba sus próximas palabras.
— ¿Sabes?, ese ha sido mi mayor deseo desde que perdí a mi abuela. Me he sentido demasiado solo durante micho tiempo, había demasiadas cosas en mi mente que este deseo lo olvidé por completo, pero, ahora que estoy caminando contigo de la mano, lo recuerdo — mencionó antes de besar mi mejilla de manera fugaz.
— Desde ahora somos una familia — comenté con la conciencia culpable — Tú y yo y el bebe.
Nicolás apretó mi mano con delicadeza antes de llevarla a sus labios de manera galante haciendo que mi respiración por un momento se detenga.
Nuestros ojos se enfrentaron en un duelo de miradas, los suyos lucían amables y llenos de sentimientos que no quería reconocer, su mirada plateada irradiaba tantas cosas que por un momento quise dejarte llevar y dejar atrás todo lo que me hacía denigrar los sentimientos que me profesaba Nicolás, en cuanto, mis ojos hazel solo podían verlo a él, en ellos solos estaba él como el primer momento en que lo vi, mi mente quedó en blanco antes de inclinar mi cuerpo y darle un abrazo.
— Sé que estás mintiendo, no soy tonto, pero, he querido engañarme a mi mismo y creer que todo había vuelto a ser como antes — murmuró en vida baja haciendo que lo miré con sorpresa.
— No estoy mintiendo.
— ¡Oh, si que lo haces! — proclamó mientras me miraba fijamente de una manera que no podía catalogar como espeluznante o amable — Sé que mentiste desde el momento en que me dijiste que me darás una oportunidad, sin embargo, quise engañarme y creer que tus palabras podían ser verdad y que estabas dispuesta a dejar el pasado atrás. Pero, eso es imposible para ti, Georgina, porque tú nunca volverás a confiar en mí.
— Espera...
Nicolás no dejó que diga nada, él me interrumpió colocando un dedo sobre mis labios.
— No me mientas más, Georgina — susurró contra una voz un tanto fría que me hizo sentir que algo iba mal — Tu amigo está aquí — anunció antes de colocarse enfrente de mí.
Ahora entendía por qué decía todas esas palabras, Dan se encontraba detrás de mí con los brazos cruzados rodeado de algunos guardaespaldas de los que no tenía conocimiento alguno de su existencia.
— Te he estado buscando durante todo este tiempo, G — masculló Dan con los dientes apretados — ¿Y ahora resulta que estuviste siendo retenida por este animal?
— ¡Dan! — exclamé cuando uno de los dos guardaespaldas que lo mantenía detenido le apretó la mano de una manera dolorosa que hizo que mi amigo Dan grité de dolor — ¡No le hagan daño!
— Escuchen a mi esposa — ordenó Nick.
— ¡¿Esposa?! ¡Estás enfermo! ¿Cómo puedes ser tan arbitrario? ¡Déjala ir! ¡Ella no quiere estar contigo! — exclamó mi amigo haciendo que mi corazón se conmueva.
— Ella es mi esposa, ¿entiendes?— remarcó Nick en cada palabra — No puedo dejarla ir. Además, está esperando un hijo mío.
Abrí los ojos de manera incrédula ante la desfachatez de sus palabras.
Nicolás con todo esto se estaba pasando de la raya, realmente no sé en qué momento el género de mi vida se convirtió en tragedia para estar rodeada de tantas personas insanas.
— ¿Es cierto, G? — cuestionó Dan mirando mis ojos con fijeza mientras se reía de una manera que me hizo cuestionar si la persona delante de mí era mi mordaz amigo Daniel — ¿El hijo que esperas es de él o...?
Dan no completó sus palabras debido al puño que le estampó Nicolás de manera fugaz.
— ¡Para! — grité histérica interponiendo mi cuerpo delante de Nicolás el cual se estaba preparando para darle otro golpe al estúpido de Dan.
Nicolás se detuvo ante mis palabras, no sin antes darme una mirada herida.
— Dan deja de tentar tus surte — regañé en voz baja a mi amigo mientras ponía en marcha el plan que había maquinado en mi mente para liberarme de una vez por todas de Nicolás — Te lo he dicho — susurré en voz baja.
— ¡No lo hagas! — exclamó Nick con el rostro desencajado — ¡Por favor!
Al mirar el parque vacío a mi alrededor debido a que cuando inició la dispuesta las pocas personas que se encontraban aquí huyeron despavoridas.
— Tú nunca me escuchaste — dije mientras me armaba de valor y tomaba la mano de Dan — Sí, estoy embarazada, pero el niño que tengo en mi vientre no es tuyo, Nick, es de... es de Dan — solté mientras miraba sus ojos con fijeza.
— Ya la escuchaste, bestia, así que deja que nos vayamos — comentó Dan con los dientes apretados.
Nicolás negó con la cabeza mientras me miraba con aquellos ojos que parecían leer el alma.
— Tanto quieres herirme para inventarte una mentira como esa — escupió con la mirada manchas de tristeza que por un momento me arrepentí de decir aquellas palabras hirientes, pero, esto era lo único que podía hacer para que me Nick me devuelva mi libertad — Sé que tu amigo es gay, así que no necesitas seguir haciendo este espectáculo.
Daniel se echó a reír tanto que por un momento me dio miedo.
Este chico se tomaba muy en serio su papel.
— Bueno, acaso no soy hombre, por Georgina podría ser hetero en cualquier momento, después de todo ambos enfrentamos decepciones amorosas que buscamos compañía en el otro, ella ha estado viviendo conmigo todo este tiempo, así que el niño es su vientre bien podría ser mío — replicó haciendo que hasta casi yo crea todo lo que salía de su boca.
Nicolás negó con la cabeza mientras tomaba mi mano.
— Nos vamos, creo que salir fue un error, creo que todo esto es un maldito error — argumentó mientras tomaba mi mano y me jalaba para que lo siguiera.
— ¡Suéltame! ¡Déjame ir! — pedí intentando alejarme de él.
— ¡Suéltala, infeliz! — gritó Dan de manera repetitiva.
Pero...
Por más que supliqué y supliqué Nicolás hizo lo que quería.
— ¿Qué hacemos con él, señor? — cuestionó un guardia haciendo que lo miré con horror al verlo sacar un arma.
— ¡No la asustes! — amenazó Nick mientras tapaba mi visión periférica — No somos mafiosos, así que porque cargas un arma tan aterradora y la enseñas en cualquier oportunidad, una más y te despido.
— ¡Lo siento, señor! — se disculpó el guardia antes de repetir su pregunta — ¿Qué hacemos con el señor Daniel?
— No le hagas daño, Nick — supliqué con los ojos llorosos debido a que ver el arma me había impactado de sobremanera.
Nicolás apretó la mandíbula mientras me evaluaba.
— Creí que sabía el tipo de persona que era — susurró mientras tocaba mi cabello — Pero, veo que me equivoqué.
— Antes podía decir con los ojos cerrados que era un buen chico — guardé silencio por un momento antes de enfrentar el gris de sus ojos con el hazel de los míos — Pero, ahora no sé quién eres en realidad, Nick, realmente no lo sé.
Al escuchar mis palabras Nicolás me miró antes de ocultar su mirada en la oscuridad de la noche, de repente sentí suaves gotas caer sobre mi mano, a lo que pensé que muy pronto iba a llover sin saber que aquellas gotas que creí de lluvia no eran gotas sino lágrimas de un hombre que se había rendido y aceptado su destino después de muchas derrotas.
— Déjenlo tirado en algún lugar seguro — anunció con voz grave antes de ayudarme a subir a su auto.
Sin querer coloqué las manos sobre mi vientre durante todo el trayecto, en este momento el silencio que siempre se sentía incómodo ahora era bienvenido en este ambiente tan pesado.
Cuando llegué a la casa de Nicolás solté un suspiro resignado mientras veía como Nick apretaba su definida mandíbula, la cual lo hacía ver salvaje e indomable.
— He tomado una decisión, Georgina — mencionó con voz suave cuando estuvimos en la sala de estar, sus ojos me miraban con fijeza mientras hablaba — Creo que es momento de dejarte ir. Yo realmente deseaba empezar desde cero contigo, pero, me di cuenta de que es imposible hacerlo.