NovelToon NovelToon
EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:770
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7_La Espera Silenciosa

Al otro lado, un golpe sordo resonó en la madera. Karma, con el corazón encogido, también se había sentado, buscando el apoyo frío de la misma puerta que ahora los separaba. Estaban a escasos centímetros, sus presencias casi tangibles a través de los viejos tablones de madera, unidos por un delgado velo de tiempo que se extendía como un abismo entre ellos.

—Me sentí morir cada maldito día —continuó Nagisa, cada palabra un dardo envenenado que liberaba años de dolor acumulado—. Cada vez que un alumno, con la inocencia de su mirada, me preguntaba por qué mis ojos se veían tan tristes, yo tenía que forzar una sonrisa, una máscara de indiferencia, y decir que estaba bien, que todo estaba perfectamente bien. Me convertí, Karma, en un experto en la mentira. ¡Aprendí esa habilidad de ti! Aprendí a fingir que no me importaba, a ocultar la herida abierta de que la persona que más amaba me hubiera desechado, abandonado, como si yo fuera un simple estorbo en el ascenso de su ambiciosa carrera política.

—No fuiste un estorbo, Nagisa… —susurró Karma, su voz apenas un hilo, quebrado por la emoción. Nagisa pudo percibir, incluso a través de la barrera de la puerta, la humedad de sus propias lágrimas mezclándose con las de Karma. Era un eco de dolor compartido—. Fuiste, lo juro, lo único que me anclaba a mi humanidad. Fuiste el faro que me recordaba lo que significaba sentir, amar. Y por eso, precisamente por eso, me escapé, huí como un cobarde. Porque si me hubiera quedado a tu lado, si hubiera permitido que tu luz me alcanzara, nunca habría dejado de llorar por Koro-sensei. Si me atrevía a mirarte a los ojos, veía su reflejo, su recuerdo, y no podía soportarlo. Fui un cobarde, Nagisa. Fui, sin duda, el peor de los cobardes que haya existido.

—Lo fuiste —sentenció Nagisa, cerrando los ojos con fuerza, como si quisiera borrar la imagen de ese pasado doloroso—. Me dejaste solo, completamente solo, con el fantasma omnipresente de nuestro maestro y con el vacío desgarrador de tu ausencia. Tuve que enterrar a dos personas ese marzo, Karma. Dos seres que amaba profundamente. Y a una de ellas, aunque me duela el alma reconocerlo, todavía la amo con una intensidad que me consume.

El silencio que siguió a esas palabras fue sepulcral, opresivo, solo interrumpido por el rítmico repiqueteo de la lluvia contra las ventanas del edificio, como si el cielo mismo llorara con ellos.

Esa noche, Nagisa no abrió la puerta. No podía. Su orgullo, herido y enardecido, y el dolor crudo que lo embargaba eran aún demasiado grandes, demasiado recientes, para permitir que Karma viera su rostro deshecho, la fragilidad de su alma expuesta. Pero tampoco se movió de su lugar. Permaneció allí, inmóvil, sentado contra la madera fría, sintiendo la helada presencia de Karma al otro lado, la temperatura gélida que emanaba de su cuerpo y que se filtraba a través de la puerta.

Las horas se arrastraron, lentas y agonizantes. Las 2:00 a.m., las 4:00 a.m. Nagisa, a pesar de la incredulidad, pensó que Karma se habría marchado, que el frío insoportable del pasillo lo habría ahuyentado. Pero cada vez que aguzaba el oído, cada vez que contenía la respiración, escuchaba. El leve roce de la tela de Karma contra la puerta, un suspiro contenido, un pequeño y discreto carraspeo. Karma cumplió su promesa silenciosa. Se quedó allí, bajo la humedad implacable del pasillo, tiritando en silencio, aceptando el castigo del frío penetrante como una penitencia autoimpuesta por sus años de abandono, por el dolor que había causado.

Cuando los primeros y tímidos rayos del sol se filtraron, de un gris pálido y prometedor, por la ventana del pasillo, Nagisa, con un suspiro que liberaba años de tensión, finalmente se puso de pie. Sus piernas, entumecidas y rígidas por las horas de inmovilidad, protestaron con un dolor punzante, pero su corazón, para su propia sorpresa, se sentía un poco menos pesado, una pizca más ligero.

Lentamente, como si realizara un ritual sagrado, giró el pomo y empujó la puerta.

Karma, encogido, casi hecho un ovillo en el suelo, con la ropa empapada por la humedad y el rostro pálido por la falta de sueño y el frío mordaz, levantó la vista. Sus ojos dorados, que en otro tiempo habían destellado con una arrogancia desafiante, ahora solo mostraban una súplica silenciosa, una vulnerabilidad desarmante.

Nagisa no pronunció una sola palabra. Simplemente se hizo a un lado, su figura esbelta enmarcando la entrada, y dejó la puerta abierta de par en par, una invitación tácita. El aroma reconfortante del café recién hecho, ese calor hogareño que había echado tanto de menos, invadió el pasillo, envolviendo a Karma en una promesa de consuelo.

Karma se levantó con dificultad, sus articulaciones crujiendo y protestando con cada movimiento, y entró en el apartamento de Nagisa. No hubo besos explosivos que desafiaran el tiempo, ni promesas grandilocuentes de un amor eterno e inquebrantable; solo un silencio profundo, cargado de un entendimiento tácito, de una historia no contada que se desplegaba entre ellos.

La cacería había terminado. El asesino y el prodigio, los dos polos de una misma ecuación, finalmente estaban bajo el mismo techo, listos para comenzar la ardua tarea de recoger los pedazos rotos de lo que el tiempo, en su crueldad, no había podido destruir por completo.

Karma entró en el pequeño apartamento de Nagisa con pasos torpes, cada movimiento un recordatorio doloroso de la noche a la intemperie. El lugar era modesto, pero inmaculadamente ordenado, y flotaba en el aire una mezcla sutil de té verde y el inconfundible aroma de libros viejos. Era, Karma lo reconoció con una punzada de nostalgia, un reflejo exacto del Nagisa que no había tenido la oportunidad de conocer en su adultez, un Nagisa que había crecido y florecido lejos de él.

Nagisa cerró la puerta, pero mantuvo una distancia prudente, una barrera invisible pero palpable. Se cruzó de brazos, su mirada fija en el suelo, una postura defensiva que hablaba volúmenes.

—Hay toallas secas en el baño. Dúchate con agua caliente antes de que te dé neumonía —dijo Nagisa, su voz desprovista de frialdad, pero teñida de una distancia cortés, casi formal, como la de un anfitrión amable con un extraño—. Te dejaré algo de ropa en la puerta. Es probable que te quede pequeña, lo sé, pero es lo que hay.

—Nagisa… —intentó decir Karma, dando un paso tentativo hacia él, deseando cerrar la distancia.

—No. No digas nada ahora —lo cortó Nagisa, levantando finalmente la vista. Sus ojos, aún enrojecidos e hinchados por las lágrimas de la noche, se encontraron con los de Karma—. Que te haya dejado entrar no significa, ni remotamente, que estemos bien, Karma. Significa, y solo significa, que no puedo ser tan cruel como tú lo fuiste conmigo y dejarte morir de frío en un pasillo. Nada más.

Karma bajó la cabeza, su asenso mudo una aceptación tácita. Entendió, en ese instante, que el camino de regreso al corazón de Nagisa sería, sin lugar a dudas, la misión más difícil y desafiante de toda su vida, una que requeriría más que solo palabras.

Durante las horas siguientes, un silencio denso y opresivo se instaló en el apartamento, como un tercer ocupante invisible. Nagisa preparó un desayuno sencillo, pero reconfortante: arroz y sopa de miso, los colocó sobre la mesa, y comieron uno frente al otro, evitando cualquier contacto visual, cualquier chispa que pudiera encender viejas heridas.

Karma, vestido con una camiseta azul de Nagisa que le quedaba ridículamente apretada en los hombros, se sentía más vulnerable que nunca, la ropa ajustada un recordatorio físico de lo expuesto que estaba.

—¿Por qué me dejas quedarme si todavía me odias un poco? —preguntó Karma en un susurro, rompiendo el silencio tras terminar de comer, su voz apenas audible.

Nagisa dejó los palillos con cuidado exquisito sobre el cuenco vacío.

—No te odio, Karma. Odiar requiere una energía emocional que, francamente, ya no tengo, que he agotado —respondió con una sinceridad aplastante, una verdad que resonó en el aire—. Lo que siento es… que ya no te reconozco. El Karma que yo amaba, el que conocía y adoraba, nunca me habría dejado solo, nunca me habría abandonado de esa manera. Así que, en este momento, eres solo un hombre. Un hombre que solía ser mi mejor amigo, mi confidente, y que ahora me debe siete largos años de explicaciones, de verdades que aún no he escuchado.

Karma apretó los puños bajo la mesa, la tensión evidente en sus nudillos blancos.

—Entonces déjame presentarte a este nuevo Karma, Nagisa. Déjame, por favor, demostrarte que, aunque me equivoqué de la peor forma posible, aunque mi cobardía me llevó lejos, nunca dejé de ser "tuyo".

—Eso está por verse —Nagisa se levantó y, con un movimiento fluido, recogió los platos, la conversación cerrada por ahora—. El perdón es un proceso, Karma, no un regalo que se otorga sin esfuerzo. Y vas a tener que trabajar por él, Akabane, cada día, con cada acción, con cada palabra.

Esa tarde, la rutina inquebrantable de Nagisa lo llamó. Debía ir a la escuela, su refugio y su vocación. Antes de cerrar la puerta, se detuvo, su mirada se dirigió hacia Karma, quien permanecía inmóvil en el sofá, observando pensativamente el perfil distante de las montañas a través de la ventana. La luz de la tarde apenas iluminaba la expresión de su rostro.

—No te quedes esperando —dijo Nagisa, su voz firme, aunque teñida de una resignación que intentaba ocultar—. Apenas termines de desayunar y te hayas cambiado, es mejor que te vayas. No necesito que me esperes para la cena, ni que sigas aquí cuando regrese. Tengo mis propias costumbres y mi propia vida.

Karma, al escuchar esas palabras, levantó la vista. Por un instante, una chispa de su antigua picardía brilló en sus ojos, pero se desvaneció rápidamente, reemplazada por una expresión más humilde, casi sumisa. No hubo réplica, solo un leve asentimiento, una aceptación tácita de la sentencia.

Nagisa cerró la puerta con un suave clic, la separación entre ellos ahora física y tangible. Mientras descendía las escaleras hacia la bulliciosa escuela, sintió cómo el nudo apretado en su pecho se aflojaba, apenas un milímetro, un suspiro casi imperceptible de alivio.

Sabía que las heridas eran profundas, que tardarían años, quizá una vida entera, en cicatrizar por completo. Habría días, estaba seguro, en los que la ira y el resentimiento lo consumirían, en los que desearía expulsar a Karma de su vida a gritos, sin piedad. Pero, por primera vez en siete largos y desoladores años, el asesino y el prodigio habían compartido el mismo espacio, respirado el mismo aire, y eso, solo eso, era un comienzo.

El perdón, pensó Nagisa, llegaría algún día. Quizás en una tarde de lluvia mansa que lavara las penas, quizás en una mañana de sol que trajera nueva esperanza.

Pero por ahora, el simple hecho de que Karma hubiera estado allí, que hubiera aceptado su humilde desayuno y su fría despedida, que hubiera cruzado el umbral de su vida una vez más, era suficiente. Era el primer y vacilante paso para empezar a sanar. La puerta de su corazón, aunque aún custodiada por el dolor, ya no estaba completamente cerrada.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play