Una policía reencarna en un mundo mágico, supuestamente condenada a morir porque se convertirá en la tercera esposa del duque.. Pero, ella decide cambiar su destino..
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Bridge 2
Sienna se quedó inmóvil solo un segundo cuando vio a Julian frente a ella.
Luego, como si nada hubiera pasado, se alisó el vestido.
Sacudió un poco la falda.
Acomodó una manga.
Su rostro volvió a su expresión tranquila, casi indiferente.
—Aunque seas el duque de estas tierras.. no puedes secuestrar personas.
Julian la observó en silencio.
Ella intentó avanzar.
Pero no dio ni dos pasos.
La mano de Julian se cerró alrededor de su brazo y la detuvo con facilidad.
La expresión de Sienna se endureció.
La de Julian también.
—Gata fiera..
Sus dedos apretaron un poco más.
—No te vas a ir sin mi permiso.
Sienna lo miró directamente a los ojos.
Sin miedo.
Sin dudar.
—No me voy a quedar.
Su voz era igual de fría.
—Ve a buscar a Sage Gray para casarte.
Intentó liberar su brazo.
—Y déjame en paz.
Eso fue suficiente.
Los ojos de Julian se oscurecieron.
—¿Crees que esto es un juego?
Sienna tiró de su brazo con fuerza.
Los dos comenzaron a forcejear en medio del jardín.
Los guardias y sirvientes que estaban cerca se quedaron paralizados.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Nadie en toda la mansión había visto algo así.
Porque nadie… absolutamente nadie… le había hablado jamás así al duque.
Y mucho menos había luchado contra él.
Sienna empujó a Julian.
Él apenas se movió.
Pero entonces ella hizo algo que lo hizo sonreír.
De su manga sacó un pequeño cuchillo.
La hoja apareció de pronto entre sus dedos.
Los guardias contuvieron el aliento.
Julian bajó la mirada hacia el arma.
Luego volvió a mirarla a ella.
Y sonrió.
—Eso no me hará daño.
Sienna también sonrió.
Pero su sonrisa era diferente.
Lenta.
Peligrosa.
—¿Quieres comprobarlo?
Por un segundo el aire se volvió pesado.
Julian la observó.
Había algo extraño en ella.
No era solo valentía.
Era… costumbre.
Como si estuviera acostumbrada a luchar.
A defenderse.
A sobrevivir.
Julian habló con calma.
Pero su voz tenía filo.
—No juegues con mi paciencia.
Sienna giró ligeramente el cuchillo entre sus dedos.
—Entonces usa tu tiempo en algo útil.
Sus ojos lo miraron con absoluto desprecio.
—Busca una esposa como una persona normal.
Intentó dar otro paso.
—Y déjame en paz.
Julian dejó de sonreír.
No respondió.
Simplemente se movió.
En un segundo.
Con una rapidez que Sienna no esperaba.
La tomó por la cintura.
La levantó.
Y la puso sobre su hombro.
—¡¿Qué—?!
Sienna comenzó a moverse inmediatamente.
—¡Bájame!
Julian ni siquiera se detuvo.
Empezó a caminar hacia la mansión.
Sienna luchaba.
Pataleaba.
Golpeaba su espalda.
—¡Maldito duque arrogante!
Sus uñas se clavaron en su cuello.
Lo arañó.
Los guardias se quedaron congelados.
Uno de ellos incluso dio un pequeño paso atrás.
Porque aquello era… imposible.
Nadie tocaba al duque.
Nadie lo golpeaba.
Nadie lo insultaba.
Y mucho menos… nadie sobrevivía después de hacerlo.
Pero ahí estaba.
Esa mujer.
Arañándolo.
Golpeándolo.
Intentando morderlo.
—¡Suéltame!
Julian ni siquiera se inmutaba.
Subió las escaleras de la mansión con ella aún luchando.
Sienna intentó clavar el cuchillo.
Pero él atrapó su muñeca sin siquiera mirarla.
—Eso ya lo intentaste.
Ella pateó otra vez.
—¡No me voy a quedar!
Su respiración era rápida.
Su cuerpo no dejaba de luchar.
Porque para Sienna… rendirse nunca había sido una opción.
Toda su vida había sido así.
Una lucha constante.
Contra hombres que creían tener derecho sobre otros.
Contra personas que abusaban del poder.
Contra aquellos que pensaban que podían comprar o controlar vidas ajenas.
Así había sobrevivido.
Así había llegado hasta ese momento.
Por eso no iba a rendirse ahora.
Ni siquiera frente a un duque.
Pero mientras ella luchaba…
Julian pensaba algo muy diferente.
Porque para él… todo esto era nuevo.
Fascinante.
Nadie lo enfrentaba.
Nadie lo desobedecía.
Nadie lo desafiaba.
Pero ella sí.
Y cuanto más luchaba Sienna… más se encendía algo en su mente.
Una mezcla extraña.
De interés.
De desafío.
De obsesión creciente.
Julian abrió la puerta de la habitación donde ella había despertado.
Entró.
Y finalmente la dejó caer sobre la cama.
Sienna intentó levantarse inmediatamente.
Pero él apoyó una mano sobre el colchón, bloqueándola.
Sus ojos oscuros la miraban con intensidad.
Y ahora su sonrisa había vuelto.
Una sonrisa lenta.
Peligrosa.
—Puedes seguir luchando, gata fiera.
Su voz era baja.
Casi divertida.
—Pero ya estás en mi casa.
El brillo en sus ojos se volvió más intenso.
—Y ahora…
se inclinó ligeramente hacia ella.
—quiero ver cuánto tiempo puedes seguir huyendo.
Julian mantenía una mano apoyada en la cama, bloqueando a Sienna para que no se levantara. Su sombra caía sobre ella, y la distancia entre ambos era cada vez menor.
Sus rostros quedaron a pocos centímetros.
Julian inclinó ligeramente la cabeza.
Por un momento pensó que, si se acercaba lo suficiente, si invadía su espacio de esa forma… quizá ella finalmente se intimidaría.
La mayoría de las mujeres lo hacían.
Bajaban la mirada.
Se tensaban.
Retrocedían.
Pero Sienna no era la mayoría de las mujeres.
Cuando Julian se inclinó un poco más… ella se acercó todavía más.
Y antes de que él pudiera reaccionar.. lo mordió en el labio.
Julian se quedó inmóvil.
Sintió el pequeño dolor.
Luego el leve sabor metálico de la sangre.
Sienna se separó apenas unos centímetros.
Lo miraba con desafío.
El duque pasó su pulgar por el labio herido.
Miró la pequeña mancha roja en su dedo.
Y entonces… sonrió.
Una sonrisa lenta.
Divertida.
—Entiendo.
Sus ojos volvieron a fijarse en ella.
—Parece que ahora tendré que dedicarme a domar gatas salvajes.
Sienna no pareció impresionada.
Ni siquiera lo miró.
Giró la cabeza hacia un lado.
—Ve a contratar una esposa.
Su tono era seco.
—Y déjame en paz.
Julian observó su perfil unos segundos.
Luego habló con tranquilidad.
—Puedo pagar tu dote hoy mismo.
Sienna no reaccionó.
—Le pagaré a tu tío.
Y entonces… su expresión cambió.
Fue un cambio pequeño.
Pero Julian lo notó inmediatamente.
Sienna lo miró de golpe.
—No lo hagas.
Su voz fue inmediata.
Tensa.
—No me compres.
Había algo diferente en su mirada ahora.
Algo que Julian no había visto antes.
No era miedo.
Era… rechazo.
Profundo.
Genuino.
Julian entrecerró ligeramente los ojos.
—Ah.
Ahora sí estaba interesado.
—Entonces sí te importa.
Sienna lo miraba con dureza.
—No quiero que ellos reciban un solo peso por haberme vendido.
Julian inclinó la cabeza.
—Interesante.
Se apoyó un poco más cerca.
—Entonces si no les pago…
sus ojos se clavaron en los de ella.
—¿te quedarás?
Sienna negó inmediatamente.
—No.
La respuesta fue instantánea.
Eso hizo que la expresión de Julian se endureciera un poco.
—¿Tienes miedo?
Su voz bajó.
—¿Es por mis esposas?
El silencio llenó la habitación un segundo.
—Las dos primeras murieron.
Sienna lo miró directamente.
—No.
Su respuesta fue firme.
—No tengo miedo.
Julian alzó una ceja.
—¿No?
Sienna lo observó con calma.
—Si quisieras que yo estuviera muerta… ya lo estaría.
Julian sostuvo su mirada.
Luego asintió lentamente.
Porque eso era verdad.
Pero Sienna volvió a hablar.
—Solo te pido una cosa.
Julian no respondió.
Esperó.
—No le digas nada a mi tío.
Su voz fue más baja ahora.
—Y no le des el dinero.
Julian se quedó pensativo un momento.
Luego sonrió otra vez.
—Quiero algo a cambio.
Sienna frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
Julian no apartó la mirada.
—Un beso.
El silencio que siguió fue pesado.
Sienna lo miró fijamente.
Luego murmuró entre dientes..
—Maldito duque…
Su voz bajó aún más.
—Loco y pervertido.
Pero para Julian…
eso sonó casi como un cumplido.
Su sonrisa se ensanchó.
—¿Entonces?
Sienna lo miró un segundo más.
Luego levantó una mano.
Lo tomó del cuello de la camisa.
Y lo atrajo hacia ella.
Pero no fue un beso suave.
No fue tímido.
No fue delicado.
Fue fuerte.
Furioso.
Cargado de toda la rabia que llevaba dentro.
Un beso intenso.
Desafiante.
Como si fuera otra forma de pelea.
Como si estuviera diciendo..
no soy tuya.
no me controlas.
no voy a ceder.
Cuando finalmente se separaron, el aire entre ellos parecía más caliente.
Y Julian la miraba con una expresión completamente distinta.
Porque ahora estaba seguro de algo.
Esa mujer… no iba a ser fácil de controlar.
Y por alguna razón… eso solo lo hacía querer intentarlo más.
y seguro que dentro de unos meses ya se entera del truco xq los duques de la aurora dónde ponen el ojo ponen la bala 😂😂😂👌
ahora tenemos bebé abordo😉