NovelToon NovelToon
NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

Status: En proceso
Genre:Edad media / Vampiro / Fantasía LGBT
Popularitas:776
Nilai: 5
nombre de autor: Mariangel Suarez

En una mansión aislada entre bosques nevados, el antiguo clan Vane oculta secretos que podrían destruir el mundo vampírico. Julian Vane, un vampiro de doscientos veinte años, ha perdido toda conexión con su humanidad, hasta que conoce a Leo Ardent, un joven restaurador de arte cuya sangre guarda un misterio ancestral.
Atraídos por una conexión inexplicable, ambos se adentran en una historia de obsesión, secretos familiares, celos y deseos prohibidos. Pero mientras el pasado amenaza con repetirse, Julian deberá enfrentar una verdad aterradora: la sangre puede unir sus destinos, pero jamás garantizar que Leo llegue a amarlo.

NovelToon tiene autorización de Mariangel Suarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2.

Aquella noche, Leo descubrió tres cosas.

La primera era que su habitación tenía una cama con dosel, una chimenea de piedra y una ventana que daba a un bosque donde la niebla parecía no disiparse jamás.

La segunda era que los Vane cenaban a las nueve, aunque nadie parecía comer demasiado.

La tercera era que Julian lo observaba.

Lo hacía desde el otro extremo del comedor, mientras Balthazar hablaba sobre una exposición de arte en Viena. Lo hacía cuando Leo examinaba los retratos del pasillo. Lo hacía incluso cuando fingía leer un libro junto a la chimenea.

Y cada vez que Leo levantaba la mirada, Julian parecía estar esperando precisamente ese momento.

Al principio, Leo pensó que el hombre simplemente disfrutaba incomodándolo.

Después empezó a preguntarse por qué le importaba tanto conseguir su atención.

Era una atracción absurda, nacida de unas pocas palabras y de una mirada que parecía atravesar todas sus defensas. Leo sabía reconocer el peligro. Había pasado años aprendiendo a desconfiar de las personas que prometían demasiado y preguntaban demasiado poco.

Julian no prometía nada.

Eso lo hacía mucho peor.

Poco antes de la medianoche, Leo bajó a la biblioteca en busca de un catálogo de pintura flamenca.

Encontró el libro sobre una mesa.

Y encontró a Julian frente a la ventana.

—¿Siempre estás despierto? —preguntó Leo.

—Siempre.

—Eso no puede ser saludable.

—No tienes idea.

Julian se volvió.

La luz de la luna delineaba su rostro y convertía sus ojos en dos fragmentos oscuros de cristal.

Leo se acercó a la mesa, intentando concentrarse en el libro.

—Evangeline me dijo que puedo utilizar la biblioteca cuando quiera.

—Mi madre es extraordinariamente generosa con las cosas que no le pertenecen.

—¿La biblioteca no es suya?

—Todo lo que hay en esta casa pertenece a mi padre. Incluso las cosas que llevan siglos intentando escapar de él.

La respuesta hizo que Leo levantara la mirada.

—¿Y tú? ¿También le perteneces?

Por primera vez, Julian pareció sorprendido.

Después se acercó.

Leo no retrocedió, aunque su instinto le recomendaba hacerlo.

—Ten cuidado con las preguntas que haces aquí —susurró Julian—. Algunas tienen respuestas que podrían arruinarte la vida.

—Entonces deja de darme motivos para preguntar.

Se quedaron mirándose.

A Leo le pareció que Julian estaba a punto de decir algo. Algo importante, quizá. Algo que había permanecido atrapado detrás de aquella expresión indiferente durante demasiado tiempo.

Pero Julian bajó los ojos hacia el libro.

—La pintura que buscas está en el tercer estante.

—¿Cómo sabes qué estoy buscando?

—Porque llevas treinta segundos mirando hacia él.

Leo miró el estante.

Cuando volvió a girarse, Julian estaba más cerca de lo que esperaba.

—¿Siempre observas tanto a las personas? —preguntó Leo.

—Solo a las interesantes.

El silencio se volvió insoportablemente íntimo.

Leo percibió el aroma de la ropa de Julian, algo parecido a la lluvia sobre piedra y a las páginas antiguas. Por un instante, quiso tocarlo. No sabía si deseaba comprobar que era real o descubrir qué ocurriría si quebraba aquella distancia cuidadosamente mantenida.

Julian miró su mano.

—No deberías confiar en mí.

—No lo hago.

—Bien.

Pero tampoco creo que tú confíes en nadie.

La expresión de Julian se endureció.

—No sabes absolutamente nada de mí.

—Entonces cuéntame algo.

Julian lo contempló con una tristeza tan repentina que Leo sintió haber abierto una puerta que debía permanecer cerrada.

—He vivido lo suficiente para saber que todas las personas terminan marchándose.

—Eso no significa que tengas que mantenerlas alejadas antes de que puedan decidirlo.

Por un instante, Julian no pareció un monstruo.

Pareció un hombre muy cansado.

Y entonces sucedió.

Una gota de sangre apareció en el dedo de Leo. Se había hecho un pequeño corte con el borde de una página antigua.

No era más que una herida insignificante.

Pero Julian se quedó completamente inmóvil.

El cambio fue aterrador.

Sus pupilas se dilataron hasta oscurecer casi por completo sus ojos. La tensión recorrió su mandíbula y sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del borde de la mesa.

Leo dejó de sonreír.

—Julian…

—Vete.

La palabra sonó como una orden.

—¿Qué?

—Ahora.

Julian se volvió de espaldas, respirando de una manera extraña, como si estuviera luchando contra algo que amenazaba con desgarrarlo desde dentro.

Leo sintió miedo.

Pero también sintió una curiosidad terrible.

—¿Qué te pasa?

—No vuelvas a preguntármelo.

La voz de Julian se quebró en la última palabra.

Leo recogió el libro y salió de la biblioteca.

No vio que Julian se quedaba inmóvil junto a la ventana hasta que la puerta se cerró.

No vio cómo apretaba los puños, luchando contra un hambre que no había experimentado en generaciones.

Y no escuchó el susurro que escapó de sus labios cuando se quedó solo.

—No puede ser.

Julian conocía aquel aroma.

Lo había olido una sola vez, en un manuscrito escrito con sangre hacía más de ciento cincuenta años.

La sangre de una estirpe que, según todos los registros, había sido exterminada.

La sangre de una familia cuya existencia podía destruir el equilibrio entre humanos y vampiros.

La sangre que, de acuerdo con una antigua profecía, podía devolverle a un vampiro la capacidad de sentir…

O convertirlo en algo mucho peor.

Julian apoyó la frente contra el cristal helado.

Por primera vez en doscientos veinte años, deseó algo con una intensidad que no sabía controlar.

Y eso era precisamente lo que más temía.

Porque Leo Ardent no era simplemente un hombre que había llegado a Blackthorn para restaurar unas pinturas.

Era el primer ser vivo en más de un siglo que había conseguido despertar algo dentro de él.

Y Julian Vane jamás había sido bueno distinguiendo entre aquello que amaba y aquello que deseaba poseer.

1
Amy Katin
😱😱😱 esta historia se está poniendo intrigante.
Brisa Romero
/Doge/
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play