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Casada por Contrato con el Hacendado

Casada por Contrato con el Hacendado

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Padre soltero / Amor Campestre / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Gabriela

Un matrimonio por contrato. Dos años. Cero sentimientos. Esa era la cláusula.

Elvira Vasconcelos dirige urgencias de madrugada, ignora su propia anemia y tiene un apellido que ya no abre puertas, solo pesa. Su abuela, desde lejos, no la deja en paz con una promesa antigua entre dos viejas amigas: que la nieta de una se casara con el nieto de la otra.

Ramiro Junqueira lleva solo un imperio de soya, ganado y café, habla lo estrictamente necesario y no sabe cómo llenar el hueco que ve en el dibujo de su hija de seis años: en la hoja de Sancha, la familia siempre está incompleta.

Ella necesita que su abuela deje de recibir pretendientes. Él necesita una esposa que no quiera quedarse con su vida. Se citan en un café, sin ilusiones, y salen con un acuerdo firmado: separación total de bienes, cuartos separados, discreción absoluta y una sola regla de honestidad: si alguno siente algo, avisa.

Pero Sancha no se deja engañar con facilidad. La fiebre de una madrugada, un yogur de fresa con letrero de advertencia y un poni llamado Biju empiezan a desordenar un contrato que parecía impecable. Y la doctora que nunca monta, nunca canta y nunca habla de su pasado esconde una caja con cinta reforzada, un nombre de caballo que no pronuncia y una vida entera que el hacendado apenas empieza a descubrir.

Entre cenas de gala que se vuelven emergencias, ex que regresan, suegras que miden de arriba abajo y una familia que se elige poco a poco, Elvira y Ramiro tendrán que decidir qué hacer con la cláusula que nadie quiso escribir.

¿Puede un matrimonio firmado para no sentir nada convertirse en el único lugar donde dos personas cansadas de cargar solas por fin se quedan?

Romance de contrato, corazones que aprenden despacio y una familia que nadie planeó… pero que nadie quiere perder.

NovelToon tiene autorización de Autora Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

POV de Ramiro

Sancha decidió que iba a ser amazona.

—Papá, quiero montar el poni sola. Sin la cuerda.

—Sin la cuerda todavía no, hija. Primero te enseña Cláudio.

—Cláudio enseña muy despacio. La tía Elvira dijo que tengo habilidad.

—¿La tía Elvira dijo eso?

—Dijo. Dijo que me siento como gente que nació montando.

—¿Y la tía Elvira entiende de sentarse en un caballo?

—Entiende de todo. Miró una vez y ya sabía.

Miré a Elvira. Se encogió de hombros, como quien no iba a confirmar ni a desmentir.

—La niña exagera —fue todo lo que dijo.

—¡No exagero! Dijiste "espalda recta, talón hacia abajo". ¿Lo dijiste o no?

—Lo dije. Sigue siendo poco para ser amazona.

—¿Cuánto tiempo falta para serlo?

—Años, Sancha. Y muchas caídas en el camino.

—No me da miedo caerme.

—Todos los buenos se han caído. Lo importante es caer y volver a subir.

Cláudio puso a Sancha en el poni y empezó a dar la vuelta, con la rienda corta en la mano. La niña se enderezó toda, buscando a Elvira con la mirada.

—¡Tía Elvira, mira! ¡Espalda recta!

—Estoy viendo. Talón hacia abajo, Sancha. No dejes que el pie se te vaya hacia adelante.

—¿Así?

—Así. Mira hacia donde vas, no al piso. El caballo va hacia donde miras.

—¿Como un carro?

—Mejor que un carro. El carro no te siente. —Elvira siguió una vuelta más con la mirada y aprobó con un gesto—. Suelta los hombros. Estás montando, no peleando.

Sancha soltó los hombros y se rió, orgullosa de su propia postura. Yo me quedé mirando aquello, mi hija corregida en tres frases por la mujer que yo había creído que solo entendía de hospitales.

Elvira se quedó mirando un poco más, y luego echó a andar hacia Trueno, mi caballo de salto, que solo deja acercarse a tres personas.

—Cuidado con ese —dije—. Muerde a los extraños.

No respondió. Se acercó despacio, por delante y por la izquierda, se detuvo a un paso y dejó que el caballo viera su mano antes de tocarlo. Trueno resopló, sacudió la cabeza y luego la bajó. Se dejó.

—Nunca deja que nadie haga eso. Ni yo, los primeros meses.

—Solo está viendo si tengo miedo. El caballo es como un paciente grave: siente en la mano si uno está firme o no. Si la mano tiembla, él tiembla también. —Pasó la palma por el cuello del animal, bajó hasta la paletilla—. Qué caballo tan bonito. ¿De salto?

—De salto.

—Se nota por la grupa y por cómo carga el cuello. —Rodeó un poco, sin soltar el contacto—. Bien cuidado. Herrado hace poco, el casco está nuevo. Quien lo cuida sabe lo que hace.

—Es Cláudio.

—Entonces Cláudio es bueno. —Le dio una palmadita suave en el cuello a Trueno—. Pero este está demasiado bien para quedarse parado en un picadero de fin de semana. Mira su oreja, mira cómo se mueve sin parar. Quiere trabajo. Está aburrido.

—Aburrido.

—Aburrido. Como la gente. Un animal bueno que no trabaja se enferma de aburrimiento. Se pone mañoso, muerde, se planta. No es maldad, es aburrimiento.

—Sí muerde.

—Muerde a quien llega con miedo y con prisa. —Le acomodó el copete, y Trueno ni se movió—. Conmigo no va a morder. Ya nos entendimos.

—Se entendieron en dos minutos.

—El caballo es honesto. No finge que le caes bien para luego darte una coz. Las coces que me han dado en la vida siempre fueron de gente, nunca de animales.

—Lo dices con mucha certeza.

—Es la única certeza que tengo gratis. Los animales son honestos, la gente es la que complica.

Cláudio le entregó la rienda de Sancha a un peón y se acercó caminando despacio, con el sombrero en la mano, los ojos en Elvira y en Trueno como quien no cree mucho lo que está viendo. En eso un carro se detuvo cerca de la casa grande y bajaron unas mujeres demasiado bien vestidas para un sábado de hacienda.

—¿Quién es? —preguntó Elvira, sin quitar la mano del caballo.

—Bianca. La muchacha que mi madre quería endosarme, la que "estudió afuera". Un asunto que mi madre se empeña en mantener abierto.

—¿Abierto por qué? Ya te casaste.

—Para mi madre, un contrato de matrimonio no cierra ningún asunto. Todavía cree que es una fase.

—¿Y lo es?

—No —lo dije demasiado rápido, y ella también lo notó.

—Vino a ver a la competencia, entonces.

—Tú no eres competencia de nadie. Eres mi esposa.

—Díselo a ella, no a mí.

—Se lo voy a decir. —Di un paso—. Quédate con el caballo.

Elvira me miró de lado y no dijo nada más. Pero lo registró. Registra todo, la manera en que hablé, la prisa que tuve. Lo guarda para usarlo después.

Yo iba a resolver eso. Pero Cláudio llegó primero, se detuvo del otro lado de Trueno y se quedó un rato solo mirando la mano de ella en el cabestro, la manera en que el caballo había bajado la cabeza para ella.

—Perdone la intromisión, señora. —Se rascó el sombrero, sin gracia, como si la pregunta le costara—. ¿Usted… monta?

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