Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.
NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 2
Italia
El hombre llevaba casi diez minutos suplicando.
Dante De Luca llevaba nueve sin escucharlo.
Sentado detrás de un enorme escritorio de madera oscura, repasaba tranquilamente unos documentos mientras el hombre permanecía de pie frente a él.
—Dante, te juro que puedo solucionarlo.
Dante pasó otra página.
—Eso dijiste la semana pasada.
—Necesito unos días.
—También dijiste eso la semana pasada.
El hombre tragó saliva.
A ambos lados de la puerta permanecían dos hombres de los De Luca. Ninguno hablaba.
Dante finalmente dejó los papeles sobre el escritorio y levantó la mirada.
Tenía treinta años, pero hacía mucho tiempo que nadie dentro de la familia lo trataba simplemente como al hijo del jefe.
Todos sabían lo que ocurriría cuando su padre dejara el mando.
Los negocios serían suyos.
—Faltan ciento ochenta mil euros —dijo Dante.
—Lo sé.
—Entonces estamos de acuerdo en algo.
—Yo puedo recuperarlos.
Dante apoyó la espalda contra el sillón.
—¿Cómo?
El hombre abrió la boca.
Nada salió de ella.
Dante esperó.
—Eso imaginaba.
—Dante...
—No uses mi nombre como si fuéramos amigos.
El hombre bajó inmediatamente la mirada.
Dante tomó uno de los documentos.
—Durante ocho años administraste uno de nuestros negocios. Durante ocho años tu familia vivió bien gracias a los De Luca. Hace tres meses empezaste a sacar dinero creyendo que nadie iba a darse cuenta.
—No fue así.
Dante levantó una ceja.
—¿No?
—Tenía problemas.
—Todos tenemos problemas.
—Mi mujer...
—No me interesa tu mujer.
El hombre guardó silencio.
—Ni tus deudas. Ni por qué necesitabas el dinero. Lo único que me interesa es que era nuestro y decidiste tomarlo.
Dante hizo un pequeño gesto con la mano.
Uno de los hombres que permanecía junto a la puerta se acercó.
El rostro del deudor cambió inmediatamente.
—No. Esperá. Dante, por favor.
Dante volvió a abrir la carpeta.
—Sacalo de acá.
—¡Puedo devolvértelo!
Dante ni siquiera levantó la mirada.
—Vendé el restaurante, el auto y todo lo que esté a su nombre. Quiero recuperar hasta el último euro.
El hombre palideció.
—Ese restaurante era de mi padre.
Dante levantó lentamente los ojos.
—Entonces tendrías que haber pensado en tu padre antes de robarme.
Los hombres lo sujetaron de los brazos.
—¡Dante!
Comenzaron a arrastrarlo hacia la puerta.
—¡Tengo hijos!
Esta vez Dante sí lo miró.
Durante unos segundos no dijo nada.
—Entonces vas a seguir respirando por ellos.
El hombre se quedó quieto.
Dante hizo un gesto hacia la puerta.
—Pero no vuelvas a confundir mi paciencia con misericordia.
Se lo llevaron.
La puerta se cerró.
Silencio.
Dante tomó nuevamente los documentos.
—Ciento ochenta mil —dijo sin mirar al único hombre que todavía permanecía en la habitación—. Quiero todo recuperado antes de fin de mes.
—Sí, señor.
—Y revisá las cuentas de los últimos doce meses. Si consiguió sacar esa cantidad, alguien más miró hacia otro lado.
—Me ocuparé.
Dante asintió.
—Fuera.
El hombre abandonó el despacho.
Cuando quedó solo, Dante se sirvió un poco de whisky.
—Tu abuelo habría mandado matarlo.
La voz llegó desde la entrada.
Dante reconoció inmediatamente a su padre.
—Mi abuelo desperdiciaba demasiados hombres.
El mayor de los De Luca entró en el despacho.
—Te robó.
—Y voy a recuperar el dinero.
—Te traicionó.
Dante levantó el vaso.
—Tiene tres hijos.
Su padre sonrió apenas.
—¿Desde cuándo eso te importa?
Dante bebió un sorbo.
—Desde que tengo uno.
El hombre soltó una pequeña risa antes de sentarse frente a él.
—Cada día te parecés más a mí.
—Espero que no.
—Eso también lo decía yo de mi padre.
Dante dejó el vaso sobre el escritorio.
—¿Viniste para hablar de nuestras similitudes familiares?
La expresión de su padre cambió.
—Tenemos novedades de Japón.
Dante permaneció inmóvil.
—¿Los Kuroda?
—Takeshi está dispuesto a hablar.
—Bien.
—No cantes victoria todavía. Hay condiciones.
Dante entrecerró los ojos.
—Siempre las hay.
Su padre observó el despacho durante unos segundos antes de volver a mirarlo.
—Esto no se soluciona con dinero, Dante.
—Entonces decime qué quiere.
—No se trata solamente de lo que quiere Takeshi. Necesitamos una garantía de que dentro de cinco años no vamos a volver a estar matándonos entre nosotros.
Dante apoyó los antebrazos sobre el escritorio.
—¿Qué proponés?
Su padre guardó silencio.
Demasiado.
Dante lo conocía.
—¿Qué hiciste?
—Todavía nada.
—Eso no responde mi pregunta.
El hombre sonrió.
—Propusimos unir las familias.
Dante frunció ligeramente el ceño.
—Ya están unidas por demasiados muertos.
—No de esa manera.
Silencio.
Dante entendió.
—No.
—Ni siquiera terminé.
—No hace falta.
—Vas a casarte.
Dante soltó una risa seca, sin una pizca de humor.
—Buscate otro hijo.
—No tengo otro hijo que vaya a heredar todo esto.
—Entonces buscate otra solución.
—No existe.
Dante se puso de pie y caminó hasta la ventana.
—¿Con quién?
Su padre permaneció en silencio unos segundos.
—Misaki Kuroda.
Dante se paralizó.
No giró.
No hizo ninguna pregunta.
Simplemente se quedó quieto.
Misaki Kuroda.
Claro que conocía ese nombre.
Todos lo conocían.
Incluso antes de que la sangre de un De Luca terminara sobre su katana, ya circulaban historias sobre la única hija de Takeshi Kuroda.
La Katana de la Yakuza.
Así la llamaban algunos.
Otros utilizaban un nombre todavía más sencillo.
El arma de Takeshi Kuroda.
Dante nunca había sabido cuánto había de verdad y cuánto de exageración en todo lo que se decía sobre ella.
Había escuchado que Takeshi la había entrenado desde que era apenas una niña. Que manejaba una katana mejor que muchos de los hombres que la rodeaban. Que jamás dudaba. Que podía permanecer completamente inmóvil mientras decidía la suerte de alguien.
Pero había algo que se repetía en todas las historias.
Su mirada.
Oscura.
Vacía.
Sin expresión alguna.
Decían que Misaki Kuroda podía mirar a un hombre sabiendo que iba a morir y no mostrar absolutamente nada.
Dante siempre había pensado que buena parte de aquello debía de ser una leyenda construida alrededor del apellido Kuroda.
Hasta que ella mató a su hermano.
Entonces dejó de preguntárselo.
Finalmente se giró hacia su padre.
—¿Misaki Kuroda?
—La misma.
Dante soltó lentamente el aire.
—¿Takeshi ofreció a su única hija?
—Nosotros hicimos la propuesta.
Aquello consiguió sorprenderlo todavía más.
—¿Ustedes le propusieron a Takeshi Kuroda que entregara a su hija a un De Luca?
—No la estamos comprando, Dante.
—Intentá explicárselo así a él.
Su padre sonrió apenas.
Dante no.
Volvió la mirada hacia la ventana.
Misaki Kuroda.
La mujer que había matado a su hermano.
Debería haber sentido odio.
Rabia, al menos.
No sentía ninguna de las dos.
Dante conocía demasiado bien al hombre que había compartido su sangre.
Durante años había pagado sus deudas, solucionado sus problemas y limpiado el desastre que dejaba detrás de cada una de sus decisiones.
Su hermano había sido impulsivo, violento y demasiado arrogante para entender que llevar el apellido De Luca no lo hacía intocable.
Dante se lo había advertido más de una vez.
Algún día iba a provocar a la persona equivocada.
Esa persona había sido Misaki Kuroda.
—Ella lo mató —dijo su padre.
Dante lo miró.
—Lo sé.
—Era tu hermano.
—También lo sé.
—Y aun así no la odiás.
Dante apretó ligeramente la mandíbula.
—No.
Su padre lo observó con atención.
—¿Por qué?
Dante tardó unos segundos en responder.
—Porque sé lo que hizo él primero.
El silencio se instaló entre ambos.
Dante sabía que había existido un hombre en la vida de Misaki.
Ren.
También sabía que su hermano había sido responsable de su muerte.
No necesitaba conocer personalmente a Misaki Kuroda para comprender que aquello había tenido consecuencias.
—Comprender por qué lo hizo no significa que quiera casarme con ella —añadió Dante.
—No te estoy pidiendo que la quieras.
Dante soltó una pequeña risa.
—Perfecto. Porque por lo que cuentan de ella, no creo que Misaki Kuroda esté particularmente interesada en ser querida.
Su padre no respondió.
Dante tomó nuevamente el vaso.
—¿Y mamá?
La expresión de su padre cambió.
Eso bastó como respuesta.
—Tu madre quiere recuperar a su hijo.
Dante bajó lentamente el vaso.
—Ya recuperó parte de él.
—No todo.
Silencio.
—Quiere recuperar la cabeza —continuó su padre—. Quiere reunir sus restos y darle un entierro digno.
Dante permaneció inmóvil.
Los Kuroda la tenían.
Habían devuelto parte del cuerpo, pero no todo.
Misaki había conservado la cabeza de su hermano como un último mensaje para los De Luca.
Una advertencia.
Una humillación.
Y para su madre, una herida que llevaba un año abierta.
Dante podía comprenderla.
Su madre podía haber pasado años discutiendo con su hijo, sufriendo por sus decisiones y rogándole que cambiara.
Pero seguía siendo su hijo.
—¿Eso forma parte del acuerdo? —preguntó.
—Sí. Si conseguimos la paz, los Kuroda devolverán lo que queda de él.
Dante se quedó mirando a su padre.
Entonces empezaba a comprender.
Aquello no era solamente una boda.
Los De Luca recuperarían los restos de uno de los suyos.
Los Kuroda obtendrían garantías de que ninguna represalia volvería a caer sobre Misaki.
Y ambas familias pondrían fin a una guerra que ya había cobrado demasiado.
El precio serían ellos.
Dante y Misaki.
—Mamá va a querer verla muerta.
—Probablemente.
Dante soltó una risa incrédula.
—Y ustedes pretenden meterlas bajo el mismo techo.
—Por eso necesito que seas vos quien se case con ella.
Dante negó lentamente con la cabeza.
—Qué familia de mierda.
—Es la que te tocó.
Dante volvió a servirse whisky.
—Misaki Kuroda le cortó la cabeza a su hijo. Mamá no va a recibirla con flores.
Su padre permaneció unos segundos en silencio.
—Misaki perdió bastante más que unas flores por culpa de nuestra familia.
La botella se detuvo en la mano de Dante.
Levantó la mirada.
—¿Qué significa eso?
Su padre sostuvo sus ojos.
—Significa que hay cosas que todavía no sabés.
—Entonces contámelas.
—No me corresponde.
Dante frunció el ceño.
—Estamos hablando de la mujer con la que pretendés que me case. Creo que sí te corresponde.
Su padre se levantó.
—Si los Kuroda aceptan, tendrás tiempo para descubrirlas por vos mismo.
—¿Qué perdió?
El hombre caminó hacia la puerta.
Dante volvió a preguntar, esta vez con mayor firmeza.
—Papá. ¿Qué perdió Misaki?
Su padre se detuvo.
Durante unos segundos permaneció de espaldas.
—Demasiado.
Y salió.
Dante se quedó solo.
Miró el vaso que tenía entre los dedos, pero ya no tenía ganas de beber.
Misaki Kuroda.
La Katana de la Yakuza.
El arma de Takeshi Kuroda.
La mujer de la mirada oscura que, según decían, era incapaz de sentir.
La mujer que había decapitado a su hermano.
La mujer que su madre probablemente jamás perdonaría.
Y detrás de todas aquellas historias parecía existir algo que nadie le había contado.
Dante dejó el vaso sobre el escritorio.
Por primera vez, Misaki Kuroda había dejado de parecerle solamente un nombre.
Y si aquel absurdo acuerdo llegaba a concretarse...
Sería su esposa.
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/