Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 19
Al día siguiente...
La mañana había llegado demasiado rápido para Sia.
Después de aquella noche en el club, había terminado quedándose a dormir en el departamento de Emma.
Había dormido pocas horas.
Al despertar, se había dado una ducha rápida, se había puesto la misma ropa con la que había salido la noche anterior y, antes de dirigirse a su casa, pasó por el club para recoger su automóvil.
Necesitaba cambiarse y luego ir directamente a trabajar.
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En la sala de la residencia Whitmore, Victoria estaba sentada junto a sus padres y Dylan.
Vivian sostenía una taza de café mientras Gregory revisaba el periódico.
Victoria, en cambio, parecía demasiado entretenida con un solo tema.
—¿Todavía no ha llegado? —preguntó.
Dylan levantó la mirada.
—No.
Victoria sonrió ligeramente.
—Qué extraño.
Vivian frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Nada, mamá.
Victoria fingió inocencia.
—Solo digo que Sia nunca había hecho algo así.
Gregory dejó los documentos sobre la mesa.
—¿A qué te refieres?
Victoria se encogió de hombros.
—A no dormir en casa.
Dylan soltó una risa.
—Probablemente se quedó en casa de su amiga.
Victoria negó lentamente.
—¿Tú realmente crees eso?
Vivian la miró.
—Victoria...
—Solo estoy diciendo que ya no es una niña.
Hizo una pausa y añadió:
—Aunque quién sabe dónde pasó la noche.
Gregory endureció el rostro.
—No quiero pensar mal de mi hija.
—Yo tampoco —respondió Victoria rápidamente—. Pero si una señorita decente decide pasar la noche fuera de su casa sin avisar, es normal que surjan preguntas.
Dylan sonrió.
—Quizás amaneció en alguna cama, revolcándose con un hombre.
Vivian lo miró.
—Dylan.
—¿Qué? Solo digo.
Victoria ocultó una sonrisa.
Siempre había sido considerada la hija perfecta.
La hija que sabía comportarse.
La hija que entendía lo que significaba pertenecer a una familia como los Whitmore.
La hija que sabía aprovechar cada oportunidad.
Para Gregory, Vivian y Dylan, Victoria era prácticamente el ejemplo que Sia debía seguir.
Y Victoria lo sabía.
—Cuando me case con Renán —dijo con seguridad—, al menos sabrán que elegí correctamente.
Sia era otra historia.
Para ellos, siempre había sido demasiado independiente, demasiado interesada en su trabajo y demasiado poco dispuesta a obedecer.
—Ella debería aprender de ti —dijo Vivian.
Victoria sonrió.
—Yo siempre he sabido lo que quiero.
En ese momento, las puertas de la residencia se abrieron.
Sia entró.
Apenas puso un pie en la sala, sintió que todas las miradas se clavaban sobre ella.
Se detuvo.
—Buenos días.
Nadie respondió.
Sia frunció el ceño.
Gregory se levantó.
—¿Dónde estabas?
Sia suspiró.
—Me quedé en el departamento de Emma.
Victoria soltó una pequeña risa.
—Qué conveniente.
Sia la miró.
—¿Qué quieres decir?
—Nada.
Sia dejó su bolso sobre una mesa.
—Voy a cambiarme. Tengo que ir a trabajar.
Gregory se interpuso.
—No vas a ninguna parte hasta que respondas.
Sia lo miró confundida.
—Ya respondí.
—No dormiste aquí. ¿Y esperas que lo aceptemos como si nada?
Sia respiró profundamente.
—Soy adulta.
Victoria intervino.
—Una mujer adulta que no considera necesario avisar dónde pasa la noche.
—Me quedé con mi mejor amiga.
—Eso dices.
Sia la miró directamente.
—¿Qué estás insinuando?
Victoria cruzó los brazos.
—Nada. Solo digo que las señoritas decentes no desaparecen toda la noche.
Sia sintió cómo la rabia comenzaba a crecer dentro de ella.
—No desaparecí.
—Entonces ¿por qué no llamaste?
—Perdón, lo olvide.
Gregory dio un paso hacia ella.
—Mientras vivas bajo mi techo, tienes obligaciones.
—¿Obligaciones? ¿Como pedir permiso para respirar?
—No te burles de mí.
—No me estoy burlando.
Victoria intervino nuevamente.
—Papá solo quiere proteger nuestra reputación.
Sia soltó una risa amarga.
—¿Nuestra reputación?
Miró a los cuatro.
—¿O la reputación de Victoria?
Victoria frunció el ceño.
—No metas mi nombre en esto.
—Todo gira alrededor de ti en esta casa.
—Porque sé comportarme.
Sia apretó los labios.
—Claro.
Vivian se levantó.
—Sia, estás actuando como una mujer sin educación.
—No he hecho nada malo.
—¿Y pasar la noche fuera te parece correcto?
—No tengo nada de qué avergonzarme.
La expresión de Gregory cambió.
—¡Basta!
Sia sostuvo su mirada.
—No.
El silencio cayó sobre la sala.
—No voy a permitir que sigan tratándome como si fuera una niña.
Gregory levantó la mano.
La bofetada llegó antes de que Sia pudiera reaccionar.
El golpe hizo que perdiera el equilibrio.
Cayó al suelo.
Todo quedó en silencio.
Sia llevó lentamente una mano a su rostro.
Nadie se movió.
Nadie la ayudó.
Victoria permaneció de pie observándola, con una sonrisa apenas disimulada.
Dylan no dijo nada.
Vivian tampoco.
Gregory respiraba con fuerza, todavía dominado por la ira.
Sia levantó lentamente la mirada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero se negó a llorar.
—¿Eso era necesario?
Gregory no respondió.
Vivian fue la primera en hablar.
—Cuando Victoria se case, buscaremos para ti un hombre de nuestra posición.
Sia la miró incrédula.
—¿Qué?
—Un hombre adecuado.
—No necesito que busquen a nadie para mí.
—Deberías ser igual a tu hermana.
Sia miró a Victoria.
Ella seguía sonriendo.
Entonces Sia comprendió.
Nunca importaba lo que hiciera.
Para ellos, Victoria siempre sería la hija perfecta.
Se levantó lentamente del suelo.
No dijo una sola palabra.
Tomó su bolso y subió las escaleras.
—¡Sia! —gritó Gregory.
Ella continuó caminando.
......................
Entró en su habitación y cerró la puerta.
Solo entonces dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
Se dirigió al baño.
Frente al espejo, levantó el rostro.
Tenía el labio ligeramente partido.
Una pequeña línea de sangre descendía por la comisura.
Sia la limpió con los dedos.
Se quedó observándose.
Las lágrimas finalmente comenzaron a caer.
Pero esta vez no eran lágrimas de tristeza.
Había algo más.
Dolor.
Rabia.
Y una determinación que hasta ese momento no había sentido.
Sia volvió a mirar su reflejo.
—No volveré a permitirlo.
Se limpió nuevamente la sangre del labio.
Entonces recordó a Renán.
No quería pensar en él.
No después de lo que acababa de ocurrir.
Pero, por alguna razón, el recuerdo de Renán era lo único que lograba apartarla por unos segundos del dolor que sentía.
Abrió los ojos y volvió a mirarse.
Esta vez no vio a la hija menor de los Whitmore.
Vio a una mujer que estaba cansada de pedir permiso para vivir su propia vida.
Y algo dentro de ella acababa de cambiar.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo