Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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LA DECISIÓN
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Acabé la merienda con un nudo en el estómago y deseando terminar de una vez con este asunto de León y el lío que su estupidez me había causado.
¿Por qué justamente tenía que nombrarme? ¿Acaso esperaba que creyera que no existían más mujeres a las cuales implicar en su desastrosa vida?
--Vale, dile que me llame, ¿puedo pedirte algo más?
Mi amiga había permanecido sentada en silencio, observándome y atenta a que no me descompensara debido al estrés que todo aquello me había ocasionado.
Antes creía que una persona con su presencia solamente podía causar nervios y malestar. Irónicamente, descubrí que para ocasionar eso no hacía falta estar cerca.
--Lo que quieras-- me dijo sin dudar, sujetando su teléfono
--Quiero hablar a solas con él. No puedo pedirte que te vayas porque este es tu apartamento, pero lo mejor sería que no nos escuches discutir, porque no quiero que te sientas en la obligación de elegir darle tu apoyo a uno de nosotros
--Yo saldré, pero prométeme que, en cuanto hayas terminado, me enviarás un mensaje. ¿Estarás bien?
--Sí, no quiero que te preocupes por eso. Tu hermano no va a poder alterarme más, te lo aseguro
Valeria le envió un mensaje a su hermano y abrió su laptop para que recibiera una videollamada. Después se fue.
La notificación de la videollamada llegó tres minutos más tarde. Atendí y él apareció en pantalla sin esa sonrisa estúpida que había visto tantas veces.
--Hola, Candelaria, ¿cómo estás?-- me dijo
--¿Cómo esperas que esté?-- le pregunté, omitiendo la simple formalidad del saludo
--Sé que debes de estar molesta
--¿Molesta solamente? ¿Quieres que te felicite por lo que hiciste?-- le pregunté
--Hice mal en no consultarte, lo sé
--Jamás hubiera aceptado ser tu esposa bajo ninguna circunstancia y metiste al bebé que estoy esperando en tus problemas
--¿Qué esperas que haga ahora? ¿Quieres que lo desmienta o...?
Extrañamente, parecía sereno, demasiado tranquilo para la tormenta que había provocado en mi vida. Eso solamente me enfureció todavía más.
Tampoco necesitó acabar su pregunta. Yo sabía lo que quería preguntar y fue mejor que no concluyera lo que iba a decir.
--No quiero tenerte cerca, mucho menos de mi hijo. ¿Entiendes eso? Nunca quise ni ser tu amiga. ¿No podías pensar en alguien más o es que esperas que piense que no tenías más opciones?
--Ya lo sé, ¿qué quieres que haga, Candelaria?
--Te odio, León
Lo vi suspirar, seguramente con frustración. O tal vez solamente tenía miedo de que no aceptara ayudarlo con la estupidez que había cometido.
--Eso lo tengo claro, Candelaria, pero todavía necesito una respuesta
¿Por qué, si intentaba apresurarme a decidir, su voz sonaba tan tranquila?
--¿Qué ocurrirá conmigo si dices la verdad? Solamente tu hermana y mi familia sabían de mi embarazo y, por lo que hiciste, todos se enteraron
--Dije que tendré un hijo contigo. Un compromiso puede romperse, pero la paternidad no. Las malas noticias son las más difundidas, así que imagino que habrá repercusiones por meses
Él miró fijamente la pantalla en todo momento mientras me explicaba las consecuencias. Odié cada segundo que habló porque, lamentablemente, tenía razón.
¿Qué pasaría si yo anunciara que no me casaría con él, tal como quería hacer? Me perseguirían para descubrir los motivos de la cancelación del compromiso.
¿Y cuándo naciera mi hijo? Volverían a buscarme porque él había cometido la estupidez de decir que era suyo.
--Me dejaste sin opciones. Decidiste mi vida por mí. No tengo ninguna mejor posibilidad que ser tu esposa-- acepté con frustración
--Entonces aceptas. Deberías mudarte a Aurevia conmigo. No se trata de que yo no pueda viajar, sino de que haya menos gente siguiéndonos. Aquí podrías estar más tranquila
--¿Alguna otra exigencia que pueda odiar?
--Para evitar la prensa, nos quedaríamos aquí-- respiró profundamente-- y me haré cargo de absolutamente todos los gastos que puedas tener, además de darle mi apellido a tu hijo
--Estoy estudiando y tengo un trabajo
--Puedes hacerlo online y tu trabajo no es el mejor remunerado
--Eso no es de tu incumbencia. No me casaré contigo sin establecer reglas. Si las incumples, me encargaré de desmentir todo y me importará poco arruinar mi vida en el proceso. ¿Lo entiendes?
León se acomodó en la silla sin desviar su mirada de la pantalla ni un solo segundo.
--Es justo que lo hagas. Dime cuáles son tus exigencias porque ya sabes las mías
--No dormiré contigo. Nunca
--Aquí vivo en un apartamento de dos habitaciones. Puedo buscar un lugar más amplio
--No es necesario. Compartiré habitación con mi hijo-- él hizo un asentimiento
--¿Alguna otra cosa que necesites?
--No me acostaré contigo jamás y no me refiero solamente a dormir. Nunca tendría sexo contigo, solamente quiero aclararlo
--Lo entiendo
--Algo más. Tus drogas no las quiero en el apartamento. No me importa que pretendas guardarlas en tu habitación. Tendré un hijo y no quiero ese tipo de cosas cerca de él, así que, si vas a drogarte, espero que lo hagas fuera y que vuelvas solamente cuando estés recuperado
Eso era más importante que la cláusula del sexo para mí.
--Jamás haría eso, Candelaria. ¿Cuándo estarías dispuesta a viajar? Imagino que antes deberás ir al médico para que te diga si lo aprueba
--Iré mañana. Valeria te dirá lo que nos diga el médico
--Puedo viajar para que no tengas que hacerlo sola, si lo prefieres-- sugirió
--No será necesario. Te veré demasiado tiempo cuando llegue allí y sigo queriéndote lejos
León asintió. No pareció molestarse ni tampoco se mostró completamente sorprendido por mis exigencias. Imagino que esperaba recibir las condiciones que estipulé porque era más que obvio que no me casaría sin establecer reglas. ¿Quién haría algo así?
Corté la llamada y llamé a Valeria para avisarle que ya había terminado la negociación más incómoda de toda mi vida. Ella regresó en menos de quince minutos con bolsas del supermercado.
--Necesitaba hacer algo para matar el tiempo-- justificó-- ¿Cómo estuvo la llamada? ¿Llegaron a algún acuerdo?
Dejó las pesadas bolsas sobre la mesa y se frotó las manos con ansiedad.
--Acepté, pero con condiciones que no te sorprenderían: sin sexo ni dormir juntos y sin drogas cerca de mi hijo ni de mí
Valeria desvió la mirada.
--León no es drogadicto, Cande, pero no tienes que creerme si no quieres hacerlo. Sé que podrás comprobarlo por ti misma. Sobre lo otro, eso es decisión tuya y yo jamás opinaría, así decidieras exactamente lo opuesto
--Eso jamás pasará. Nunca me acostaría con tu hermano, ni siquiera a dormir-- ella sonrió
--Ya lo sé, tonta. Aunque es lindo, nunca te llamó la atención y, además, es nueve años mayor que tú. Eso lo consideras mucho
Ella sí que me conocía demasiado bien y me alegraba que fuera lo suficientemente sensata para no esperar que sucediera nada entre su hermano y yo.
No lamento tener que dejar esta ciudad, ni tampoco el país, porque únicamente tengo a mi amiga y sé que podría visitarme, al igual que yo a ella. Además de Valeria, sé que no tengo nada más que pueda echar de menos.
No sé cómo pueda ser Aurevia ni tampoco me importa. Lo único que espero es no tener que recordarle a León mis reglas, principalmente las relacionadas con las drogas. Es más que obvio que se que lo demás no tiene sentido que pueda interesarle.
¿Por qué un cantante que ha tenido tantas mujeres como días tiene el año, seguramente, querría estar conmigo? De haberlo sentido interesado hubiese preferido aclararle todo a la prensa.
Agradezco que él tomara este asunto con la seriedad que merece y que no haya mostrado una estúpida sonrisa arrogante en ningún momento.
Tengo la certeza de que casarme con él es una pésima idea, pero que desmentirlo hubiese sido todavía peor. Maldita sea. Si antes lo despreciaba, ahora también lo odiaba y lo peor es que sería mi esposo.
ya sabe la verdad y sigue de necia
y todavía tiene el descaro de culpar a León
espero que ahora que sabe por lo menos una disculpa a un León ya dejó claro que entiende su actitud de ella