Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Pocion 2
Antes de regresar a la mansión, Ellie tomó una decisión.
No podía presentarse ante su familia con aquellas marcas en el cuello.
Especialmente no delante de Emma.
Su hermana mayor ya había demostrado tener una capacidad de observación que rozaba lo sobrenatural.
Si la veía con el cabello desordenado, el rostro sonrojado probablemente comenzaría una investigación militar antes de la hora del té.
Y Ellie no estaba preparada para responder a un interrogatorio de Emma Viceroy.
Así que, antes de volver a casa, se dirigió al pueblo.
Pidió al cochero que la llevara a la parte de las tiendas del pueblo y, cuando el carruaje se detuvo, bajó con cuidado.
La primera tienda que encontró vendía ropa y accesorios.
Entró con una expresión decidida.
—Buenos tardes. Necesito una capa.
La dependienta la observó.
—Por supuesto, señorita. ¿Busca algún color en particular?
Ellie examinó las prendas.
Había capas de diferentes longitudes, algunas con capuchas y otras con cuellos altos.
Finalmente, eligió una de color oscuro, elegante y suficientemente amplia para cubrir sus hombros y parte del cuello.
Se la probó frente a un espejo.
El resultado era perfecto.
[¡Excelente!].
Se acomodó el cuello de la prenda.
[¡Ahora nadie verá nada!].
[Excepto si Emma decide inspeccionarme personalmente].
Su sonrisa desapareció.
[¡No pensemos en eso!].
Pagó la capa, se la puso y salió de la tienda.
Pero todavía tenía un asunto pendiente.
Un asunto que, desde que había abandonado la casa de los Müller, no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
Ellie se detuvo en mitad de la calle.
Sus ojos se abrieron lentamente.
[Espera].
La expresión de su rostro cambió.
[¡ESPERA!].
Miró a su alrededor, como si acabara de recordar una información extremadamente importante.
Había leído suficientes novelas románticas para conocer las consecuencias de una noche de pasión.
Y no todas las protagonistas tenían la suerte de descubrirlas meses después, cuando la historia ya había avanzado lo suficiente como para convertir un embarazo inesperado en un acontecimiento dramático.
Ellie se llevó una mano a la frente.
[¡No puede ser!].
Pero, entre la sorpresa, la atracción y la extraña influencia del polvo mágico, no conseguía ordenar sus recuerdos con suficiente claridad como para tranquilizarse.
Lo único que sabía era que no podía ignorar aquella posibilidad.
[¡He leído cientos de novelas! ¡Cientos! ¡¿Cómo pude olvidar algo tan importante?!].
Se quedó inmóvil durante unos segundos.
Después enderezó la espalda.
No.
No iba a dejar que el pánico decidiera por ella.
Tenía que actuar con sensatez.
Primero, debía averiguar qué opciones existían en aquel mundo.
Y, sobre todo, necesitaba evitar que una sola tarde pudiera alterar toda su vida antes incluso de que comenzara oficialmente su mayoría de edad.
[De acuerdo. Tranquila. Respira].
Miró las tiendas que había a su alrededor.
Finalmente, se dirigió hacia un establecimiento donde se vendían hierbas medicinales, infusiones y preparados tradicionales.
La campanilla de la puerta sonó cuando entró.
Una mujer de mediana edad estaba detrás del mostrador, organizando pequeños frascos.
—Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?
Ellie sintió que el rostro comenzaba a arderle.
[¡Qué vergüenza!].
Se acercó al mostrador y bajó la voz.
—Quisiera consultar por una infusión... para evitar un embarazo.
La mujer adoptó una expresión más seria.
—En ese caso, debo explicarle algo importante. Las infusiones tradicionales no son un método fiable para prevenir un embarazo. Se lo comento para que despues no me culpe, sino funciona.
Ellie sintió que el corazón le daba un vuelco.
La vergüenza seguía allí, pero la preocupación había comenzado a imponerse.
[Está bien. No puedo actuar a ciegas. No después de lo que ha pasado].
Agradeció la información y, tras hacer algunas preguntas discretas sobre las alternativas disponibles, compró una infusión que la mujer le aseguró que era de uso habitual y decían ser efectiva.
Cuando salió de la tienda, se quedó un momento en la acera.
Miró la bolsa que llevaba en las manos.
Después contempló la capa que cubría su cuello.
Finalmente, suspiró.
[¡Qué día tan agotador!].
Había salido de casa con la intención de recoger una poción de belleza.
Ahora tenía una capa nueva, un encuentro íntimo que no podía olvidar y una preocupación que tendría que resolver con calma.
[Definitivamente, las novelas de reencarnación no te preparan para todo].