Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 5 Una invitación inesperada
Por fin había terminado mi primer día en el Colegio Los Cerros. La verdad, estaba cansadísima. Había sido un día lleno de cosas nuevas: profesores, compañeros, salones diferentes y un montón de nombres que todavía tenía que aprenderme.
Salí del salón con mi mochila al hombro y caminé hacia la entrada del colegio. Como todavía no conocía muy bien los pasillos, iba mirando para todos lados para no perderme.
Cuando estaba cerca de la salida, me distraje viendo el celular y, sin darme cuenta, choqué con alguien.
—¡Ay, perdón! —dije rápidamente.
Levanté la mirada y vi a un chico alto, de cabello castaño claro y ojos azules claros.
Era el mismo chico que había visto jugando fútbol durante el recreo.
—Tranqui —me respondió él—. ¿Está bien?
—Sí, sí. Perdón, es que todavía no conozco bien el colegio.
—Ah, usted es la nueva, ¿cierto?
—Sí.
Él sonrió.
—Yo soy Adonis.
—¿Adonis?
—Sí, Adonis Rodríguez.
—Mucho gusto. Yo soy Kiara Hernández.
—Mucho gusto, Kiara.
Por fin estábamos presentándonos formalmente. Hasta ese momento yo solamente sabía su nombre porque Carolina me había hablado de él.
—¿Cuántos años tienes? —me preguntó Adonis.
—Tengo 18. Nací el 15 de marzo de 2008 en Ciudad de México.
—Ah, vea pues. Yo tengo 19 años. Soy de Bogotá.
—Con razón hablas tan diferente a mí —dije riéndome.
—¿Por mi forma de hablar?
—Sí. Yo soy mexicana y todavía estoy aprendiendo algunas palabras que usan acá.
—Pues si alguna palabra no entiende, me pregunta y yo le explico.
—Va, trato hecho.
Adonis acomodó su mochila y luego me preguntó:
—Oiga, Kiara, ¿le puedo pedir su número?
—Sí, claro.
Saqué mi celular y le pasé mi número para que pudiera guardarlo.
—Listo —dijo él—. Ya quedó.
—Perfecto.
Hubo unos segundos de silencio y después Adonis preguntó:
—¿Y qué tal le fue en su primer día?
—Bien. La verdad estaba nerviosa porque soy nueva, pero Carolina me ha ayudado bastante.
—Sí, Carolina es buena gente.
—Se nota.
Adonis miró hacia la salida.
—Oiga, si quiere, otro día podemos salir a conocer un poquito Bogotá. Como usted acaba de llegar, de pronto le sirve conocer la ciudad.
Me pareció una buena idea.
—Sí, estaría padre. Todavía no conozco casi nada.
—De una. Podemos ir al cine o dar una vuelta.
—El cine me gusta.
—Entonces podemos ir al cine.
—Va.
Después de hablar un rato, Adonis me señaló un carro que estaba estacionado afuera.
—Ese es mi carro.
—Ah, ya.
—Si quiere, podemos ir a comer algo y después al cine. Pero si tiene que irse con su familia, no hay problema.
Pensé unos segundos.
—Mi papá todavía no llega. Le puedo avisar que estoy contigo.
—Sí, mejor avísele.
Saqué mi celular y le escribí a mi papá para contarle que iba a estar un rato con un compañero del colegio y que después regresaría.
Luego caminamos hacia el carro.
Adonis abrió la puerta del lado del conductor y se subió. Yo me senté en el asiento del acompañante.
—¿Lista?
—Sí.
—Entonces vámonos.
Durante el camino seguimos platicando.
—¿Y por qué te mudaste a Colombia? —preguntó Adonis.
—A mi papá lo cambiaron de trabajo. Él consiguió un puesto acá en Bogotá y toda mi familia se vino con él.
—Ah, ya entiendo.
—Tengo dos hermanos también. Mateo tiene 22 y Santiago tiene 15. Son bastante diferentes, pero los quiero mucho.
—Yo también tengo hermanos —comentó Adonis—. Después le cuento.
—Sí, estaría padre conocer más de tu familia.
Finalmente llegamos al cine.
Entramos, revisamos las películas disponibles y escogimos una que nos llamó la atención. Compramos las entradas, unas palomitas y bebidas.
—¿Siempre comes palomitas en el cine? —preguntó Adonis.
—Obviamente. Si no hay palomitas, no se siente como cine.
—Jajaja, bueno, eso sí.
Nos sentamos en nuestros lugares y esperamos a que comenzara la película.
Mientras las luces se apagaban, pensé en lo curioso que había sido mi primer día.
Por la mañana no conocía prácticamente a nadie.
Ahora ya tenía una nueva amiga llamada Carolina y acababa de conocer a Adonis, un compañero del colegio con quien seguramente tendría muchas conversaciones durante los siguientes días.
Quizá comenzar una nueva vida en Colombia no sería tan complicado después de todo.