Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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aparece la protagonista
Valeria seguía sentada en la comisaría con los brazos cruzados.
—Esto es discriminación.
—Señora, por favor guarde silencio —dijo el policía.
—Solo porque paseo a mi esposo creen que estoy loca.
—Le estaba dando de comer una empanada a un hombre en coma.
—¡Porque quería compartir!
El policía se llevó una mano al rostro.
En ese momento la puerta se abrió.
Una mujer entró.
Tenía el cabello largo, una expresión amable y una belleza que llamaba la atención.
Valeria la reconoció de inmediato.
—¡Susana!
La protagonista de la novela.
La mujer destinada a quedarse con Sebastián.
Susana se acercó a los oficiales.
—Disculpen. Creo que todo esto es un malentendido.
—¿Conoce a esta mujer? —preguntó uno de ellos.
—Sí.
—¿Y al hombre?
Susana miró hacia Sebastián.
Su mirada se suavizó.
—También.
Valeria hizo un pequeño puchero.
Claro que lo conocía.
En la novela, Sebastián despertaba años después y terminaba enamorándose de Susana.
Los dos estaban destinados.
Mientras ella era la villana.
Susana se acercó a la silla de ruedas.
—Señor Sebastián...
Tomó suavemente una de sus manos.
Valeria observó la escena.
Por alguna razón sintió una extraña molestia en el pecho.
No era tristeza.
No era enojo.
Era algo raro.
Como si alguien estuviera intentando quitarle algo suyo.
—Qué tonto... —murmuró.
La mano de Sebastián permaneció inmóvil.
Susana bajó la mirada.
—Me alegra ver que sigue estable.
Valeria notó una pequeña tristeza en sus ojos.
Recordó que en la novela Susana siempre había admirado a Sebastián.
Incluso antes de enamorarse de él.
Por eso, verlo en aquel estado la hacía sufrir.
—¿En qué estabas pensando?
Valeria parpadeó.
—¿Eh?
—¿Cómo se te ocurre sacar a Sebastián de esa manera?
—Yo solo...
—¿Y si le ocurría algo?
—Pero...
—¿Y si necesitaba atención médica?
Valeria bajó la cabeza.
Por alguna razón sentía que la estaban regañando como una niña.
—Lo siento...
Susana suspiró.
—De verdad eres imposible.
Entonces se acercó al escritorio de los policías.
—Pagaré la fianza.
Valeria abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Alguien tiene que sacarte de aquí.
—¿Por qué viniste?
Susana se quedó callada unos segundos.
Valeria recordó algo.
Antes de que la arrestaran, los policías habían revisado algunos documentos médicos de Sebastián.
Y allí había visto una anotación.
Contacto de emergencia:
Mi querida Susana.
Aquella frase seguía dándole vueltas en la cabeza.
No debería importarle.
Después de todo, Sebastián y Susana estaban destinados a terminar juntos en la novela.
Pero aun así...
Le molestaba un poco.
—¿Viniste por Sebastián? —preguntó en voz baja.
Susana la miró.
—Claro que vine por Sebastián.
Valeria sintió una pequeña punzada en el pecho.
Minutos después salieron de la comisaría.
Sebastián seguía sentado en su silla de ruedas.
Susana caminó directamente hacia él.
—Vamos a llevarte a casa.
Con cuidado comenzó a acomodarlo para subirlo al automóvil.
Valeria observó la escena.
Y volvió a hacer puchero.
—Qué considerada...
Susana terminó de acomodar a Sebastián en el asiento trasero.
Luego cerró la puerta.
—Perfecto.
Valeria abrió la otra puerta para subir.
—¿Qué haces? —preguntó Susana.
—¿Cómo que qué hago?
—Pensé que irías caminando.
—¿Caminando?
Valeria la señaló indignada.
—¡Es mi esposo!
Susana se quedó callada.
—Debo ir con él.
—...
—Además, si despierta y no me encuentra, se pondrá triste.
—Está en coma.
—Los detalles no importan.
Por primera vez, Susana no supo qué responder.
Miró a Sebastián.
Luego a Valeria.
Y después volvió a mirar a Sebastián.
Finalmente soltó un largo suspiro.
—Sube.
Valeria sonrió victoriosa.
—Gracias.
Entró rápidamente al auto y se sentó junto a Sebastián.
Incluso tomó una de sus manos.
Susana observó aquello desde el asiento del conductor.
Algo era extraño.
Muy extraño.
La antigua Valeria jamás habría actuado así.
Jamás.
Mientras tanto, Valeria acomodaba cuidadosamente la mano de Sebastián sobre su regazo.
—Listo.
Susana la observó por el espejo.
—¿Puedes dejar de tratarlo como un muñeco?
—No.
—...
—Es mi esposo.
Susana volvió a quedarse sin palabras.
Cuando llegaron a la casa, Susana ayudó a Valeria a bajar a Sebastián del automóvil.
Entre las dos lograron acomodarlo nuevamente en su silla de ruedas.
—Con cuidado.
—Lo tengo —dijo Valeria.
Subieron la rampa de la entrada.
Una vez dentro, dejaron a Sebastián en el salón.
Valeria acomodó una manta sobre sus piernas.
—Listo.
Susana observó la escena en silencio.
Entonces habló.
—¿Sabes qué, Valeria?
La sonrisa de Valeria desapareció.
—¿Qué?
—Me das asco.
El ambiente se volvió pesado.
Valeria levantó lentamente la cabeza.
Susana apretó los puños.
—Por tu culpa Sebastián terminó así.
Valeria no respondió.
—Mientras él luchaba por esta familia, tú gastabas dinero, salías con otros hombres y abandonabas a Lucas.
Cada palabra era como una piedra.
—Si hubieras estado a su lado...
La voz de Susana tembló.
—Quizás las cosas serían diferentes.
Valeria bajó la mirada.
No podía defenderse.
Porque aunque ella no era la verdadera Valeria...
Todo aquello había sucedido.
Y el dolor seguía allí.
—Lo sé... —murmuró.
Susana se sorprendió.
Esperaba una discusión.
No una respuesta tan tranquila.
—Lo sé —repitió Valeria—. Pero Sebastián no morirá.
Susana soltó una risa amarga.
—¿Y cómo puedes estar tan segura?
—Porque despertará.
Valeria observó al hombre dormido.
—Y cuando despierte, todo será diferente.
Susana permaneció en silencio.
Entonces Valeria sonrió de repente.
—Además, ¿por qué te preocupas tanto?
—¿Qué?
—¿No eres la novia de Mateo?
Susana abrió los ojos.
—Eso no tiene nada que ver.
—Claro que sí.
Valeria cruzó los brazos.
—Mateo es el favorito de la familia Montenegro.
—Valeria...
—Y tú eres su novia.
Susana parecía querer responder.
Pero en ese momento sonó su teléfono.
Miró la pantalla.
Mateo.
Su expresión cambió.
—Debo irme.
Valeria sonrió.
—Qué casualidad.
Susana la ignoró.
Antes de salir lanzó una última mirada a Sebastián.
Luego desapareció por la puerta.
La casa volvió a quedar en silencio.
Valeria soltó un largo suspiro.
—Qué miedo da esa mujer cuando se enoja.
Miró a Sebastián.
Luego sonrió.
—Bueno.
Tomó una de sus manos.
—Ahora estamos solos.
Se inclinó un poco hacia él.
—Todos creen que vas a terminar con Susana.
Acomodó su cabello detrás de la oreja.
—Pero eres mi esposo.
Bajó la voz hasta convertirla en un susurro.
—Tú eres mío.
Y le dio un pequeño beso en la frente.
En ese instante...
Uno de los dedos de Sebastián se movió.
Muy ligeramente.
Valeria no lo vio.
—Cuando despiertes...
Sonrió.
—Tal vez deberíamos darle unos hermanitos a Lucas.
El dedo volvió a moverse.
Un poco más fuerte.
Como si alguien estuviera intentando protestar.
—Aunque primero tendrías que despertar.
Valeria se quedó pensando.
—Espera...
Su sonrisa desapareció.
Miró a su alrededor.
Silencio.
Demasiado silencio.
Parpadeó.
—¿Dónde está Lucas?
La joven se quedó inmóvil.
—...
—¿DÓNDE ESTÁ LUCAS?
Corrió hacia la puerta.
Subió las escaleras.
Revisó habitaciones.
La cocina.
El patio.
Nada.
El pánico comenzó a apoderarse de ella.
—No me digas...
Recordó de golpe.
Desde que salió de la escuela...
No había visto a su hijo.
Valeria palideció.
—Ay no...
Y por primera vez desde que reencarnó, sintió verdadero terror.
—¡Perdí a mi hijo!