Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
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Capítulo 2: Soltar y avanzar
Pasé toda la tarde en casa de Sara, desahogándome, suplicando un poco de paz y tratando de levantar mi estado de ánimo. El tiempo se me fue volando y tuve que correr a mi casa para cambiarme; me esperaba una larga guardia en el hospital, una ronda interminable de pacientes y muchísimo trabajo por delante. Al menos, la ventaja de vivir cerca del hospital me ahorraba el caos del tráfico.
Apenas iba cruzando el umbral de mi puerta cuando el teléfono comenzó a sonar. Era Dominic.
—Ey, sis —saludó mi hermano al notar que atendía—. ¿Supiste lo de Liam?
—Sí, me enteré esta mañana —respondí, intentando modular mi voz para sonar indiferente.
—En hora buena, nuestro amigo va a ser papá... Aunque, la verdad, no me cuadra para nada su pareja.
—Ya eso es decisión de él, Dominic. No nos podemos meter en su vida —atajé de inmediato, queriendo cortar el tema.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.
—Ey... ¿te pasa algo?
—No, no me pasa nada —mentí, apretando el puente de mi nariz—. Tengo guardia en el hospital y voy tarde. Te tengo que colgar, debo irme.
—Espera, espera —pidió él rápidamente—. Te quería preguntar si sabes qué ocurre con nuestros padres.
Suspiré, sintiendo cómo el dolor de cabeza amenazaba con instalarse.
—No, no sé nada. Fuera de que ya sabemos que pelean como perros y gatos.
—Pienso que debemos averiguar qué les pasa. Por cierto, Liam me llamó para invitarnos a su fiesta de compromiso con Tiffany.
La mención de ese nombre me revolvió el estómago. Me apoyé contra la encimera de la cocina, buscando fuerzas.
—Sobre nuestros padres, ellos deben resolver sus problemas. Ya hablaré con ellos, y contigo, para darles una noticia —anuncié, decidida a desviar la atención—. Y sobre el compromiso, no puedo ir. Tengo que estar de guardia hoy.
—¿Qué noticia es esa, sis? —preguntó Dominic, visiblemente intrigado—. Qué mal que no puedas ir al compromiso de Liam.
—Para que no te agarre por sorpresa: me voy a estudiar mi posgrado a Oxford.
—¡Guau, sis! Eso sí que me agarra fuera de base. ¿Y ese cambio tan repentino?
—Sabes que quiero estudiar Neurocirugía —respondí, además, necesito nuevos aires. Ahora sí tengo que colgar, Dominic. Adiós.
Corté la llamada antes de que pudiera hacerme más preguntas.
Apenas puse el teléfono sobre la mesa, el dispositivo vibró con una nueva notificación. Era un mensaje de Liam:
Zoe, ¿te encuentras bien? Te vi muy tensa. Solo quería recordarte que esta noche es mi cena de compromiso con Tiff. Por favor, no faltes, es muy importante para mí.
Sentí un pinchazo en el pecho, una mezcla de rabia y resignación. Con los dedos temblorosos, le respondí de inmediato para zanjar el asunto:
«Lo siento mucho, Liam, pero me es imposible asistir. Estoy de guardia en el hospital y se me ha complicado el turno con una urgencia. Espero que todo salga bien en la cena.»
Apagué la pantalla, respiré hondo y me preparé para salir, convencida de que refugiarme en el trabajo era lo mejor que podía hacer.
La guardia comenzó intensa. Tuve varios casos complejos, pacientes operados que monitorear, consultas de emergencia y retiros de puntos. El cansancio físico era mi mejor anestesia. Sin embargo, el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido. Mientras caminaba por uno de los pasillos principales del hospital, divisé a Liam. Venía del brazo de Tiffany, caminando exactamente en mi dirección.
Tragué grueso, enderezando la postura dentro de mi bata médica.
—Hola, hermosa, te estábamos buscando —me saludó Liam con esa sonrisa que me derretía. Me miró con entusiasmo—. Quiero que Tiff empiece con sus controles prenatales aquí, ¿verdad, amor?
—Sí, amor —intervino Tiffany, con una voz que me pareció exasperante. Se pegó más a su brazo—. Quiero que nuestro bebé esté en las mejores manos, y qué mejor que su tía para que nos guíe. Por cierto, Zoe, tenemos que ponernos de acuerdo con la boda, ya que eres la madrina.
Si las miradas mataran, juraría que en ese mismo instante habría hecho polvo a esos dos seres. Definitivamente, pensé, los hombres pierden la razón por un par de curvas.
—¿Nos vas a ayudar? —insistió Liam, mirándome con ojos suplicantes.
—Lo único en lo que puedo ayudarte es en darte el listado de los ginecobstetras del hospital —respondí, manteniendo una voz gélida y profesional—. Cualquiera que escojas es excelente. Y sobre la boda, planifiquen ustedes; yo solo me presento el día del evento.
Liam parpadeó, desconcertado por mi tono.
—¿Te pasa algo, Zoe? Te noto de mal humor.
Tiffany soltó una risita floja que me tensó la mandíbula.
—A la cuñada lo que le hace falta es un novio.
—Tiffany, por favor, no hagas comentarios sin sentido —la reprendió Liam, visiblemente incómodo.
—No me pasa nada —sentencié, clavándoles la mirada—. Tengo demasiado trabajo y ustedes dos me están quitando el tiempo. Los dejo para que vayan a su consulta.
Di media vuelta sin esperar respuesta. Mientras me alejaba a pasos rápidos, alcancé a escuchar el eco de sus voces a mis espaldas.
—Ella como que estaba molesta... —murmuró Tiffany.
—Debe ser el estrés del trabajo, pero sí, está con una actitud muy extraña —respondió Liam.
Aceleré el paso hasta que doblé la esquina del pasillo. Sentía el corazón latiéndome en los oídos. Acababa de escapar de esa pareja insoportable, pero la sacudida interna me dejó una certeza absoluta: no podía seguir ni un segundo más apegada a Liam. Él ya iba a formar su propia familia, y yo tenía mis propios objetivos.
Era hora de cerrar este ciclo de una vez por todas y empezar a escribir mi propia historia.