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El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Vampiro / Hombre lobo / Completas
Popularitas:360
Nilai: 5
nombre de autor: Yelina Lopez

Tras el cierre del ciclo terrenal en el refugio alpino y la trascendencia de Lyra más allá del umbral mortal, la historia evoluciona hacia una nueva y fascinante etapa de la mitología de los guardianes. El Eclipse del Tiempo explora la soledad milenaria de Onyx bajo la luz de un nuevo amanecer y la inesperada irrupción de un fenómeno cósmico e histórico que amenaza con desenterrar los secretos más oscuros del Cónclave que creían sepultados para siempre. Mientras las estaciones siguen girando en el Valle del Sol, una nueva generación de sombras y alianzas improbables pondrá a prueba la inmortalidad del vínculo de amor que desafió a los siglos.

orden

- Ecos De Cenizas y Ónix

- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte

- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer

- Eclipse Del Tiempo: La Aurora Eterna

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La Destrucción De Valen-Kors Y El Colapso Subterráneo

El impacto directo y violento del cuerpo del general Marcus Vane contra el panel principal de control central desató de manera instantánea una reacción en cadena catastrófica que sacudió los cimientos estructurales de todo el complejo militar de Valen-Kors. Las pantallas holográficas de alta definición que proyectaban los planos estratégicos y el estado de las unidades experimentales estallaron en una lluvia cegadora de chispas eléctricas y fragmentos de cristal templado. Los sistemas de refrigeración de los laboratorios profundos, incapaces de procesar la súbita sobrecarga de energía provocada por el cortocircuito masivo, colapsaron con un silbido agudo y ensordecedor que presagiaba el desastre inminente. En las paredes de hormigón armado, las luces estroboscópicas de color rojo comenzaron a parpadear con una furia implacable, transformando la atmósfera aséptica y silenciosa del centro de mando en un escenario caótico de advertencias críticas y fallos del sistema operativo central.

En los pasillos exteriores y en las galerías de contención del proyecto Goliath, las enormes compuertas estancas de acero y aleación pesada empezaron a emitir un zumbido intermitente mientras las luces de seguridad indicaban un bloqueo absoluto de los accesos. Las bio-unidades de combate sintéticas, aún confinadas en el interior de los cilindros de líquido bioluminiscente, reaccionaron a las fluctuaciones eléctricas con convulsiones violentas, golpeando los cristales protectores con una fuerza bruta que amenazaba con fracturar los mamparos en cualquier momento. El complejo entero, diseñado para ser una fortaleza inexpugnable capaz de resistir bombardeos nucleares y asedios prolongados desde la superficie, comenzó a desmoronarse desde sus propias entrañas debido a la destrucción deliberada del núcleo geotérmico que alimentaba toda su red de energía.

Onyx, con la fría e imperturbable serenidad que caracterizaba a su naturaleza milenaria, ignoró por completo el cuerpo inerte y maltrecho del general Vane, que yacía semiinconsciente entre los escombros humillantes de la consola destruida. El vampiro dio media vuelta con precisión felina, consciente de que los segundos contaban con absoluta tiranía y de que permanecer un instante más en el interior de aquella cámara condenada equivaldría a quedar sepultado bajo millones de toneladas de roca y metal derretido. Emprendió la retirada a través del corredor principal, avanzando con una velocidad supersónica que dejaba tras de sí una estela de aire frío, esquivando con habilidad milimétrica los desprendimientos de cemento que caían del techo abovedado y los cables de alta tensión colgantes que chisporroteaban con descargas mortales capaces de desintegrar cualquier materia orgánica convencional.

El estruendo en el interior del subsuelo se intensificó de manera exponencial conforme el sistema de autodestrucción secundaria, activado por los daños críticos en el reactor, comenzaba a quemar los conductos principales de combustible y los tanques de reserva situados en el nivel más profundo de las instalaciones. El aire se volvió rápidamente irrespirable, saturado de un humo denso, acre y tóxico compuesto por partículas de silicio quemado, vapores químicos y gas refrigerante evaporado. A pesar de las densas tinieblas y la total ausencia de visibilidad natural, los agudos sentidos del vampiro y su memoria topográfica milenaria le sirvieron de brújula infalible, guiándole sin vacilación a través de los laberínticos pasillos de servicio que conducían directamente hacia la salida de emergencia del cañón.

Mientras avanzaba a zancadas largas y fluidas, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar con una violencia desmedida. Las paredes de roca viva de la garganta crujieron bajo la presión titánica de las explosiones subterráneas, desprendiendo enormes bloques de piedra que caían pesadamente sobre los corredores metálicos, aplastando los equipos informáticos y sepultando los restos del complejo en una avalancha de escombros. Onyx incrementó aún más su velocidad, propulsándose con la fuerza explosiva de sus piernas inmortales para sortear las barricadas improvisadas de metal retorcido y cemento agrietado que bloqueaban el paso principal.

Al fondo del túnel de evacuación, la pesada rejilla de hierro oxidado que daba acceso directo a la superficie de la garganta exterior se distinguió como un óvalo de luz pálida y lejana. El vampiro no redujo la marcha ni un solo instante; al contrario, concentró toda su energía en un salto definitivo que lo proyectó hacia adelante como una saeta oscura. Con un golpe seco y preciso de sus manos enguantadas, arrancó los últimos pernos de sujeción que aún retenían la rejilla metálica, abriendo de par en par el conducto de salida justo en el momento en que una gigantesca onda expansiva de aire caliente y polvo denso brotaba desde el fondo de las galerías subterráneas.

Onyx emergió a la superficie de la garganta de Valen-Kors en una fracción de segundo, rodando sobre la grava suelta de la ladera opuesta y poniéndose en pie con absoluta elegancia justo en el instante preciso en que la montaña entera parecía abrirse en dos. Un estruendo monumental, sordo y profundo, comparable al rugido de un trueno ancestral o a la erupción de un volcán olvidado, sacudió los cimientos de la cordillera oriental. La tierra tembló con tanta fuerza que las rocas de las cumbres circundantes se desprendieron en cascadas estrepitosas, cayendo hacia el fondo del abismo en una danza caótica y destructiva.

Desde su posición elevada y segura en la cresta rocosa del cañón opuesto, el vampiro contempló el espectáculo colosal con una expresión de solemne tranquilidad en su rostro pálido. El complejo militar de Valen-Kors, la obra maestra del fanatismo tecnológico del general Vane y la última gran amenaza que se cernía sobre el equilibrio del mundo exterior, se desmoronó por completo en cuestión de segundos. Las enormes antenas de comunicación por satélite se inclinaron bruscamente antes de desplomarse sobre los abismos; los hangares de superficie cedieron bajo el hundimiento del terreno; y una gigantesca nube de polvo grisáceo, humo denso y rocas pulverizadas se elevó hacia el cielo de la mañana, cubriendo la zona con un manto espeso que eclipsó temporalmente la luz del sol.

La implosión subterránea fue total y definitiva. Millones de toneladas de piedra, tierra y metal fundido colapsaron sobre los laboratorios experimentales, los tanques de contención y las cámaras de las bio-unidades de combate, sellando para siempre y sin posibilidad de rescate el último reducto clandestino de los renegados del Cónclave. Nadie que se encontrara en el interior de aquellas instalaciones en el momento del colapso habría podido sobrevivir a semejante cataclismo; los secretos del proyecto Goliath, junto con las ambiciones desmedidas de sus creadores, quedaron sepultados bajo capas kilométricas de roca alpina, convertidos en un recordatorio mudo y eterno de la fragilidad de cualquier imperio construido sobre el miedo y la dominación.

El silencio de la alta montaña comenzó a restablecerse lentamente, de manera progresiva, conforme las ondas expansivas se disipaban en la inmensidad de los valles circundantes y el humo denso de la explosión se dispersaba empujado por la suave brisa del este. El aire recuperó su habitual frescura cristalina, impregnada de los aromas limpios de la tierra húmeda, la resina de pino y la piedra caliza expuesta al viento. Onyx permaneció inmóvil durante varios minutos en su atalaya natural, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada fija en el cráter humeante que había sustituido a las formidables instalaciones militares.

Había cumplido con creces su propósito. La amenaza que había intentado perturbar la paz de los desfiladeros septentrionales había sido erradicada de raíz, y las naciones del mundo civilizado en las tierras bajas podían continuar su camino de reconstrucción y libertad sin el temor constante a una conspiración militar en la sombra. Para el vampiro, aquella incursión no había sido más que un paréntesis necesario, un deber ineludible para proteger el sagrado aislamiento de su hogar y honrar la memoria del refugio que compartiera con Lyra.

Sin perder un solo instante más en contemplar los restos humeantes de la destrucción, Onyx dio media vuelta sobre sus talones. Ajustó las correas de su abrigo largo y emprendió el camino de regreso hacia el oeste, cruzando con paso firme, decidido y silencioso las crestas nevadas de la cordillera, con la absoluta y reconfortante certeza de que el Valle del Sol aguardaba intacto, pacífico y eterno al otro lado de las cumbres.

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