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La Omega que Ellos Enterraron

La Omega que Ellos Enterraron

Status: En proceso
Genre:Venganza / Venganza de la protagonista / Familias enemistadas / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:41.6k
Nilai: 5
nombre de autor: ReWorld

Valentina fue criada como hija de la casa Vargas, hasta que una copa rota, una mentira y el silencio de todos la condenaron a tres años de servidumbre en la manada Oscura.
Allí lavó ropa con las manos abiertas por el hielo, limpió establos, cargó leña, durmió sobre paja y aprendió que nadie iba a ir por ella. Cuando el plazo termina, Rodrigo Vargas, el Alfa que alguna vez significó hogar, aparece para llevarla de regreso.
Pero la Valentina que vuelve no busca abrazos, explicaciones ni perdón.
En la casa que la entregó, Isabela ocupa su lugar, Don Alejandro intenta arreglar su futuro como si fuera un problema familiar, Elena llora demasiado tarde y Rodrigo empieza a entender que la culpa no repara nada.
Solo Abuela Consuelo sigue llamándola "mi niña".
Cuando las cicatrices salen a la luz y las mentiras comienzan a romperse, Valentina decide algo simple: nunca más volverá a vivir como una Omega que otros pueden vender, esconder o nombrar a su antojo.
Y mientras la verdad de Isabela se pudre bajo perfumes falsos, un Beta llamado Diego aparece con una bondad tranquila que Valentina ya no creía posible.
Pero en un mundo de Alfas, manadas y destinos marcados por la luna, sobrevivir no será suficiente.
Valentina tendrá que elegir si quedarse entre las ruinas de la familia que la enterró... o caminar hacia una vida donde nadie vuelva a apagar su nombre.

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Capítulo 3

Capítulo 3

Isabela estaba sentada en el antiguo lugar de Valentina.

Nadie tuvo que explicarlo. La silla junto a la ventana, la que recibía primero la luz de la mañana, había sido suya desde que Consuelo decidió que una niña flaca necesitaba sol para crecer derecha. Allí había aprendido a comer sin mancharse, a escuchar las conversaciones de los adultos y a no interrumpir aunque supiera la respuesta.

Ahora Isabela tenía delante pan caliente, fruta en miel y queso fresco.

Valentina entró al comedor con el vestido gris de la manada Oscura. Elena había mandado ropa, pero las mangas eran estrechas. Al probársela, la tela se pegó a las heridas. Valentina volvió a ponerse lo único que podía usar.

Isabela levantó la vista.

—Hermana, ven. Te guardaron un sitio.

El sitio estaba al final de la mesa, junto a la puerta por donde entraban las criadas.

Valentina caminó hasta allí.

Carmen, prima de Rodrigo, siguió con los ojos su cojera. No intentó disimular.

—Tres años cambian a cualquiera —dijo—. Hasta la forma de caminar.

Una tía soltó una risa incómoda. Rodrigo bajó la mirada al plato. Elena dejó los cubiertos quietos.

Valentina se sentó.

Una criada le puso enfrente un cuenco de avena. Sin miel. Sin fruta. Estaba caliente, y eso bastó.

Don Alejandro presidía la mesa. No había estado en el patio cuando ella subió las mangas, pero ya lo sabía. Toda la casa lo sabía. Aun así, su rostro no mostraba vergüenza. Mostraba cálculo.

—Hay que hablar de tu futuro —dijo.

Valentina comió una cucharada.

—No puedes quedar sin arreglo —continuó Don Alejandro—. Tu situación es delicada. Tres años fuera de casa, en otra manada, cambian cómo te mira la gente.

La gente.

Siempre había alguien invisible dispuesto a servir de excusa.

Elena habló con cuidado:

—Alejandro, acaba de volver.

—Precisamente por eso conviene decidir pronto.

Isabela bajó la mirada al plato.

—Quizá Valentina necesita tiempo.

Su voz fue suave. Era una frase amable, puesta en el momento correcto. A ojos de todos, Isabela parecía la única que pensaba en ella.

Valentina siguió comiendo.

Don Alejandro apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Hay Alfas de manadas menores que aceptarían una unión discreta. No sería una mala salida.

Carmen inclinó la cabeza hacia la tía.

—El viudo de Río Seco busca esposa. Tiene hijos. Al menos ella sabe trabajar.

La cuchara de Valentina tocó el cuenco.

El sonido fue bajo. Todos lo oyeron.

Rodrigo levantó la vista.

Valentina se puso de pie.

—Gracias por el desayuno.

Don Alejandro la miró.

—No he terminado.

Valentina sostuvo su mirada.

—Yo sí.

El silencio que siguió no fue largo. Fue suficiente.

Salió al patio antes de que alguien decidiera si debía pedir permiso. El aire frío le golpeó la cara y le quitó de la boca el sabor de la avena. Caminó hasta el pozo y apoyó una mano sobre la piedra húmeda. El tobillo le ardía. No quería que nadie la viera apoyar el peso contra el muro.

—Hermana.

Valentina no se volvió.

—No me llames así.

Isabela se acercó con una capa clara sobre los hombros. No traía criada. Eso también era una elección.

—Sé que estás molesta.

—No sabes.

—Todos hicimos lo que pudimos aquella noche.

Valentina giró despacio.

Isabela tenía los ojos tranquilos. Demasiado.

—La copa se rompió —continuó—. Rodrigo estaba alterado. Don Alejandro tuvo que proteger a la manada. Yo acababa de llegar a esta casa. No entendía cómo funcionaban las cosas.

Valentina la miró sin interrumpir.

Tres años antes, durante la fiesta de luna, la copa ceremonial de los Vargas apareció rota al pie de la escalera. Isabela lloró con las manos en la cara. Dijo que Valentina la había empujado al pasar. Rodrigo le creyó antes de que Valentina terminara una frase. Don Alejandro habló de deuda, de ofensa, de reparación. Elena lloró, pero no se puso entre ellos. Consuelo estaba enferma y no pudo levantarse.

Al día siguiente, Valentina salió hacia la manada Oscura.

—Yo sé que fuiste tú quien rompió la copa —dijo.

Isabela no parpadeó.

Eso fue casi una respuesta.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

Isabela miró hacia las ventanas del comedor. No había nadie cerca, pero en esa casa las paredes siempre escuchaban.

—Nadie va a creerte.

—No te pedí que me creyeran hoy.

La mano de Isabela se cerró sobre el borde de su capa.

—Volver con heridas no te vuelve intocable.

—No lo soy.

—Entonces deberías tener miedo.

Valentina pensó en el lavadero, en la fiebre, en las noches en que Lucía le decía que no se durmiera todavía porque si no despertaba antes de los guardias habría castigo para las dos.

—Tengo miedo.

Isabela pareció satisfecha.

—Entonces entiende tu lugar.

—Camino igual.

La satisfacción se borró.

Valentina se apartó del pozo.

—Y tú sigues fingiendo igual.

—Ten cuidado.

—Eso aprendí.

Valentina caminó hacia el ala norte, donde estaba la habitación de Consuelo. Antes de llegar al corredor, Rodrigo apareció entre dos pilares.

—Valentina.

Ella se detuvo.

Rodrigo parecía no haber dormido. Tenía la capa mal cerrada y el rostro más duro que de costumbre.

—Sobre lo de la mesa...

—Apártate.

Él respiró hondo.

—Estoy intentando hablar contigo.

—Yo estoy intentando ver a mi abuela.

—No puedes seguir tratándonos como enemigos.

Valentina lo miró.

—No sé qué son.

Rodrigo se quedó quieto.

La frase no fue dicha con rabia. Por eso cayó peor.

—Valentina...

—Apártate, Rodrigo.

Esta vez usó su nombre. No un título. No Alpha. Solo Rodrigo, como si lo dejara fuera de cualquier lugar especial.

Él tardó en moverse.

Al final dejó libre el paso.

Valentina pasó junto a él sin rozarlo.

No miró atrás.

1
Liliana Filipuzzi
quiero hacer ese viaje... o tal vez lo estoy haciendo sin darme cuenta....
Erika Oviedo Macedo
excelente
celestina kramer
muy buena la historia autora
Liliana Filipuzzi
Al principio no se entiende mucho, de hecho el origen de la prota no se entiende, salvo entre líneas y aún así es bastante escueta.
Pero me fascina la narrativa... Dura, blanco o negro, no hay floritorios en los romances., que casi no hay o no se perciben... cómo ese que "día a día crece" y no descubris si es un romance normal o personas que coinciden en tiempo y espacio.
Es rara y está muy buena
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Liliana Filipuzzi
está muy buena, pero es lenta
Beatriz Hernàndez
y lo extremo del.clima
Beatriz Hernàndez
excelente historia, dónde es? en Escocia?... lo digo por las características del terreno
Sidoneth Yepez
espectacular el capítulo!!!!! me encanta la novela... diferente a todas que he leído sobre hombres lobos🥰👏👏
Sidoneth Yepez
Me gusta la historia. Diferente y entretenida desde el principio
Maria Diosdado Velázquez
NO HACE FALTA RECORDAR, SI USTED NO QUIERE TERMINAR DE PUBLICAR, NO PUBLICA Y YA SOLO LE RESTA PUNTOS
Sidoneth Yepez
Me encanta 🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰😂
irma lorena ruelas cueva
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