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Debajo De Tu Sombras

Debajo De Tu Sombras

Status: En proceso
Genre:Época / Mundo de fantasía / Mitos y leyendas
Popularitas:489
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La voz detrás del espejo

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa de los Velázquez.

Era sábado por la mañana.

Por primera vez en varios días, Emilia no tenía clases ni trabajos pendientes. Aquella tranquilidad era algo que agradecía profundamente.

Sentada en el sofá de la sala, tenía una taza de chocolate caliente entre las manos mientras releía algunos capítulos de Debajo de tu sombra.

Las páginas pasaban lentamente.

Con cada lectura encontraba nuevos detalles.

Nuevas emociones.

Nuevas preguntas.

—¿Otra vez con ese libro?

Vivian apareció desde la cocina sosteniendo una manzana.

—Deberían pagarte por hacerle publicidad.

—Es una obra maestra.

—Eso dices siempre.

—Porque es verdad.

Vivian se dejó caer junto a ella.

—Si tanto te gusta, ¿qué personaje serías?

Emilia reflexionó.

—Ninguno.

—Eso es aburrido.

—Bueno... quizás una noble secundaria.

—Claro que no.

—¿Por qué?

—Porque terminarías ayudando a todos los personajes.

Emilia soltó una pequeña risa.

—¿Eso es algo malo?

—No.

Vivian sonrió.

—Es muy propio de ti.

Las hermanas continuaron conversando varios minutos.

Sin embargo, Emilia notó algo extraño.

Una sensación incómoda.

Como si alguien estuviera observándola.

Giró la cabeza.

No había nadie.

Solo el reflejo de la lluvia en los cristales.

Intentó ignorarlo.

Pero aquella sensación permaneció.

Más tarde decidió subir a su habitación.

El cielo continuaba gris.

La lluvia seguía cayendo.

Mientras organizaba algunos apuntes universitarios, vio algo que llamó su atención.

Su espejo.

Por un instante creyó haber visto una sombra detrás de ella.

Se giró rápidamente.

Nada.

La habitación estaba vacía.

—Debo estar cansada.

Intentó convencerse.

Pero al volver a mirar el espejo sintió un escalofrío.

Durante apenas un segundo observó el reflejo de una joven desconocida.

Cabello negro.

Ojos rojos.

Vestido escarlata.

Ester.

La imagen desapareció inmediatamente.

Emilia retrocedió.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—No puede ser...

Corrió hacia el espejo.

Solo estaba su reflejo.

Nada más.

Durante varios minutos permaneció inmóvil.

Confundida.

Asustada.

Y extrañamente fascinada.

Aquella noche le costó dormir.

Cuando finalmente cerró los ojos, volvió a soñar.

Pero esta vez no soñó con su mundo.

Soñó con otro.

Un enorme castillo se alzaba bajo la luz de cientos de lámparas mágicas.

Sus torres parecían tocar las estrellas.

Los pasillos estaban decorados con tapices dorados y esculturas antiguas.

Era el Palacio Real de Edredón.

Y alguien caminaba por sus corredores.

Ester.

La joven avanzaba elegantemente.

Su vestido negro estaba adornado con piedras rubíes.

Su cabello oscuro caía como una cascada sobre su espalda.

Su belleza llamaba la atención de todos.

Pero sus ojos reflejaban aburrimiento.

Profundo aburrimiento.

—Lady Ester.

Un sirviente se inclinó respetuosamente.

—¿Qué ocurre?

—Su padre desea verla inmediatamente.

Ella suspiró.

—Por supuesto.

Nada bueno salía de aquellas reuniones.

Minutos después llegó al despacho ducal.

El enorme salón estaba decorado con muebles costosos y cuadros familiares.

Adolfo la esperaba junto a Emma.

Su padre sonreía.

Y aquello nunca era buena señal.

—Hija, tenemos noticias importantes.

—Eso me preocupa.

Emma sonrió ligeramente.

—Deberías alegrarte.

Ester tomó asiento.

—Los escucho.

Adolfo juntó las manos.

—El rey está considerando nuevamente una alianza matrimonial.

Ester cerró los ojos.

—No.

—Ni siquiera has escuchado.

—No necesito hacerlo.

—Es por el bienestar familiar.

—Siempre es por el bienestar familiar.

Emma intervino.

—Serías princesa.

—No me interesa.

Adolfo golpeó suavemente el escritorio.

—Deja de comportarte como una niña.

Los ojos rojos de Ester brillaron.

—Entonces dejen de tratarme como mercancía.

El silencio llenó la habitación.

Emma apartó la mirada.

Adolfo respiró profundamente.

—Tarde o temprano comprenderás tu deber.

Ester se levantó.

—Y ustedes nunca comprenderán el mío.

Sin esperar respuesta abandonó la habitación.

Su expresión parecía arrogante.

Pero cuando estuvo sola su mirada cambió.

Había tristeza.

Soledad.

Y cansancio.

Mucho cansancio.

Mientras tanto, muy lejos del reino de Edredón.

Más allá de las montañas eternas.

Se encontraba el Reino Dragón.

Un territorio inmenso cubierto por bosques plateados y lagos cristalinos.

En una de sus fortalezas entrenaba Derek.

El joven empuñaba una espada de práctica.

Su largo cabello negro ondeaba con el viento.

Sus ojos violetas permanecían concentrados.

Una y otra vez realizaba movimientos perfectos.

Precisos.

Impecables.

Pero nada parecía suficiente.

—Otra vez.

La voz fría de Eddy resonó detrás de él.

Derek apretó la mandíbula.

—Sí, padre.

Volvió a intentarlo.

Su transformación dracónica apareció parcialmente.

Escamas negras azuladas cubrieron parte de sus brazos.

Pero desaparecieron rápidamente.

Eddy frunció el ceño.

—Insuficiente.

—Estoy mejorando.

—No lo suficiente.

Derek guardó silencio.

Sabía que discutir era inútil.

—Un heredero débil es una vergüenza.

Aquellas palabras dolieron.

Aunque intentó no demostrarlo.

Morgana observaba la escena desde la distancia.

Su hermoso rostro reflejaba preocupación.

—Ya es suficiente, Eddy.

—No te involucres.

—Es nuestro hijo.

—Y precisamente por eso debe fortalecerse.

Derek bajó la mirada.

Aquella conversación era demasiado familiar.

Demasiado repetida.

Sin decir una palabra abandonó el campo de entrenamiento.

Solo.

Como casi siempre.

Esa misma noche Emilia despertó sobresaltada.

El reloj marcaba las tres de la madrugada.

Su respiración estaba agitada.

Aquellas escenas se sentían reales.

Demasiado reales.

Como si realmente hubiera estado allí.

Miró su reflejo en el espejo.

Y durante apenas un instante volvió a escuchar aquella misteriosa voz femenina.

—El destino ya está avanzando.

Emilia se puso de pie.

—¿Quién eres?

No hubo respuesta.

Solo silencio.

Pero por primera vez tuvo la certeza de que aquello no era un sueño.

Algo estaba ocurriendo.

Algo imposible.

Y aunque todavía no lo sabía, aquel era apenas el comienzo.

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