La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capitulo 3: La nueva realidad y las reglas del juego.
El sol del mediodía bañaba con su luz dorada los amplios pasillos del palacio de Al-Jazair, y mientras caminaba, sentía cómo la suave brisa cargada de aromas a jazmín, sándalo y especias acariciaba mi rostro. Mis pies, calzados con finas sandalias de seda y bordados, se deslizaban sobre alfombras tan gruesas y suaves que apenas se percibía el frío del suelo de mármol debajo. A cada paso que daba, la realidad se hacía más y más sólida, más irrefutable: yo no estaba soñando, ni tampoco muerta en algún vacío oscuro. Estaba viva, respirando, sintiendo, y mi vida ahora transcurría dentro de las páginas de esa novela que tanto me gustaba leer.
Layla caminaba a mi lado, un paso ligeramente retrasado, tal como dictaba la etiqueta, pero siempre atenta, con esa mezcla de devoción y nerviosismo que ya había percibido en ella desde el despertar. La observé de reojo mientras avanzábamos hacia los jardines interiores. Según los recuerdos que había heredado de la Elena original, esta joven era la única persona que realmente se preocupaba por ella. Todos los demás: sirvientes, damas de compañía, nobles o funcionarios, solo veían en mí un título, una posición, o una pieza más en el complejo ajedrez político de este reino. Y si la Elena original, orgullosa, altiva y llena de prejuicios, había logrado que incluso su propia gente le tuviera miedo o rechazo, yo tenía que hacer todo lo contrario. Layla sería mi primer apoyo, mi fuente de información y mi mano derecha en este nuevo mundo.
—Señora, debéis tener cuidado con el sol —murmuró ella, acercándose un poco y sosteniendo con delicadeza el borde del velo ligero que cubría parte de mi cabello—. Aunque es hermoso, aquí el calor es mucho más fuerte que en vuestra tierra de origen. Unos minutos más y vuestra piel, tan blanca y delicada como la leche, podría quemarse.
Sonreí levemente ante su advertencia, recordando nuevamente la descripción que yo misma había leído tantas veces. «La esposa del príncipe, una belleza inigualable traída de tierras lejanas, cuya piel pálida contrastaba maravillosamente con los colores intensos del desierto». Sí, esa era yo ahora. Y esa belleza, que en la historia anterior solo sirvió para alimentar el ego y la vanidad de Elena, ahora debía ser una herramienta, una máscara tras la cual ocultar mi verdadera inteligencia y mis planes de supervivencia.
—Gracias, Layla —respondí con voz suave, deteniéndome frente a uno de los grandes arcos que daban acceso al jardín principal—. Te agradezco que te preocupes por mí. Y tienes razón, todo es tan distinto aquí… el aire, la luz, los colores. A veces siento que mi mente aún no termina de comprender que este es ahora mi hogar.
La joven abrió los ojos con sorpresa. Era evidente que mis palabras, y sobre todo mi tono, eran muy diferentes a lo que ella estaba acostumbrada. La Elena original habría respondido con sequedad, quizás con un reproche por recordarle lo evidente o por atreverse a darle instrucciones. Pero yo necesitaba ganarme su confianza por completo.
—Señora… —dijo ella bajando la mirada, conmovida—. Me alegra veros así, más tranquila. Cuando llegasteis hace dos días, estabais tan furiosa, tan decepcionada… gritasteis que este lugar era una jaula y que vuestro esposo… bueno… —se calló de golpe, mordiéndose el labio, temiendo haber hablado de más.
Me giré hacia ella y la miré directamente a los ojos, con esa calma que estaba aprendiendo a fingir —y que empezaba a sentir de verdad—. Sabía exactamente lo que la Elena original había dicho. Al llegar, al ver que nadie la recibía con el boato y la adoración que ella creía merecer, y al enterarse de que el príncipe Zayn ni siquiera se había presentado para recibir a su esposa política, ella había montado en cólera, insultando el palacio, las costumbres y, por supuesto, a su esposo, al que llamó monstruo, salvaje y villano frente a todo el personal que podía escuchar. Esas palabras habían corrido como la pólvora por todo el reino, llegando rápidamente a oídos de Zayn, y marcando desde el principio la relación entre ellos: ella lo despreciaba, y él, simplemente, decidió ignorarla, tratándola como algo que no valía la pena ni siquiera odiar.
Ese había sido el primer gran error. Y yo no lo repetiría.
—Lo que dije al llegar… —empecé lentamente, eligiendo mis palabras con mucho cuidado— fue producto del cansancio y de la confusión, Layla. Vengo de un reino muy lejano, con costumbres distintas, y me entregaron en matrimonio sin preguntarme mi opinión. Tenía miedo, estaba asustada, y el miedo a veces nos hace decir cosas que no sentimos o que no debemos. Pero he reflexionado mucho mientras descansaba, y he comprendido algo importante: ya no estoy allí. Ahora estoy aquí. Y este es mi lugar. Si este es mi destino, entonces lo acepto. No ganaré nada con ira ni con quejas. Solo conseguiré ser desdichada yo misma.
Layla me miraba con la boca ligeramente abierta, como si estuviera viendo a una mujer totalmente nueva —lo cual, en esencia, era verdad—. Sus ojos se llenaron de brillo, y se inclinó profundamente ante mí, con una reverencia llena de respeto.
—¡Qué sabias palabras, mi señora! —susurró con emoción—. Vuestra alteza ha cambiado mucho desde que cayó enferma. Se ha vuelto… más grande, más noble. Estoy segura de que el príncipe lo verá también. ¡Estoy segura de que todo irá bien ahora!
Asentí con una sonrisa, aunque por dentro sentía un peso en el estómago. Si supieras, Layla… si supieras que yo sé exactamente cómo iba a ir todo si yo no hubiera cambiado…
Caminamos adentrándonos en el jardín. Era un lugar de una belleza deslumbrante. Un gran oasis dentro de la arquitectura de piedra y ladrillo. Había fuentes de agua cristalina que caían en cascadas con un sonido relajante, árboles frondosos que daban sombra fresca, parterres llenos de flores de colores vivos y senderos de piedras decoradas que se entrelazaban hasta perderse entre los muros. El palacio de Al-Jazair era descrito en el libro como una maravilla arquitectónica, una fortaleza que parecía un sueño hecho realidad, llena de riquezas acumuladas durante generaciones gracias al comercio y al poder militar. Pero también era una fortaleza de secretos, de pasillos ocultos, de espías en cada esquina y de peligros que acechaban incluso en los lugares más hermosos.
Mientras caminaba, mi mente trabajaba a toda velocidad, repasando la información que tenía grabada en mi memoria como si fuera un libro abierto. Debía organizar mis pensamientos y establecer claramente cuál era mi situación, mis enemigos, mis aliados y, sobre todo, mis reglas de supervivencia.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??