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Me casé con mi peor enemigo y ahora no me suelta

Me casé con mi peor enemigo y ahora no me suelta

Status: En proceso
Genre:Centrado emocionalmente / Mujer poderosa / Mujer despreciada / Reencarnación / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:15.6k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Luna Salcedo murió traicionada por su prometido, su hermana y su propia familia. Antes de cerrar los ojos, entendió que el hombre al que más odiaba, Damian Alcázar, quizá había sido el único que nunca la abandonó.

Cuando despierta de nuevo en el pasado, Luna no piensa repetir la misma vida. Para vengarse, recuperar Grupo Rivas y desenmascarar a quienes la destruyeron, toma una decisión que sacude a todos: casarse con Damian, el hombre más temido del círculo empresarial.

Ella solo quería usar ese matrimonio como escudo. Él, en cambio, no piensa soltarla.

Entre celos, secretos familiares, viejas heridas y una pasión que ninguno de los dos sabe controlar, Luna descubrirá que su peor enemigo tal vez siempre fue su única salida.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3

—Señorita Salcedo, todos los documentos están aquí.

El licenciado Torres sostenía una carpeta gruesa contra el pecho. Miró a Luna, luego a los invitados, y bajó un poco la voz.

—Pero usted conoce la condición. Solo entran en vigor después de su matrimonio.

Luna ladeó la cabeza.

Después, como si fuera lo más natural del mundo, se recargó en el hombro de Damián.

—Ya estoy casada.

El silencio duró un segundo.

Luna levantó la mano y señaló al hombre junto a ella.

—Él es mi esposo, Damián Alcázar.

La capilla explotó.

—¿Qué?

—¿Cómo que casada?

—¿No era la boda con Mateo?

—¿Damián Alcázar? ¿Ese Damián Alcázar?

El nombre pesó más que cualquier grito.

Damián no era un empresario cualquiera. A los dieciséis años tomó Grupo Alcázar y en un mes se tragó seis compañías públicas. Desde entonces, cada vez que movía un dedo, el mercado temblaba.

No iba a fiestas.

No daba entrevistas.

No necesitaba levantar la voz.

En el círculo empresarial, su nombre bastaba para que más de uno revisara sus deudas y rezara por no ser el siguiente.

Y ahora Luna Salcedo decía que ese hombre era su esposo.

En la boda con Mateo Morales.

Renata fue la primera en reaccionar.

—¡No puede ser!

Corrió hacia Luna con los ojos abiertos, como si acabara de ver una tragedia.

—Hermana, ¿te amenazó? Dinos la verdad. No tengas miedo. Papá y Mateo te van a defender.

Qué rápida.

Luna ni siquiera parpadeó.

Renata se llevó una mano al pecho.

—Tú y Mateo se aman desde la escuela. Todos sabemos lo bien que te trata. Tu sueño siempre fue casarte con él.

Luego miró a Damián con miedo calculado.

—Ya entendí. Anoche no volviste porque él te llevó a la fuerza, ¿verdad? Hermana, tú lo odias. ¿Se te olvidó cómo murió la tía Viviana? Si ella estuviera viva, se moriría de tristeza al verte así.

Cada palabra cayó justo donde Renata quería.

Mateo quedó como el prometido perfecto.

Damián, como el verdugo.

Luna, como la mujer que había pasado la noche antes de su boda con otro hombre.

Los invitados ya habían visto las marcas en su cuello y sus hombros. Con la voz temblorosa de Renata, no necesitaban más.

Los murmullos empezaron.

—Qué vergüenza.

—La noche antes de casarse...

—Y Mateo tan bueno que se veía.

—La hija mayor de los Salcedo siempre haciéndose la fina, y mira nada más.

Entre los invitados había varios veteranos de Grupo Rivas. Algunos habían trabajado con Viviana Rivas, la madre de Luna. Sus caras se endurecieron.

Grupo Rivas debía pasar a manos de Luna después de su boda. Era la única hija de Viviana.

Pero una mujer "manchada", impulsiva, casada con Damián Alcázar...

Para ellos, eso olía a desastre.

Si Luna entraba a Grupo Rivas de la mano de Damián, ¿cuánto tardaría el grupo en terminar bajo el apellido Alcázar?

Renata notó el cambio y apretó más.

—Hermana, aunque no te importe lo que la tía Viviana quería, ¿de verdad vas a entregar Grupo Rivas al hombre que la mató?

La frase fue precisa.

Cruel.

Bonita para la audiencia.

Renata se había graduado y, en vez de entrar al Grupo Salcedo, suplicó entrar a Grupo Rivas. Decía que en la empresa de su padre todos la consentirían y no quería privilegios. Luna, tonta, le abrió la puerta.

Ahora Renata era directora de relaciones públicas.

Y usaba ese puesto para clavarle un cuchillo.

Varios accionistas asintieron.

—La señorita Renata tiene razón.

—Ella sí piensa en la empresa.

—Es más sensata que la mayor.

Luna casi quiso aplaudir.

Si no conociera la cara verdadera de Renata, también habría quedado conmovida por tanta "lealtad".

Pero hoy no vino a llorar.

Vino a firmar.

—Licenciado Torres —dijo, sin mirar a Renata—. ¿Los documentos pueden entrar en vigor?

Renata se quedó con la palabra en la boca.

La ignoraron.

Como a una actriz mala después de terminar su escena.

El licenciado Torres dudó.

—Sí... pueden. Pero debe probar que usted y el señor Alcázar ya están casados.

Luna giró la cabeza y le lanzó a Damian una mirada asesina.

Excelente.

El señor "control de riesgos" había roto el acta.

¿Qué iba a mostrar ahora? ¿Confeti?

Damian, muy tranquilo, metió la mano al bolsillo del pantalón.

—¿Prueba? Fácil.

Sacó otra copia del acta.

Entera.

Limpia.

Intacta.

Y se la ofreció al licenciado Torres con una calma tan arrogante que parecía un emperador lanzándole una recompensa a un súbdito.

Luna lo miró con ganas de morderlo.

La engañó.

A ella.

A Luna Salcedo, fundadora espiritual del club de mentirosas arrepentidas.

Y lo peor no era eso.

Lo peor era que ese golpe de efecto debía ser suyo.

Suyo.

Damián acababa de robarle el momento.

El licenciado Torres recibió el acta casi con reverencia. La revisó dos veces y luego la devolvió con ambas manos.

—No hay problema. El matrimonio es válido. Como la señorita Salcedo ya contrajo matrimonio, la cesión entra en vigor hoy mismo. Firme aquí, por favor.

La sala volvió a estallar.

De verdad estaban casados.

—¡Espere!

Ernesto avanzó un paso. Tenía la muñeca hinchada, la frente empapada de sudor y la cara torcida por el dolor.

Pero el miedo a perder Grupo Rivas pudo más.

—Licenciado Torres, esto no procede. Mi hija fue manipulada. Usted sabe que ella y Mateo están comprometidos desde hace tiempo, que se quieren. Esto es una trampa. Alguien busca quedarse con Grupo Rivas.

No dijo "Damián Alcázar se casó con ella por dinero".

Pero lo dejó servido.

Luna soltó una risa baja.

Claro.

La carne que Ernesto esperaba tragarse acababa de moverse del plato.

Había esperado años por Grupo Rivas. Sin ese dinero, Grupo Salcedo no aguantaría mucho.

Luna tomó la pluma.

No discutió.

Firmó.

El trazo cayó limpio sobre el papel.

Desde ese instante, Grupo Rivas volvía a sus manos.

El último regalo de su madre.

En su vida anterior, Ernesto y Mateo lo devoraron pedazo a pedazo hasta dejarlo en nada.

Esta vez no.

Luna levantó la pluma y miró a su padre.

—Ya está hecho. Ah, por cierto, si no recuerdo mal, el préstamo que Grupo Salcedo pidió a Grupo Rivas vence en tres días. Espero ver el pago completo.

Ernesto palideció.

Luna sonrió apenas.

—Si no...

No terminó la frase.

No hacía falta.

Renata perdió por fin la dulzura de la cara.

—¡Hermana! ¿Estás loca? ¿Qué estás haciendo? Soy la directora de relaciones públicas de Grupo Rivas. No puedo permitir que dañes así la imagen de la empresa.

Su plan se estaba cayendo.

El guión era simple: alguien exponía que Luna había pasado la noche con otro hombre; Mateo, generoso, la aceptaba de todos modos; Luna, agradecida y destruida, tomaba Grupo Rivas y se lo entregaba a Mateo con dos palabras bonitas.

Después Grupo Rivas sería de ellos.

Pero Luna firmó.

Y Damián estaba detrás de ella.

Si no la sacaban hoy, después sería casi imposible.

Luna la miró con calma.

—Entonces, hermana, lo que dices es que cualquiera que dañe la imagen de la empresa debe salir de la empresa. ¿Entendí bien?

Renata dudó.

No había dicho eso directamente.

Pero era justo lo que quería.

Y Luna se estaba poniendo sola la soga al cuello.

Renata bajó los ojos, triste, correcta.

—Me alegra que tengas esa conciencia. Creo que los accionistas estarán de acuerdo. No has hecho ninguna contribución a Grupo Rivas y ahora provocas un escándalo así. Tal vez no eres apta para quedarte.

Uno de los accionistas entendió la señal.

Raúl Vargas, cincuenta y dos años, socio menor de Grupo Rivas. No tenía el mayor poder, pero caía bien y muchos le seguían la corriente.

—Estoy de acuerdo —dijo—. Grupo Rivas está en crecimiento. No podemos tener una líder con tantos cuestionamientos. Además, usted no conoce la operación. Podría dejar temporalmente la dirección en manos de la señorita Renata o de su padre.

Luna asintió.

—Tienen razón.

Renata sintió que el triunfo le rozaba los dedos.

Luna siguió:

—La empresa no puede tolerar a alguien que la avergüence.

Levantó la mirada.

—Por eso anuncio que, desde este momento, Renata Salcedo deja de ser directora de relaciones públicas de Grupo Rivas. Queda despedida. Y Grupo Rivas no volverá a contratarla jamás.

La capilla se quedó muda.

Después, el ruido regresó de golpe.

—¿Qué?

—¿Las hermanas se pelearon?

—Pero si siempre eran inseparables.

Renata abrió los ojos. Las manos se le cerraron en puños.

—¿Con qué derecho?

La máscara dulce se le cuarteó.

Mateo no pudo quedarse callado.

—Luna, te estás pasando.

Su voz seguía siendo suave, de hombre educado, de novio paciente.

—Renata siempre ha sido buena contigo. Aunque estés molesta, no deberías lastimarla.

Luna miró a los dos.

La hermanita débil.

El caballero perfecto.

Qué pareja tan hecha a la medida.

Sacó su celular.

Sus dedos se movieron rápido sobre la pantalla.

El proyector de la capilla se encendió.

La primera foto apareció enorme frente a todos.

Mateo abrazaba a Renata al atardecer. Ella estaba recargada en su pecho, sonriendo como princesa.

Otra foto.

En la universidad, Mateo le tocaba la nariz con una ternura que nunca le mostró a Luna.

Otra.

En un parque de diversiones, Renata le besaba la mejilla.

Otra.

En la playa, Mateo le sostenía el rostro mientras la besaba en la boca.

La última foto cayó como una bomba.

Una habitación de hospital.

Renata cargaba a un bebé.

Mateo estaba a su lado, abrazándola.

Una familia feliz.

La imagen se quedó fija.

Tan felices como se veían en la foto, así de aterrados estaban ahora.

Mateo perdió el color.

Renata dejó de respirar.

Los murmullos se volvieron cuchillos.

—No puede ser. ¿El novio y la cuñada?

—Qué poca vergüenza.

—Por eso Mateo la defendía tanto.

—Estaba con la hermana y aun así iba a casarse con Luna. Eso ya es fraude.

—¿Fraude? ¡Tienen un hijo! Mira la foto del hospital.

—Esto está peor que telenovela barata.

Luna guardó el celular.

No miró a Mateo.

No miró a Renata.

Miró la foto del bebé en la pantalla y sintió que el odio viejo, ese que la había acompañado hasta la muerte, por fin encontraba aire.

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elizabeth jaimes
por favor más capitulos
Yohelis López cabarca
x fa más capitulos ❤️
Adriana Ruiz
excelente novela 👏👏👏 xfa más capítulos 🙏🙏
Yohelis López cabarca
x fa más capitulos
Adriana Ruiz
Xfa más capítulos 🙏💚
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHHH dame más capítulos necesito un maratón
Yohelis López cabarca
hay siempre lo mismo rompen la seguridad x que no miden el peligro
Yohelis López cabarca
jajajaja hay Damián
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHHH necesito más capítulos plis no dejes de actualizar 😭😭😭😭
Yohelis López cabarca
esa Lina renació sabe cómo le fue en el pasado y mete las patas hasta el fondo da rabia pero me gusta la novela
Adriana Ruiz
Excelente novela 👏👏👏 más capítulos xfa 🙏🙏💚
Adriana Ruiz
más capítulos xfa 🙏🙏 excelente novela 👏👏👏
🦋Mica Amaro🦋
autora podría actualizar porfavor 😭
MARIANGEL O VALDEZ
El libro es genial pero cuando habrá actualización?
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